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La condición de la mujer
por Caroline Moorehead |
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innumerables documentos se ha plasmado el principio de que
a las mujeres les cumple una funciÓn particular en
el seno del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja. Ahora bien ¿en qué medida estos bellos
postulados y resoluciones se traducen en la realidad? |
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Caritas es una asistente social de la etnia tutsi, de unos
treinta y ocho años, oriunda de una aldea cercana a
Kigali, Ruanda. Aquel día del pasado mes de mayo iba
saliendo de su casa, cuando soldados y milicianos de la etnia
hutu atacaron la aldea, apalearon a muerte a su marido, abatieron
a sus dos hermanos y a su padre a golpes de machete, quemaron
los cadáveres y se llevaron a cuatro de sus seis hijos.
Poco después, Caritas encontró la tumba de sus
hijos, un pozo poco profundo no lejos de su casa. Pudo reconocerlos
por la ropa que llevaban.
Hoy, Caritas se ocupa de mantener a sus dos hijos más
pequeños, su madre y un tío, gravemente trastornado
por lo vivido. En su condición de jefa de familia,
tiene que procurarse la comida y el agua potable, hacer frente
a los problemas de salud e ideárselas para obtener
ingresos, en un mundo donde la distribución de la ayuda
humanitaria es aún controlada por los hombres y rara
vez corresponde a las necesidades concretas de mujeres como
ella. De hecho, la situación de Caritas no es excepcional.
Según cálculos del ACNUR, hay unos 23 millones
de refugiados y más de 25 millones de desplazados.
La mayoría, tal vez hasta un 80%, son mujeres y niños.
Caritas no fue violada, a diferencia de lo que suele ocurrir
a tantas mujeres refugiadas, ya que la violación es
práctica corriente en tiempos de guerra, pero ésta
es una de las primeras veces que se reconoce la existencia
del problema de la violencia contra las mujeres y se da a
conocer su magnitud. Decenas de miles de mujeres fueron violadas
en la denominada “limpieza étnica” en la
ex Yugoslavia. Millares de mujeres somalíes, que se
refugiaron en Kenya huyendo de los combates, han sido atacadas
y violadas por guardias de los campamentos y bandidos armados.
La violencia sexual es tan sólo uno de los múltiples
aspectos de la singular vulnerabilidad de las mujeres en tiempos
de guerra.
Existen instrumentos de derecho internacional que protegen
a las mujeres, en particular los Convenios de Ginebra de 1949
y los Protocolos Adicionales de 1977, que incluyen medidas
especiales para ampararlas durante los conflictos armados.
“No se necesitan nuevas leyes sino cumplir con las que
ya existen”, dice Marie-Thérèse Dütli,
de la División Jurídica del CICR.
La Conferencia Mundial de Derechos Humanos, convocada por
las Naciones Unidas en junio de 1993, culminó con la
Declaración de Viena, en la que se proclama que el
ejercicio de derechos plenos y en condiciones de igualdad
para las mujeres debe ser un objetivo prioritario de todos
los gobiernos; posteriormente, se nombró una Relatora
Especial encargado de evaluar el problema de la violencia
contra las mujeres. A lo largo de los años se han redactado
innumerables acuerdos y disposiciones que toman en consideración
las necesidades de las mujeres, los niños y los ancianos.
En la actualidad se debate nuevamente la adopción de
medidas para proteger a la población civil, y al respecto
el ACNUR, el CICR y la Federación son algunas de las
organizaciones internacionales que se han dotado de políticas
y documentos de gran calidad y clarividencia sobre la manera
de proteger y tratar a las mujeres.
Sin embargo, existe una gran diferencia entre lo estipulado
en el papel y la realidad. La condición de la mujer
sigue siendo muy vulnerable, y en muchas parte del mundo siguen
ignorándose tanto sus necesidades, competencias y conocimientos
como su potencial económico. |
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Trayectoria de las mujeres en el Movimiento
Al finalizar la guerra franco-prusiana en 1871, se pidió
a un determinado número de cirujanos que por conducto
de la Cruz Roja Británica habían atendido a
los heridos, que opinaran sobre la actuación de las
mujeres durante la guerra. Por lo general, las enfermeras
de formación fueron objeto de elogiosos comentarios.
En cambio, respecto al desempeño de las “damas”,
los profesionales de la medicina abrigaban serias dudas. Esas
“inexperimentadas señoras voluntarias”,
que habían cruzado el Canal de la Mancha movidas por
sentimientos humanitarios, eran consideradas voluntariosas,
obstinadas y desobedientes.
El propio Henry Dunant se refirió a la influencia
de las mujeres, considerándolas “un factor esencial
para el bienestar de la humanidad”, susceptible “de
cobrar mayor importancia con el paso del tiempo”. En
los primeros años del siglo XX se consolidaron las
posiciones logradas por las mujeres en el seno de las nuevas
Sociedades de la Cruz Roja que se organizaban en todas partes,
desde Japón hasta Rusia.
El sentimiento de que las mujeres eran objeto de un trato
injusto y que no recibían las promociones profesionales
que merecían se manifestó en fecha muy tardía
en los círculos humanitarios. Recién a partir
de 1975 - tras la proclamación por las Naciones Unidas
del Año Internacional de la Mujer y la invitación
que esta organización hizo a todos los Estados para
que mejoraran la condición de la mujer en lo relativo
a igualdad, desarrollo y paz - comenzaron a plantearse cuestiones
importantes. Pero el debate ha cobrado mayor intensidad y
el Movimiento es la organización donde ha sido más
animado, interesante e incluso controvertido en los últimos
cinco años.
Apegado a su tradición y consciente de su carácter
fundamentalmente suizo y, por ende, neutral, el CICR fue considerado
por largo tiempo, profundamente conservador. Por lo tanto
no ha de sorprender que respecto a la igualdad, haya mostrado
la misma reticencia con que la nación suiza abordó
la tarea de equiparar los derechos de sus ciudadanas a los
de sus ciudadanos. Cabe recordar que la cautelosa Suiza acordó
a las mujeres el derecho de voto a escala federal recién
en 1971.
Ahora bien, conciente de que la organización proyectaba
una imagen exclusivamente masculina en lo relativo al ejercicio
del poder y la toma de decisiones, y que una mayor participación
femenina solo podía resultar beneficiosa, en 1987 el
CICR decidió llevar a cabo una encuesta, que encomendó
a su propio personal. Fue asi que se pidió a la Sra.
Renée Guisan que investigara en los archivos para constatar
cuál había sido la condición de la mujer
en el CICR en los tres últimos decenios.
Al respecto, Marion Harroff-Tavel, Delegada General Adjunta
del CICR para Europa oriental y Asia central, explica: “La
investigación reveló una situación de
desigualdad patente. En otras palabras, el avance profesional
de los hombres era netamente superior al de las mujeres. En
los escalones inferiores del CICR las mujeres eran mayoría,
pero los ochos niveles superiores estaban ocupados casi exclusivamente
por hombres. Ninguna mujer ha ejercido la función de
presidente. Todos los puestos claves con capacidad decisoria,
y en particular aquellos que guardan relación con las
operaciones, siempre han sido ocupados por hombres.”
Una vez analizadas las respuestas a la encuesta, la Sra.
Guisan estableció una lista de 25 recomendaciones,
sobre todos los aspectos de la labor del CICR. Se mejoraron
entonces, las políticas sobre pensiones, trabajo a
tiempo parcial y licencias por maternidad y paternidad.
Pero otros problemas resultaron más difíciles
de resolver. “Muy poco se puede hacer para adecuar el
trabajo de los delegados - que deben estar dispuestos a partir
en misión de urgencia pocas horas después de
recibir la convocación y sin tener una idea precisa
de la duración de la misma - a la situación
de una madre de familia con niños de corta edad”,
dice Raymonde Schoch, del Departamento de Recursos Humanos
del CICR. Según el último censo, las mujeres
representan sólo una tercera parte de los 863 delegados
en el terreno. En cuanto a los 29 cargos de mayor jerarquía
en Ginebra, solo dos son ocupados por mujeres.
La Federación, en cambio, y a pesar de tener su sede
en Ginebra desde 1939, nunca se ha visto coartada por la tradición
y la cultura suizas. A fines de los años 1980 también
comenzaron a plantearse los problemas relativos a la condición
femenina, tanto de las mujeres que colaboran en las actividades
de la Federación como de las beneficiarias de su labor.
En 1989, la Asamblea General solicitó al Instituto
Henry Dunant y a la Secretaría de la Federación
que evaluaran el papel desempeñado por las mujeres
en el Movimiento. Se aprobó un plan de acción
con el objeto de incorporar en todos los programas y actividades
diversos aspectos relativos a la condición de la mujer,
y de incrementar el número de mujeres en los cargos
directivos de la Federación. Conforme a dicho plan,
“dado que las mujeres y los niños constituyen
la mayoría de los beneficiarios de la labor del Movimiento,
las primeras deben integrarse a las instancias decisorias.”
En la actualidad se cuenta con la unidad, la Mujer y el Desarrollo,
que se ocupa de contemplar en los programas futuros cuestiones
relativas a las mujeres y a sus intereses.
Esta situación es matizada por Françoise Le
Goff, funcionaria del Departamento de Europa de la Federación:
“Ya contamos con lo esencial, tanto la toma de conciencia
de que estas cuestiones revisten la mayor importancia como
la voluntad de tomar medidas al respecto. Pero por el momento
gran parte de lo propuesto sigue siendo pura teoría.”
Esta opinión tal vez sea excesivamente pesimista. En
efecto, las tendencias que se observan en el CICR y en la
Federación indican que hay una lenta promoción
de las mujeres a los niveles intermedios de ambas organizaciones.
La medida en que esta tendencia se registra en todo el Movimiento
depende sobre todo de cada Sociedad Nacional y de los respectivos
entornos culturales.
Susanna Cunningham, ex maestra irlandesa de 35 años,
ha estado colaborando en las tareas de reconstitución
de la nueva Cruz Roja Albanesa, Sociedad Nacional que fue
suprimida en 1959. “Las mujeres están asumiendo
funciones de gran importancia en muchas de las organizaciones
sociales y sanitarias de este país. La Cruz Roja Albanesa
es presidida por una mujer, y hay más departamentos
dirigidos por mujeres que por hombres,” explica la Sra.
Cunningham. En lo que a ella se refiere, es plenamente consciente
de que su actual trabajo es incompatible con la vida familiar,
y que muy pronto, si decide tener hijos, deberá encontrar
otra ocupación.
La experiencia de la señora Cunningham en Albania
pone de manifiesto las inmensas dificultades que existen entre
las Sociedades Nacionales en lo que atañe a la condición
de la mujer. Aun cuando, por ejemplo, las nuevas Sociedades
que se constituyen en Europa oriental manifiestan una determinación
y una energía que a veces escasea en las Sociedades
más antiguas de occidente, en la mayoría de
las 163 Sociedades Nacionales que integran la Federación,
los hombres siguen ocupando los puestos más importantes.
Es difícil obtener cifras precisas, pero según
las estimaciones de 1990, sólo una tercera parte de
las mujeres que integran las Sociedades Nacionales africanas
ocupan puestos de dirección, y si bien el Movimiento
en su conjunto cuenta con un número prácticamente
igual de hombres y mujeres, sólo una cuarta parte de
los miembros de los órganos ejecutivos y una sexta
parte de los presidentes y secretarios generales son mujeres.
En Oriente Medio y Africa septentrional, 30 de los 34 puestos
de dirección son ocupados por hombres.
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| ¿Qué
nos depara el futuro?
Por una parte, entonces, hay un inmenso número de
mujeres que necesitan información y asistencia solidaria
y por la otra, se plantea la cuestión del grado de
eficiencia de las organizaciones humanitarias para aprovechar
cabalmente las competencias de las mujeres que emplean.
En todas las esferas de la actividad humanitaria, las mujeres
se movilizan. Uno de los aspectos más positivos que
se recuerden de la Conferencia de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, que tuvo lugar en Viena en 1993, es la presencia
de centenares de organizaciones femeninas. Las activis-tas,
procedentes de todas las latitudes, de las grandes ciudades
de América Latina a las aldeas más modestas
de Africa meridional, concurrieron a Viena para informarse
sobre lo que las mujeres de otras partes del mundo estaban
haciendo no sólo en materia de derechos humanos, sino
también en las esferas de educación, atención
sanitaria y preparación en previsión de emergencias.
Hoy en día, son numerosas las mujeres que en los países
en desarrollo actúan con gran resolución y están
dispuestas a luchar por causas que no tienen un gran apoyo
popular.
A escala internacional, gracias al interés manifestado
por organizaciones como Save the Children, Oxfam y el ACNUR,
se va progresando pero cabe señalar que se avanza más
rápidamente en coloquios y seminarios que en el terreno.
Cuando en septiembre de 1995 tenga lugar en Pekín la
IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, convocada por las Naciones
Unidas, las participantes tratarán de lograr que se
apruebe una estrategia para alcanzar la emancipación
de la mujer en todo el mundo.
No obstante, se constatan indicios inquietantes que tal vez
supongan un empeoramiento de la situación de las mujeres
en el futuro. Datos recientes publicados por la OMS sugieren
que en el año 2000 habra más de 13 millones
de mujeres contaminadas con el VIH. Rashmin Ahluwalia, Asesora
principal de la unidad la Mujer y el Desarrollo de la Federación,
señala que el éxodo rural es permanente y el
fenómeno se cifra anualmente entre 20 y 30 millones
de la población más pobre. “Se estima
que la población mundial pasará de 5.760 a 8.500
millones en el año 2025”, dice. El número
de refugiados y desplazados por la sequía, la pobreza
y la violencia está creciendo inexorablemente, mientras
que en vastas regiones del mundo las mujeres, víctimas
de tradiciones religiosas y culturales discriminatorias, siguen
siendo reprimidas y abandonadas a su suerte.
Entonces, no es sorprendente que la creciente atención
de que son objeto las mujeres en los organismos de socorro
y asistencia humanitaria dé lugar a nuevas interrogantes
acerca de las competencias que hombres y mujeres aportan al
quehacer humanitario. Al respecto, las delegadas y las trabajadoras
del CICR, la Federación y las Sociedades Nacionales
se han expresado claramente. “La acción humanitaria
de la Cruz Roja presenta una gran afinidad con el carácter
de las mujeres, tanto en el hogar como en la vida del país”,
dice Ludmilla Petranovna, presidente de la sección
moscovita de la Cruz Roja Rusa. “Si las mujeres tuvieran
más poder, sus capacidades podrían aprovecharse
de manera más positiva.”
“No se trata de saber si las mujeres tienen mayor éxito.
Lo que importa es que se necesitan sus competencias, y que
las mujeres pueden hacer un aporte que les es propio”,
estima la Sra. Harrof-Tavel. Una joven delegada del CICR da
un buen ejemplo de lo que puede ser la contribución
de las mujeres: “Cuando visitamos el hogar de la familia
de un detenido, resulta más fácil establecer
la comunicación con su esposa cuando hay una delegada.”
Otro delegado hace notar que para quienes han sido torturados
a veces resulta más fácil confiarse a una mujer
que a un hombre.
Por cierto, desde el terreno se respalda el incremento de
la participación femenina. “En nuestra condición
de delegados extranjeros, tenemos que dar el ejemplo en lo
que se refiere a nuestro comportamiento y a la forma en que
tratamos a las mujeres. Tenemos que fomentar un trato justo
y alentar a los hombres a que las respeten”, opina Bob
McKerrow, jefe de la delegación del CICR en Afganistán.
Al parecer, día a día resulta más claro
que las necesidades de las mujeres han sido ignoradas al igual
que sus competencias, y que las delegadas y socorristas están
mejor capacitadas para comprender las necesitades de la gente.
Esta noción tal vez aporte una nueva dimensión
al quehacer humanitario donde las crisis no cesan nunca, ya
que no se ha terminado de atender a las víctimas de
una catástrofe internacional de vastas proporciones,
cuando estalla otra.
Ahora, lo único que nos preocupa es que si bien el
Movimiento se plantea correctamente la problemática
de la mujer, rara vez pasa del simple planteamiento a la acción.
La mujer aún no ha alcanzado el mismo nivel de influencia
que el hombre, pero el profesionalismo cada vez mayor que
predomina en el Movimiento exige que esta situación
cambie. Como dice el refrán “querer es poder”.
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Caroline Moorehead
Biógrafa y periodista, está escribiendo una
historia del CICR y el Movimiento para una editorial independiente. |
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