El caso de Haití
La Organización de Estados Americanos y los Estados
Unidos impusieron a Haití, en setiembre de 1991, un
embargo político y comercial cuando un golpe militar
depuso al Presidente Aristidi.
La violación a los derechos humanos, incluido el asesinato
de seguidores del Presidente Aristide continuó.
En junio de 1993, ante el constante deterioro de la situación
y los derechos humanos, el Consejo de Seguridad consideró
que la situación en Haití constituía
una amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Actuando
bajo el mandato del Capítulo VII de la Carta y con
el fin de restituir en su cargo al Presidente Aristide, adoptó
la Resolución 841, que imponía un embargo de
armas y petróleo al país y congelaba los fondos
del gobierno en otros países.
Tres meses más tarde, el régimen militar haitiano
pareció hacer una concesión al firmar un acuerdo
con el Presidente Aristide, en la Isla Gobernador, en el cual
se señalaban pasos para el restablecimiento de la democracia
y la reinstalación del Presidente. Las sanciones fueron
levantadas cuando el parlamento haitiano acordó en
agosto reconfirmar el nombramiento del Primer Ministro, según
los términos del acuerdo. Las sanciones parecían
haber tenido éxito.
Sin embargo, la violencia recrudeció nuevamente. El
Consejo de Seguridad decidió reimponer las sanciones
me-diante la Resolución 873 del 13 de octubre, cuando
se le impidió a una embarcación norteamericana,
que transportaba tropas de entrenamiento y control, desembarcar
en Puerto Príncipe. Al día siguiente, el Ministro
de Justicia nombrado por el Presidente Aristide fue asesinado
en Puerto Príncipe.
La Resolución 917 del Consejo de Seguridad, del 6
de mayo de 1.994, considerando que continuaban los “asesinatos
extrajudiciales, los arrestos arbitrario, las detenciones
ilegales, los secuestros, violaciones y desapariciones forzosas
(y) la negación permanente de la libre expresión”,
endureció las sanciones e impuso un embargo comercial
general y la prohibición del tráfico aéreo.
Se aplicaron sanciones específicas como la prohibición
de viaje para los jefes militares y policiales haitianos,
sus familias y asociados (aproximadamente 600 personas), y
se hizo un llamado a los gobiernos y Estados para que congelaran
los activos de estas personas.
Seis semanas después del endure-cimiento de las sanciones,
el Secretario General de las Naciones Unidas informó
que existía poco progreso en la implementación
de los acuerdos de la Isla Gobernador. Más bien, se
hacía visible un agudo deterioro de los derechos humanos
y se establecían nuevos patrones de represión.
Los asesinatos políticos continuaban y el nivel de
seguridad era inestable. El Secretario General resumió
así la situación: “las tensiones han aumentado
como consecuencia del... creciente impacto de las sanciones
económicas, de la represión continua y de la
crisis humanitaria.”
A finales de setiembre, 16.000 hombres, en su mayoría
norteamericanos, invadieron Haití, reinstalaron al
Presidente Aristide y enviaron a los líderes golpistas
fuera del país. Pero no fueron las sanciones las que
lograron estas metas. Las pérdidas vinculadas directamente
con la intervención fueron pocas. Por el contrario,
el Centro de Estudios de Población y Desarrollo de
Harvard ha afirmado que las sanciones provocaron un aumento
considerable en la mortalidad infantil. Este punto de vista
fue rebatido. No obstante, la presunción de que las
sanciones cobran menos vidas que las fuerzas armadas difícilmente
encuentre respaldo en el caso de Haití.
Fragmento del Informe Mundial sobre
Desastres 1995
Federación Internacional de Sociedades de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja.
Traducción del original inglés: Ana Hidalgo
Corrección de estilo: Luis Orlando Corrales. |