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Las conferencias están de moda. Hoy es bastante corriente que centenares de personas (cuando no millares) se desplacen desde todos los rincones del planeta a una ciudad para participar en debates sobre asuntos de interés común. Este año, Copenague acogió la cumbre mundial sobre cuestiones relativas al desarrollo económico y la conferencia mundial de la mujer tuvo lugar en Pekín. En diciembre le tocará a Ginebra acoger la XXVI Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Ahora bien ¿Qué se logra realmente en las conferencias? Una vez aprobadas las resoluciones, cuando las salas de reunión quedan vacías y los participantes regresan a sus respectivos países ¿Qué ocurre? No cabe duda de que el mundo seguirá siendo tan imperfecto como antes y que, independientemente de lo positivo que puedan ser los resultados, la situación no cambiará de la noche a la mañana. Entonces, cabe preguntarse: ¿Por qué organizar conferencias?

En lo que a la nuestra se refiere, hay por lo menos tres buenos motivos. En primer lugar, representa otra etapa “de las mil millas” de ese recorrido humanitario en el cual no podemos desfallecer. El Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja no pretende resolver todos los problemas del mundo pero es un baluarte humanitario, un toque de atención a la conciencia del mundo.

En segundo lugar, las ideas que se someten a debate no son nuevas, pero el contexto en que se insertan sí lo es y, por ende, hay que renovarlas y adaptarlas a la
realidad actual. Una vez hecho esto, el alcance, la repercusión y el potencial de estas ideas se apreciarán desde una perspectiva nueva, lo que les dará mayor vigor y autoridad.

Por último, la Conferencia ofrece la gran oportunidad de transformar las ideas en acciones concretas. El Movimiento confía en que sus miembros y los gobiernos traduzcan en actos las ideas que surjan en ella, confianza que dimana de la experiencia adquirida, entre otros, en las 25 conferencias internacionales del Movimiento
celebradas a lo largo de más de cien años.

La experiencia también nos enseña que para pasar de las palabras a los hechos hacen falta escencialmente dos cosas: valor y visión global. Valor, porque hacer aplicar el derecho internacional humanitario o crear organizaciones fuertes e independientes son tareas que pueden revelarse difíciles e impopulares, y cuya realización exige firmeza de convicciones y determinación. Visión global, porque esta Confe-rencia no puede aislarse del contexto y las ideas y valores de gran trascendencia que promueve han de plasmarse en cada aspecto de nuestra vida y labor. Por lo tanto, la peculiaridad de esta Conferencia dependerá del valor y la visión global de los participantes y de todos aquellos que día tras día se esfuerzan por el bienestar humano.

El orden del día incluye una serie de temas capitales que se analizarán durante los cuatro días de sesiones pero el mensaje primordial va mucho más allá pues mediante el lema “¡Mantengamos viva la esperanza!” estamos diciendo al mundo entero que a pesar de las dificultades, somos capaces de obrar por un futuro mejor.


Barbara Geary

Christina Grisewood


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