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Lesiones internas

por Sarah Fleming

Años y años de guerra, los conflictos internos y las sanciones impuestas por las Naciones Unidas han empobrecido a Irak, país otrora prÓspero. La indigencia del ciudadano común y corriente es la prueba más reveladora.

“En un mercado de Bagdad, Karl, técnico ortopedista del CICR, ve a una familia que obligada por la necesidad, trata de vender la bicicleta del hijito. Conmovido, la compra y se la vuelve a dar. El triste espectáculo de la gente que vende sus escasas pertenencias en algún mercado callejero es corriente en el Irak de hoy. En medio de una inflación galopante, los precios suben varias veces por día; el precio de un kilo de arroz equivale a una quinta parte del ingreso mensual de un profesional.*

La gente que todavía tiene algo para vender se considera afortunada. Irak, uno de los principales productores de petróleo del mundo, era un país rico. Quienes ayer eran pobres, hoy son indigentes. El sistema de salud está al borde del colapso, y los médicos desesperan ante la falta de medicamentos y equipo para atender a los más vulnerables: los niños desnutridos. Muchos mueren en los hospitales.

En tales condiciones, el CICR es incapaz de prestar toda la asistencia necesaria pero se esfuerza por atenuar las secuelas de la guerra, mediante programas de suministro de agua potable y de atención ortopédica, destinados a los civiles.

 

* Datos de septiembre de 1995; la situación tal vez haya empeorado.

Suministro de agua potable

Un medio de proteger a los niños de las enfermedades potencialmente mortales es mejorar la calidad del agua potable. Las instalaciones, muchas de las cuales sufrieron daños durante la guerra del Golfo y los enfrentamientos ulteriores, fueron construidas por empresas extranjeras, que aseguraban el mantenimiento con técnicos especializados. Hoy en día, el funcionamiento resulta complicado por falta de recursos humanos y no se pueden importar repuestos. Andrea, encargado del programa de agua del CICR, de un costo de 5 millones de dólares, reseña sus actividades: “Nuestro plan inicial era establecer la lista de repuestos que se necesitaban, pero pronto nos dimos cuenta de que el personal desconocía los problemas técnicos que había que resolver. En Basra, por ejemplo, el encargado de una bomba era un chico de catorce años.”

El CICR emprendió entonces un estudio acelerado y meticuloso para determinar las necesidades y garantizar el funcionamiento de las plantas de abastecimiento de agua, seleccionadas en cada gobernación. Andrea, que reconoce no ser muy ducho en la materia, se encontró examinando instalaciones para ver las piezas que no funcionaban. Hoy ha acumulado una serie de voluminosos expedientes con innumerables detalles sobre toda suerte de piezas, desde la más pequeña hasta las bombas más complejas. También lleva el registro de los repuestos pedidos a Ginebra. Además, monta algunas piezas en el taller que instaló en un cobertizo, en el patio trasero de la sede de la delegación, y supervisa el trabajo de los tres equipos de técnicos del país, contratados para montar los repuestos e instruir a los encargados del mantenimiento de las plantas.

Lo que vimos

Nuestra visita al hospital pediátrico estatal había sido organizada por la Media Luna Roja. Nos reciben como si fuésemos celebridades y al cabo de un lapso prudente de cordialidades, nos acompañan por amplios y soleados corredores hasta los pabellones. En las salas grandes y sombrías hay varias camas y flota un ligero tufillo de vómitos y excrementos. A medida que avanzamos, el grupo aumenta: miembros
del personal y familiares de los pacientes nos rodean, ansiosos de hablarnos. Inmediatamente, nos dicen porqué sus hijos no reciben la debida atención médica: “Por las sanciones”. Tenemos que evacuar la sala para que el fotógrafo pueda trabajar, mientras yo tomo apuntes en medio de una letanía de nombres, edades, peso, quejas..., problemas que en occidente se hubieran resuelto con facilidad. Todos los niños pesan mucho menos de lo normal para su edad, y una alimentación e higiene deficientes los han debilitado demasiado como para recuperarse de la gastroenteritis, la meningitis, el marasmo o la polio. Los pequeños nos miran, abatidos, confundidos, gimoteando. Una niñita, inmóvil, nos sigue con la mirada. Sus ojos son vivaces y tranquilos, pero la enfermera nos dice que es la mirada característica de los niños que necesitan desesperadamente alimentarse, pero que no logran ingerir la comida. Tiene la tez tensa, gris y deslucida; a los nueve meses pesa 4 kilos; lo que pesaba mi hijo al nacer. Por su carita se pasean las moscas. Alguien quiere levantar sus ropas para mostrarnos el cuerpito esquelético; le decimos que no hace falta, sabemos que está enferma, que la dejen tranquila.

Después vino el peor momento de la visita: en una cama de un rincón del pabellón, una mujer con las piernas cruzadas y muy erguida tiene un pequeño bulto en brazos. La criatura está muerta. Alguien le habla y ella levanta el paño que cubre el rostro acerado del niño. Parece anonadada. Mientras carga un nuevo rollo, el fotógrafo le toca la mano en signo de condolencia. La mujer inclina la cabeza y solloza un momento, antes de recuperar su compostura y cubrir a su hijo de nuevo. Murió de gastroenteritis. La dejamos con su tristeza, sintiéndonos avergonzados, conmovidos, deprimidos. Tal vez hayamos violado su intimidad, tal vez nos hayan manipulado, pero fue lo que vimos.

Las minas: una amenaza permanente

La cantidad de minas enterradas a lo largo de Irak, legado de la guerra con Irán, tal vez ascienda a 10 millones. En 1994, en colaboración con el gobierno irakí, el CICR creó dos centros ortopédicos, en Basra y Najaf, y habilitó el que comenzó a funcionar en Mosul. Este último, donado a la Media Luna Roja Irakí por la Cruz Roja Sueca, no funcionaba por falta de materiales que no se consiguen en el país.

Nashwan, el emprendedor administrador y técnico ortopedista del centro, alentado por Mary, coordinadora del programa, se ha lanzado con entusiasmo en una competencia con los otros centros respaldados por el CICR, que consiste en fabricar la mayor cantidad de miembros artificiales con un mínimo de personal. Nashwan es secundado por dos técnicos que han sufrido amputaciones y por Karl, que viene periódicamente de Bagdad para asesorar sobre los casos más difíciles. Mary señala: “No estamos haciendo el trabajo para la Media Luna Roja; los técnicos de aquí son muy competentes, pero sin material no pueden trabajar.” El CICR costea los materiales y los importa a Irak, fabrica los miembros ortopédicos en el taller de Bagdad, imparte formación técnica y contribuye a mantener un buen nivel salarial ofreciendo trabajo a personal calificado. Al apoyar el funcionamiento de los centros diseminados a lo largo del Tigre y el Eufrates, donde se concentra la población del país, se evita que los amputados tengan que desplazarse hasta Bagdad, lo que supone gastos prohibitivos.

 

La crudeza de las cifras

Según una encuesta realizada por las Naciones Unidas en agosto de 1995, el 50% de la población rural de Irak carece de agua potable. En la gobernación de Thiqar, en el sur del país, un 90% por ciento de la población rural no disponía de agua impoluta, y un 16% de la población total se abastece de agua en fuentes contaminadas. Buena parte del agua tratada en el sistema de abastecimiento no es apta para el consumo.

De acuerdo con los resultados de una misión del Programa Mundial de Alimentos de la FAO, realizada en septiembre 1995, el nivel de emaciación (cociente entre peso y estatura, inferior a 80%) era comparable al de los países del Africa subsahariana.

 

Disturbios en el norte

La situación de la población del Kurdistán irakí no es mejor que la de los habitantes de la región bajo control del gobierno central, a pesar de los programas de cien organismos humanitarios nacionales y extranjeros. La población lleva decenios viviendo en un clima de inseguridad y sufriendo las consecuencias de los enfrentamientos entre grupos kurdos rivales. Las detenciones, desplazamientos forzosos y peligro de encontrarse entre dos fuegos son moneda coriente.

De ahí que el CICR haya ampliado los programas sanitarios y ortopédicos a dicha zona. Se procurarán respuestos para las instalaciones de suministro de agua y dentro de poco comenzará a funcionar un centro ortopédico en Arbil (con gran desaliento, el Grupo Asesor sobre Minas, organización británica presente en Irak, ha comprobado que combatientes kurdos en vez de desactivar las minas retiradas de los alrededores de sus aldeas, las “reciclan”; se estima que en la región hay millares de amputados). Por otra parte, y en la medida en que las condiciones de seguridad, el caos de los sistemas de registro y el estado de sublevamiento general, lo permiten, los delegados visitan a los prisioneros y verifican que los liberados estén a salvo. Las necesidades de esta región, al igual que las del resto de Irak, son inmensas.

Sarah Fleming
Redactora del CICR. Se ocupa principalmente de las operaciones en Cercano Oriente y Africa del Norte. Estuvo en Irak en septiembre de 1995.

 


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