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Vidas en peligro

por Paul Mpoyi Bulongo

El 5 de mayo de 1995, la Organización Mundial de la Salud Anunció un brote del virus Ebola en la localidad de Kikwit, segunda ciudad de la provincia de Bandundu, en el suroeste deL Zaire. En pocas semanas murieron más de docientas personas, entre ellas cinco voluntarios de la Cruz Roja del Zaire, que apenas conocida la emergencia intervino, evacuando a los enfermos, enterrando a los muertos e instruyendo A la población sobre los riesgos de contagio.

“Hubiera preferido contraer el SIDA, porque no mata tan pronto como esta enfermedad”, se lamentaba un sobreviviente en el hospital general de Kikwit. Opinión discutible pero que da una idea del terror que inspira el Ebola, un tipo de fiebre viral hemorrágica para la cual todavía no se ha descubierto vacuna. Los últimos brotes mortales se habían registrado en Sudán y Kenya, y en 1976, en otra región del Zaire, Yambuku, en la provincia de Ecuato.

Los primeros síntomas - fiebre alta, dolores de cabeza, de las articulaciones y los músculos - aparecen entre cinco y diez días después de la contaminación. Sin un tratamiento inmediato y eficaz, el estado del enfermo empeora rápidamente, sobrevienen intensas hemorragias, el colapso de los riñones y el paro cardíaco. De ahí que la tasa de mortalidad se cifre ente un 50 y un 90%. La infección se transmite por contacto con los humores de las víctimas o al manipular los cadáveres. La contaminación por jeringas infectadas es casi siempre mortal. La tasa de mortalidad en Kikwit fue del 80%.

 
 

Intervención concertada

Desde el comienzo mismo de la epidemia, la Cruz Roja del Zaire, con el respaldo de la Federación, participó activamente en la operación de socorros, coordina por la Comisión Científica y Técnica Internacional. Tras una misión de evaluación, la Federación hizo un llamamiento a la comunidad internacional pidiendo fondos para un plan de acción y estableció un comité de crisis, integrado por miembros de la Cruz Roja del Zaire y dos delegados de la Federación.

La operación de la Cruz Roja se llevó a cabo en dos etapas, bajo la supervisión de un epidemiólogo. En primer lugar, se disolvió la estructura de emergencia en que habían participado numerosos socorristas y voluntarios antes de que la Comisión Internacional comenzara a coordinar. Luego, se iniciaron tres programas: higiene y medidas sanitarias, acciones de alerta a la población, y actividades de asistencia social.

En el ámbito del primer programa, doce socorristas dirigidos por Jacques Katshitshi, jefe de la División Médica de la Cruz Roja del Zaire, recorrieron la ciudad para llevar a los enfermos al hospital y enterrar a los muertos. Las Sociedades Nacionales de Dinamarca, Suecia, China y España procuraron un vehículo, indumentaria profiláctica, desinfectantes y suministros médicos, respectivamente.

El segundo programa entró en acción al descubrirse que había aumentado el número de contagios entre quienes manipulaban los cadáveres sin tomar las debidas precauciones. También coordinado por el Sr. Katshitshi, este programa tenía por objeto sensibilizar a la población de Kikwit sobre los mecanismos de transmisión de la enfermedad y las medidas preventivas necesarias. Por intermedio de una red de quince puestos de primeros auxilios, se repartieron carteles y octavillas escritos en los cuatro idiomas del lugar, lo que permitió optimizar la prevención.

El tercer programa, coordinado por Félicien Mudila Mbinga, jefe de la unidad de asistencia social de la Comisión Internacional, tuvo por objetivo ayudar a quienes a raíz de la epidemia, se habían visto marginados de su entorno social; se trataba de que recuperaran su lugar en la comunidad, explicando que no eran portadores del virus y que, por lo tanto, su presencia no suponía riesgo alguno de contagio. Al cabo de una encuesta destinada a identificar a las personas más vulnerables, se procedió a la desinfección de sus hogares, se distribuyeron provisiones y se prestó asistencia a los indigentes y marginales.

Paralelamente a estas actividades, en el mes de julio, la Federación, la Cruz Roja del Zaire y el CICR organizaron un seminario de información sobre Derecho Internacional Humanitario y la labor del Movimiento, en el que participaron 20 periodistas del país. Ese mismo mes, en Kikwit se impartió un cursillo sobre prevención de enfermedades epidémicas, destinado a instructores de primeros auxilios.

Por último, en noviembre, la Cruz Roja publicó un folleto informativo sobre el virus Ebola, que se presentó a la prensa en la sede de la Sociedad Nacional, en Kinshasa. Asimismo, el servicio de información de la Sociedad Nacional, en colaboración con la Federación, produjo un documental sobre la operación humanitaria del Movimiento en Kikwit. La película relata la manera en que la Cruz Roja del Zaire y la Federación aunaron eficazmente recursos humanos, financieros y materiales para socorrer a una comunidad afectada por esta cruel enfermedad, organizando una operación humanitaria en la que se combinó acción preventiva, formación y asistencia.

El precio de la esperanza

El Movimiento, y sobre todo la Cruz Roja del Zaire, pagaron un precio muy alto en este empeño: cinco voluntarios murieron en las primeras semanas de la epidemia, por falta de equipo adecuado. Adolphe Kasanji, de 43 años, fue el primero que dio su vida en aras de la proteccón de la vida y la dignidad humanas. Uno tras otro, Mandungu Kisinga, Mukila Ngungi, Kilumbu Nzamba y Kamandunga sucumbieron a la enfermedad por haber cumplido con su misión humanitaria.

Su sacrificio no fue inútil, y contribuyó a realzar el prestigio de la Sociedad Nacional. “Con esta operación hemos recuperado la confianza del pueblo del Zaire, y restaurado la credibilidad de la Cruz Roja”, dice Félicien Mudila Mbinga. “Hemos ganado nuevos miembros. Hoy, la Cruz Roja vuelve a ser un símbolo de esperanza en Kikwit y en las zonas aleñadas.”

 

Paul Mpoyi Bulongo
Coordinador Nacional de Información, Educación y Comunicaciones de la Cruz Roja del Zaire.

 


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