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“Hubiera preferido contraer el SIDA, porque no mata
tan pronto como esta enfermedad”, se lamentaba un sobreviviente
en el hospital general de Kikwit. Opinión discutible
pero que da una idea del terror que inspira el Ebola, un tipo
de fiebre viral hemorrágica para la cual todavía
no se ha descubierto vacuna. Los últimos brotes mortales
se habían registrado en Sudán y Kenya, y en
1976, en otra región del Zaire, Yambuku, en la provincia
de Ecuato.
Los primeros síntomas - fiebre alta, dolores de cabeza,
de las articulaciones y los músculos - aparecen entre
cinco y diez días después de la contaminación.
Sin un tratamiento inmediato y eficaz, el estado del enfermo
empeora rápidamente, sobrevienen intensas hemorragias,
el colapso de los riñones y el paro cardíaco.
De ahí que la tasa de mortalidad se cifre ente un 50
y un 90%. La infección se transmite por contacto con
los humores de las víctimas o al manipular los cadáveres.
La contaminación por jeringas infectadas es casi siempre
mortal. La tasa de mortalidad en Kikwit fue del 80%.
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Intervención concertada
Desde el comienzo mismo de la epidemia, la Cruz Roja del
Zaire, con el respaldo de la Federación, participó
activamente en la operación de socorros, coordina por
la Comisión Científica y Técnica Internacional.
Tras una misión de evaluación, la Federación
hizo un llamamiento a la comunidad internacional pidiendo
fondos para un plan de acción y estableció un
comité de crisis, integrado por miembros de la Cruz
Roja del Zaire y dos delegados de la Federación.
La operación de la Cruz Roja se llevó a cabo
en dos etapas, bajo la supervisión de un epidemiólogo.
En primer lugar, se disolvió la estructura de emergencia
en que habían participado numerosos socorristas y voluntarios
antes de que la Comisión Internacional comenzara a
coordinar. Luego, se iniciaron tres programas: higiene y medidas
sanitarias, acciones de alerta a la población, y actividades
de asistencia social.
En el ámbito del primer programa, doce socorristas
dirigidos por Jacques Katshitshi, jefe de la División
Médica de la Cruz Roja del Zaire, recorrieron la ciudad
para llevar a los enfermos al hospital y enterrar a los muertos.
Las Sociedades Nacionales de Dinamarca, Suecia, China y España
procuraron un vehículo, indumentaria profiláctica,
desinfectantes y suministros médicos, respectivamente.
El segundo programa entró en acción al descubrirse
que había aumentado el número de contagios entre
quienes manipulaban los cadáveres sin tomar las debidas
precauciones. También coordinado por el Sr. Katshitshi,
este programa tenía por objeto sensibilizar a la población
de Kikwit sobre los mecanismos de transmisión de la
enfermedad y las medidas preventivas necesarias. Por intermedio
de una red de quince puestos de primeros auxilios, se repartieron
carteles y octavillas escritos en los cuatro idiomas del lugar,
lo que permitió optimizar la prevención.
El tercer programa, coordinado por Félicien Mudila
Mbinga, jefe de la unidad de asistencia social de la Comisión
Internacional, tuvo por objetivo ayudar a quienes a raíz
de la epidemia, se habían visto marginados de su entorno
social; se trataba de que recuperaran su lugar en la comunidad,
explicando que no eran portadores del virus y que, por lo
tanto, su presencia no suponía riesgo alguno de contagio.
Al cabo de una encuesta destinada a identificar a las personas
más vulnerables, se procedió a la desinfección
de sus hogares, se distribuyeron provisiones y se prestó
asistencia a los indigentes y marginales.
Paralelamente a estas actividades, en el mes de julio, la
Federación, la Cruz Roja del Zaire y el CICR organizaron
un seminario de información sobre Derecho Internacional
Humanitario y la labor del Movimiento, en el que participaron
20 periodistas del país. Ese mismo mes, en Kikwit se
impartió un cursillo sobre prevención de enfermedades
epidémicas, destinado a instructores de primeros auxilios.
Por último, en noviembre, la Cruz Roja publicó
un folleto informativo sobre el virus Ebola, que se presentó
a la prensa en la sede de la Sociedad Nacional, en Kinshasa.
Asimismo, el servicio de información de la Sociedad
Nacional, en colaboración con la Federación,
produjo un documental sobre la operación humanitaria
del Movimiento en Kikwit. La película relata la manera
en que la Cruz Roja del Zaire y la Federación aunaron
eficazmente recursos humanos, financieros y materiales para
socorrer a una comunidad afectada por esta cruel enfermedad,
organizando una operación humanitaria en la que se
combinó acción preventiva, formación
y asistencia. |
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El
precio de la esperanza
El Movimiento, y sobre todo la Cruz Roja del Zaire, pagaron
un precio muy alto en este empeño: cinco voluntarios
murieron en las primeras semanas de la epidemia, por falta
de equipo adecuado. Adolphe Kasanji, de 43 años, fue
el primero que dio su vida en aras de la proteccón
de la vida y la dignidad humanas. Uno tras otro, Mandungu
Kisinga, Mukila Ngungi, Kilumbu Nzamba y Kamandunga sucumbieron
a la enfermedad por haber cumplido con su misión humanitaria.
Su sacrificio no fue inútil, y contribuyó a
realzar el prestigio de la Sociedad Nacional. “Con esta
operación hemos recuperado la confianza del pueblo
del Zaire, y restaurado la credibilidad de la Cruz Roja”,
dice Félicien Mudila Mbinga. “Hemos ganado nuevos
miembros. Hoy, la Cruz Roja vuelve a ser un símbolo
de esperanza en Kikwit y en las zonas aleñadas.”
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