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Mucho se habla en estos días del denominado “efecto CNN”, es decir, del hecho de que sólo la presencia de reporteros en el lugar garantiza que una catástrofe sea realidad para el resto del mundo.

La experiencia de quienes trabajamos para el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es distinta. Nuestra labor nos lleva a sitios donde los periodistas brillan por su ausencia pero las catástrofes son reales. Ello quizás obedezca a que determinados desastres y conflictos armados no resultan suficientemente “atractivos” para la prensa, o implican riesgos excesivos para los periodistas. También puede tratarse de desastres de larga data que han dejado de interesar a los medios de comunicación.

En el Movimiento, muchos piensan que esto tiene que cambiar y tratan de utilizar los medios de comunicación según sus propias criterios pero los resultados a menudo son desalentadores. Por consiguiente, nuestra actitud hacia la prensa suele estar impregnada de prejuicios o incluso de agresividad. Consideramos que los “buenos” somos nosotros, artífices de las buenas obras, y ellos los “malos”, al acecho de un máximo de muertes y destrucción para hacer un reportaje que se venda bien...

Antes de incorporarme a la Cruz Roja, fui periodista y corresponsal de la televisión danesa en el extranjero e informé sobre un buen número de desastres. Recuerdo perfectamente los sentimientos que experimentaba entonces, mientras filmábamos a las víctimas y obteníamos lo que habíamos ido a buscar: la crónica, las imágenes. Al terminar el trabajo, hacíamos las maletas y volvíamos a nuestra cómoda existencia.

El hecho de que la Cruz Roja no se marchara siempre supuso un alivio para mí; me reconfortaba la idea de que por lo menos alguien se quedara a atender a los desamparados. Me consta que la mayoría de los periodistas sienten lo mismo pues también tienen su corazoncito.

Nuestro Movimiento cumple una labor vital en el mundo de hoy y por lo tanto, tiene que evolucionar a la par de los tiempos. Tenemos que abrirnos a los medios de comunicación con franqueza y espíritu de cooperación, respetando el papel que desempeñan y sus modalidades de trabajo. Debemos comprender que informar sobre el sufrimiento es otra forma de prestar ayuda a quien sufre. Asimismo, tenemos que aceptar que no podemos, y no debemos, definir el modo en que han de darse las noticias.

Por cierto, hay hechos que no podemos divulgar pero abundan los que se pueden dar a conocer. Llevamos a cabo una labor de capital importancia que no debiera mantenerse en secreto. Tenemos que aceptar que los periodistas escruten nuestras actividades con ojo crítico, tal como lo hacen en otras esferas. Debemos acoger favorablemente sus críticas y hacer comprender al Movimiento y a la opinión pública que la Cruz Roja no es perfecta. Huelga decir que somos sensibles y vulnerables a las críticas pero el silencio acrecienta aún más nuestra vulnerabilidad.

Jørgen Poulsen
Secretario General de la Cruz Roja Danesa


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