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El éxito no siempre es espectacular. Por lo general, llega discretamente, sin grandes aspavientos, pero también puede hacerse esperar. Sin embargo, los logros mesurados suelen ser los más importantes pues sientan las bases de cambios duraderos. No cabe duda de que ésta es la clase de éxito que procura obtener la Cruz Roja Colombiana (CRC), obrando por la solución de los problemas fundamentales del país y adjudicándose un lugar destacado en la construcción de la paz y la reconciliación nacional. Con el debido respeto a la discreción que la caracteriza, pienso que los aciertos de su labor deberían servir de modelo en la acción humanitaria, dentro y fuera del Movimiento.

Las luchas fratricidas y el caos político predominante en este decenio han suscitado una vasta movilización en favor de la paz, proceso en el cual las Sociedades Nacionales, fundándose en los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad y unidad, participan por su propia naturaleza.

Al respecto, las enseñanzas de la experiencia de Colombia son valiosísimas. En primer lugar, ha demostrado la importancia de la inventiva, ya que en Colombia construir la paz significa ocuparse de los niños de la calle y abogar por las comunidades pobres. La CRC se ha dotado de una estrategia que le permite aplicar sus principios a las necesidades actuales del país, infundiendo una nueva energía en el derecho internacional humanitario y proponiendo soluciones innovadoras.

En segundo lugar, ha confirmado que cada proceso de reconciliación depende fundamentalmente de las condiciones nacionales. La paz no puede ser obra de extranjeros. Aunque éstos participen en las negociaciones y en la formulación de los acuerdos de paz, cuando se trata de lograr que enemigos de toda una generación puedan trabajar y convivir cotidianamente, lo que cuenta son las organizaciones y la cooperación nacionales.

Las Sociedades Nacionales suelen quejarse de lo difícil que les resulta captar y mantener el interés de los jóvenes. No es el caso de la CRC, ya que al tratar de encontrar soluciones a los diversos problemas que se le plantean, se asegura de que las actividades y metas que se propone, revistan un interés para los jóvenes, quienes a su vez se identifican con la Cruz Roja, sintiéndola cercana a su mundo.

La ruta que la CRC se ha trazado dista de ser fácil pues en un ámbito dominado por los extremos, mantener el rumbo y no derivar supone una gran firmeza y habilidad para sortear escollos. Tal es el caso de esta Sociedad Nacional que ha demostrado tener el ingenio, el valor y la perseverancia necesarios para salir adelante y llegar a buen puerto.


Margareta Wahlström
Subsecretaria General de Intervención en Caso de Desastre y Cooperación Operativa
Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja


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