| Voskepar
es una aldea armenia de 1.300 habitantes, parecida a tantas
otras comunidades agrícolas de esta remota región.
Antes del último conflicto, los mercados del lado azerí
eran el destino natural de los productos agrícolas
de Voskepar. “Teníamos muy buenas relaciones
con nuestros vecinos del otro lado de la frontera”,
explica Hransush Agehbalian, alcalde de la aldea. “Incluso
invitábamos a nuestros amigos azeríes a los
casamientos. Ahora, aunque el cese el fuego lleva más
de dos años, no podemos seguir comerciando, y todo
ha cambiado.”
La gente recurre a diversas estrategias para
sobrevivir y superar la falta de ingresos y el aumento de
los precios. Cultivan papas en sus huertas, secan sartas de
hojas verdes en los balcones para cuando escasee la verdura
en invierno, y conforme avanzan las estaciones, venden flores
silvestres, setas o frutas a la orilla de los caminos.
Los habitantes del lado azerí tienen las mismas dificultades,
que por fortuna, se han dado a conocer a la opinión
pública. Bajo los auspicios del CICR, la Cruz Roja
Norteamericana inició la distribución de alimentos
y otros suministros de emergencia a las familias que se debaten
contra la pobreza, programa que se inscribe en una nueva modalidad
de cooperación denominada “proyectos de delegación”.
El proyecto de delegación de Armenia,
el primero de esta índole que se lleva a cabo con la
Sociedad Nacional de los EE.UU., comenzó en noviembre
de 1994. La distribución de paquetes de víveres
a 8.500 familias residentes en la zona fronteriza que abarca
cuatro distritos del norte de Armenia concluyó en agosto
de 1995. El proyecto en curso, que durará 9 meses,
está destinado a los mismos beneficiarios, pero esta
vez se ha previsto asistencia por más tiempo, y se
han incluido artículos como jabón y detergentes,
diversas semillas de verdura, harina, aceite de mesa, azúcar
y tapas de potes para mermeladas.
“Cuando la invitamos a hacerse cargo de
la gestión del proyecto de delegación en Armenia,
sabíamos que la Cruz Roja Norteamericana sería
un asociado ideal”, señala Zoran Jovanovic, jefe
de la delegación del CICR en Yereván.”Su
labor en el sur del Cáucaso comenzó en 1988,
después del terremoto en Armenia, lo que explica que
disponga de una óptima organización logística
y de un personal de gestión muy eficiente, familiarizado
con el entorno y con la filosofía del Movimiento.”
El éxito de este primer proyecto de delegación
favoreció la puesta en marcha de un segundo proyecto
en Barda, Azerbaiyán, a cuatro horas en coche al oeste
de Baku, la capital. Desde el inicio de este segundo proyecto,
en noviembre de 1995, más de 7.000 familias residentes
en 8 distritos fronterizos han recibido cada dos meses paquetes
de víveres, azúcar, tapas de potes, harina y
aceite.
Los beneficiarios potenciales se escogen entre
5 grupos concretos: ancianos solos, viudas con varias cargas
familiares, huérfanos menores de 15 años, inválidos
de la llamada “primera categoría” (o sea,
los lisiados de guerra y las personas con discapacidades graves)
y los indigentes que no forman parte de dicho grupos y representan
el 30% de los beneficiarios. |
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Construir sobre bases sólidas
Los proyectos de delegación que se llevan a cabo
en Armenia y Azerbaiyán tienen tres objetivos principales:
subvenir a las necesidades básicas de los beneficiarios
para que con sus escasos recursos puedan comprar otros artículos
esenciales, como medicamentos o textos escolares; disuadir
a los jóvenes de emigrar a las zonas urbanas en busca
de empleo, y consolidar la capacidad de la Cruz Roja de
Armenia y de la Media Luna Roja de Azerbaiyán, que
están cumpliendo funciones determinantes para ambos
programas.
La Cruz Roja de Armenia, organización de gran competencia
profesional que cuenta con una dirección eficiente
en su sede central, obtuvo el estatuto de Sociedad Nacional
en noviembre de 1995. El personal reconoce que el terrible
terremoto de Spitvak de 1988, en el que murieron 25.000
personas y otras 30.000 resultaron heridas o lesionadas,
tuvo una influencia decisiva en el desarrollo ulterior de
la Cruz Roja.
“Me incorporé al programa en diciembre pasado”,
dice James Jones, delegado de la Cruz Roja Norte-
americana y coordinador de proyectos en Yereván.
“Pude contratar profesionales de excelente nivel y
gran motivación: expertos en logística, especialistas
en gestión en el terreno, instructores, técnicos
en distribución y estadígrafos. Todos eran
empleados de la Cruz Roja de Armenia, con una amplia formación
profesional y una larga experiencia de trabajo con la Federación
y otras organizaciones internacionales.”
La Media Luna Roja de Azerbaiyán también
recibió el estatuto de Sociedad Nacional en noviembre
de 1995 pero muy pocos de sus colaboradores habían
trabajado en grandes proyectos de asistencia. A pesar de
ello, la mayoría de los empleados en distritos y
secciones están muy motivados y el programa representa
una gran oportunidad de formación profesional.
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Más allá de lo elemental
El futuro de los habitantes de las zonas fronterizas seguirá
siendo sombrío hasta que no se concierte un acuerdo
de paz definitivo y mientras la situación económica
de las dos repúblicas no mejore.
En Armenia, las prioridades están claras. “La
gente va resolviendo sus problemas, pero se necesitará
el suministro a granel de algunos alimentos hasta la próxima
cosecha, explica James Jones y añade: “También
es hora de emprender algunos pequeños proyectos de
reconstrucción de viviendas, establecimientos de
enseñanza, molinos y algunas otras instalaciones
de utilidad pública. Con ello se busca volver a establecer
la vida comunitaria”.
En Azerbaiyán, los programas se ajustarán
a las necesidades sociales concretas de los beneficiarios.
La asistencia alimentaria se prolongará por un año,
pero haciendo hincapié en la autosuficiencia y con
tal fin se distribuirán semillas para el cultivo
de papas y medios para conservar la fruta y la verdura por
más tiempo. También es probable que se apoyen
los programas de fomento de la producción de trigo
y harina para que las aldeas dispongan de pan.
Uno de los beneficios más importantes y duraderos
de ambos programas no se puede contabilizar. “La asistencia
que recibimos también supone un gran apoyo psicológico”,
nos explicó Hransush Aghbalian, durante una distribución
de azúcar. “Después de los cataclismos
y los conflictos de los últimos años, pasará
mucho tiempo antes de que nuestras vidas puedan retomar
un curso normal. No podemos comerciar del otro lado de la
frontera, no nos pagan las pensiones desde hace meses y
vamos sobreviviendo con lo que producen nuestras huertas.
Sin la ayuda de ustedes, nos sentiríamos abandonados
por todo el mundo”.
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