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El ojo del dios amorfo
se ha secado

por Omar Valdimarsson

En septiembre de 1993, la provincia india de Maharastra fue asolada por un violento terremoto de efectos devastadores. La Federación y la Cruz Roja de la India iniciaron un amplio programa de reconstrucción. Hoy, la población ve los frutos de este esfuerzo conjunto.

Los aldeanos de Killari habían presentido que algo iba a ocurrir. En el templo de Nilkantheshwar, construido hace más de tres siglos, se encuentra la estatua de un dios amorfo por cuyo ojo brota agua de una fuente. Ese año habían pasado dos meses, en plena estación de lluvias, durante los cuales no había manado agua del ojo de la divinidad. La gente pensó que se preparaba una sequía como la que comenzó en 1972 y duró tres años. A nadie se le ocurrió que podía haber un terremoto, pues no es región de actividad sísmica.

Poco después de las 3h30 de la madrugada del 30 de septiembre, los perros se pusieron a ladrar y las vacas a agitarse en los establos. La población de las aldeas cercanas a Killari, en la región colindante de los distritos de Osmanabad y Latur, había celebrado hasta tarde el fin de la fiesta religiosa de Ganesh Chethurthee. La mayoría de los aldeanos dormían profundamente. De pronto, en medio de un estruendo ensordecedor, la tierra se sacudió con una violencia inaudita en lo que parecía ser el fin del mundo. Las habitaciones, de piedra y ladrillos de barro, se derrumbaron sobre sus habitantes, aplastándoles. Tres minutos después se registraron réplicas de igual intensidad.

Dos horas más tarde, el polvo seguía flotando sobre las aldeas destruidas, mientras los supervivientes buscaban con ansias a sus seres queridos, que las más de las veces se encontraban sin vida bajo los escombros.

El terremoto que destruyó Killari, uno de los más fuertes registrados en esta parte de la India, tuvo una intensidad de 6,4 en la escala de Richter. Perdieron la vida más de 7.500 personas, es decir, cerca del 15 por ciento de la población de una zona de 120 km2 alrededor del epicentro, y 15.000 resultaron lesionadas. En menos de un minuto, fueron totalmente destruidas 17 aldeas, y 145.000 moradas sufrieron daños considerables.

 


La comunidad se moviliza

“Nunca había visto tanta solidaridad y compasión entre la población”, dice el Dr. R.K. Nitturkark, superintendente sanitario del nuevo hospital financiado por la Cruz Roja en Nilanga, distrito de Latur, recordando las horas y días de incesante quehacer que siguieron a la catástrofe de 1993.

Para llevar a las víctimas hasta el hospital se usaron todos los medios disponibles. La gente de Nilanga ofreció inmediatamente toda su ayuda. Tres docentes y 50 estudiantes del instituto técnico local llegaron con una gran cantidad de colchones, y pronto afluyeron camiones cargados con víveres donados por los vecinos. En menos de 24 horas, llegó un grupo de 15 hindúes procedentes de Bhiwandi, en las cercanías de Mumbai (Bombay), a casi 700 km al oeste de Killari. Apenas instalado su equipo, comenzaron a preparar la comida que traían consigo para los pacientes y el personal del hospital. “Trabajaron con dedicación durante 15 días sin parar y su comida era mejor que la de cualquier hotel de cinco estrellas”, dice el Dr. Nitturkark.

El terremoto también provocó daños al hospital de Nilanga, pero el edificio quedó en pie. Los pacientes internados estaban aterrados y se negaron a permanecer en el interior, lo que agravó aún más la confusión y el hacinamiento alrededor del hospital. Hoy, los muros del antiguo edificio presentan grietas de varios centímetros; esos pabellones están conectados con el nuevo hospital de remisión, de una capacidad de 30 camas, que se construyó con fondos donados principalmente por las Sociedades Nacionales de Gran Bretaña y los Países Bajos.

Pero los problemas de la noche del terremoto fueron sólo el comienzo de una larga pesadilla. Al amanecer, truenos y relámpagos desgarraron el cielo y se puso a diluviar. Entonces hubo que transportar a los heridos al interior de los pabellones y ponerlos al abrigo en todos los locales intactos del establecimiento.

Una empresa colosal

La reconstrucción exigió ingentes recursos. La Cruz Roja de la India (CRI) y las autoridades de este país solicitaron asistencia a la Federación, que en octubre de 1993 hizo un llamamiento de fondos por valor de 6.200.000 Fr.s. y los obtuvo en un período relativamente corto. Hasta ahora, más de la cuarta parte de las Sociedades Nacionales han hecho donaciones al proyecto de Maharastra.

La Federación y la CRI convinieron en hacerse cargo de 44 proyectos en la zona damnificada, siendo las instituciones que más aportaron al programa, después del gobierno de Maharastra. Dichos proyectos abarcaban tres hospitales, cinco centros de atención primaria de salud, 26 puestos de salud y viviendas para el personal necesario (135 unidades), dos centros de rehabilitación, unidades de traumatología y psiquiatría y seis escuelas con capacidad para unos 4.000 alumnos.

Gracias a una donación de la Cruz Roja Alemana, la Federación construyó también un nuevo sistema de suministro de agua potable para Killari y ocho aldeas más. Tras haber sufrido algunos retrasos, el programa recuperó el ritmo previsto en el curso de 1996.

El programa de reconstrucción de la zona damnificada por el terremoto de Maharastra es uno de los más ambiciosos en los que haya participado la Federación y que se hayan emprendido en la India, uno de los países más expuestos a catástrofes. En el marco de dicho programa, se han construido unas 27.000 viviendas y se han hecho obras en otras 95.000. También están previstos más de 200 centros sanitarios y más de 100 escuelas con un total de 1.000 aulas y capacidad para 40.000 alumnos; algunos ya se han terminado y otros están en construcción. El costo total supera los 83.000.000 Fr.s. y el de los proyectos financiados por la Federación hasta la fecha se cifra en 7.000.000 Fr.s.

Esta catástrofe dio lugar a algunos cambios positivos ya que la CRI intensificó la planificación en previsión de desastres y otras actividades afines. Además, se reforzaron las secciones locales de las zonas damnificadas y la población de los distritos de Latur y de Osmanabad ha comenzado a confiar en que podrá tener una vida mejor, gracias a la generosa asistencia de las Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y de otros donantes del mundo entero.

 

 

Vuelve a brotar el agua por el ojo del dios amorfo

La Killari de otrora, epicentro del terremoto de 1993, se ha convertido en una ciudad fantasma. Murieron más de 400 de sus 15.000 habitantes y decenas de personas resultaron heridas.

En el templo de Nilkantheshwar está sentado un religioso, lo acompañan dos discípulas, un discípulo y un grupo de hombres de la aldea. El templo, muy dañado por el terremoto, se encuentra en medio de las ruinas de las viejas viviendas. El santo hombre irradia serenidad pero su mirada alerta sigue cada movimiento del visitante y nada de lo que ocurre a su alrededor le inquieta en lo más mínimo. El agua en el ojo del dios amorfo que está en el centro del templo ha recuperado el nivel normal.

Omar Valdimarsson
Periodista independiente residente en Reikiavik, Islandia.

 


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