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Los colaboradores de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
han sido testigos del horrendo legado de las minas terrestres
antipersonal (minas AP). Movidos por tanto sufrimiento, han
encabezado la movilización para que el mundo entero
comprenda las trágicas secuelas que dejan estas armas
en las víctimas y sus familiares, las comunidades y
los países que empiezan a recuperarse tras largos conflictos
armados.
Hace tres años ningún país estaba dispuesto
a respaldar la idea de prohibir las minas AP. Hoy, en gran
medida gracias a la dedicación del Movimiento y de
la red mundial de abnegadas ONG que se ha dado en llamar Campaña
Interna-cional para la Prohibición de las Minas Terrestres,
estamos a punto de lograr este noble propósito.
En la Conferencia de Ottawa de octubre de 1996, invité
a otros países a firmar un tratado de prohibición
de las minas AP en diciembre de 1997, idea que apoyó
de inmediato el Sr. Cornelio Sommaruga, Presidente del CICR.
Dos meses después, 156 países aprobaron (sin
votos en contra) la resolución de las Naciones Unidas
que instaba a la comunidad internacional a poner todo su empeño
en adoptar un acuerdo internacional eficaz y jurídicamente
vinculante por el que se prohibiera la utilización,
el almacenamiento, la producción y la transferencia
de las minas antipersonal. El desafío que se nos plantea
consiste en traducir este apoyo político en ese tratado
que debería adoptarse en diciembre de 1997. Por el
momento, más de 100 países se han comprometido
con este importante objetivo.
El mundo ha entrado en una nueva era de relaciones internacionales;
hemos dejado atrás la guerra fría para sumirnos
en una estimulante época de expresión del interés
público, información y responsabilidad en las
decisiones de política exterior. Los esfuerzos encaminados
a prohibir las minas AP son un ejemplo de la democratización
de la toma de decisiones de política internacional
y un símbolo de genuina cooperación entre gobiernos,
ONG, organizaciones internacionales y millones de ciudadanos
del mundo entero.
Este proceso también ha sido innovador en otros aspectos,
pues nunca se había logrado que una campaña
similar tuviera éxito en un plazo de 14 meses. Otro
elemento digno de mención es ese enfoque global que
conjuga los aspectos humanitarios de la remoción de
minas, la asistencia a las víctimas y la necesidad
de prohibir estas armas.
El tratado propuesto será la primera medida significativa
para acabar de una buena vez con la muerte y la mutilación
indiscriminadas de miles de inocentes. Recién cuando
estas armas queden prohibidas definitivamente se lograrán
resultados duraderos en lo que atañe a la remoción,
la asistencia a las víctimas y el desarrollo económico
de las zonas devastadas por conflictos armados.
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