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La vulnerabilidad
según el cristal con que se mira
por Liesl Graz |
| Mejorar
la situación de los más vulnerables fue el lema
que las Sociedades Nacionales, de Canadá a Zambia,
adoptaron entusiastas a principios de esta década,
lanzando un desafío al Movimiento en su conjunto. Con
el correr del tiempo, se descubrió que tomar medidas
concretas para que el entusiasmo inicial se convirtiera en
acción, no era nada fácil. Liesl Graz analiza
el porqué. |
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Al cabo de diez años de reflexión y acciones
prácticas, ha llegado el momento de examinar el concepto
de vulnerabilidad. En lo que atañe a la Federación
Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media
Luna Roja, la vulnerabilidad es un elemento capital del Plan
Estratégico de Trabajo para el decenio de 1990.
En el caso del Comité Internacional de la Cruz Roja
el proceso de reflexión ha sido menos importante, quizá
porque desde la perspectiva del mandato de asistir a las víctimas
de la guerra, el concepto resulta más evidente. |
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¿Qué es la vulnerabilidad?
La primera dificultad para entender este concepto reside
en la necesidad de distinguirlo de la noción de “riesgo”.
¿Existe una real diferencia entre “ser vulnerable”
y “estar expuesto a riesgos”, o se trata más
bien de una cuestión semántica? ¿Se entiende
por “vulnerabilidad” la situación de quien
es vulnerable o significa algo más? Cierto es que el
término “riesgo” se asocia fácilmente
con póliza de seguros, pero, ¿es motivo suficiente
para no emplearlo?
Una dificultad más seria que plantea la palabra “riesgo”
reside en que es imposible disociarla de la idea de “probabilidad”,
a la cual se puede dar dos significados completamente distintos.
El primero alude a la probabilidad estadística de que
ocurra un desastre determinado (crecida, terremoto, maremoto,
contaminación química, sequía o gue-
rra); el segundo se refiere a la probabilidad de que una persona
o un grupo determinado se vea afectado por él. Por
lo tanto, abordaremos el tema, entendiendo por vulnerabilidad
aquello que convierte un fenómeno potencialmente peligroso
en una catástrofe.
Parece imposible individualizar un indicador que nos permita
decir éesto es vulnerabilidad y aquello no. La vulnerabilidad
en las aldeas de los valles del Gales post-industrial, donde
cunde la depresión económica, no se asemeja
a la de los niños de un campamento de refugiados en
África central; ni la de los jóvenes drogadictos
de las calles de Copenhague, a la de las madres de diez hijos
en Egipto o a la de los cultivadores de maní en Senegal.
Ahora bien, en todos estos casos hay factores comunes que
inciden en la vulnerabilidad y que según la Cruz Roja
Británica son los siguientes: Lugar, es decir, la zona
donde se vive; participación, por ejemplo estar excluido
de la sociedad, y recursos personales, es decir, falta de
medios materiales y apoyo social. La Federación, por
su parte, se sirve de factores globales para evaluar la vulnerabilidad
tales como proximidad y exposición al riesgo, pobreza
y exclusión o marginación.
Las palabras “vulnerabilidad” y, por extensión,
“vulnerable” no pueden utilizarse como términos
genéricos. Siempre será necesario precisar respecto
de qué existe tal vulnerabilida. Ahondando en esta
idea, podemos decir que la vulnerabilidad no puede entenderse
separada de las nociones de tiempo y espacio. La Cruz Roja
Británica ha tratado de dar una definición,
diciendo que vulnerable es “toda persona con carencias
críticas”, lo que no está mal, con la
salvedad de que la carencia de uno es la abundancia de otro.
¿Quién determina los límites?
Una vez que decidieron enfocar su labor desde la perspectiva
de “mejorar la situación de los más vulnerables”,
la Sociedades Nacionales comenzaron a incorporar el concepto
de vulnerabilidad en las declaraciones de misión; idearon
sistemas para identificar a los más vulnerables a escala
local y regional; pasaron revista a programas tales como los
de primeros auxilios, preparación en previsión
de desastres y reorientaron la asistencia a los más
vulnerables. Según Álvaro Bermejo de la Federación,
una estrategia que tuviera por resultado asignar al servicio
de los más vulnerables un modesto 5% de lo que gasta
actualmente la Cruz Roja y la Media Luna Roja en programas
y servicios, permitiría destinarles otros 1.200.000.000
de francos suizos por año.
Una dificultad de peso en el análisis de la vulnerabilidad
como tema universal reside en que el concepto tiene significados
distintos según el pueblo, la época e incluso
la organización de que se trate. Por ejemplo, la vulnerabilidad
puede revestir gran importancia para muchas sociedades nacionales
o locales que no se ocupan necesaria o únicamente de
emergencias y en tal caso, servirá para evaluar o tal
vez redefinir los objetivos, programas y tareas de las mismas.
En cambio, para aquellas que se ocupan primordialmente de
emergencias, el concepto de vulnerabilidad, en cualquiera
de sus acepciones, puede ser un criterio para definir prioridades.
Cuando es imposible ayudar a todos por igual, cosa que ocurre
a menudo, hay que decidir a quién se atenderá
y quienes serán los primeros que recibirán asistencia.
Entonces cabe preguntarse, ¿la vulnerabilidad es tan
solo un criterio de selección? Lo que nos lleva a plantearnos
inmediatamente otra cuestión fundamental ¿a
quién se considera vulnerable?
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Todo lo que se aprende
Agustina Badia, 82 años de edad, ha vivido los últimos
ocho años en un edificio de apartamentos que la Cruz
Roja de Barcelona ha destinado a los ancianos de la ciudad.
Agustina se instaló allí porque está
sola, ya no puede subir las escaleras y el apartamento donde
vivía era en un tercer piso.
Muchos voluntarios de la Cruz Roja de Barcelona conocen de
cerca lo que significa ser vulnerable, pues ellos mismos recibieron
o siguen recibiendo la asistencia de la Cruz Roja. La Sociedad
Nacional Española ha organizado una campaña
con la finalidad de que beneficiarios de su asistencia participen
en la planificación y la gestión de programas,
a título de voluntarios. Esta campaña es un
ejemplo más de los esfuerzos que despliegan las Sociedades
Nacionales y la Federación Internacional para capacitar
a los beneficiarios y establecer servicios de apoyo comunitario
que atiendan a los miembros más vulnerables de la comunidad.
En calidad de voluntaria de la sección local de la
Cruz Roja, Agustina visita periódicamente a Florinda,
de 77 años, que no puede salir de su casa porque tiene
problemas para caminar. “Voy al médico a buscar
las recetas, luego a la farmacia a buscar los medicamentos
y después se los traigo a Florinda. Entonces pasamos
un buen rato charlando, recordando viejos tiempos y los vecinos
que teníamos. Nos entretenemos mucho. Es como hacer
un largo viaje al pasado”.
Agustina está muy agradecida por la ayuda recibida
de la Cruz Roja pero ser voluntaria le complace mucho más.
“Esta experiencia me ha enseñado mucho.”
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| ¿Quién
es vulnerable?
Cuando surgió el concepto de “vulnerabilidad”,
prácticamente se definía por sí mismo
y se empleaba para replantearse las actividades de socorro
y ayuda al desarrollo pero la práctica ha puesto de
manifiesto algunas de sus limitaciones. Últimamente,
la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para
los Refugiados (ACNUR) se ha empeñado en superar la
idea arraigada de que en tratándose de refugiados,
las mujeres y los niños siempre son, “por supuesto”,
los más vulnerables y, por lo tanto, necesitan especial
protección. El estudio de A.P. Davis sobre la vulnerabilidad
en los campamentos de refugiados en Kenya, da por tierra con
este tópico pues demuestra que en situaciones de emergencia,
la mortalidad relativa de los niños menores de cinco
años aumenta en menor medida que la de los demás
grupos de edad, en particular, los niños mayores de
cinco años. Otro expertoen refugiados ha señalado
que en los campamentos, los lactantes tal vez sean menos vulnerables
que los demás grupos a las enfermedades cuyo vector
es el agua. Además, los pudientes suelen están
asegurados lo que les permite rehacer su vida. A su vez, tal
como quedó demostrado en el terremoto de Armenia de
1988, las deficiencias de construcción no obedecen
únicamente a la pobreza. Por otra parte, la construcción
ligera en bambú tan común en las zonas rurales
y los barrios desfavorecidos de Asia sudoriental, es mucho
más resistente a los sismos que la mayoría de
los edificios de hormigón y cristal de las nuevas megalópolis.
Suele pensarse que la vulnerabilidad guarda relación
con problemas tales como la enfermedad, las lesiones, el hambre,
la edad y los desplazamientos. Pero también existe
una vulnerabilidad de orden organizativo, provocada por desarticulación
o la total ineficacia de la sociedad. Un estudio de la Cruz
Roja Canadiense revela que la lejanía es un factor
de vulnerabilidad, especialmente para los ancianos. Por el
contrario, tratándose de epidemias el aislamiento puede
resultar benéfico. Citemos como ejemplo África,
donde el SIDA se ha propagado a lo largo de las carreteras
recorridas por camiones y autobuses, y las localidades inaccesibles
no han sido afectadas.
La vulnerabilidad también puede ser de orden psicológico,
individual o colectiva. Un simple ejemplo de vulnerabilidad
psicológica colectiva es el pánico ante la adversidad,
suerte de histeria masiva que se desencadena en circunstancias
tan diversas como los disturbios durante un partido de fútbol,
o las tensiones en un campamento de refugiados.
Todo ser humano experimentará la vulnerabilidad en
uno u otro momento de su vida. El gran impacto que la guerra
de Yugoslavia tuvo en los países occidentales se explica
en parte porque las personas afectadas eran exactamente “como
nosotros” y vivían “como nosotros”.
El espectáculo de croatas, serbios y bosnios absolutamente
indefensos ante los horrores de la guerra recordó a
los europeos la propia vulnerabilidad que habían prácticamente
olvidado tras cincuenta años de paz. Por cierto, también
en Europa y en Norteamérica hay catástrofes
naturales, pero incluso en la más reciente -las crecidas
a lo largo de la cuenca del río Elba en julio de 1997-
quedó demostrado que una excelente preparación
y una buena organización pueden mitigar los daños
y el sufrimiento de la población. Vemos pues, que el
estudio de la vulnerabilidad a escala nacional y regional
permite dotarse de capacidades que ayudarán a hacer
frente a situaciones potencialmente catastróficas.
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Indicadores de
vulnerabilidad*
Los más vulnerables son aquellos que:
- carecen de recursos materiales, apoyo social o ambos
- están excluidos de la plena participación
social
- viven en lugares donde cunde la privación - barriadas
pobres de la ciudad, zonas otrora industriales y comunidades
rurales aisladas
*Who are the most vulnerable?
Informe del Departamento de investigación y planificación
de la Cruz Roja Británica |
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¿En
qué momento la vulnerabilidad es colectiva?
Hay que distinguir entre los riesgos que la gente afronta
voluntariamente y aquellos que le son impuestos, sobre todo
en lo que atañe a la vulnerabilidad colectiva. Cuando
se trata de riesgos que la gente corre deliberadamente las
cosas están claras, pero rara vez suele ser así.
Algunos riesgos obedecen al azar, pero muchos otros, en especial
la vulnerabilidad económica o ecológica, plantean
la cuestión de la responsabilidad. La catástrofe
química de Bhopal es un ejemplo de riesgo a la vez
fortuito y provocado. Que las viviendas de mucha gente se
hubiesen encontrado en las cercanías de una fábrica
de sustancias químicas peligrosas cuando ésta
voló por los aires no fue sólo el resultado
de la mala suerte, es decir, de encontrarse en el momento
inoportuno en el lugar equivocado. El riesgo en cuestión
fue creado por personas; además, vivir cerca de la
fábrica era un factor de gran vulnerabilidad. Otros
ejemplos son los deslizamientos de tierra que se producen
cuando se permite, o se propicia, la urbanización de
laderas de suelo inestable. Los riesgos inherentes a tales
asentamientos se agravan y las
responsabilidades aumentan si se permite la construcción
de carreteras en las cercanías, a veces violando las
normas de seguridad en vialidad.
La vulnerabilidad económica, que en otros tiempos
apenas se mencionaba, es un fenómeno complejo que puede
afectar desde individuos hasta países o regiones enteras.
Los labriegos que practican la agricultura de subsistencia
son extremadamente vulnerables a una sola mala cosecha, o
a bruscas fluctuaciones de los tipos de cambio. Pero, a la
vez, éstas últimas o una baja importante de
los precios de las materias primas, también pueden
afectar a todo un país, entrañando, por ejemplo,
la disminución del gasto público en educación
y salud, que son los primeros sectores afectados por las restricciones
presupuestarias.
La vulnerabilidad de la población también puede
obedecer a decisiones de las autoridades. El pueblo de Irak
ha padecido hambre y carestía de medicamentos a raíz
del embargo impuesto al país tras la invasión
de Kuwait, medida que sigue parcialmente en vigor. No obstante,
conviene recordar que entre las disposiciones del embargo
siempre se ha previsto la posibilidad de importar alimentos
y suministros sanitarios esenciales, pagaderos con cargo a
los recursos que hubieran generado las exportaciones de petróleo
comercializadas bajo control de las Naciones Unidas. En principio,
esta organización también iba a encargarse de
controlar la distribución de los suministros a la población
para garantizar que no terminasen en manos de los dirigentes
o de las fuerzas armadas. Hasta hace unos meses, el gobierno
irakí se negó a aceptar tales condiciones por
considerarlas humillantes. Mientras tanto, el pueblo irakí
seguía sufriendo.
Este caso ilustra claramente que cuando priman consideraciones
de orden político y económico, se descuida deliberadamente
la vulnerabilidad de la población. Pero en otras situaciones
suele predominar la ambigüedad. La Cruz Roja siempre
ha procurado mantenerse al margen de la “controversia
política”. Ahora bien, si pretende que el debate
sobre la vulnerabilidad llegue a conclusiones concretas, en
algunos casos le resultará muy difícil evitar
consideraciones políticas en sentido lato. Incluso
las metas de muchas Sociedades Nacionales de la Cruz Roja
y de la Media Luna Roja, en materia de capacitación,
corolario lógico de los estudios de la vulnerabilidad,
habrán de plantearse en esos términos.
No está en absoluto claro qué podrían
o deberían hacer organizaciones como las Sociedades
Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja para prevenir
la vulnerabilidad ecológica o económica. Unas
consideran que tales problemas no son de su incumbencia y
otras han tratado de aportar soluciones. En África
meridional, durante los períodos entre sequías
se han desplegado esfuerzos por reducir la vulnerabilidad
de la población ante tal fenómeno, recurriendo
a la construcción de represas o a la distribución
de semillas resistentes a la escasez de agua. A pesar de que
la eficacia de estas acciones preventivas es incuestionable,
a veces se ha estimado que no correspondía incluirlas
en las actividades de asistencia a los más vulnerables.
En los últimos años, tanto la Federación
como el CICR han promovido una profunda reflexión acerca
de sus cometidos respectivos. Este proceso ha resultado más
difícil para la Federación, que precisamente
es eso, una federación integrada por más de
170 órganos independientes cuyas dimensiones y modalidades
de
trabajo difieren. Algunas Sociedades Nacionales recién
ahora están ampliando el horizonte de sus actividades
tradicionales y salen poco a poco de una época en la
que por “hacer el bien” se entendía tejer
calcetas, donar mantas y administrar bancos de sangre. Incluso
tales acciones merecen un ocasional examen crítico.
Mucho más difícil resulta examinar con el mismo
rigor crítico no solo el quehacer de las Sociedades
Nacionales sino también el de todas sus secciones zonales
y locales.
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Botas para caminar
Cuando la temperatura invernal en las montañas de
Pamir, Tayikistán, desciende a 50 grados bajo cero,
no tener botas equivale a no poder salir de casa. Entonces,
los niños que no tienen, y son muchos, no pueden
ir a la escuela.
En una época, la Federación suministraba
calzado a los habitantes de Pamir, pero ahora, gracias a
un programa con apoyo del gobierno de Suecia por conducto
de la Cruz Roja Sueca, los escolares están aprendiendo
a fabricar sus propias botas.
En el ámbito del proyecto piloto que la Federación
y la Sociedad de la Media Luna Roja de Tayikistán
llevaron a cabo el invierno pasado, se fabricaron 1.200
pares y se remendaron otros 750. El invierno entrante, el
programa aportará capacitación, herramientas
y materiales a los estudiantes de nivel secundario, con
miras a confeccionar más de 6.000 pares.
“El programa cumple dos objetivos importantes”,
dice Scott Simmons, delegado de socorros de la Cruz Roja
Australiana. “Suministrar un artículo de primera
necesidad y cambiar la mentalidad de los habitantes, porque
les permite darse cuenta de que son capaces de fabricar
calzado y no tienen por qué gastar en importaciones”.
Las escuelas de Pamir suelen permanecer cerradas durante
enero y febrero, los meses más fríos del invierno
en el hemisferio norte. Una encuesta realizada por la Federación
en 1995-1996 reveló que 30% de los niños en
edad escolar no asistía a clases en diciembre y marzo,
por no tener botas adecuadas. El año pasado, el problema
se resolvió parcialmente, distribuyendo calzado importado,
pero la Federación está propiciando soluciones
locales que reduzcan la dependencia de la asistencia internacional.
Thorir Gudmundsson
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¿Cómo se integra el concepto de vulnerabilidad
en la acción humanitaria?
Para la Federación, las personas más vulnerables
son aquellas que corren mayor peligro en situaciones en
las que, tanto su vida como su capacidad para vivir con
un mínimo de seguridad social y económica
y de dignidad humana están amenazadas. Esta definición
puede ser interpretada en el contexto local, o al menos,
en el nacional y el regional. En la práctica, como
se oye decir a veces en el seno de la Federación,
la vulnerabilidad ha servido para estimular la reflexión
sobre las funciones de las Sociedades Nacionales y las secciones
locales. Por ejemplo, la Cruz Roja de Dinamarca entabló
un debate al respecto y descubrió que la realidad
difería de lo que se suele dar por cierto. A la pregunta
“¿quiénes son los más vulnerables?”
la gente respondió por lo general “los ancianos”.
Sin embargo, hoy en día ellos son los más
protegidos por el excelente sistema de seguridad social
danés. Sin considerar los problemas de soledad y
ruptura de los lazos fami-liares, muchos ancianos viven
en condiciones mucho mejores que las de los jóvenes
desempleados, las personas sin hogar, los seropositivos,
etc.
¿Cuál es el paso siguiente? La respuesta
reside en un elemento que a menudo se pasa por alto cuando
se evalúa la vulnerabilidad, es decir, la capacidad.
Vulnerabilidad y capacidad son las dos caras de la moneda.
Cuando se procede a evaluar la primera, se estudian ventajas
y flaquezas y mediante el cotejo de las mismas se determina
quién corre mayores riesgos. Los programas deben
establecerse teniendo en cuenta unas y otras. Tal como se
dice en la guía Evaluación de la vulnerabilidad
y la capacidad, publicada por la Federación,
es preciso admitir que incluso los integrantes más
endebles de la comunidad disponen de algunas competencias,
recursos y energías para ayudarse a sí mismos
y tal vez a los demás. Ello puede constituir un sólido
cimiento sobre el cual edificar en situaciones de crisis.
Propiciando la capacitación, el Movimiento amplía
su función de simple proveedor que distribuye mantas,
alimenta a las víctimas y venda heridas, facilitando
el desarrollo de las capacidades locales. Sin embargo, aún
no está muy claro en qué medida las Sociedades
Nacionales han hecho suya la idea y han reorientado la planificación
de programas.
Si se acepta que la vulnerabilidad es aquello que convierte
un fenómeno potencialmente peligroso en una catástrofe,
el Movimiento puede hacer un aporte importante para reducirla,
combatiendo las raíces de la misma mediante programas
de desarrollo y programas para mitigarla antes y después
de los desastres y atacándose a los síntomas
mediante una mejor preparación e intervención
en caso de desastre. No cabe duda de que esta es una manera
idónea de aliviar y prevenir el sufrimiento humano.
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El valor de la participacíon
“Aquí se recibe muy poca ayuda, tal vez cuando
hay elecciones o después de una inundación”,
dice Carlos. “Entonces nos traen algunos víveres
o ropa. A veces, si hay suerte, nos dan material de construcción
para hacer reparaciones en las viviendas dañadas.
En los últimos tiempos, después que el ayuntamiento
decidió construir un dique a lo largo del río,
no han enviado nada, pues dicen que ya no habrá inundaciones”.
Carlos vive en uno de esos suburbios marginales que rodean
las ciudades de América del Sur. Está sin
trabajo y tiene 10 niños a cargo. Su mujer murió
hace unos meses, víctima del cólera. Desde
entonces, María, de 12 años, se ocupa de los
hermanos menores. A pesar de las dificultades cotidianas,
Carlos es voluntario en la sección local de la Cruz
Roja en Clorinda, en el norte argentino.
Allí se ha creado un grupo de trabajo que se ocupa
del proyecto de la Cuenca del Plata. Las crecidas son la
catástrofe natural más frecuente en esta región
de Sudamérica. La Federación Internacional,
en colaboración con 21 secciones de las Sociedades
Nacionales de Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil, ha
puesto en marcha programas comunitarios de sensibilización
sobre los desastres, promoción de la salud y educación.
La Federación, junto con los damnificados, se propone
encontrar medios más eficaces de mitigar y limitar
las secuelas de las inundaciones.
El grupo de trabajo de Carlos se ha encargado de hacer
el inventario de los recursos y las necesidades de la comunidad.
Asimismo, ha participado en varias reuniones de trabajo
organizadas por la sección y en sesiones de planificación
del proyecto Cuenca del Plata. Al respecto, comenta: “Antes
nos preguntábamos qué nos iban a traer. Ahora,
desde que participamos en el proyecto y en las decisiones
sobre lo que se hará o no se hará en la comunidad,
tenemos algo que nadie puede darnos: confianza en nosotros
mismos”.
Macarena Aguilar
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Liesl Graz
Periodista independiente, reside en Tayikistán.
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