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Sembrar el futuro
en el norte de Malí
por Dexter Cruez |
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una cruenta guerra civil, Malí está viviendo
una etapa de transición entre el fin de los combates
y la instauración de un paz duradera. El momento es
delicado porque está en juego la estabilidad del futuro
y los programas de asistencia deben tener objetivos bien definidos,
acordes con la cultura local y concebidos para que surtan
un efecto duradero. |
| El
norte de Mali se encuentra en el desierto del Sahara, una
de las regiones más inhóspitas del planeta.
Desde tiempos inmemoriales, los habitantes han debido hacer
frente a condiciones rigurosas, ideando mecanismos para aprovechar
al máximo los escasos recursos naturales y subsistir
gracias a un sutil equilibrio de intercambios comerciales
y dependencia recíproca. Los tuareg y otros
grupos nómades árabes han mantenido la ruta
de la sal -columna vertebral de la economía del país-
con sus caravanas de camellos que se adentran en pleno desierto.
Allí cargaban la sal en bloques para llevarla al sur
y trocarla por los cereales cultivados por los sonrhai
y los bozo, comunidades sedentarias que se concentraban
en torno a las principales fuentes de agua de la región
y practicaban la pesca y la agricultura.
A comienzos de la década de 1990, considerándose
olvidada y abandonada por Bamako, la capital, la población
del norte se alzó en armas contra el ejército
y estalló un cruento conflicto étnico. Se estima
que unas 300.000 personas emprendieron el camino del exilio
o se adentraron en el desierto para protegerse de los combates.
La economía de la región, de por sí muy
frágil, resultó gravemente afectada.
“La población fue totalmente traumatizada
por estos hechos. A lo largo de la historia, siempre se ha
sentido decepcionada pues a pesar de creer en la paz, se ha
visto confrontada a la guerra una y otra vez”, explica
el Sr. Attaher, responsable de la oficina del CICR en Gao.
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Forjar lazos entre malienses
Una vez terminada la rebelión, el CICR regresó
a las zonas más inseguras para ocuparse de las comunidades
más aisladas y vulnerables, pero los habitantes escapaban
apenas oían acercarse un vehículo. Su temor
era tal que aunque tenían una gran necesidad de asistencia,
no se acercaban a los poblados. El personal maliense del
CICR pudo llegar a estas comunidades gracias a la red de
contactos en las aldeas, determinando puntos de reunión
y presentando los delegados a los dirigentes comunitarios
y a los grupos de ex combatientes. De esta manera se pudieron
evaluar las necesidades más urgentes e iniciar los
programas de asistencia.
Incluso hoy, los delegados jamás se adentran en
el desierto sin que los acompañaran colegas malienses
y miembros de los distintos grupos étnicos, ello
contribuyó en parte a modificar sentimientos muy
arraigados de hostilidad entre unos y otros.
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Agua y sanidad
En el ámbito de un nuevo enfoque integral, el CICR
determinó esferas de acción prioritarias que
le permitieran demostrar sus capacidades durante esta etapa,
ya que en virtud de la incertidumbre y la inseguridad, a
otros organismos les resulta difícil operar en determinadas
zonas. Una de esas prioridades fue el suministro de agua
potable para nómades y sedentarios.
“Allí donde el agua fluye en abundancia, también
fluye la riqueza”, dice un refrán tuareg.
El agua no sólo es un recurso vital para la población
y el ganado: también puede ser motivo de conflictos
intercomunitarios y agudizar las tensiones. Durante el conflicto
se deterioraron o sabotearon muchos pozos, lo que explica
la escasez de agua potable. El CICR ayuda a reparar los
pozos estropeados y a perforar otros, aportando conocimientos
técnicos, materiales y medios logísticos,
así como información para el mantenimiento
de los mismos. Los pozos deben ubicarse en lugares estratégicos
conforme a los desplazamientos habituales de la población
en función de la estación. Los nómades
suelen congregarse alrededor de los pozos y allí
surgen verdaderos centros de intercambio de información
y contactos entre los distintos grupos.
Los años de inseguridad también han dejado
secuelas en la infraestructura sanitaria. El gobierno de
Mali ha ido instaurando un sistema basado en la recuperación
de costos que da resultado en zonas donde la población
se concentra pero que resulta menos viable en el norte,
donde la población está muy diseminada y la
gente no puede desplazarse cientos de kilómetros
para llegar al dispensario y es demasiado pobre para pagar
la atención médica.
El CICR ha servido de intermediario en los debates en curso,
organizando reuniones, comunicando información y
ayudando a levantar un “mapa sanitario” que
muestra los lugares donde es necesario prestar asistencia
médica en función de la densidad y los movimientos
de población. Esta labor ha sido decisiva para aumentar
el número de establecimientos sanitarios a escala
nacional, instalando dispensarios en lugares remotos, supervisados
por médicos residentes en los centros sanitarios
de distrito. También se crearon brigadas móviles
de vacunación. Además, en el ámbito
de un proyecto delegado en parte a la Cruz Roja de Bélgica,
se ha iniciado un programa trienal de capacitación
del personal sanitario a escala local y zonal.
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¡Salvar a los burros!
En Mali, el burro es el animal de tiro por excelencia (“caballo
del pobre y bicicleta del niño”). Precioso
auxiliar del pequeño comerciante para transportar
mercancías y personas, también ayuda a bombear
agua de los pozos y es un eslabón esencial de la
ruta de la sal. El burro es el último recurso de
la familia pobre y perderlo es sinónimo de miseria.
Cuando la epidemia de neumonía comenzó a diezmarlos
a fines de 1996, el CICR se encargó del tratamiento
de 2.453 burros y 325 caballos. No cabe duda que esta campaña
salvó de la ruina a muchas familias. Además,
se trató a miles de animales contra la fiebre biliosa
hematúrica y la perineumonía. Al mismo tiempo,
se lanzó una campaña de información
destinada a los servicios veterinarios y a los criadores
para fomentar la vacunación del ganado y técnicas
más eficientes de gestión de este recurso.
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Recobrar la confianza
Además de los beneficios prácticos, los programas
del CICR son un elemento importante del proceso de afianzamiento
de la confianza. Lograr una paz duradera implica que vuelva
a reinar la confianza entre la población, a pesar
de las disputas étnicas y los actos atroces que se
hayan cometido durante el conflicto. Además, es imprescindible
establecer líneas de comunicación directas
con el gobierno central y con las zonas más prósperas
del sur.
A juicio de François Grunewald, agrónomo
y consultor del CICR en materia de rehabilitación
agrícola y metodologías de evaluación,
“la población tiene que confiar en el porvenir
antes de poder concebir verdaderamente su existencia después
de la guerra y comenzar a reconstruir su vida”.
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Sarah Fleming
Redactora del Departamento de Recursos Externos del CICR.
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