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Una fuerza humanitaria

por Omar Valdimarsson

La Cruz Roja desempeña una función vital en la nueva dinámica de África meridional

La región austral de África se singulariza por su cultura, su funcionamiento político, su medio ambiente y, desde hace algunos años, por su economía.

En conjunto, los catorce países que integran la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (SADC) aportan la mitad de la producción económica del África subsahariana, por un valor que el Banco Mundial estima en 172.000 millones de dólares. Desde hace unos años, la región registra una tasa de crecimiento sostenida de 6% mientras que la tasa promedio es 5% en el continente y 4% en los países industrializados.

No cabe duda de que la transición en Sudáfrica –la «locomotora económica» de la región, según el semanario Time–, país donde la mayoría ha tomado las riendas de su propio destino mediante un liderazgo firme y popular, ha imbuido confianza y determinación en sus vecinos. Dos de ellos han emprendido con gran optimismo la recuperación después de cruentas y destructoras guerras civiles; otros dan cautelosamente los primeros pasos por el sendero de la libertad o la democracia recuperada. La democracia pluralista se afianza poco a poco y los pueblos de África meridional comienzan a participar plenamente en la vida cívica. Es una época de cambios y la esperanza renace en la región.

Pero también son tiempos difíciles. A menudo hay catástrofes, naturales o provocadas por el hombre, que van marcando el paisaje del sur de África. Independientemente de los distintos niveles de riqueza y de vida, los diez países de la región figuran en la mitad inferior de la escala definida por el Índice de Desarrollo Humano establecido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. La esperanza media de vida es apenas superior a 50 años. Malaui registra una de las tasas de mortalidad infantil más altas del mundo; Angola y Mozambique se cuentan entre los países con mayor mortalidad maternopuerperal. El VIH ha llegado a infectar hasta a un tercio de la población de algunos países. El terrible impacto del VIH/SIDA se puede ver, por ejemplo, en el hecho de que como mínimo el 5% de los niños de Zambia han quedado huérfanos a raíz de esta pandemia.

 

La práctica humanitaria

«Es aquí», dice Annie, presidenta de la división babani de la Cruz Roja de Suazilandia, cuando llegamos frente a la choza. «Entremos. Estarán contentas de recibir visita».

La habitación debe tener unos dos metros por tres. Casi todo el espacio está ocupado por dos camas destartaladas. En una de ellas, frente a la ventana, yacen dos ancianas, cubiertas con una manta de lana.

El sol africano calienta despiadadamente la techumbre de hierro corrugado. El calor es insoportable. «¿Qué pasa?» pregunta Annie Mamba, «¿por qué están en la misma cama? Ya les he dicho que no lo hagan. Es muy incómodo».

Las mujeres, madre e hija, no responden, pero están manifiestamente contentas de ver a Annie. Elizabeth, la hija, está paralizada de la cintura hacia abajo. En realidad, ha permanecido postrada durante los últimos veinte años. Ambas sufren de artritis. La madre ya no puede ocuparse de sí misma ni de su hija. Incapaces de desplazarse, viven solas; los primeros vecinos se encuentran a muchos kilómetros de distancia.

«Tengo 88 años, estoy muy vieja y enferma», dice la más anciana, esbozando una sonrisa. «Apenas puede levantarse y moverse en su cuarto, por lo que tenemos que venir cada semana para cocinar, limpiar y ocuparnos de ellas», explica Annie.

Por su parte, la hija dice: «Voy a cumplir 65 años en febrero» y añade maliciosa: «ya no soy una niña».

En el camino de regreso a Mbabane, Annie Mamba parece preocupada. Su sección ya no tiene dinero para seguir ocupándose de las personas más indigentes de la comarca. Ninguna de éstas tienen familiares o amigos que puedan tomarlas a su cargo.

«Cuando uno es pobre y desvalido, los parientes desaparecen», suspira Annie. «Aparte de nosotros, nadie viene a visitarlas, e incluso eso se está volviendo cada vez más difícil. Sencillamente no se me ocurre dónde encontrar el dinero para proseguir nuestra labor». No hay soluciones fáciles para su problema. Le pregunto que pasará con Elizabeth y su madre cuando no puedan ir a ayudarles. Con un estremecimiento, Annie Mamba dice: «Quién sabe, quién sabe».

 

La solidaridad sigue presente

Ningún problema es insoluble. Las Sociedades de la Cruz Roja de África meridional, con el respaldo de la Federación Internacional, están desempeñando un papel cada vez más activo y se han comprometido a satisfacer las necesidades de los sectores más vulnerables.

Las Sociedades Nacionales de Angola, Botsuana, Lesoto, Namibia, Malaui, Mozambique, Suazilandia, Sudáfrica, Zambia y Zimbabue constituyen una vigorosa red en toda la región; cada una es a su vez una red nacional de abnegados voluntarios y personal nacional. La Federación, representada por la delegación regional de Harare, planifica la cooperación, favoreciendo el intercambio de conocimientos, destrezas y experiencias por intermedio de programas regionales en disciplinas como la salud, las tecnologías de la información, la preparación y la intervención en casos de catástrofe, el desarrollo institucional y de recursos, y los servicios de sumi-nistro de agua y saneamiento. Gracias a la estructura regional en Pretoria y Harare, también el CICR respalda la capacidad operativa de estas diez Sociedades Nacionales.

Jerry Talbot, jefe de la delegación regional de la Federación en Harare, muy optimista y entusiasmado con las tareas que se plantean a su equipo, comenta: «buena parte de los cientos de secciones de la Cruz Roja activas en la región cuentan con un buen número de voluntarios y personal experimentado, que han adquirido
sus competencias gracias a la formación permanente y a intervenciones de socorro. Como es natural, son los primeros que actúan cuando sus comunidades se ven afectadas por crisis y catastrófes. Han demostrado su capacidad en las peores circunstancias, como desplazamientos masivos de población, conflictos armados, sequías, crecidas y epidemias».

La delegación regional para África meridional, cuyo presupuesto para las actividades en 1998 se eleva a 1.700.000 francos suizos, fue creada a mediados de los años 1980 con el propósito de mejorar la preparación de las Sociedades Nacionales de la zona para intervenir en casos de catástrofe.

Últimamente, ha servido de centro coordinador de las actividades relativas a problemas comunes de las Sociedades Nacionales, sean catástrofes naturales, cuestiones de índole política que comprometen los Principios Fundamentales y dificultades en materia de desarrollo institucional y autonomía financiera.

Esta solidaridad se ha materializado al reconstituirse la entidad que en otra época se llamó Programa para África Meridional, ahora denominada Agru-pación de Sociedades de la Cruz Roja de África Meridional regida por un mandato que las compromete a fortalecer la colaboración, la cooperación y la autodeterminación de las Sociedades Nacionales de la región con el fin de fomentar su autonomía

Omar Valdimarsson
Periodista independiente, reside en Reykjavik, Islandia.



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