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El Plan de Acción del Movimiento
por Daniel Helle y Tore Svenning |
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niños afectados por conflictos armados son motivo de
una gran preocupación para el Movimiento Internacional
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Conmovida por esta
verdadera tragedia, la comunidad internacional reacciona y
el Movimiento está en primera línea. |
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Los niños se cuentan entre las principales víctimas
de los conflictos armados. Sea reclutados por la fuerza y
utilizados como soldados, sea heridos o psíquicamente
traumatizados, mutilados por las minas terrestres o arrancados
a sus familias, son particularmente vulnerables a todas las
lacras de la guerra.
Su situación se ha agravado con la evolución
de los conflictos contemporáneos. Los ataques deliberados
contra la población civil, en violación flagrante
del derecho humanitario, son un mal aceptado por los beligerantes
cuando así lo exigen los objetivos estratégicos;
peor aún, dichos ataques son a veces el objetivo de
las operaciones militares. Además de perturbar la infancia,
o lisa y llanamente destruirla, tales prácticas pueden
desarticular la trama social de los pueblos, que al terminar
los conflictos disponen de muy pocos recursos para la recuperación
y la reinserción de los niños combatientes.
Se trata, pues, de un problema humanitario y de derechos
humanos que está siendo examinado en varios niveles,
y en particular por el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas
encargado de redactar un proyecto de protocolo facultativo
de la Convención sobre los Derechos del Niño.
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Un
proceso sostenido
De conformidad con sus respectivas funciones y mandatos,
los componentes del Movimiento llevan décadas ocupándose
de prestar asistencia a los niños afectados por los
conflictos armados, realizando actividades en una gran variedad
de esferas.
La más importante es la prevención, que incluye
la difusión del derecho humanitario, así como
las actividades encaminadas a fomentar su respeto. Por una
parte, la legislación internacional garantiza la protección
de la infancia mediante disposiciones de orden general que
estipulan la protección de los civiles frente a los
peligros de las operaciones militares y contra el trato abusivo
por las partes en cuyo poder se encuentren.
La escala y la magnitud del sufrimiento impuesto a los niños
por la guerra no debería darnos la impresión
de que la aplicación del derecho humanitario es un
fracaso. En verdad, el desconocimiento o el incumplimiento
de sus disposiciones muestra más bien cuán difícil
es lograr que éstas sean aceptadas y respetadas por
todos.
Por lo que se refiere al Movimiento, el Consejo de Delegados
pidió en 1993 que se elaborase un Plan de Acción
en la materia; en los dos años siguientes se llevó
a cabo un proceso de consulta dentro y fuera del Movimiento,
cuyo fruto fue el Plan de Acción relativo a la participación
de los niños en los conflictos armados, adoptado por
el Consejo en Ginebra, en 1995.
El documento del Plan de Acción incluye dos compromisos:
promover el principio de no reclutamiento y no participación
de los niños menores de 18 años, y adoptar medidas
para proteger y ayudar a los niños víctimas
de conflictos armados. Para poner en práctica y supervisar
dicho plan, se ha creado un grupo coordinador formado por
representantes de los tres componentes del Movimiento.
El primero de estos compromisos ha sido utilizado por el
CICR, la Federación y las Sociedades Nacionales, como
fundamento de sus campañas de promoción, tanto
a escala nacional como internacional.
Entre las iniciativas tomadas figura, por ejemplo, la carta
conjunta que las Sociedades Nacionales de los países
nórdicos y bálticos enviaron al gobierno respectivo;
por su parte, la Cruz Roja Española emprendió
una intensa campaña para persuadir a la opinión
pública y al gobierno de su país de que es necesario
tomar medidas para proteger a los niños en los conflictos
armados.
En lo que atañe al segundo compromiso, se ha pedido
que el Movimiento atienda las necesidades psicosociales y
físicas de los niños. Por último, el
Plan de Acción recomienda realizar actividades de sensibilización
en favor de los niños que hayan participado en conflictos
armados, a fin de lograr que la sociedad los acoja en su seno
y se ocupe de ellos. |
Alternativas
innovadoras
Hasta ahora, muchas de estas actividades se han centrado
en la promoción de la protección jurídica
de los niños, y en convencer a todos los gobiernos
de que acepten la edad mínima de 18 años, reconocida
internacionalmente, a efectos del reclutamiento en las fuerzas
armadas y la participación en las hostilidades.
En espera de la adopción de las normas pertinentes,
el Movimiento debería aprovechar sus tareas habituales
para minimizar el reclutamiento de niños soldados e
incrementar al máximo la asistencia a quienes hayan
sido afectados por los conflictos armados.
Esta campaña del Movimiento ha suscitado, como es
natural, el rechazo de los militares de algunos países.
Hay que esforzarse por evitar que nuestra movilización
se confunda con una manifestación de hostilidad hacia
los círculos militares. En muchos casos, si no en todos,
la oposición al límite de 18 años obedece
a ideas arraigadas en la tradición nacional y a la
noción que tienen los militares de su propia función
en cuanto garantes del bienestar de la nación.
Las Sociedades Nacionales «innovadoras» tal vez
decidan seguir desplegando esfuerzos persuasivos, sin olvidar
la necesidad de dialogar y de presentar a los militares conceptos
alternativos de servicio cívico. Puede tratarse, por
ejemplo, de programas de animación de la juventud,
de capacitación en primeros auxilios, de participación
en asociaciones de búsqueda y rescate, de trabajos
auxiliares en la extinción de incendios forestales,
etc., en suma, de labores que les ofrezcan la oportunidad
de aprender y, a la vez, el aliciente del desafío personal.
En el Líbano, durante la guerra civil, la participación
en los servicios de primeros auxilios de la Cruz Roja Libanesa
fue claramente una alternativa para los jóvenes que
deseaban servir a la sociedad sin comprometerse con ninguna
de las facciones en pugna.
El Movimiento debe emplear su capacidad y su influencia a
todo nivel para garantizar que los niños afectados
por los conflictos armados reciban el apoyo, la asistencia
y las condiciones materiales necesarias para recuperarse,
mediante programas generales o intervenciones particulares.
Es de esperar que si los países no logran ponerse de
acuerdo sobre la manera de impedir que los niños sean
envueltos en los conflictos armados, por lo menos convengan
en la necesidad de cuidar de los niños cuya vida ha
sido brutalmente desgarrada por la guerra. |
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Daniel Helle y Tore Svenning
Daniel Helle es asesor de la Division Jurídica del
CICR y Tore Svenning, funcionario principal del Departamento
de Relaciones Exteriores
de la Federación. |
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