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Imágenes de guerra
por Chantal Lebrat e Irina Chilobreeva |
Una
exposición de fotografías que abarca más
de un siglo de historia y de sufrimientos humanos puede contribuir
a acercar las generaciones y a superar las barreras culturales.
En todo caso, tal es la impresión que deja la acogida
brindada en varias ciudades de Rusia a la muestra titulada
«La gente y la guerra». |
| «La
guerra no estalla por sí sola. Sus raíces se
adentran en el corazón de las naciones y los gobiernos.
Es el fruto de actos egoístas, que ningún principio
puede justificar», declaraba un estudiante en su segunda
visita a la exposición.
La gente y la guerra es el título en ruso de esta
exposición itinerante que presenta 140 fotos seleccionadas
de los archivos del CICR. Se trata de un recorrido por 130
años de imágenes de guerra en blanco y negro;
los visitantes rusos hacen escala ante cada imagen como peregrinos
en las estaciones de su caminata. Una lenta procesión
les lleva por un espacio silencioso donde la imagen prima
sobre la mente y donde la emoción, reavivando un «traumatismo»
tal vez imperecedero, estimula la toma de consciencia. La
exposición evoca casi todas las guerras modernas y
cubre prácticamente todo el mundo, pero ninguna de
las fotos recoge los sufrimientos del pueblo ruso durante
la segunda guerra mundial. La razón de esta laguna
es muy simple: durante aquel período, a pesar de muchas
gestiones, el CICR no pudo realizar sus actividades en el
territorio soviético. No obstante, el público
ruso piensa inevitablemente en la epopeya de la Gran Guerra
Patria y en el ingente número de vidas destruidas por
la agresión nazi; aunque ya ha pasado medio siglo desde
el fin de esa tragedia, su recuerdo sigue dolorosamente presente.
Tal vez el mensaje más importante de esta exposición
sea que, en cualquier país y en cualquier época,
la guerra tiene un mismo rostro que se reproduce hasta el
infinito: el rostro del sufrimiento.
Moscú, Rostov, San Petersburgo, Naltchik, Volvogrado,
Astrakán, GornoAltaísk, son los nombres de otros
tantos hitos de un periplo que suscita muchas reminiscencias.
En cada escala son tres, cinco u ocho mil visitantes que se
agolpan para ver estas fotos de guerra, estas pálidas
víctimas, este dolor que un veterano juzga «de
conmovedora sobriedad». |
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El
dolor y el recuerdo
Los sentimientos se intensifican como si todo esto tuviera
un efecto de catarsis: aquí, unas mujeres no puede
retener el llanto; allá, los visitantes, con gesto
grave, vierten sus pensamientos en las páginas de los
libros de oro, más allá, unos niños y
unos adolescentes escriben versos y mensajes de esperanza,
de advertencia, de sentido común. «La exposición
nos permite comprender muchas cosas», dicen algunos.
Un chico de 15 años escribe: «Esta muestra no
pasará inadvertida. Conmueve y hace tomar consciencia
de las graves consecuencias de los conflictos. El futuro depende
de nosotros». ¿Es esta acaso la enseñanza
de la muestra? Muchos adolescentes parecen entenderlo así,
como estos alumnos de instituto que comienzan a hacerse una
idea de la magnitud de las responsabilidades que deberán
asumir un día: «Las fotos nos ayudan a entender
el dolor de las personas atrapadas en los conflictos, nos
incitan a pensar en el destino de la humanidad, a luchar por
la paz y a fomentar ideas de bondad y tolerancia». Otros
visitantes corroboran estos sentimientos: «No debemos
repetir los errores del pasado... la guerra es algo abominable...
no quiero que estos horrores se reproduzcan».
Las imágenes en sobreimpresión cobran una extraordinaria
fuerza dramática. «Las fotos son impresionantes
mucho más que los testimonios orales», dice una
estudiante. Un escolar comenta que la exposición estimula
la reflexión y complementa los cursos de historia:
«en las fotos se ve gente de carne y hueso, y no meras
palabras, como en los libros de estudio». Para un oficial
de marina de San Petersburgo, la exposición permite
comprender que «el ejército no se ha creado para
hacer la guerra, sino para proteger a la gente». Un
joven oficial de Moscú manifiesta su desconcierto:
«¿Por qué no se estudian los convenios
en las academias militares? Esta exposición es de veras
muy útil». |
| Una
tarjeta de visita para la Cruz Roja
Por supuesto, la exposición presenta en filigrana
la labor del Movimiento. «Es muy poco lo que sabemos
de la labor de esta organización tan útil»,
reconoce una señora que viajó 40 km para ver
la exposición en Volvogrado. Muchos visitantes convienen
en que la Cruz Roja merece un justo reconocimiento por su
labor, y algunos van hasta ofrecer sus servicios. «Esta
exposición nos ha conmovido mucho y nos gustaría
trabajar para la Cruz Roja», escribe un grupo de chicos
de 14 años de una escuela de Astrakán.
Los comités locales desempeñan un papel muy
activo pues se encargan de informar a los medios de comunicación,
de la publicidad y, en la medida de sus posibilidades, de
encontrar locales para la exposición. Como contrapartida,
el CICR les ha asociado a esta actividad, lo que contribuye
a aumentar su popularidad. La exposición ha realzado
el prestigio de nuestra sección y nos permite mostrar
al público que, en cierto modo, hemos alcanzado un
nivel internacional», confirma la presidenta de un comité
local.
Al mismo tiempo, cada muestra permite establecer nuevos contactos
o consolidar los vínculos entre los comités
locales y las autoridades regionales. Por último, otras
secciones descubren en la exposición un elemento motivador,
la presidenta de una de ellas afirma: «La exposición
es un estímulo para el personal de nuestro comité;
vemos el potencial de la Cruz Roja y nos sentimos más
interesados por nuestro trabajo. Tenemos la impresión
de formar parte de algo importante».
Esta exposición también ha permitido organizar
jornadas de difusión para el conjunto del personal
y refrescar sus conocimientos. «Se trata de información
de la que no disponíamos, pues nunca recibimos material
bibliográfico sobre la materia», reconoce uno
de los participantes.
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Estimular
el debate
En relación con la exposición, el CICR ofrece
toda una serie de actividades que ayudan al público
a comprender mejor la filosofía del derecho internacional
humanitario, invitándole a la reflexión. La
celebración de mesas redondas, concursos o coloquios
en torno a un tema, un libro o un concepto despiertan siempre
la curiosidad de los medios de comunicación. Estas
actividades se llevan a cabo en los mismos locales de exposición
y congregan a estudiantes, escolares, historiadores, juristas,
fotógrafos y personalidades. «Los debates han
sido muy enriquecedores», señaló un profesor
de historia de la Universidad de Gorno-Altaísk luego
de participar en un coloquio con una treintena de alumnos.
«Es muy importante invitar a los jóvenes a reflexionar
sobre estos temas».
En Astrakán, un concurso de lemas sobre el tema de
la protección de la población civil suscitó
un gran interés en la prensa. La televisión
local estuvo presente en dos oportunidades para filmar a los
grupos de adolescentes que, de rodillas, escribían
en láminas de papel pegadas en el suelo los lemas que
iban a deparar a uno de ellos el premio de mejor publicista.
«Ya habíamos organizado actividades similares,
pero nunca un concurso. Fue un gran éxito. En general,
la exposición nos ha enseñado a concebir la
organización de un proyecto; esta experiencia nos será
de gran utilidad en el futuro», dice la representante
de un comité local. En Gorno-Altaísk, el debate
sobre un libro escrito por un ex delegado del CICR1 suscitó
el interés de numerosos jóvenes que afirmaban
haberlo «devorado» en algunas horas. «Los
jóvenes necesitan un ideal», afirma la directora
del Museo de Gorno-Altaísk y añade: «Hoy
no tienen con quien identificarse, carecen de modelo... Pasan
por una grave crisis, y las tasas de suicidio aumentan constantemente...
La Cruz Roja es quizás el único refugio que
les queda de una moral que por desgracia se perdió
con los primeros efluvios del mercado salvaje».
Dentro de algunos meses, otras ciudades de Siberia y Lejano
Oriente habrán sido tocadas por la magia de estas fotos
en blanco y negro, mudos testigos del drama de la historia. |
(1) Marcel Junod:
El tercer combatiente. CICR, Ginebra, 1989. Traducido al ruso
con el título de Voïn biez aroujia. |
Chantal Lebrat e Irina Chilobreeva
Chantal Lebrat es delegada de difusión del CICR en
Rusia e Irina Chilobreeva su ayudante. |
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