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Un
buen ejemplo
Liberia: Un partido de fútbol con mensaje
¿Quién no ha oído
hablar del Mundial de Fútbol de 1998? Hasta para los
más indiferentes, en las últimas semanas fue
prácticamente imposible escapar de las imágenes
de los partidos, difundidas en todo el mundo.
¿Quién está al corriente de lo ocurrido
en Liberia entre 1990 y 1997, es decir, de las matanzas o
los cientos de miles de personas desplazadas por la guerra
civil? Muy pocos, probablemente porque los camarógrafos
y los periodistas no fueron precisamente bien acogidos por
los grupos armados.
Hoy, a pesar de la fragilidad de la paz alcanzada, Liberia
se va recuperando lentamente. En una apa-cible tarde de mayo,
los ex enemigos concurrieron a un partido amistoso entre los
equipos de fútbol más populares del país.
El partido, organizado por el CICR con el respaldo de la Federación
Internacional y de las Sociedades de la Cruz Roja de Liberia
y de Bélgica, también tenía por objeto
promover el respeto de las normas de la guerra.
En el estadio había 15.000 espectadores, y muchos
otros aficionados iban a seguir la transmisión del
partido por radio y televisión. Tan pronto se dio la
pitada inicial, los jugadores comenzaron a cometer toda clase
de infracciones, ignorando las amonestaciones del árbitro.
El público estaba atónito. Transcurridos unos
diez minutos, el partido se interrumpió y George Weah,
estrella del fútbol liberiano, se dirigió al
público para explicar que lo que habían visto
y oído hasta ese momento era un «simulacro»
destinado a mostrar que cuando no se respetan las reglas cunde
el caos. Del mismo, modo cuando no se respetan las normas
mínimas de la sociedad, sobre todo en situaciones de
conflicto, tal caos y tal anarquía pueden tener trágicos
resultados.
«Han visto que es imposible comprender lo que ocurre
en un enfrentamiento totalmente caótico; siempre hay
normas que aplicar y respetar, sea en el deporte, en la vida
ciudadana, o en situaciones de conflicto», dijo el Sr.
Weah.
El CICR ha preparado un vídeo sobre
este partido ejemplar (veáse página 27).
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Una sentida pérdida
Fallece el Dr. Guillermo Rueda Montaña
Un hondo sentimiento de pesar embargó
al Movimiento al recibir la noticia del fallecimiento del
Dr. Guillermo Rueda Montaña, el pasado 16 de mayo,
a los 75 años. El Dr. Rueda fue «durante muchos
años un firme pilar de entereza, amor y liderazgo para
la Cruz Roja. Otros continuarán su labor... pero no
podremos reemplazar el lugar que ha ocupado en nuestros corazones»,
declaró la Sra. Margareta Wahlström, Subsecretaria
General de Intervención en Casos de Desastre y Coordinación
de Operaciones, de la Federación.
En 1978, siguiendo los pasos de su padre, el Dr. Rudeda fue
electo presidente de la Cruz Roja Colombiana. Su larga carrera
comenzó a la edad de 12 años, cuando ingresó
al Movimiento en calidad de voluntario. Ocupó diversos
cargos en la Federación y el CICR; en fecha más
reciente, fue miembro de la Comisión Permanente. En
la carta de condolencias dirigida a la Cruz Roja Colombiana,
George Weber, Secretario General de la Federación,
escribía: «Tanto en su vida profesional como
en el seno de la Cruz Roja encarnó el espíritu
de la Cruz Roja y la Media Luna Roja; su compromiso sirvió
de ejemplo e inspiración para quienes le conocieron».
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¡Juegue limpio!
En un calendario publicado por la delegación
del CICR en Bogotá, Colombia se ha aprovechado también
el tema del fútbol.
Colombia se debate desde hace años en un cruento conflicto
interno. Según un informe reciente, la gran mayoría
de las violaciones de derechos humanos son perpetradas por
grupos paramilitares y clandestinos, es decir, por organizaciones
armadas con las que el CICR por lo general no logra establecer
contacto.
El fútbol es un deporte muy popular en Colombia y
era natural escoger este tema para la campaña nacional
destinada a fomentar el respeto del derecho internacional
humanitario. Además de publicar el calendario, se han
difundido cortos publicitarios en las principales cadenas
de radio y televisión, se han colocado avisos en la
prensa y distribuido carteles y pegatinas. |
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La herencia del Agent Orange
Las dolorosas secuelas de la guerra de Vietnam
De 1964 a 1975, durante toda la guerra de
Vietnam se vertieron millones de litros del producto químico
de defoliación denomi-nado agente naranja (Agent
Orange). Desde entonces, se han sucedido los análisis
y debates sobre las consecuencias que tiene para el ser humano
la exposición a esta sustancia y los resultados no
son concluyentes. Pero hay un realidad indiscutible: desde
el fin de la guerra han nacido miles de niños con deformaciones
provocadas por perturbaciones genéticas probablemente
relacionadas con el hecho de que sus padres o sus abuelos
se encontraban en zonas donde se esparció. Según
distintas estimaciones, el número de víctimas
se sitúa entre 100.000 y un millón; muchas ya
han fallecido.
En 1997, la Cruz Roja de Vietnam (CRV) emprendió un
programa oficial para prestar asistencia a las víctimas,
suministrando ropa, ayuda pecuniaria, capacitación
y atención sanitaria. Además, la Sociedad Nacional
se propone construir en todo el país «aldeas
de la paz», complejos de viviendas donde se alojará
y rehabilitará a los niños nacidos con deformaciones
atribuidas al agente naranja. Hanoi cuenta ya con una de estas
aldeas, Than Xuan, construida en 1991 por una organización
alemana; hoy, está a cargo de la sección de
la CRV en Hanoi. Allí se imparte educación y
formación profesional a más de cien niños
de la zona norte del país. |
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Un jardín para el recuerdo
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial,
muchos delegados del CICR han perdido la vida en el desempeño
de su labor humanitaria. En los últimos cinco años
fueron treinta. Después de estudiar diversas alternativas
para homenajear a estos hombres y mujeres que, sacrificaron
sus vidas mientras trataban de aliviar el sufrimiento del
prójimo, el CICR decidió dedicar un lugar especial
situado en los terrenos de su sede de Ginebra: un jardín
del recuerdo.
En un comunicado al personal, el Sr. Cornelio Sommaruga,
Presidente del CICR dijo: «Escogí un jardín
porque quería que fuese un espacio abierto, apacible
y propicio a la reflexión, en el que toda persona que
lo desee pueda pasear tranquilamente, manteniendo el debido
respeto por los desaparecidos».
Un jardín vive, va cambiando con las estaciones, es
a la vez efímero y perdurable. Los colores predominantes
del jardín del recuerdo son el blanco y el negro, sobrios
y neutrales, evocadores del resuelto compromiso con la causa
humanitaria.
El 8 de mayo, Día Mundial de la Cruz Roja y de la
Media Luna Roja, el Presidente Sommaruga inauguró el
jardín en presencia de familiares de los delegados
fallecidos y de representantes de otras organizaciones humanitarias
con sede en Ginebra y concluyó su discurso diciendo:
«Esperamos que este jardín del recuerdo nos ayude
a encontrar en nosotros mismos el vigor y la sensatez para
seguir cumpliendo nuestro cometido; así, las personas
cuya memoria hoy honramos no habrán muerto en vano».
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Solidaridad cívica
Asistencia en la crisis de Indonesia
Los voluntarios y las ambulancias de la
Cruz Roja Indonesia (CRI) trabajaron sin parar durante los
disturbios que estallaron en Yakarta en mayo pasado. Con el
respaldo del CICR, evacuaron a las primeras víctimas
de los estudiantes que participaban en las protestas; luego,
prestaron asistencia a cientos de personas que fueron atrapadas
y quemadas durante el saqueo de supermer-cados de la capital.
En la actualidad, la Sociedad Nacional dispone de 16 ambulancias,
40 voluntarios con formación de socorristas, 100 especialistas
en primeros auxilios y 10 instructores. |
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Tristes récords
Un año aciago para Tayikistán
«Dejé de contarlas»,
responde Hamdam Hamidov cuando le preguntamos cuántas
catástrofes aquejaron a su país en la primera
mitad del año. En realidad, el Sr. Hamidov, encargado
de la Preparación en previsión de desastres,
de la Media Luna Roja de Tayikistán, estima que 19
catástrofes se han abatido sobre la región en
lo que va del año. Él y su equipo han trabajado
día y noche para hacer frente a las consecuencias de
las crecidas provocadas por las lluvias más intensas
que se han registrado en varias décadas, así
como por los deslizamientos de tierra causados por el deshielo
primaveral de las excepcionales masas de nieve acumuladas
durante el invierno, cuando sobre las montañas tayikas
cayó más nieve que en los últimos diez
años en conjunto.
«Este año hubo más catástrofes
y la extensión de las destrucciones fue mayor. Para
nosotros, ha sido un reto. Nos hemos ocupado de todos cuantos
hemos podido asistir», dice el Dr. Jura I. Inomzoda,
Presidente de la Sociedad Nacional. «Nos movilizamos
para contrarrestar las crisis, pero ahora es el momento de
reconstruir», añade. |
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