|
|
 |
 |
 |
 |
|
|
 |
Convivencia y autonomía
por Iolanda Jaquemet |
| En
1991, se levantó en Yugoslavia un vendaval cuya fuerza
no ha menguado y sigue arrasando cuanto encuentra a su paso.
La Cruz Roja no salió indemne de esta catástrofe,
pues se dividió según las líneas del
frente. Las Sociedades Nacionales que nacieron del mosaico
yugoslavo de otrora, ¿cómo asumen los retos
de la reconciliación y de la independencia respecto
a la política, en ese contexto de crisis social y económica?
¿Son un factor de dinamismo, o tan solo un reflejo
de su respectiva sociedad? |
|
Las aguas de la Drina, de un verde profundo, se abren camino
en medio de ondulantes colinas. Contraste sobrecogedor de
este paisaje esplendoroso, las fachadas destripadas, los techos
hundidos y las casas calcinadas de Gorazde. Por todas partes
se ven las heridas que extenuaron a esta pequeña ciudad
de Bosnia y Herzegovina oriental durante un largo asedio de
tres años y medio. En una de las tantas alturas que
rodean la localidad, unos obreros se afanan reparando las
casas bombardeadas. Saliha, rostro simpático y cabellera
entrecana, avanza entre las obras y va trepando y trepando
hasta llegar a una ruinas que parecen desocupadas. Sin embargo,
aparece una anciana diminuta que, con lágrimas en los
ojos, abraza a la voluntaria de la Cruz Roja, que la reconforta
con alegría contagiosa. Dos veces por semana, Saliha
recorre este camino para visitar a Dervisa, de 88 años,
su hijo inválido y su nuera que encontraron refugio
aquí en la primavera de 1992, después de ser
expulsados de su pueblo.
La familia ocupa el garaje, único sitio habitable
de lo que queda de la casa. Frente a la cocina han improvisado
dos camas; en una de ellas yace el hijo, ya viejo y con la
mirada perdida en otro mundo. El municipio les da el equivalente
de 31 marcos alemanes por mes. De ahí que su subsistencia
dependa de un pequeño huerto y de los paquetes de comida
y artículos de aseo que Saliha les entrega cada mes.
También limpia la casa, cocina, baña y viste
al hijo de Dervisa. Además, sirve de enlace con el
médico, pero sobre todo, es su única compañía
en medio de una terrible soledad. |
|
|
|
La crisis no ha cesado
Actualmente, en el marco de un programa de atención
a domicilio iniciado por la Federación a fines de 1995,
casi 1.000 voluntarios atienden a unos 12.500 ancianos vulnerables
en las dos entidades que comparten el territorio de Bosnia
y Herzegovina (la Fede-ración croata-musulmana y la
llamada República Sprska).
En esta comarca montañosa poco habitada y remota no
basta tener buenas piernas para llegar hasta los menesterosos.
Tras recorrer varios kilómetros por un camino en muy
mal estado, pasamos por un caserío cerca de Gorazde,
donde había aparcada una camioneta de la Cruz Roja.
Dos hombres se ocupaban de reparar el tejado de una casa,
mientras dos jóvenes voluntarias limpiaban y ponían
en orden la vivienda, ocupada por una anciana. Se trataba
de uno de los 29 «equipos técnicos móviles»
que la Federación y la Cruz Roja local han organizado
en el país. Dichos equipos, cuyo quehacer es motivo
de legítimo orgullo para los patrocinadores, están
repartidos a ambos lados de la anterior línea del frente
y se encargan de que los ancianos dispongan por lo menos de
un cuarto habitable. En previsión del riguroso invierno
bosniaco, calafatean ventanas y las guarnecen contoldos de
plástico, ponen material aislante bajo los techos y
se aseguran de que todos tengan leña y una estufa.
Han pasado tres años desde que se firmaran los Acuerdos
de Dayton, que pusieron fin a la guerra, pero el estado de
emergencia humanitaria no ha cesado y absorbe lo esencial
de los esfuerzos que despliegan las Sociedades de la Cruz
Roja tanto en Bosnia y Herzegovina como en Yugoslavia y, en
menor medida, en Croacia. Se trata de una urgencia por oleadas,
aparentemente interminable, como lo muestra la situación
del pequeño Montenegro (que junto con Serbia forman
la actual República Federativa de Yugoslavia). Slobodan
Kalezic, Secretario General de la Cruz Roja de Montenegro,
explica: «En marzo de 1993, teníamos 72.000 refugiados
procedentes de Croacia y de Bosnia, lo que equivalía
al 12% de nuestra población. De ellos, siguen con nosotros
30.000, a los que han venido a sumarse otros 30.000 desplazados
de Kosovo. Después del terremoto de 1979, por lo menos
sabíamos que tras un gran esfuerzo nuestra labor terminaría...
Pero ahora, llevamos siete años trabajando sin descanso
y sin siquiera vislumbrar una salida. Además, en 1979
contábamos con la ayuda de nuestros colegas de Eslovenia,
Croacia, Macedonia y Bosnia». |
|
Las consecuencias de la guerra
Entre 1945 y 1991, la Cruz Roja Yugoslava y sus componentes
de las distintas repúblicas eran a la vez ricos y solidarios.
Puesto que el Estado garantizaba una notable red social para
toda la población, podían dedicarse a sus actividades
habituales (colectas de sangre, cursos de primeros auxilios
y campamentos de vacaciones). Nuestros interlocutores nos
recuerdan con emoción que un yugoslavo fue vicepresidente
de la Liga en 1984. Sin embargo, prácticamente de la
noche a la mañana, los integrantes de la Cruz Roja
se encontraron separados de sus colegas y sumergidos por una
marea incesante de refugiados y de las necesidades de la gente
empobrecida, «simplemente» víctima del
colapso de la economía y del Estado providencia propio
del sistema socialista (hoy, la tasa de desempleo asciende
a 20% en Croacia, 50% en la Federación de Bosnia y
Herzegovina y a 70% en la República Srpska). Dubravka
Horvat, vicepresidenta de la Cruz Roja Croata, recuerda las
guardias de 24 horas que tuvo que hacer con sus colegas entre
junio de 1991 y 1995. Rade Dubajic, Secretario General de
la Cruz Roja Yugoslava, evoca emocionado «la mayor operación
humanitaria de la historia de este territorio»: la acogida
en la frontera, en agosto de 1995, de gran parte de los 150.000
serbios que huyeron de la ofensiva militar «Tempestad»
emprendida por el ejército croata.
En el peor momento de la crisis, la mayoría de las
Sociedades Nacionales perdieron total o parcialmente el apoyo
de los gobiernos. Al principio, la comunidad internacional
y la familia de la Cruz Roja llenaron el vacío dejado
por las autoridades, pero hoy, el respaldo financiero se está
agotando, lo que compromete los excelentes programas de atención
a domicilio y de los equipos técnicos móviles.
De hecho, estos equipos requieren un apoyo logístico
considerable y tan solo una parte puede costearse con los
aportes de donantes. Los comedores populares, única
tabla de salvación para decenas de miles de olvidados
de Bosnia y Yugoslavia, se han visto obligados a cerrar sus
puertas más de una vez, o a reducir el número
de beneficiarios. En el segundo trimestre de este año,
una misión conjunta de organismos donantes llegó
a la conclusión de que era indispensable duplicar la
ración de harina que se entrega a 225.500 refugiados
en Yugoslavia; paradójicamente, poco después
algunos de estos mismos donantes decidieron reducir el número
de beneficiarios a 125.000 sin tener debidamente en cuenta
el hecho de que Yugoslavia acoge, en condiciones particularmente
difíciles, a unas 600.000 personas, es decir, el mayor
número de refugiados de Europa.
Lo peor es que siempre le toca al personal o a los voluntarios
de la Cruz Roja la ingrata tarea de decir «no»
y de explicar las decisiones a menudo incoherentes que se
toman en las capitales occidentales. Ya se trate de Tuzla,
de la Federación de Bosnia y Herzegovina, o de las
zonas de Croacia que estuvieron bajo protección de
las Naciones Unidas (en el norte y el sur del país),
«ocho de diez desplazados vienen a golpear a nuestras
puertas, y la verdad es que ya no tenemos nada que ofrecerles».
A veces, la desesperación y la vergüenza ceden
el paso a la rabia: «¿Con qué cara puedo
pedir a viejos beneficiarios inválidos que vayan de
un despacho a otro para conseguir los certificados que demuestran
que no disponen de medios de subsistencia, que apenas les
da derecho a un miserable paquete de víveres que de
todos modos será insuficiente?», despotrica una
colaboradora de la Cruz Roja Croata. |
|
| |
La Defensa
de nuestros
Principios
A pesar de la exacerbada hostilidad étnica que caracteriza
este complejo conflicto, abundan ejemplos de tolerancia y
de respeto de los Principios Fundamentales. Montenegro, cuyos
habitantes son mayoritariamente eslavos de confesión
ortodoxa, se enorgullece de haber acogido a refugiados de
Bosnia, 27% de los cuales eran musulmanes; hoy, viven allí
30.000 desplazados de Kosovo, en su mayoría albaneses
y musulmanes. En Croacia, desgarrada por varios años
de guerra entre la mayoría croata y la minoría
serbia, «la Cruz Roja es la única organización
nacional que presta asistencia a los serbios», indica
un observador extranjero. En agosto de 1995, en pleno éxodo
de 200.000 serbios de la región de Krajina, Croacia,
el CICR inició una operación de socorro para
ayudar a los ancianos que se quedaron allí. En 1996,
esta operación se transfirió a la Cruz Roja
Croata y la Federación. Formaba parte de la «Operación
salvar vidas» a través de la cual se presta asistencia
médica y psicosocial para salvar literalmente la vida
a unos 10.000 ancianos serbios enfermos y sin recursos.
Numerosos testimonios destacan la colaboración que
se estableció durante el conflicto, superando las líneas
del frente. En un campamento de vacaciones organizado por
la Cruz Roja en Modrica, conocimos a Joka que nos contó
su experiencia: «Durante la guerra mantuve contactos
con el otro bando, sobre todo a propósito de los prisioneros
y los desaparecidos... Entonces, me encontraba con ex colegas
de la Cruz Roja de Tuzla y los alrededores, y puedo decir
que nos ayudamos mucho unos a otros. El factor humano era
primordial». Por su parte, Mirko Bozic, otro «veterano»
de la Cruz Roja, fue secretario de la sección de Krnjak
(al sur de Zagreb) de 1991 a 1995, período en que formaba
parte de la zona controlada por los serbios. «Nunca
perdí el contacto con las secciones de Karlovac y Duga
Resa, controladas por los croatas», nos explicó
en agosto mientras conversábamos con el secretario
de la sección de la Cruz Roja de dicha localidad, quien
corroboró sus palabras con entusiasmo. «Intercambiamos
cartas y paquetes, recibimos medicamentos y organizamos el
traslado a Croacia de unas 500 personas que necesitaban atención
médica». Hoy, Mirko Bozic es uno de los 30.000
serbios que, a pesar de múltiples obstáculos,
han podido regresar a Croacia. Hecho insólito, Mirko
ha encontrado trabajo en la Cruz Roja de Krnjak.
Desgraciadamente, esta medalla tiene un reverso poco alentador.
En 1991, el parlamento de Serbia suspendió la sección
de la Cruz Roja de la provincia de Kosovo y decretó
la aplicación de medidas excepcionales. Aun cuando
la inmensa mayoría de los habitantes de la provincia
son albaneses, se despidió al personal de esta nacionalidad.
Hasta hoy, a pesar de diversas iniciativas para obtener la
derogación de esa decisión, no se ha encontrado
una solución al problema y la situación se ha
agravado a raíz del conflicto armado que estalló
en marzo pasado. Rade Dubajic, Secretario General de la Cruz
Roja Yugoslava, reconoce que el problema de Kosovo es el más
complejo que se ha planteado a su Sociedad Nacional.
En Croacia, Eslavonia oriental fue la última región
recuperada por el gobierno de Zagreb, el 15 de enero de 1998,
al cabo de largas negociaciones. Ello no ha impedido que habiendo
perdido la confianza en su futuro, buena parte de la población
serbia vaya abandonando Eslavonia para instalarse en la vecina
Serbia; hasta el pasado mes de abril, ya lo habían
hecho 50.000 personas. La integración de la Cruz Roja
también tropieza con obstáculos considerables.
Según el Dr. Nenad Javornik, Secretario General de
la Sociedad Nacional Croata, la explicación es simple:
«En un momento dado, había dos secciones: una
formada por los serbios que habían permanecido en Eslavonia,
y la otra, integrada por los croatas que volvían del
exilio. La primera contaba con 15 profesionales y la segunda
con siete, lo que suponía una dotación excesiva
para esta región.» Se aceptó la propuesta
de la Federación que ofreció pagar los salarios,
pero a mediados de 1998 ya estaba claro que había habido
y habría poca integración de las actividades
de la Cruz Roja en Serbia y Croacia.
Otro ejemplo de las tensiones entre comunidades que han repercutido
en la Sociedad Nacional, es el de la ex República Yugoslava
de Macedonia. Allí, la desconfianza que impera en las
relaciones entre la mayoría eslava y la minoría
albanesa, ha impregnado a la Cruz Roja. Para la población
albanesa del municipio de Tetovo, la Sociedad Nacional es
«una institución que no quiere ayudar a los albaneses”,
explica con tristeza el secretario local, también albanés.
Pero el principal motivo de discordia es el conflicto de
Bosnia y Herzegovina. Ahora bien, como dice sensatamente Sead
Hasic, Secretario de la sección de Tuzla «a lo
pasado, pisado; hoy, tenemos que mirar hacia el futuro».
La tarea es de talla ya que la Cruz Roja de Bosnia y Herzegovina
es la única Sociedad de ex Yugoslavia que el Movimiento
no ha reconocido, principalmente porque sigue organizada según
las divisiones étnicas. |
Reanudar los lazos
Hacia fines de 1997 se alcanzó una primera meta,
ya que gracias a los constantes oficios de mediación
del CICR y la Federación, se creó una estructura,
denominada Cruz Roja de la Federación de Bosnia y
Herzegovina, que agrupa a las secciones que durante la guerra
actuaron en los territorios controlados por las fuerzas
gubernamentales y croatas. Ello no impide que persistan
dificultades; en Mostar, por ejemplo, hay una sección
croata, que funciona en la parte occidental de la ciudad
independientemente de la oficina implantada en la zona oriental,
bosnio-musulmana, lo que traduce las divisiones políticas.
Marinko Simunovic, el joven Secretario General de la Cruz
Roja de la Federación de Bosnia y Herzegovina, reconoce
que esta brecha también existe en Prozor, Jablanica
y Vitez.
Hoy en día, los esfuerzos se concentran en las relaciones
entre la Federación de Bosnia y Herzegovina y la
República Srpska; a principios del año se
ha creado un «grupo de contacto entre entidades»
de la Cruz Roja que se reúne periódicamente.
Prueba de la omnipresencia de las consideraciones políticas,
todos nuestros interlocutores opinaban que la rapidez de
la creación de una estructura central, que los más
optimistas esperan para 1999, dependería de los resultados
de las elecciones de septiembre y de la eventual victoria
de los «moderados» de la República de
Srpska. Al respecto, una dificultad suplementaria reside
en que la Cruz Roja de esta república está
presidida desde 1994 por Ljiljana Zelen-Karadzic (esposa
del ex presidente Radovan Karadzic, buscado por crímenes
de guerra).
A pesar de todo, la voluntad de volver a unirse, de una
forma u otra, está bastante generalizada y no emana
sólo de la Federación de Bosnia y Herzegovina,
donde constituye la política oficial. Por el lado
de la República Srpska, el secretario general insiste
en que «hay que dar tiempo al tiempo», y no
forzar demasiado las cosas «desde el exterior».
Aun así, todos saben que sólo aunando fuerzas
podrán resolverse problemas tan dramáticos
como la cuestión de los casi 20.000 desaparecidos,
una de las tareas prioritarias para el CICR. Nadie duda
tampoco de que es imprescindible contar con una Sociedad
Nacional reconocida para recuperar la confianza de los donantes,
cada día más reacios a prestar su apoyo.
Por de pronto, se están esbozando algunas iniciativas
de cooperación. Conscientes de que tienen problemas
idénticos, las secciones de Doboj, República
Srpska, y de Tuzla han decidido «hacer un llamamiento
conjunto». También han formado una comisión
paritaria encargada de investigar las acusaciones según
las cuales la Cruz Roja de Drvar (Federación Croata-Musulmana),
habría tenido una participación dudosa en
los actos de violencia perpetrados contra los serbios que
volvían a sus hogares en la primavera pasada, y que
se saldaron con dos muertos.
|
|
La Cruz Roja en Ex Yugoslavia
1875 Fundación de la Cruz Roja
de Montenegro, reconocida por el CICR un año después.
1876 Fundación de la Cruz Roja
de Serbia, reconocida por el CICR.
1923 Formación de la Sociedad de
la Cruz Roja del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos,
que comprendía también a Montenegro.
1929 La Sociedad del Reino de los Serbios,
Croatas y Eslovenos se convierte en Sociedad de la Cruz
Roja del Reino de Yugoslavia.
1945 Fundación de la Cruz Roja
de Macedonia, en cuanto sección de la Cruz Roja Yugoslava.
1946 Yugoslavia pasa a ser república
federativa y la Sociedad Nacional adopta el nombre de Cruz
Roja de Yugoslavia.
1991 Comienza la desintegración
de la Cruz Roja de Yugoslavia.
Bosnia y Herzegovina
1991 La Cruz Roja de Bosnia y Herzegovina
se constituye Sociedad Nacional independiente.
1992 Fundación de la Cruz Roja
de la República de Srpska.
1997 Fundación de la Cruz Roja
de la Federación de Bosnia y Herzegovina, en Sarajevo.
NB: El reconocimiento de la Cruz Roja de Bosnia y Herzegovina
sigue pendiente.
Croacia
1991 La Cruz Roja Croata se constituye
Sociedad Nacional independiente.
1993 La Cruz Roja Croata es reconocida
por el CICR y admitida en la Federación.
Ex República Yugoslava de Macedonia
1992 La Cruz Roja de la ex República
Yugoslava de Macedonia se constituye Sociedad Nacional independiente.
1995 La Cruz Roja de la ex República
Yugoslava de Macedonia es reconocida por el CICR y admitida
en la Federación.
Eslovenia
1991 La Cruz Roja Eslovena se constituye
Sociedad Nacional independiente.
1993 La Cruz Roja Eslovena es reconocida
por el CICR y admitida en la Federación.
República Federativa de Yugoslavia
1993 La Cruz Roja Yugoslava, que reúne
a las Sociedades de la Cruz Roja de Serbia y Montenegro,
se dota de nuevos estatutos. El CICR confirma la validez
del reconocimiento de la Cruz Roja Yugoslava.
|
| |
Algunas
tareas impostergables
Cuando todavía existía la República
Federativa Socialista de Yugoslavia, la Sociedad Nacional
era en gran medida un producto del Estado comunista, lo que
conllevaba diversas ventajas pero también algunos inconvenientes,
como la falta de iniciativa y de independencia política,
o el desconocimiento de las técnicas de recaudación
de fondos. Tal herencia cultural no puede borrarse de un plumazo
en siete años.
Las circunstancias han cambiado radicalmente. Ya sea en Croacia,
en Yugoslavia o en Bosnia y Herzegovina no se reconoce a las
Sociedades Nacionales la calidad de instituciones de utilidad
pública, por lo que tienen que pagar impuestos. Además,
ya no reciben un porcentaje de los beneficios de la lotería
y de la venta de entradas para espectáculos, ni tienen
el monopolio de los cursos de primeros auxilios para quienes
quieren sacar el permiso de conducir. La única excepción
es Eslovenia donde la Sociedad Nacional disfruta de una independencia
y una prosperidad envidiables, sobre todo gracias a una moderna
política de recaudación de fondos.
En tales situaciones, el presupuesto se convierte en un arma
decisiva; en mayor o menor grado, los salarios del personal
de la Cruz Roja corren a cargo de los municipios, o se imputan
al presupuesto estatal. Sobran ejemplos de amenazas, e incluso
de «castigos» a Sociedades Nacionales cuyo comportamiento
«ha contrariado». El Dr. Radovan Mijanovic, Presidente
de la Cruz Roja Yugoslava, resume la opinión general:
«En estos tiempos es imposible ser totalmente apolítico».
En todo caso, el matiz entre una independencia imposible y
una sumisión que comprometería los principios
es muy tenue. Según él, todos son conscientes
de que «los reflejos conservadores de otra época
no tienen cabida en el futuro». Se impone modificar
la imagen de la institución, que la opinión
pública considera vetusta, y aprender a «vender»
sus inestimables servicios a la sociedad. De ahí que
este año, la Cruz Roja Yugoslava haya iniciado un exhaustivo
análisis de las estructuras institucionales.
Urge «tener colaboradores que sepan dónde hay
fondos y qué hacer para obtenerlos», dice un
joven voluntario macedonio. Sin embargo, aunque en casi toda
la región hay empresas muy prósperas, ninguna
Sociedad Nacional cuenta con hombres de negocios en su comité
directivo. Las nuevas generaciones de cruzrojistas manifiestan
su impaciencia, reclamando fuerzas nuevas y un cambio de mentalidad
en los órganos dirigentes, cuya prudencia suele primar
sobre el espíritu de iniciativa.
Ello no quita que en ex Yugoslavia, la Cruz Roja sea la única
institución social que sobrevivió a la guerra;
por ello, los demás componentes del Movimiento siguen
apoyando su labor cotidiana con el objetivo de contribuir
a mitigar las tensiones en las distintas comunidades. También
son sus emisarios para comunicar las necesidades reales a
quienes tienen poder de decisión y a la comunidad internacional. |
Iolanda Jaquemet
Periodista, trabaja en el diario Le Temps,
de Ginebra. |
|
 |
 |
 |
Arriba | Contáctenos
| Créditos | Revista
anteriore | Webmaster
© 2003 | Copyright
|
|