Volver a la página principal de la revista

Lucha contra la hambruna
en Sudán meridional

por Bernard Barret

En Sudán hay miles de personas desplazadas que tienen una necesidad acuciante de asistencia humanitaria: en el norte y el oeste del país, debido a las inundaciones, y en el sur, debido a la hambruna. La situación es particularmente grave en la región de Bahr El Ghazal.

El camino que lleva a Tonj queda cortado en la plaza del mercado y continúa al otro lado. En esta pequeña ciudad de la región de Bahr El Ghazal, al sur de Sudán, la población ha pasado en los últimos meses de 600 a una cifra que se sitúa entre 8.000 y 12.000, porque la hambruna aqueja la región y todos vienen aquí en busca de alimento.

El mercado poco ofrece para el sustento, principalmente jabón, cigarrillos y algunas legumbres, pero aún así, las dos calles laterales están llenas de gente. Muchos han encontrado refugio en los edificios de piedra abandonados del centro de la ciudad. Otros, se apiñan en las grandes terrazas o acampan en torno a las pequeñas fogatas.

En el recinto de una misión, situado en un extremo de la ciudad, el CICR ha instalado un centro de alimentación para los residentes más vulnerables de Tonj, es decir, los ciegos, los discapacitados y los leprosos. Allí, 468 personas reciben dos comidas por día, preparadas con harina de maíz, frijoles, aceite y sal.

En los confines de la ciudad, un viejo dispensario se ha transformado en comedor para los niños y los adultos que sufren de desnutrición aguda. Detrás del edificio principal, los toldos deplástico atados a las cornisas de madera, protegen la cocina del sol y la lluvia. En los fogones hierven cinco ollas enormes de harina de maíz y otras dos, de fríjoles.

La gente se sienta en el suelo del patio, formando grupos ordenados. La mayoría lleva colgada al cuello, la tarjeta de plástico del registro del CICR. Líneas de ceniza en el piso delimitan las distintas partes del recinto. Dado que urgía distribuir alimentos, no hubo tiempo para poner cercas o utilizar otros métodos de control del gentío, pero esos perímetros simbólicos son estrictamente respetados.

Cuando se llama a un grupo, los integrantes forman una fila y esperan su turno para recibir una escudilla de comida. Las tarjetas se verifican una por una, para combatir el robo y otras formas de aprovecharse de los débiles.

Una vez que las 468 personas están servidas, el personal busca a los más débiles de quienes acaban de llegar y todavía no están inscritos en el registro, y reparte entre ellos la comida restante.

 
 

Un recién llegado

En el centro de Tonj hay otro local del CICR donde se da leche y alimentos terapéuticos a niños y a madres que están amamantando. Una gran cantidad de gente se congrega fuera del muro de piedra, de un metro de ancho, que rodea el edificio. Dentro, en un ala del edificio, hay 12 grupos de niños, y cada uno forma un círculo. Un miembro del personal del CICR se coloca en medio del círculo y reparte Nutriset, una mezcla de leche enriquecida. Los 670 niños, reciben a diario, cuatro tazas de leche y un plato de sorgo y fríjoles. Son niños de tres a 15 años, muchos no tienen ropa, otros visten camisetas andrajosas o un pedazo de tela atado a los hombros.

Cerca del portón, la gente se aparta y entonces se descubre el cuerpo desnudo de un adolescente que yace en el suelo. Se le ven todos los huesos y las articulaciones. Jenny McMahon, especialista en nutrición, y encargada del centro, lo ve y corre hacia él, haciendo señas al personal para que se apure, y preguntando a gritos «¿Quién lo trajo, cómo llegó hasta aquí?». Pide a dos hombres que lo transporten a la terraza y lo pongan a la sombra, donde lo apoyan contra la pared. El chico abre los ojos pero sigue con la mirada perdida. Uno de los colabores sudaneses estima que tiene entre 13 y 14. Le dan una taza de leche enriquecida y, entre sorbo y sorbo, va respondiendo a las preguntas con un hilito de voz.

Se llama Marar, ha caminado durante tres días y viene de la ciudad Thiet. El muchachito explica que partió de Warrap y caminó durante 15 días para llegar a Thiet, donde hay un centro de alimentación de otro organismo de socorro, pero es tan solo para niños menores de 10 años y, entonces, tuvo que venirse hasta aquí.

Marar se fue de Warrap después de la muerte de algunos familiares. El padre fue el primero que murió de enfermedad, luego la madre y una hermana. «Había hambruna en Warrap», dice. No sabe qué ha sido del resto de su familia numerosa.

Cuando termina la leche, se le da una escudilla de harina de maíz mezclada con agua, fríjoles y aceite. Jenny McMahon le aconseja que coma lentamente y le dice que dispone de toda la tarde para hacerlo. Luego, le traerá una segunda ración de fríjoles para darle más sabor y alentarlo a terminar la harina de maíz. Marar está volviendo a la vida y sus ojos van recobrando el brillo.

«Se restablecen muy pronto, una vez que empiezan a comer, lo que es un signo patente de inanición», explica Jenny McMahon. En cuanto a Marar, a medida que va recobrando el ánimo se vuelve más exigente. Quiere alojamiento y una frazada, dice el intérprete. Pero en Tonj aún no se han recibido los encerados y las frazadas y, además, el centro no está organizado ni equipado para dar refugio. El caso de Marar es grave, pero dista de ser el único entre los 670 niños que acuden al centro.

Se le ha dicho que deberá alojarse en unos de los grandes edificios de la calle de enfrente donde viven otras personas desplazadas. Ahora, está lo suficientemente fuerte como para ir caminando lentamente hasta allí. También se le ha dicho que al día siguiente podrá volver al centro para recibir más comida.

De nuevo en acción

Tras una ausencia de 19 meses, a raíz de un grave incidente de seguridad, el pasado 1 de julio, el CICR pudo retomar sus operaciones en el sur de Sudán. Durante ese período de espera, mantuvo abierto el hospital de 500 camas que se encuentra en Lokichokio, al norte de Kenia, cerca de la frontera con Sudán, y siguió realizando otras actividades fundamentales como la cooperación con la Sociedad Nacional de Sudán, la búsqueda de personas y las visitas a los lugares de detención. Desde que reanudara las operaciones en el sur de Sudán el número de personal local y expatriado ha aumentado a más de 500 efectivos. Cada semana, seis aviones del CICR hacen 25 vuelos, transportando un promedio de 100 toneladas de alimentos, agua y artículos de aseo, así como artículos de atención médica. En Wau y Tonj, la Institución alimenta a más de 5.000 personas, sirviendo más de 63.300 raciones de comida por semana. En el ámbito de este método integral, también brinda asistencia médica en los dispensarios del lugar, repara y cava pozos para que la gente tenga acceso al agua potable.

Ayudar con propiedad

Detrás del centro de alimentación, se han formado más círculos, son 180 mujeres con sus hijos lactantes o pequeños. Las madres reciben leche y dos comidas por día, pues se les alienta a que sigan amamantando. Una de ellas deposita un pequeño bulto en el suelo como mucha delicadeza. Desenrolla la tela y muestra a su recién nacido famélico que pesa menos de un kilo. Con ayuda de un traductor dinka, Jenny McMahon le aconseja que coma y beba más. «Tiene que alimentarse mejor para poder amamantar, porque si no lo hace su hijo morirá», le ruega.

En una reunión del personal, algunos estiman que la ración es muy abundante y que habría que reducirla para alimentar a más necesitados. Jenny McMahon discrepa: «Tenemos que lograr que estas personas se restablezcan lo antes posible, para que puedan ir a otro comedor del CICR, y que aquí en el centro podamos ocuparnos de nuevos casos de desnutrición grave. Quienes están llegando, han recorrido a pie entre seis y 10 millas, pero en cuanto se corra la voz, más y más gente emprenderá el camino».

Luego, en tono confidencial, dice que en breve, hará falta otro comedor en Tonj, pero también habría que abrir otros comedores en las comunidades de los alrededores para evitar que siga afluyendo más gente.

 

Bernard Barret
Encargado de información del CICR, en Sudán.



Arriba | Contáctenos | Créditos | Revista anteriore | Webmaster


© 2003 | Copyright