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Honduras: Es hora de reconstruir
por Alex Wynter y Jean Milligan |
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de 1998: Mitch cobra 6.600 vidas en Honduras y causa daños
por un valor estimado en 3.600 millones de dólares.
La comunidad internacional responde a los llamamientos de
ayuda pero, ¿estará dispuesta a costear la factura
de los programas necesarios para reducir los efectos de futuros
huracanes tan destructivos? |
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A quí, mucha gente lo perdió todo, absolutamente
todo», dice Rosa Suárez, Vicepresidenta de la
Cruz Roja Hondureña, en una entrevista con redactor
del sitio Internet disasterrelief.org.
En Honduras, las precipitaciones alcanzaron un nivel de un
metro y medio en 48 horas. Los daños fueron conside-rables
ya que 80.000 personas perdieron su hogar, 60% de los caminos,
los puentes y el sistema de alcantarillado fue destruido y
se perdió el 90% de los dos cultivos más importantes
del país, es decir, el plátano y el café.
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La intervención
de la Cruz Roja
En la localidad de Choluteca, al norte de la capital, la
magnitud de los daños revela la increíble fuerza
del huracán. En los asentamientos situados a orillas
del río la destrucción es total. De muchas viviendas
no queda rastro, pues fueron barridas por la crecida junto
con cientos de pobladores. Tierra adentro, todavía
quedan casas sobre sus cimientos, y las excavadoras han comenzado
a acumular miles de toneladas de tierra cultivable arrastradas
por las aguas. Hay escombros, charcos y desechos por doquier,
la zona parece haber sido destruida por la guerra, y no por
una catástrofe.
El mismo día que llegó a Choluteca, el equipo
de la Unidad de Intervención en Casos de Emergencia
(UICE) de la Cruz Roja Sueca encontró un taxi en el
lecho del río. El infortunado conductor no había
visto que faltaba un tramo completo del puente, cortado limpiamente
de las vías de acceso a ambos lados del río.
Tal como suele ocurrir en las crecidas, las redes de suministro
de agua, tanto públicas como privadas, resultaron extensamente
dañadas. Las reservas que se salvaron estaban contaminadas.
La llegada de los equipos de abastecimiento de agua y saneamiento
de las UICE no podía ser más oportuna. Mientras
los socorristas de las UICE sueca y austríaca se ocupaban
de descargar su material en la pista de aviación de
Choluteca, en el hospital central de la localidad se preparaba
ya un pabellón especial para atender los casos de cólera.
«Fue la instalación más rápida
de una red de emergencia de suministro de agua en que he participado»,
nos dijo Bo Hakansson, jefe del equipo de la UICE sueca. Para
los habitantes de Choluteca, la urgencia era imperiosa. Muchos
ribereños que habían perdido sus viviendas –desaparecidas,
en ruinas o enterradas bajo una capa de lodo endurecido–
se instalaron provisoriamente a unos cien metros de las orillas
del río, sin más abastecimiento de agua que
el de los camiones cisterna. La instalación abasteció
a 15% de la población de Choluteca.
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Más vale prevenir que curar
Los principales órganos de difusión hondureños
criticaron la falta de preparación oficial para hacer
frente a catástrofes como la desatada por Mitch. La
Tribuna subrayó que la posible llegada del huracán
se había conocido con cuatro días de anticipación,
pero que nada se había previsto en consecuencia. Las
reservas de agua y alimentos eran escasas, y los suministros
sanitarios y la gasolina, insuficientes. Además, las
autoridades no habían establecido ningún plan
de acción.
Pero no sólo en Honduras ha habido descuido o negligencia.
Yasemin Aysan, Directora del Departamento de Preparación
en Previsión de Desastres, de la Federación
Internacional, opinaque «los recursos asignados a las
actividades de prevención siguen representando una
mínima proporción de los presupuestos de asistencia
humanitaria, tanto en el plano nacional como internacional».
Ahora bien, de acuerdo con datos del Banco Mundial y del Servicio
Geológico Federal de los EE.UU., las pérdidas
económicas provocadas por catástrofes naturales
en el decenio de 1990 podrían haberse reducido en 280.000
millones de dólares si oportunamente se hubiesen destinado
40.000 millones a estrategias de preparación, mitigación
y prevención.
En América Latina, los programas de preparación
en previsión de desastres se centran en capacitar a
los socorristas para inventariar y evaluar las necesidades
de sus comunidades, identificar los recursos comunes y definir
estrategias de evacuación, gestión de centros
de refugio, y primeros auxilios. Desde 1997, doce países
latinoamericanos han participado en este programa de la Federación.
El presidente de la Cruz Roja Hondureña señaló
que las comunidades y los cruzrojistas que habían participado
en el programa se habían movilizado con más
eficiencia ante la catástrofe de Mitch.
Pues bien, si los beneficios son tan obvios, ¿por
qué falta dinero para las actividades preventivas?
Porque a diferencia de los socorros en casos de grandes catástrofes,
que se prestan maravillosamente para reportajes televisivos,
las actividades de prevención y mitigación eficaces
anulan el lado espectacular de los siniestros. A juicio del
Sr. Aysan, «los medios de difusión prefieren
los reportajes en que el sufrimiento humano se presenta en
forma dramática y trágica. Resulta difícil
imaginar que, en casos de catástrofe, el titular de
un diario se refiera al éxito de las medidas preventivas
y la mitigación de las pérdidas, y ello es mucho
más difícil si la afluencia de recursos financieros
contribuye a consolidar tal éxito».
Según Rosa Suárez, la enormidad de la destrucción
provocada por Mitch tiene una sola explicación: «Hubo
demasiada gente que le restó importancia. En Tegucigalpa,
fuimos a alertar a los pobladores para que evacuaran las riberas,
pero nos dijeron que no era el primer huracán en la
zona, y que el nivel del río nunca había llegado
hasta ellos. Esta vez se equivocaron, y eso les costó
la vida».
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Alex Wynter y
Jean Milligan
Alex Winter, Delegado de información de la Federación
en Honduras.
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