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Los nuevos carteles y pancartas que advierten la posible
presencia de minas enterradas cubren el escritorio del general
Jorge Castro, encargado del programa de remoción de
minas y de prevención iniciado por el ejército
de Nicaragua. «Necesitamos instalar con urgencia miles
de estos carteles», afirma mostrando uno.
Las crecidas se llevaron casi todos los letreros que marcaban
las zonas aún infestadas por unas 74.000 minas y muchas
otras fueron desplazadas. Hasta la violenta llegada de Mitch,
el ejército nicaragüense disponía de mapas
de los campos minados, lo que permitía el rápido
avance de los trabajos de remoción. Ahora, son prácticamente
inútiles.
«Ya no sabemos donde están exactamente»,
explica el mayor Sergio Ugarte, jefe del cuerpo de ingenieros
encargado de las tareas de remoción. Los artefactos
pueden haber sido arrastrados por los torrentes varios kilómetros
río abajo.
«Ahora, las minas amenazan directamente la seguridad
de nuestra población y coartan los socorros y la reconstrucción.
Una condición necesaria para distribuir la ayuda exterior
es que el ejército pueda asegurar el transporte hasta
los destinatarios, cosa que es casi imposible por ahora»,
dice el general Castro. Por ejemplo, de los 70 puentes derribados
por las crecidas que habrá que reconstruir, 39 se encuentran
en medio de campos minados que habrá que limpiar antes
de iniciar las obras.
El programa del ejército preveía terminar la
remoción de minas en el año 2000, este objetivo
ya no es factible, pues los trabajos requerirán tiempo
y recursos suplementarios. A condición de conseguir
la financiación necesaria, la remoción de minas
será una de las seis prioridades del plan de reconstrucción
en las zonas devastadas por el huracán. De momento,
Dinamarca es el principal país donante, ya que financia
el 50% de las actividades de remoción que lleva a cabo
el ejército de Nicaragua. Otros donantes de importancia
son Alemania, Canadá, Noruega y Suecia.
El CICR y la Cruz Roja Canadiense han enviado sendas brigadas
de ambulancias y personal sanitario a las zonas de remoción
de minas para asegurar la atención médica inmediata
en caso de accidentes. La Cruz Roja Nicaragüense está
preparando una campaña de sensibilización que
se concentrará en 200.000 niños de todo el país.
«Es importante instruir a los niños para evitar
la amenaza de las minas, puesto que, a diferencia de la mayoría
de los adultos, no están familiarizados con estos artefactos»,
dice Errol Mejía Rodríguez, encargado del programa
de sensibilización «Niño a niño»,
de Cruz Roja Nicaragüense.
El general Castro está convencido del interés
que reviste compartir con otros países lo que Nicaragua
ha aprendido a costa del dolor de sus habitantes. «Nuestro
deseo es convocar una reunión a la que asistan representantes
de los demás países en que se han diseminado
minas para alentarlos a deshacerse de estos artefactos. Lo
que nos ocurrió puede ocurrir en cualquier otro país».
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