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¿La acción humanitaria
se expone a la derrota?
por Jean-François Berger |
| Esta
fue la pregunta principal que se planteó en un simposio
organizado por el CICR, que tuvo lugar en la Universidad de
la Sorbona, París, el 4 de febrero, y contó
con el apoyo del Servicio de Acción Humanitaria del
Ministerio de Asuntos Exteriores, de Francia. Cruz Roja,
Media Luna Roja, invitó al Dr. Jean-Christophe
Rufin, escritor y Director de Investigación, del Instituto
de Investigación Internacional y Estratégica,
y al Sr. Jean-Daniel Tauxe, Director de Actividades Operacionales
del CICR, a abundar en el tema. |
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Diez años después de la caída
del muro de Berlín, las repercusiones de ese hecho
que trastocó el equilibrio geopolítico mundial
se siguen sintiendo. ¿Cómo definirían
la época actual?
Jean-Christophe Rufin: Contrariamente a
lo que sucedía durante la guerra fría, ahora
hay brechas en las relaciones internacionales. De ahí
que, algunas zonas del planeta hayan sido abandonadas por
las potencias mundiales, que se han vuelto cada vez más
indiferentes a los nuevos conflictos por considerar que tienen
poca importancia estratégica. La época actual
ha de considerarse un período de repliegue de las potencias
mundiales, lo que a menudo obliga a los organismos humanitarios
a trabajar en situaciones que se crean en un vacío
estratégico.
Jean-Daniel Tauxe: Estamos aún en
una etapa de desreglamentación, en que surgen normas
que distan de ser aceptadas por todos. Se trata de una situación
aparentemente caótica, dado que las brechas en los
conflictos de nuestros días son colmadas rápidamente
por nuevos protagonistas y nuevos métodos que provocan
numerosas víctimas.
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El repliegue
de la comunidad internacional ha entrañado una disminución
del número de intervenciones humanitarias con apoyo
militar. ¿Consideran que es un cambio temporario o
una tendencia a largo plazo?
JCR: Por supuesto que no se trata de un
simple cambio. Hubo un período verdaderamente favorable
para esa clase de intervenciones entre 1989, Namibia, y 1984,
Ruanda. Estas operaciones tuvieron lugar en momentos en que
el equilibrio del sistema internacional estaba trastocado
por el derrumbe de la Unión Soviética. Durante
este período, la comunidad internacional jugó
la carta de la «ONU humanitaria», que rápidamente
mostró sus limitaciones, sobre todo en Bosnia y Herzegovina.
A partir de 1995, entramos en una nueva etapa, en que la comunidad
internacional se concentra en regiones concretas. En las zonas
sensibles de «interés», se recurre a la
OTAN. En las demás, la comunidad internacional evita
intervenir o delega la responsabilidad a órganos regionales
como la Organización de la Unidad Africana, que están
precariamente equipados para desempeñar esa función.
JDT: La época de las intervenciones
humanitarias con apoyo militar fue de hecho muy corta. Dicho
esto, no creo que las intervenciones militares hayan cesado
para siempre. Intereses estratégicos, que hoy se circunscriben
prácticamente a Europa y Oriente Medio, también
engloban algunas situaciones en África y Asia, y pueden
dar lugar a nuevas intervenciones militares internacionales.
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Ustedes han señalado el papel que desempeña
la economía en los conflictos actuales...
JCR: Hay dos motivos principales por los
cuales las potencias mundiales se dispondrían a intervenir
en el Sur. El primero, es esa suerte de actitud «colonialista»,
es decir, que la comunidad internacional está dispuesta
a intervenir para proteger aquellas zonas donde están
en juego importantes intereses económicos. Las migraciones,
o mejor dicho, la amenaza de desplazamientos de población
masivos, es el segundo detonador de una intervención
internacional, como fue el caso en Haití y Albania.
JDT: El vínculo entre conflicto y
economía es evidente. En primer lugar, la mundialización
ha dejado mucha gente por el camino, por lo que las sociedades
están avanzando a dos velocidades. En segundo lugar,
muchas empresas de seguridad privadas están involucradas
en situaciones de conflicto. Su meta principal, aunque no
quieran admitirlo, es garantizar que la economía pueda
funcionar en caso de conflicto.
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En
los conflictos actuales participan nuevos combatientes ¿Cuáles
son sus características principales?
JCR: Estos nuevos elementos armados no son
todos, forzosamente, criminales; las raíces de un conflicto
armado, ya sean históricas, políticas, étnicas
o religiosas, siguen estando allí. El problema es que,
sin ayuda externa, los nuevos combatientes se ven forzados
a recurrir al delito para financiar sus actividades. Operan
ilegalmente, ya sea a título individual o en grupos,
y trafican en medio de la guerra. Un ejemplo clásico
es el de los movimiento armados que se alían a la mafia
para procurarse armas a cambio de heroína u otras sustancias
prohibidas.
JDT: Las motivaciones de los combatientes
de ahora tienen cada vez menos en común con las de
los combatientes de antes; los integrantes de algunos movimientos
armados no tienen ninguna ideología política
y son simple depredadores. Para ellos, un arma es un medio
de enriquecerse. A menudo estos grupos son manipulados y sirven
intereses políticos mucho más amplios. La distinción
entre lo delictivo y lo político se ha vuelto tan confusa
que, a menudo, resulta difícil establecer la diferencia.
Lo que usted describe en su libro L’Empire et le Nouveaux
Barbares, es más exacto que nunca, salvo que las fronteras
del imperio romano se siguen extendiendo. |
Los
vínculos entre política y crimen organizado,
¿son realmente nuevos?
JCR: Lo nuevo es que estos grupos armados
se han abierto camino a través del proceso de mundialización,
sobre todo por medios económicos. El verdadero peligro
no reside en el crimen organizado sino en el crimen desorganizado.
Numerosos grupos mafiosos combaten entre ellos en territorios
que todavía no están bajo control. Este crimen
desorganizado supone una enorme amenaza para la comunidad
humanitaria.
JDT: Otro fenómeno nuevo es la proliferación
de pequeños bandos, como fue el caso en Albania en
1997.
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Obviamente,
estos hechos nuevos plantean problemas de seguridad. ¿Qué
método deberían adoptar los organismos humanitarios
respecto a estos grupos de corte mafioso, organizados o no?
JCR: La comunidad humanitaria no controla
las guerras ni es responsable de lo que sucede durante las
mismas. Su mandato es prestar asistencia a las víctimas.
Es preciso determinar si se puede llegar a algún acuerdo
con esos grupos sobre cuestiones que nos atañen, como
por ejemplo, el acceso a las víctimas.
JDT: Hay que actuar con mesura y tratar
de entender mejor lo que está sucediendo en una situación
determinada para saber quienes son los que cuentan. Entablar
el diálogo con un grupo mafioso es más difícil,
porque para hacerlo tiene que haber intereses recíprocos,
lo que rara vez es así, tratándose de esos grupos.
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Citemos
Sierra Leona como ejemplo de un conflicto en el que el campo
de acción de los organismos humanitarios se ha limitado
terriblemente. Un contexto como este, ¿supone el fin
de la acción humanitaria?
JDT: El grado de violencia en Sierra Leona es excepcional.
Lo que me sorprende es que el CICR haya sido expulsado porque
mantiene el diálogo con todos los beligerantes. Debemos
volver a adoptar un enfoque diplomático y militar para
poder trabajar allí de nuevo. (El CICR y la Federación
reanudaron su labor en Sierra Leona en mayo.)
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La
tecnología de la que disponen los organismos humanitarios
suscita la codicia de los combatientes y ello plantea un grave
problema...
JDT: Es un poco como la cuadratura del círculo.
Lo esencial es saber cómo operar mejor en entornos
sumamente dañados y empobrecidos, disponiendo de una
infraestructura logística que proyecta una imagen de
riqueza inconcebible. Hay que adaptarse, en lugar de seguir
haciendo lo mismo de siempre. El reto consiste en encontrar
el equilibrio entre los imperativos de seguridad, debemos
estar permanentemente en comunicación unos con otros,
y el riesgo de pertrechar a los combatientes con equipos.
Por lo tanto, procedemos a simplificar y aligerar nuestra
logística, en particular, los vehículos. Ello
significa que recurriremos más a los concesionarios
locales, pero hay un mínimo imprescindible. En cualquier
caso, la época de los enormes convoyes con suministros
importados ha terminado. También ponemos mayor énfasis
en la formación de personal, principalmente, mediante
simulacros. |
Actualmente,
algunas zonas de tensión se dejan de lado o incluso
se ignoran. A su juicio, ¿cuáles son las regiones
afectadas por conflictos que requieren nuestra atención
sin demora?
JCR: En primer lugar, el Caúcaso,
dado que allí desde la guerra fría, un alto
grado de violencia es norma. Luego, Asia central y el continente
africano, donde la comunidad internacional tolera una inestabilidad
generalizada porque, supuestamente, esos lugares inciden muy
poco en el equilibrio mundial. De hecho, estos conflictos
nos alcanzan a través del crimen organizado. Tan solo
en Europa aceptamos un menor grado de violencia porque somos
mucho más conscientes de la amenaza.
JDT: Sí, desgraciadamente, algunos
conflictos se dejan de lado, ello obedece a la creciente disparidad
de la atención mundial, lo que es singularmente obvio
con respecto a África subsahariana, donde la acción
es prioritaria.
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La
acción humanitaria evoluciona. ¿En qué
campos debería hacerse hincapié en los próximos
10 años?
JCR: Mi temor es que se llegue a cuestionar
el carácter universal de los derechos humanos, lo que
socavaría los cimientos de la acción humanitaria.
Sin un núcleo de valores comunes a todas las culturas,
los ideales humanitarios se reducirían a hueras gesticulaciones
de los occidentales.
JDT: Debemos lograr que los círculos
económicos cobren mayor consciencia de sus responsabilidades
con respecto a las cuestiones humanitarias.
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Entrevista de Jean-François
Berger. |
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