|
|
 |
 |
 |
 |
|
|
 |
Renovarse es vivir
por Daniel Wermus |
| Mucha
gente asocia a la Cruz Roja con una enfermera que distribuye
mantas o da inyecciones. Actualmente, los voluntarios de la
juventud contribuyen a modernizar la labor del Movimiento.
En el presente artículo se describen la actividades
de la juventud de las Sociedades Nacionales de El Líbano,
Siria y Uzbekistán. |
|
La validez de la intervención en casos de emergencia
en cuanto tarea tradicional y primordial de la Cruz Roja es
innegable. No obstante, hay que emprender nuevas actividades
tales como mitigar los efectos del deterioro ambiental, la
explotación económica y sexual de los niños,
la delincuencia, el racismo, y la exclusión social.
Paralelamente, es preciso que algunas Sociedades Nacionales,
que mantienen estrechos vínculos con círculos
políticos, rejuvenezcan. Los voluntarios de la juventud
despliegan esfuerzos para insuflar nueva vida a múltiples
programas que van desde los primeros auxilios al bienestar
social. Además, son activos participantes en la reanimación
de Sociedades Nacionales abatidas por los efectos de los conflictos
armados o de la transición política y económica.
Por lo que atañe a la participación de los
jóvenes en actividades humanitarias, existe una notable
diferencia entre los países del Norte y el Sur. En
los países ricos, los adolescentes pueden elegir entre
una multitud de actividades de recreación y, rara vez,
se interesan por la Cruz Roja o la Media Luna Roja. A menudo,
dejan de lado el Movimiento por considerarlo anticuado respecto
a otras ONG que juzgan más dinámicas.
En los países en desarrollo sucede todo lo contrario,
ya que las Sociedades Nacionales tienen menos problemas para
incorporar jóvenes voluntarios, dispuestos a ayudar
al prójimo y a sanar comunidades divididas. Para ellos,
la Sociedad Nacional ofrece la oportunidad de romper con el
pasado y establecer nuevos ámbitos de diálogo
y acción. |
|
|
|
Uzbekistán:
un libro abierto
Gracias a un pequeño libro rojo, soplan vientos humanitarios
en las escuelas de todo el país. Este manual de educación
cívica, geografía e historia, lleva por título
«El hombre y la sociedad», y es fruto de la cooperación
entre el CICR, el Ministerio de Educación y la Media
Luna Roja de Uzbekistán. Tras el éxito de la
fase piloto, se distribuirán unos 500.000 ejemplares
a los alumnos de enseñanza secundaria. Paralelamente,
se ha iniciado, o se está a punto de iniciar, un proyecto
de sensibilización en materia de derecho internacional
humanitario en institutos y universidades de toda la ex URSS.
Este manual responde a una imperiosa necesidad. Los debates
en las clases son dignos de mención y abarcan varios
temas que van desde la vida familiar a la problemática
inter-nacional. El éxito del proyecto dependerá
de tres factores: la re-ferencia a las tradiciones humanitarias,
citando ejemplos de la historia nacional; la participación
de las autoridades desde un principio, y un método
interactivo que estimule a alumnos y profesores. |
| Un
modelo idóneo
Edith Baeriswyl, encargada de programas de educación,
del CICR, señala: «Uno de los principales aciertos
del programa reside en que alienta a los alumnos a establecer
paralelos entre situaciones que viven a diario y hechos que
ocurren, o han ocurrido, muy lejos tanto en la distancia como
en el tiempo».
Roberto Simona, de la delegación del CICR en Tashkent,
subraya la importancia de los lazos de amistad que se han
ido creando con las autoridades del Ministerio de Educación,
a través de la estima profesional. Vassili Kostezskij
y Miasar Isakova, funcionarios de dicho ministerio, reconocen
que al principio hubo reticencias: «Luego, vimos que
inculcaban principios de humanidad a los alumnos, ayudándoles
a fomentar la libertad de pensamiento».
La historia uzbeka demuestra que occidente no tiene el monopolio
de los ideales humanitarios. El manual comienza con la vida
de Avicena (980-1037), gran sabio y artista, nacido en Bokhara
de donde tuvo que huir debido a persecuciones. También
evoca a Tamerlane (1336-1405), símbolo de la identidad
nacional, y autor del código de respeto a los prisioneros
en el que se encuentran asombrosas similitudes con los Convenios
de Ginebra.
Asimismo, recuerda a ese herrero de Tashkent que durante
la Segunda Guerra Mundial adoptó a 14 niños
de distintas repúblicas de la Unión Soviética,
y cuyo ejemplo permite abordar el peligro del nacionalismo
xenófobo, y los derechos del niño en tiempo
de guerra. Por último se menciona la tradición
hachar, es decir, la ayuda mutua y gratuita entre amigos y
vecinos.
En las lecciones también se instruye a los jóvenes
sobre la labor del Movimiento y, por solicitud de profesores
y dirigentes comunitarios, se añadirá un capítulo
sobre el medio ambiente, habida cuenta del desastre del Mar
de Aral. |
|
| |
Más
allá del aula
Por otra parte, esta publicación pensada como un
manual de referencia, propicia acciones concretas. Los jóvenes
uzbekos de los grises suburbios no tienen muchas diversiones
ni metas. Marat, de 31 años, con ínfimos medios,
ha creado un Club de la Juventud de la Media Luna Roja que
tiene mucho éxito. Los jóvenes ayudan a ancianos,
y a niños con discapacidades, y organizan reuniones
y campamentos. La edad promedio es 15 años y muchos
han tenido que vencer su timidez y la reticencia «reaccionaria»
de sus padres.
Durante las visitas a la Escuela 110 de Tashkent, en un barrio
donde la mayoría son rusos, y a la escuela rural del
distrito de Buka, constatamos el entusiasmo de alumnos y maestros.
En general, los jóvenes de las ciudades son más
sensibles a las nuevas ideas, pero la participación
de los estudiantes provinciales fue igualmente vivaz y uno
de ellos exclamó: «Este libro, ¡te abre
la mente!»
|
El Líbano después de la guerra
Traumatizada por 15 años de guerra civil (1975-1990),
y el hecho de que Israel controle el sur del país,
la sociedad libanesa aún no ha restañado sus
heridas. Beirut sigue siendo una ciudad amedrentada, a pesar
de la proverbial vitalidad de sus habitantes, donde se erigen
rascacielos en ruinas, legado de los bombardeos, y la urbanización
y el tráfico son caóticos. A raíz de
una frenética especulación inmobiliaria, la
proliferación de edificios ha desfigurado la costa,
dejando poco espacio a la naturaleza. Miles de departamentos
siguen desocupados mientras se espera que retorne la prosperidad,
y 4.000.000 de libaneses, apiñados en 10.000 km2,
viven entre oriente y occidente, pasado y futuro. «Somos
hijos de la guerra y venimos aquí con el afán
de mejorar algunas cosas», explica Zyad, una joven
socorrista de la Cruz Roja Libanesa (CRL).
|
|
| |
Bienvenidos
al club
«Estamos en una zona principalmente maronita pero
en nuestro grupo, no nos interesa la religión que profesa
cada uno», comenta uno de los integrantes del Club de
la Juventud de la CRL deBaabad, localidad de las colinas que
circundan la capital. En el centro donde se reciben las llamadas
de emergencia, los voluntarios se identifican con apodos:
«aquí Tintín, aquí Dettol»,
para evitar que por sus nombres se sepa a qué religión
pertenecen. «Aquí podemos respirar, pues no se
trata de una secta» puntualiza Ranis Saheli, Jefa del
Departamento de la Juventud de la CRL. En todo el país
hay unos 30 clubes como éste que cuentan con un total
de 1.000 voluntarios activos. A ellos deben sumarse 1.500
socorristas que prestan servicios paramédicos por falta
de un sistema estatal.
«El objetivo principal de la Cruz Roja no se circunscribe
a distribuir víveres y medicamentos sino también
a ayudar a la gente para que no siga temiendo a las bombas»
asevera Georges Harrouk, Presidente de la CRL. «Únicamente
los jóvenes que participaron en aquella guerra, en
esa locura tribal, religiosa e ideológica, pueden ser
fermento de cambio». Sus colaboradores siguen llamando
«General» a este ex militar respetado que se ha
dedicado al quehacer humanitario.
Además de las actividades tradicionales –colecta
de sangre, primeros auxilios, campañas de inmunización,
asistencia a ancianos, discapacitados y huérfanos,
y administración de campamentos para niños indigentes–
los jóvenes de la CRL se ocupan de sensibilizar sobre
cuestiones ambientales y la manera de plantar árboles;
trabajan con delincuentes; visitan campamentos palestinos;
cooperan con otras ONG y organizan el Festival Juvenil, que
el pasado mes de marzo, congregó a miles de jóvenes
en Beirut. Los métodos también han cambiado:
educación activa, comunicación, técnicas
de liderato, y obras de teatro se utilizan para tender puentes
entre las comunidades divididas y fomentar iniciativas de
la juventud en la Sociedad Nacional.
En la American University de Beirut, 83 miembros del Club
de la Cruz Roja han decidido aunar esfuerzos para reconstruir
su sociedad desgarrada por la guerra. Uno de ellos explica:
«No presto ayuda por caridad o sentimiento de culpa;
lo hago porque me gusta y me hace sentir bien». El mayor
obstáculo es vencer la indiferencia de los otros estudiantes.
«Hace 10 años, los estudiantes protestaban por
los bombardeos», recuerda Rania Saheli. «Hoy,
los ricos piensan en la moda y los pobres tienen otras prioridades,
siendo princi-palmente la clase media la que participa en
nuestras tareas o las apoya», comenta Ali Shaheen, Coordinador
de Formación de la Juventud, de la CRL.
En Zaharani, que se encuentra a 15 km de Saïda, cerca
del territorio controlado por Israel, un grupo de adolescentes
decidió crear una sección de la juventud en
su comunidad. Las casas de muchos de ellos fueron ocupadas
o destruidas y también han perdido seres queridos en
los bombardeos. La situación es paupérrima y
las necesidades enormes. El grupo se formó recientemente
y ha asumido una nueva tarea: visitar a los enfermos mentales
del hospital Fanar. «Hacer algo por la humanidad me
viene de lo más hondo de mi ser, es más fuerte
que yo», asevera un joven peluquero. «En una sociedad
plagada de conflictos, la Cruz Roja es mi salvación»,
añade Ahmed, estudiante de secundaria. «Ya no
estamos divididos y podemos ayudar a todo el mundo».
A todo el mundo, ¿y si se tratara de un soldado israelí
herido? Preguntamos, y tras un momento de duda, Sahra y Rima,
dos hermanas, contestan al unísono:«también
le ayudaríamos aunque no con tanta espontaneidad». |
| Novedades
en Siria
Libre de guerras en el último cuarto de siglo, Siria
tampoco carga con heridas. Comparada con Beirut, Damasco,
la capital, es una bella ciudad con grandes avenidas, sumida
en la calma de una vida política en la que predomina
el Presidente Hafez al Asad, que asumió el poder en
1971.
La actividad de la juventud en la Media Luna Roja Siria (MLRS)
es más reciente que en la CRL. Entre 700 y 800 voluntarios
prestan servicios en un país de 15.000.000 de habitantes.
El grupo de Damasco está bien estructurado, pero las
distancias dificultan la coordinación entre las secciones
del resto del país. Además, contrariamente a
lo que sucede en El Líbano, el Ministerio de Salud
presta servicios médicos de emergencia. De ahí
que la MLRS no reciba subsidios estatales que le permitan
financiar otras actividades. Estas dificultades prácticas
son otros tantos incentivos para los jóvenes que, desde
que el Dr. Abdul Rahman Attar, asumiera la presidencia de
la Sociedad Nacional, no han cesado de renovarse. Cabe señalar,
que fuera de la juventud del partido en el poder, no hay ninguna
asociación juvenil independiente. Por lo tanto, sobran
campos de actividad donde dar prueba de creatividad: acontecimientos,
conciertos, publicación de calendarios, campamentos
para discapacitados, asistencia a refugiados, seminarios de
derecho internacional humanitario, organizados con el CICR,
etc. etc.
|
|
| |
Compartir
y encuentros
«Los primeros auxilios siguen siendo el elemento principal
que nos abre las puertas del interés de la gente».
Nuestra meta es contar con un socorrista en cada sección»,
comenta Firas, uno de los jóvenes voluntarios.
Según Loury, también les motiva el hecho de
que «por las tardes no hay muchas actividades, principalmente
en las provincias. Entonces nos reunimos como un grupo de
amigos, chicos y chicas, y nos gusta trabajar juntos».
Rabih siente que esta actividad le ha abierto horizontes:
«No puedo actuar por iniciativa propia, y me ha ayudado
a establecer muchas relaciones sociales, ya que tengo algún
amigo en casi todas las ciudades. Siempre hay algo nuevo que
aprender y enseñar, y sobre todo, aprendemos a depender
unos de otros. Ahora, creo en mí mismo y en algo que
me vincula con el resto del mundo».
El Dr. Attar hace hincapié en ese vínculo con
el exterior: «Tenemos que mandar a nuestros jóvenes
a formarse en el extranjero e invitar a expertos de otros
países a que vengan aquí para mejorar la labor
de nuestros voluntarios». Apoya firmemente el campamento
internacional de la juventud que tendrá lugar en Kafrseata,
cerca del mar, del 20 al 30 de agosto de 1999. Esta actividad
tiene dos objetivos: reforzar la cohesión entre las
secciones de todo el país y contar con la participación
de unos 150 a 200 voluntarios del resto del mundo para multiplicar
los contactos y renovar las energías de los jóvenes.
|
Erradicar
la violencia
En 1995, un muchacho fue asesinado a balazos mientras caminaba
por las calles de Oslo, Noruega. La gente, harta de tanta
violencia, empezó a dejar improntas de manos blancas
en una pared del lugar donde había muerto. El periódico
Dagbladet publicó una serie de artículos sobre
la trágica ola de incidentes violentos en todo el país.
Cada uno de estos artículos iba acompañado del
logotipo que figura a la izquierda.
Entonces, la sección de la juventud de la Cruz Roja
Noruega decidió lanzar una campaña nacional
para poner coto a la violencia. Cuatro años después,
la campaña es todo un éxito, ya que más
de 200.000 personas se han comprometido a combatir la violencia
para lo cual, se utilizan lemas que proponen medidas concretas
para propiciar un cambio de actitud, luchar contra la propagación
de la violencia, y ayudar a las víctimas.
Esta iniciativa ha cobrado dimensión internacional
ya que en Colombia, El Líbano y Lituania se han iniciado
campañas similares. Un voluntario noruego comenta entusiasmado:
«ímaginese lo que podríamos lograr si
todos los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
trabajáramos juntos para arrancar la violencia de cuajo».
|
| El
empeño de la juventud
«Los dirigentes del Movimiento a menudo hablan del
empeño de la juventud, pero rara vez ello se traduce
por un apoyo concreto a sus actividades», afirma Malika
Ait-Mohamed Parent, Jefa de la Unidad de la Juventud, de la
Federación. «Creo que a la hora de detectar nuevas
tendencias y establecer estrategias para asumir la tarea humanitaria
en los albores del siglo XXI, pasamos por alto el hecho de
que los voluntarios de la juventud ya están contribuyendo
a definir el futuro de su respectiva Sociedad Nacional y del
Movimiento en su conjunto».
Los ejemplos de El Líbano, Siria y Uzbekistán
permiten hacerse una idea de la mentalidad de los jóvenes
y los motivos por los que se incorporan al Movimiento. Es
preciso que nuestros dirigentes sigan escuchando a la nueva
generación y aprendiendo de ella. Los jóvenes
han demostrado que inmunizar contra las enfermedades y prestar
socorro sigue siendo esencial, pero también es imprescindible
vacunar contra la violencia, mitigar la pobreza, y proteger
nuestros recursos naturales.
|
|
Daniel Wermus
Fundador y director de InfoSud, agencia de noticias
con sede en Lausana, Suiza. |
|
 |
 |
 |
Arriba | Contáctenos
| Créditos | Revista
anteriore | Webmaster
© 2003 | Copyright
|
|