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Más allá del velo
Mujeres de Sociedades Nacionales de la
Media Luna Roja
Carolyn Oxlee
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En las Sociedades Nacionales de los países
islámicos las mujeres desempeñan un papel importante. El reto
actual consiste en capacitarlas para que cumplan funciones de
mayor responsabilidad en las Sociedades de la Cruz Roja y de
la Media Luna Roja de toda la región.
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"¿Van a entrar los hombres?" pregunta inquieta la
mujer, cubriéndose aún más el rostro con su burka negro
cuando entramos en su apartamento. "No, se quedan
fuera". Más tranquila, se quita el velo y la capa y
acompaña al interior a Zahar Al-Shati, voluntaria de la Media
Luna Kuwaití. La familia solicitó ayuda y Zahar ha venido a
comprobar sus condiciones de vida para evaluar las
necesidades.
Kuwait, diminuto país del Golfo, es más conocido por su
riqueza petrolera que por su pobreza. Ahora bien, al igual que
en todos los países hay marginados. Enfermos, discapacitados
y quienes no pueden trabajar porque no tienen la nacionalidad
kuwaití son los principales beneficiarios de los programas
nacionales de la Sociedad.
Apenas entró, Zahar se percató de que se trataba de un caso
grave: el matrimonio y sus seis hijos viven hacinados en una
pequeña habitación. Las ventanas están cubiertas con
diarios para protegerse del sol intenso. Zahar decide incluir
a la familia en la lista de beneficiarios que reciben
alimentos, ropa y mantas.
Una sociedad segregativa
El Islam, que cuenta con casi 1.000 millones de fieles, es
una de las religiones más importantes del mundo e impone
estrictos valores sociales y morales tanto a los hombres como
a las mujeres. En los países más conservadores, el atuendo
de las mujeres debe ocultar su rostro y su silueta para que no
sean vistas por hombres que no pertenezcan a su familia;
tampoco es recomendable que entablen conversación con
desconocidos.
En los países islámicos hay una rica diversidad de culturas
y la interpretación de la propia religión también varía.
Considerando que el Islam se extiende desde los desiertos de
África del Norte, pasando por los países árabes productores
de petróleo, hasta los arrozales de Asia, sería impropio
generalizar. Ello no quita que las sociedades islámicas
lleven implícita cierta segregación a la que no escapan las
Sociedades Nacionales de la Media Luna Roja puesto que la
interacción restringida entre hombres y mujeres rige las
actividades de ayuda a los beneficiarios.
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Primera lección de salud
El campamento para personas desplazadas de Gulsa se
encuentra en el desierto su-danés, cerca de la frontera con
Eritrea. Las montañas aisladas que se alzan en el desierto
parecen animales agazapados. El sol golpea fuerte, incluso en
el invierno algo más fresco.
El pequeño dispensario de la Media Luna Roja Sudanesa
presenta un colorido cuadro; la luz entra suavemente por el
muro de estera del dispensario iluminando a las mujeres en
saris de colores vivos: amarillo, rojo, naranja y rosado
fucsia. Están allí esperando para asistir a una lección
sobre educación para la salud, que forma parte de un programa
de dos días para impartirles nociones básicas de salud y
nutrición.
Fatma Hamid, de 21 años, voluntaria de la Media Luna Roja
muestra carteles y explica a las mujeres los riesgos para la
salud que conllevan los embarazos muy seguidos, el SIDA, e
incluso la ablación del clítoris, práctica corriente en
Sudán. Fatma muestra los preservativos femeninos, la píldora
y los contraceptivos inyectables. Estas mujeres, de todas las
edades, es la primera vez que oyen hablar de la posibilidad de
controlar sus embarazos. La mayoría no sabe leer ni escribir.
Las mujeres de la tribu Bani Amir escuchan con interés.
Llevan aros en la nariz y profundas escarificaciones en la
cara, símbolo de belleza y práctica que va desapareciendo.
"Antes, no tenía la menor idea de cómo evitar un
embarazo", dice Fatma Mohammed, madre de cinco hijos.
Este programa de atención de salud, financiado por el
Programa Mundial de Alimentos, se inició hace un año y hasta
la fecha han beneficiado de él 2.800 mujeres desplazadas y
refugiadas de siete campamentos.
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En cualquier sociedad que limita el trato entre hombres y
mujeres, contar con personal femenino que preste ayuda a las
beneficiarias es primordial para que las Sociedades Nacionales
puedan asistir a los grupos vulnerables. En un país donde las
mujeres no pueden abrir la puerta de su casa a un hombre que
no pertenezca a su familia, ni recibir primeros auxilios de un
hombre, las con- secuencias son evidentes. Sin voluntarias,
las Sociedades Nacionales no podrían llegar a las mujeres, ni
a los niños de los que se ocupan y que constituyen la
mayoría de los beneficiarios.
Ello quedó claramente demostrado en un estudio hecho en
Bangladesh, país dominado por los hombres y donde el rol de
la mujer generalmente se limita al de ama de casa. Tras el
ciclón devastador que en 1990 cobró más de 300.000 vidas,
la Sociedad de la Media Luna Roja de Bangladesh inició un
programa de preparación en previsión de ciclones,
construyendo refugios resistentes y promoviendo un sistema de
alerta a la población. Poco después pudo comprobarse que la
mayoría de quienes corrían hacia los refugios eran hombres;
las mujeres permanecían en su hogar con los hijos negándose
a salir sin permiso de los maridos que estaban en el trabajo.
Actualmente, las brigadas de asistencia cuentan con dos
voluntarias. Gracias a la formación impartida a la comunidad,
ahora las mujeres tienen permiso para trasladarse a los
refugios aunque no esté el marido. Una vez allí, serán
atendidas por las voluntarias, que también han seguido cursos
de primeros auxilios.
Se trata de un modelo que ha servido para desarrollar el
programa de preparación en previsión de desastres basado en
la comunidad, iniciado con apoyo de la Federación en 1997 en
la región meridional de Chittagong. Los voluntarios forman y
entrenan brigadas en las comunidades. De los 25 miembros que
integran estas brigadas, ocho deben ser mujeres. El programa
abarca la protección de pozos, casas, reservas de alimentos,
letrinas y animales del peligro de las inundaciones y
educación para la salud con miras a limitar los riesgos de
epidemias tras las inundaciones. También se entiende
capacitar a las mujeres y contribuir a mejorar su imagen en la
comunidad.
En Irán, donde las mujeres gozan de igualdad de derechos en
muchos aspectos, aunque siguen estando muy segregadas, el
personal femenino de la Media Luna Roja también desempeña un
papel esencial. La formación en primeros auxilios, actividad
fundamental de la Sociedad de la Media Luna de la República
Islámica de Irán, se lleva a cabo por separado: las mujeres
forman a las mujeres y los hombres a los hombres.
"Formamos a las jóvenes para que puedan ayudar a evitar
accidentes en el hogar y que también aprenden a salvar
vidas", dice Hoora Afra, que lleva 11 años dando cursos
de primeros auxilios.
Las mujeres son mayoría en el departamento de servicios
sociales de la Sociedad. El centro de asistencia social de la
Media Luna de Teherán acoge a unas 400 personas por día, que
vienen en busca de toda clase de asistencia. "Las mujeres
son más sensibles, más precisas, están más familiarizadas
con los problemas y pueden ayudar más de lo que podrían
hacerlo los hombres", comenta el consejero Kobra Oghbaii.
En la ciudad de Isfahán, famosa por su mezquita de mosaicos
azules, la Media Luna Roja ofrece múltiples servicios: una
farmacia, un centro de rehabilitación para discapacitados y
cursos de formación que van de artesanía a estudios de
informática. Las mujeres representan 20% del personal y son
mayoría en los campos de educación, salud, trabajo social y
primeros auxilios.
En Sudán, donde hay casi 600 tribus, cada una de ellas con
sus propias tradiciones, normas, manera de vestir y de
alimentarse, la actitud hacia las mujeres también varía. La
guerra que se libran desde hace 16 años el gobierno sudanés
y las fuerzas rebeldes del sur provocó el desplazamiento de
millones de personas y la sequía que asoló las provincias
occidentales a mediados del decenio de 1980 llevó a mucha
gente a refugiarse en la zona de Jartún, en el centro del
país. Muchas de estas personas desplazadas son asistidas por
la Sociedad Nacional, al igual que familias de los barrios
marginales y los refugiados del conflicto entre Eritrea y
Etiopía.
Voluntarias y voluntarios colaboran en los numerosos programas
de salud y en los dispensarios de la Media Luna Roja Sudanesa
pero aun así, la alfabetización y las clases de educación
para la salud destinadas a las desplazadas constituyen el
núcleo de las actividades de las mujeres. En 1999, más de
10.000 mujeres asistieron a estos cursos que fueron para ellas
la primera oportunidad de aprender a leer y a escribir, y de
adquirir nociones básicas de salud.
Además, todos los años, los proyectos de generación de
ingresos, de avicultura o ganadería caprina, la artesanía
tradicional y la fabricación de jabón, ofrecen a 3.000
mujeres la posibilidad de ganarse la vida.
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La importancia de capacitar a las mujeres
También es esencial para el desarrollo de toda Sociedad
Nacional que las mujeres lleguen a ocupar puestos de alto
nivel en la administración y los órganos rectores para que
puedan participar en la toma de decisiones y la configuración
de los programas.
"Las mujeres tienen mucho más contacto con la
realidad que viven las mujeres de la categoría más
vulnerable", dice Bob McKerrow, Jefe de la Delegación de
la Federación en Bangladesh. "Mientras los hombres
tratan de encontrar trabajo, las mujeres permanecen en la casa
con los problemas de falta de higiene, agua impura, escasez de
alimentos para sus hijos y falta de dinero para mandarlos a la
escuela".
En Sudán la cultura africana ha llevado de manera natural
a una integración mucho mayor entre hombres y mujeres. Esto
se refleja en la Media Luna Roja donde las mujeres están
representadas en los órganos rectores. En el estado de
Jartún, por ejemplo, cuatro de las siete secciones
provinciales tienen una secretaria general y una mujer preside
el Consejo, principal órgano rector.
"Como cualquier otra organización, queremos personas
capaces de planificar y de tratar con las comunidades, los
gobiernos y los donantes. No importa que sean hombres o
mujeres", dice el Sr. Oman Osman, Secretario General de
la Media Luna Roja Sudanesa.
Las mujeres desempeñan una función preponderante en el
departamento internacional de la Media Luna Iraní, ya que no
sólo ocupan puestos claves sino que también viajan al
extranjero para representar a su Sociedad en la escena
internacional.
La Sociedad Nacional Kuwaití es una de las pocas
Sociedades de la Media Luna donde las mujeres ocupan puestos
de alto rango: la Dra. Samiha Al-Fulaij es la Secretaria
General y Sohal Al-Fulaij, su hermana, la Directora General.
Además, hay una encargada de formación y el comité social
también cuenta con mujeres. En total, las mujeres ocupan dos
quintos de los puestos directivos y dos de los nueve puestos
de miembros del consejo.
Pero no siempre fue así ya que hasta 1994, la Sociedad
Nacional tenía un comité de mujeres que se ocupaba casi
exclusivamente de organizar actividades sociales y de
beneficencia. "En 1994 nos dimos cuenta de que hombres y
mujeres podían colaborar y que eran más productivos cuando
lo hacían", explica Sohal.
Fauzih Al-Nassar trabaja en la Media Luna Roja Kuwaití
desde que se creara el comité de mujeres en 1967 y ahora
dirige el comité de bienestar social; nadie mejor que ella
para explicar hasta qué punto han cambiado las oportunidades
para las mujeres en estos últimos años. "Antes, cuando
íbamos a las reuniones del consejo, integrado sólo por
hombres, teníamos la impresión de que no podíamos hacer
sugerencia sobre las actividades que queríamos llevar a cabo.
Ahora es fácil y podemos participar en la toma de
decisiones".
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Curar las heridas de la guerra
Estos últimos años la violencia se ha convertido en un
fenómeno cotidiano en Argelia, dejando a muchos civiles
profundamente traumatizados. Para ayudar a
borrar estas cicatrices psicológicas, la Media Luna Roja
Argelina ha previsto un programa de apoyo psicológico
destinado a las mujeres y los niños de ocho regiones del
país. Mediante este programa, iniciado a finales de mayo de
1999 con apoyo del CICR, se presta asistencia a 5.000
víctimas o testigos de violencia: huérfanos, niños,
muchachas y mujeres. Las voluntarias cumplen una función
primordial para identificar a quienes necesitan más ayuda y
convencer a psicólogos sociales de que brinden ayuda. La
creación de centros de rehabilitación y grupos de asistencia
contribuirá a ampliar los servicios psicosociales de la Media
Luna Roja Argelina, que ya cuenta con programas de salud,
trabajo social y primeros auxilios. El CICR proporciona apoyo
financiero y material, asi como los servicios de un psicólogo
especializado en asistencia a mujeres y niños traumatizados.
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Respetar la cultura
Es de tarde y un autobús se abre camino por las concurridas calles de
Teherán, con pasajeros que vuelven del trabajo a casa. La parte delantera
está ocupada por hombres. En los asientos traseros se encuentran las
mujeres cubiertas por el velo y la capa negros. Para el extranjero esta
segregación y el modo de vestir definen la vida en Irán. Para las mujeres
es solamente un uniforme. "No miren lo que llevamos puesto, miren lo
que hacemos", preconizan.
Las mujeres desempeñan muchas actividades en la Media Luna Iraní, pero
suelen estar relegadas a determinadas ocupaciones como la labor social y la
formación de mujeres."Tratamos de adaptarnos a la cultura de las
mujeres y confiarles puestos apropiados", dice el Sr. Ahmad Ali
Noorbala, Presidente de la Media Luna Roja Iraní.
Si bien es cierto que en Kuwait voluntarias y voluntarios trabajan codo a
codo, tal no es el caso en todas las actividades: el equipo que aprendió a
instalar campamentos de tiendas de campaña en la frontera iraquí, en
previsión de crisis, es exclusivamente masculino. "No permitimos que
las mujeres trabajen en el desierto. Tenemos que respetar las costumbres
sociales de nuestro país y sinceramente no creo que las familias les
permitieran trabajar allí", comenta Sohal Al-Fulaij.
En Bangladesh, la discriminación forma parte de la vida diaria y la mujer
pasa de la tutela del padre a la del marido. Tan solo 26% de las mujeres han
sido alfabetizadas frente a 50% de los hombres.
Esta situación también se constata en la Media Luna Roja donde no hay
ninguna mujer en el Consejo de la Sociedad, y en el organismo general, que
representa a las 68 secciones y consta de 136 miembros, solamente hay tres
mujeres. El Sr. ASM Akram, Secretario General en funciones, dice que ello
obedece a que las secciones no presentan candidatas en las elecciones, y
añade: "Desearía que hubiera más mujeres en el consejo, pero tienen
que proceder de las bases y ser representativas de las secciones de
distrito". Reconoce que llevará tiempo porque cada sección cuenta con
un comité de 11 miembros y en ninguno de ellos hay muchas mujeres.
Aunque insistir en que las mujeres ocupen mejores puestos en Bangladesh
signifique ir a contracorriente, quienes están dispuestas a luchar tienen
posibilidades. Nurun Hanar fue la única delegada que asistió al cursillo
de preparación en previsión de desastres orga- nizado por la Federación
para representantes de 36 secciones. "Quisiera que más mujeres
asistieran a cursos como éste porque creo que si una mujer se entrega
totalmente a su trabajo y a sus responsabilidades, no le resultará tan
difícil ir progresando", comenta.
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Atrapadas entre dos roles
En el mundo entero la vida de las mujeres está
regida por la necesidad de cuidar de su familia y de sus hijos. En estos
últimos decenios, las mujeres occidentales han estado luchando por la
igualdad de oportunidades y por mejorar su situación en el lugar de
trabajo. En otras partes sigue predo- minando la función de ama de casa que
se juzga necesaria para la supervivencia de la familia.
"Nuestras mujeres tienen necesidades diferentes a las de las mujeres
occidentales. Sencillamente, quieren sobrevivir", asevera Purninga
Chattopadhayay-Dutt, delegada de la Cruz Roja Alemana, que es de origen
indio y ha trabajado dos años en Bangladesh. "Lo importante es que
sean respetadas por su familia y que tengan la capacidad de tomar
decisiones", añade.
A finales de 1999, en el ámbito de la campaña de promoción de la nueva
política sobre cuestiones de género, la Federación organizó en Amman el
primer taller destinado a la región de Oriente Medio y África del Norte.
Participantes de nueve países examinaron la manera de aplicar esa política
y lograr la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres tanto en
calidad de miembros como de beneficiarios. Gracias a este taller se pudo
establecer el cuadro preciso de la participación de las mujeres en las
actividades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de la región.
"La función de la mujer es un elemento importante del proceso de
desarrollo de la capacidad de las Sociedades Nacionales en esta región pero
existen peculiaridades culturales que debemos tener en cuenta a la hora de
examinar estas cuestiones", dice Karim Bensiali, Director del
Departamento de Oriente Medio y África del Norte de la Federación.
Al igual que en otras partes, el papel de la mujeres en estas Sociedades
está determinado por la función que se les atribuye en cada país y por la
actitud de los hombres respecto a ellas. Hay limitaciones en cuanto a la
evolución de esa función, habida cuenta de su propia seguridad y su propio
respeto, de la voluntad de su familia y de la necesidad de cuidar de sus
hijos. Ello no ha impedido que las mujeres del mundo musulmán demuestren
que pueden desempeñar una válida función ayudando a las Sociedades
Nacionales a alcanzar la meta de asistir a los más vulnerables. Algun día,
si logran llegar a asumir responsabilidades a más alto nivel, su función
será aún más importante.
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Carolyn Oxlee
Articulista de la Federación.
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