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Disyuntiva entre las necesidades y los principios humanitarios
Trabajar en la RPDC basándose en valores humanitarios plantea una disyuntiva
de carácter moral a las organizaciones no gubernamentales
(ONG) internacionales. ¿Deben seguir brindando apoyo incondicional
a un país gobernado según rígidos lineamientos militares?
El acceso restringido a los beneficiarios y a las redes de
distribución, ¿supone una amenaza tan seria para la transparencia
y la rendición de cuentas como para que se justifique la retirada
de los organismos? ¿La política de sensibilización de una
ONG puede sobrevivir? De ser así, ¿cómo aplicarla?
Varias ONG ya se han ido del país, entre ellas, Médécins
Sans Frontières (MSF), Premio Nobel de la Paz 1999, que
lo hizo con gran aspaviento publicitario en 1998. Otras también
se fueron, principalmente por motivos de acceso y control:
Médecins du Monde, Oxfam y Action contre la Faim.
James Orbinski, Presidente Inter-nacional de MSF, declaró:
"En gran medida, nos pareció imposible brindar asistencia
humanitaria con imparcialidad e independencia; también nos
pareció que era imposible llegar a los más vulnerables, de
cuya existencia estábamos al corriente pero a quienes no podíamos
acceder." Orbinski sostuvo que la política de relaciones
exteriores de occidente se servía de la asistencia humanitaria
como palanca política.
La partida de MSF, más que cualquier otra, planteó la cuestión
de saber si las organizaciones humanitarias debían permanecer
y seguir trabajando tranquilamente para seguir haciendo valiosas
"incursiones", o si debían decidirse a partir. Según
parece, varias optaron por lo primero.
David Morton, que lleva casi dos años en Pyongyang, opina
que la situación ha mejorado. "Ha sido muy difícil. Considero
que tenemos una idea bastante clara de la situación y de lo
que está pasando. Podemos acceder a 75% de la zona, lo que
corresponde a 85% de la población".
En el ámbito internacional, los pareceres sobre lo que pasa
en la RPDC dependen en gran medida de la gente que se muestra,
casi siempre bajo supervisión estricta; 48 de los 212 condados
del país se encuentran fuera de la zona reservada a los trabajadores
humanitarios, lo que dificulta la verificación de la asistencia.
Se calcula que 15,6% de la población vive en estos 48 condados,
principalmente en regiones montañosas donde las posibilidades
de explotar la agricultura son limitadas. Algunos trabajadores
humanitarios estiman que es precisamente allí donde la desnutrición
es más grave.
Otra cuestión problemática para algunos organismos de ayuda
han sido las acusaciones de que parte de la asistencia humanitaria
iba a parar al ejército. La KCNA, agencia oficial de la RPDC,
ha dicho que era "mentira" y lo ha negado. "Nunca
podremos estar totalmente seguros del destino de la asistencia.
Pero sabemos que por lo menos una proporción importante llega
donde pensamos que debía llegar, donde se supone que tiene
que ir", dice Morton.
Quedarse compensa
La Federación, que trabaja en coordinación con la Sociedad de la Cruz Roja
de la RPDC y apoya a 1.678 hospitales, ha reiterado que no
tiene intención de irse del país y que se quedará el tiempo
que sea necesario.
Tal vez el mundo se esté fijando demasiado en los resultados
evidentes de la ayuda humanitaria que se presta a la RPDC
pero hay otro aspecto que sólo notan quienes han trabajado
en el país. "Creo que la gente está sufriendo tanto,
que algunos se arriesgarán a decir cuan difícil es la situación.
Saben que ustedes pueden transmitir el mensaje al resto del
mundo", dice Corinne Baas, Delegada de Salud, de la Federación.
Sencillamente estar aquí, tal vez sea la mejor forma de sensibilización.
No debe subestimarse la apertura que se viene dando en la
RPDC desde 1995, cuando el país solicitó ayuda por primera
vez. La Cruz Roja facilita vínculos oficiales entre Corea
del Norte y Corea del Sur, a veces mediante contactos entre
las respectivas Sociedades Nacionales.
Sea como fuere, la actitud del gobierno respecto a la manera
en que se distribuye la asistencia no cambiará rá-pidamente.
"Creo que habrá pequeños cambios, lentos pero seguros",
dice un occidental que reside desde hace tiempo en el país
y trabaja para una organización humanitaria. "Aquí no
habrá cambios significativos de la noche a la mañana. Uno
no va despertarse un día y encontrarse con una cadena de restaurantes
occidentales".
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