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El precio del aislamiento
John Owen Davies


En esta cooperativa agrícola no hay demasiado trabajo porque el mal tiempo y la depresión económica han destruido cosechas y otros medios de sustento. La asistencia de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja conforta un poco a millones de personas sumidas en la pobreza.
La República Popular Democrática de Corea está en ruinas por los agobiantes problemas económicos que trajo aparejado el desmembramiento de la Unión Soviética, y el ulterior círculo vicioso de inundaciones, sequía y hambruna que aqueja al país desde 1995.

El Sr. Chon Tonk Sik, Director del Hospital de Huichon City, explica que en invierno como no dispone de carbón ni de leña, su personal calienta el hollín que recupera de las chimeneas de los alrededores para tratar de calentar las salas heladas. Para conservar algo de calor, se cubren con polietileno las ventanas rotas de las salas espartanas, equipadas con camas provisionales cubiertas de mantas raídas. Lo mismo se hace con las ventanas de los sombríos quirófanos, donde sólo hay anestesias para intervenciones menores y el mínimo de instrumentos necesarios.

Sin embargo, el frío no es el único problema que tiene el director de este hospital que cuenta con 76 médicos y se encuentra al norte de la República Popular Democrática de Corea (RPDC). La falta de medicamentos, alimentos y transporte obliga a algunos pacientes a quedarse en casa.

En otros tiempos envidiado por muchos países en desarrollo, el sistema de salud pública se está deteriorando a ojos vista y ese deterioro se constata en los sectores farmacéutico, de la energía y de la agricultura.

Las inundaciones comprometen la seguridad alimentaria

La RPDC, que nunca ha logrado subvenir plenamente a sus propias necesidades alimentarias, a mediados del decenio de 1990 se vio aquejada por los que algunos comentadores calificaron de "hambruna". Las graves inundaciones de 1995-1996 arruinaron muchas hectáreas de tierras de cultivo, destruyeron diques y dañaron minas. Desde entonces, el país ha venido beneficiando del mayor programa de ayuda alimentaria de la historia de la ONU.

Muchos socorristas con experiencia en el país cifran entre 800.000 y 1.500.000 el número de víctimas de las inundaciones y la desnutrición; otros estiman que en el período 1995-1998 cobraron 3.000.000 de vidas.

Las cifras dadas por un funcionario del país indicaban 200.000 muertos desde 1995. "Nos parece una cifra mínima", comenta David Morton, representante de las Naciones Unidas y Coordinador residente en Pyongyang.

Hay noticias peores para 22.000.000 de habitantes en apuros: un alto funcionario del Comité de Rehabilitación que se ocupa de supervisar y coordinar la labor de los organismos de socorro, anunció que se reduciría la ración de arroz, o equivalente, de los empleados de oficina, los trabajadores agrícolas y los funcionarios.

Estas reducciones se operarán a pesar de que la cosecha de octubre-noviembre de 1999 fue mejor: 4.280.000 toneladas de grano y arroz, es decir, unas 700.000 toneladas más que el año anterior, lo que invirtió la tendencia a la baja constatada desde las inundaciones de 1995. Ahora bien, funcionarios de la RPDC aseveran que para ser autosuficiente, el país necesita unos 6.500.000 toneladas anuales.

Escasez de medicamentos y equipos médicos

"Utilizamos antibióticos en casos de urgencia. Es muy difícil para los médicos saber a quien prescribir tratamiento y a quien no. Debido a la desnutrición, la gente puede contraer alguna enfermedad inmediatamente", afirma el Sr. Chon y añade que resfriados, bronquitis, pulmonía, y trastornos cardiovasculares son problemas habituales.

Enfermedades infecciosas, antes controladas, vuelven a emerger en el país. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tuberculosis sigue siendo uno de los problemas más graves de salud pública pues se calcula que hay 40.000 casos nuevos por año, y el paludismo ha vuelto a aparecer en las provincias meridionales estos tres últimos años, registrándose un "aumento significativo" de casos en 1999.

Aunque el sistema de salud pública de la RPDC se está forzando en forma alarmante, expertos extranjeros que conocen bien la situación creen que aún no es catastrófica. El Dr. Eigil Sörensen, Coordinador de la OMS en Pyongyang, declara: "No diría que el sistema de salud pública esté a punto de derrumbarse. El problema es que desde hace 10 a 15 años ha sufrido de la decadencia del sistema de salud por problemas fundamentales como el suministro de agua, electricidad y calefacción. Además, no hay reservas y la economía se desploma".

 

Disyuntiva entre las necesidades y los principios humanitarios

Trabajar en la RPDC basándose en valores humanitarios plantea una disyuntiva de carácter moral a las organizaciones no gubernamentales (ONG) internacionales. ¿Deben seguir brindando apoyo incondicional a un país gobernado según rígidos lineamientos militares? El acceso restringido a los beneficiarios y a las redes de distribución, ¿supone una amenaza tan seria para la transparencia y la rendición de cuentas como para que se justifique la retirada de los organismos? ¿La política de sensibilización de una ONG puede sobrevivir? De ser así, ¿cómo aplicarla?

Varias ONG ya se han ido del país, entre ellas, Médécins Sans Frontières (MSF), Premio Nobel de la Paz 1999, que lo hizo con gran aspaviento publicitario en 1998. Otras también se fueron, principalmente por motivos de acceso y control: Médecins du Monde, Oxfam y Action contre la Faim.

James Orbinski, Presidente Inter-nacional de MSF, declaró: "En gran medida, nos pareció imposible brindar asistencia humanitaria con imparcialidad e independencia; también nos pareció que era imposible llegar a los más vulnerables, de cuya existencia estábamos al corriente pero a quienes no podíamos acceder." Orbinski sostuvo que la política de relaciones exteriores de occidente se servía de la asistencia humanitaria como palanca política.

La partida de MSF, más que cualquier otra, planteó la cuestión de saber si las organizaciones humanitarias debían permanecer y seguir trabajando tranquilamente para seguir haciendo valiosas "incursiones", o si debían decidirse a partir. Según parece, varias optaron por lo primero.

David Morton, que lleva casi dos años en Pyongyang, opina que la situación ha mejorado. "Ha sido muy difícil. Considero que tenemos una idea bastante clara de la situación y de lo que está pasando. Podemos acceder a 75% de la zona, lo que corresponde a 85% de la población".

En el ámbito internacional, los pareceres sobre lo que pasa en la RPDC dependen en gran medida de la gente que se muestra, casi siempre bajo supervisión estricta; 48 de los 212 condados del país se encuentran fuera de la zona reservada a los trabajadores humanitarios, lo que dificulta la verificación de la asistencia. Se calcula que 15,6% de la población vive en estos 48 condados, principalmente en regiones montañosas donde las posibilidades de explotar la agricultura son limitadas. Algunos trabajadores humanitarios estiman que es precisamente allí donde la desnutrición es más grave.

Otra cuestión problemática para algunos organismos de ayuda han sido las acusaciones de que parte de la asistencia humanitaria iba a parar al ejército. La KCNA, agencia oficial de la RPDC, ha dicho que era "mentira" y lo ha negado. "Nunca podremos estar totalmente seguros del destino de la asistencia. Pero sabemos que por lo menos una proporción importante llega donde pensamos que debía llegar, donde se supone que tiene que ir", dice Morton.

Quedarse compensa  

La Federación, que trabaja en coordinación con la Sociedad de la Cruz Roja de la RPDC y apoya a 1.678 hospitales, ha reiterado que no tiene intención de irse del país y que se quedará el tiempo que sea necesario.

Tal vez el mundo se esté fijando demasiado en los resultados evidentes de la ayuda humanitaria que se presta a la RPDC pero hay otro aspecto que sólo notan quienes han trabajado en el país. "Creo que la gente está sufriendo tanto, que algunos se arriesgarán a decir cuan difícil es la situación. Saben que ustedes pueden transmitir el mensaje al resto del mundo", dice Corinne Baas, Delegada de Salud, de la Federación. Sencillamente estar aquí, tal vez sea la mejor forma de sensibilización.

No debe subestimarse la apertura que se viene dando en la RPDC desde 1995, cuando el país solicitó ayuda por primera vez. La Cruz Roja facilita vínculos oficiales entre Corea del Norte y Corea del Sur, a veces mediante contactos entre las respectivas Sociedades Nacionales.

Sea como fuere, la actitud del gobierno respecto a la manera en que se distribuye la asistencia no cambiará rá-pidamente. "Creo que habrá pequeños cambios, lentos pero seguros", dice un occidental que reside desde hace tiempo en el país y trabaja para una organización humanitaria. "Aquí no habrá cambios significativos de la noche a la mañana. Uno no va despertarse un día y encontrarse con una cadena de restaurantes occidentales".

John Owen Davies
Periodista independiente, residente en el Reino Unido, viajó a la RPDC comisionado por la Federación.



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