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Volver a la vida
Programma innovador de la Cruz Roja Francesa.
Pierre Kremer
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Forjar lazos con los marginados es un compromiso
a largo plazo.
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La Cruz Roja Francesa ha iniciado un programa para empezar a
abordar los problemas complejos de los suburbios de los barrios
urbanos donde cunde el desempleo, la violencia y la pobreza. |
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Autos incendiados, chantaje en las escuelas, enfrentamientos entre bandas rivales,
inseguridad, los suburbios franceses dan miedo, un miedo que
repele y fascina a la vez. Lo que es más importante, estos
barrios urbanos y suburbanos son testimonio de una realidad
más profunda y silenciosa: la precariedad, el aislamiento
y la falta de oportunidades. Esta realidad es terreno propicio
para la violencia, contra otros o contra sí mismo (drogadicción,
alcoholismo, suicidio…).
La Cruz Roja Francesa siempre ha estado presente en estos
barrios con sus actividades tradicionales: ayuda de emergencia,
promoción de la salud en las escuelas o atención a domicilio.
Sin embargo, carecía de una metodología y de un marco de acción
concretos para abordar los problemas subyacentes de los suburbios.
No faltaban discusiones, debates y documentos de reflexión
sobre lo que se debía hacer pero se encontraban pocas soluciones
convincentes.
Profesionales urbanos
Desde el momento en que asumió la presidencia de la Cruz Roja Francesa en 1997,
Marc Gentilini dejó clara su intención de lograr que la Sociedad
Nacional acrecentara su presencia en los barrios desfavorecidos.
El año siguiente se aprobó un programa de acción que comenzó
oficialmente el 4 de enero de 1999. Se contrataron 48 muchachas
y muchachos de las zonas pobres a quienes se impartió formación
de "moderadores urbanos". ¿Cuál sería su misión?
Crear nuevos servicios de la Cruz Roja en cuatro zonas piloto:
Marsella, Lille (en el Norte), Meaux (región parisina) y Blanc-Mesnil
(región parisina).
Este curso de formación especializada duró tres meses y
se dividió en tres partes. La primera, un curso de un mes
sobre los valores y principios de la Cruz Roja, primeros auxilios,
socorros, y realización de proyectos; la segunda, dos meses
de experiencia de trabajo, y la tercera, una breve sesión
para analizar lo que se había logrado.
Los jóvenes, que recibieron un diploma de la Cruz Roja Francesa
que confirma su aptitud de "moderador", iniciaron
su labor en mayo de 1999.
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Camino a la integración social
"Queríamos demostrar que la imagen que se tiene de los suburbios franceses
era falsa. Hay mucha gente que trabaja con nosotros y que
tiene la energía y la voluntad de hacer cosas", explica
Lionel Vallet, moderador urbano y coordinador de un programa
en París. Lionel, junto con varios otros, abrió una boutique
de prevención donde los jóvenes tienen acceso a Internet a
cambio de ayuda en servicios comunitarios. "Los jóvenes
pueden venir aquí como a un cibercafé. Les damos una dirección
electrónica y ellos, a su vez, nos ayudan en nuestros programas
sociales", explica Lionel.
En Seine-Saint-Denis, a las afueras de París, surgieron otros
proyectos que han tenido éxito rápidamente. El verano pasado
los moderadores participaron en una operación llamada "Ciudad,
vida, vacaciones". Este proyecto ofrecía 550 cursos de
introducción a primeros auxilios a niños que no tenían la
posibilidad de ir de vacaciones, lo que sirvió de plataforma
de lanzamiento de otras actividades tales como proyectos de
prevención de la violencia y seminarios de educación para
la salud sobre el SIDA, la hepatitis y la drogadicción.
En Marsella, los moderadores urbanos trabajaron en tres
de los centros sociales de la ciudad, siendo uno de ellos,
el centro social Saint-Mauront Bellevue, que se encuentra
en el barrio más pobre de la ciudad. Allí, ofrecieron servicios
de mediación familiar y organizaron cursos de introducción
a primeros auxilios para los alumnos de una escuela. El director
quedó muy satisfecho y otras escuelas vecinas han solicitado
cursos similares.
También se ideó un ambicioso plan en varios barrios pobres
de las afueras de Lille donde se abrieron tres locales de
la Cruz Roja; en dos se distribuyen alimentos y en el otro,
ropa para ayudar a los más vulnerables. Gracias a este programa,
los moderadores han estrechado vínculos con muchos marginados
por la pobreza o la discriminación. Se ha previsto ampliarlo
para establecer servicios sociales en los barrios junto con
otras asociaciones, donde se impartirán cursos de alfabetización,
se ayudará con los deberes escolares y se prestará asistencia
social a los niños.
En Meaux, primero se puso el acento en el deporte, pero
luego se fue poniendo en actividades basadas en el espíritu
de equipo y la interacción social. Durante el ramadán, los
moderadores urbanos invitaron a los habitantes a cenar juntos
en un ambiente cordial y amistoso. También en este caso la
idea era inspirar confianza antes de lanzarse en actividades
de prevención y apoyo más concretas.
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Propiciar las relaciones comunitarias
Un año después de iniciado este programa, se ha aprendido mucho. En primer
lugar, que los cursos de primeros auxilios son el medio más
indicado de comenzar a crear vínculos con todos los sectores
de la comunidad ya que tienden a reducir tensiones entre las
personas y a reunirlas en una actividad común. Por este motivo,
en octubre de 1999 los moderadores comenzaron a impartir estos
cursos a jóvenes delincuentes detenidos en la cárcel Villepinte
de Seine-Saint-Denis.
En segundo lugar, las actividades que resultan atractivas
para los jóvenes, como el deporte, o ejercicios de solidaridad,
contribuyen a generar confianza y a crear una dinámica positiva
entre los habitantes. De ahí que los moderadores urbanos de
Seine-Saint-Denis también iniciaran el proyecto "Si te
gusta el fútbol", es decir, un campeonato en el que participaron
las distintas comunidades. La idea era reunir a los jóvenes
para enseñarles a respetar las reglas del juego e impartirles
cursos básicos de primeros auxilios.
Por último, cabe destacar la credibilidad de los emblemas
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, así como el respeto
que inspiran a los jóvenes, y a los no tan jóvenes, en estas
zonas desfavorecidas. Conocido y aceptado por todos, el símbolo
surte un efecto tranquilizador en los habitantes, a quienes
les gusta ir a los dispensarios de la Cruz Roja por muchas
razones: solicitar asistencia o información o simplemente
charlar.
En un año, el programa de moderadores urbanos ha abierto
la vía a otras iniciativas. Los cuatro equipos pioneros, seguidos
por supervisores experimentados, continúan su labor. Los proyectos
que han iniciado ya han demostrado su validez, tal como lo
confirma el hecho de que hayan sabido granjearse la confianza
de las autoridades. Habida cuenta de los resultados, se han
previsto nuevos programas para este verano en otros lugares.
A través del programa de moderadores urbanos, la Cruz Roja
Francesa ha podido ayudar a comunidades que otros prefieren
ignorar o aislar. Al encarar los problemas de la violencia
y de la exclusión ha ido ganándose la confianza de los jóvenes
y ha logrado que se entablara el diálogo entre vecinos. También
ha cumplido con su objetivo de aportar un nuevo soplo de vida
a estas zonas marginadas.
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Pierre Kremer
Redactor en la Sede Central de la Cruz Roja Francesa en París.
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