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Juguetes que matan
Otro reto en Kosovo
Ragnhild Imerslund



Instruir a los niños acerca del peligro de las bombas de fragmentación que no han explotado es crucial porque estos artefactos, legado mortífero del conflicto de Kosovo, ya han lisiado o matado a cientos de personas.

Un año después de terminar el conflicto, la guerra de Kosovo sigue cobrando vidas. Hay personas para quienes sobrevivir en tiempos de paz resulta más difícil que sobrevivir en tiempos de guerra.

Era temprano y un grupo de niños atravesaba el campo para ir a la escuela de Doganovich, pueblo situado al sur de Pristina. De repente vieron un objeto extraño en la hierba. Un recipiente parecido a una lata de refresco, de color amarillo vivo que brillaba en el sol matutino. Tenía atado una especie de paracaídas que parecía de juguete. Uno de los niños, de nueve años, empezó a jugar con ese objeto exótico haciéndolo rodar con un palo. Pocos minutos después moría y varios niños más resultaban heridos. El objeto no era una lata de refresco ni un juguete sino una mortífera bomba de fragmentación.

Alto índice de fallo

Nadie sabe exactamente cuantas bombas de fragmentación están desperdigadas por los campos de Kosovo. La OTAN dice que durante la campaña de 78 días del año pasado lanzó unas 1.600 bombas sobre la provincia. En cada una de ellas hay entre 147 y 202 bombas pequeñas con un paracaídas miniatura para que se dispersen por el aire cubriendo una superficie equivalente a varios campos de fútbol. Al tocar tierra deberían explotar pero no todas lo hacen.

Según estadísticas militares oficiales, una media de 5% de estas pequeñas bombas de fragmentación no explota. Se calcula que en Kosovo, el porcentaje es mucho más alto. Un soldado sueco encargado de formación y sensibilización en cuanto al problema de las minas dice : "probablemente hasta 15% de estas bombas no haya explotado y calculo que por los campos de Kosovo puede haber unas 30.000 bombas de fragmentación potencialmente mortales".

Refugiados enseñan a refugiados

Rexhep Bajraktari ha vuelto a Kosovo tras ocho años de exilio pero esta vez no se quedará mucho tiempo. Dentro de poco volverá a Gran Bretaña para instruir a sus compatriotas refugiados sobre el peligro de las minas. La Cruz Roja Británica opina que nadie puede desempeñar mejor esta labor que otro refugiado.

Rexhep no es el único, junto con otros ocho refugiados que han decidido quedarse en Europa Occidental, asiste a un curso de formación sobre sensibilización en cuanto al problema de las minas que el CICR imparte en Pristina. Tras haber pasado una semana en Kosovo, volverán a su país de residencia y se encontrarán con otros refugiados que hayan previsto volver a Kosovo este verano.

"Tuvimos que venir aquí para ver los campos minados con nuestros propios ojos. Es la única manera de poder transmitir el mensaje del peligro de las minas en forma convincente", asevera Rexhep Bajraktari. Tanto él como sus ocho compañeros esperan tener tiempo suficiente para advertir a la gente contra esos "asesinos" emboscados antes de que retornen a su hogar y sus campos. "Tenemos que sensibilizar a los refugiados que vuelven para que sepan que el Kosovo que conocían no tiene nada que ver con el de ahora. Las casas, los campos y los bosques que antes eran seguros, ahora están plagados de minas y UXO", dice Johan Sohlberg.

Es la primera vez que el CICR imparte formación a refugiados para que instruyan a otros refugiados "Conocen el idioma, el país y la cultura. Seguro que su mensaje será mucho más eficaz", añade Sohlberg.

Por ahora, tres Sociedades Nacionales europeas han impartido a refugiados una formación de funcionario de sensibilización en cuanto al problema de las minas, a saber: la Cruz Roja Británica, la Cruz Roja Suiza y la Cruz Roja Finlandesa. Sohlberg abriga la esperanza de que otras Sociedades Nacionales se inspiren de este proyecto. "Todas las Sociedades Nacionales deben comprender que los refugiados son un recurso magnífico y que poseen determinadas competencias que deberían apreciarse y utilizarse en mayor medida", concluye.

 

La advertencia llegó demasiado tarde

Si bien muchos kosovares conocían el peligro de las minas, pocos sabían al volver a su país que su zona y los campos circundantes también estaban plagados de bombas de fragmentación. Actualmente, en las tiendas, las escuelas y los cafés de todo Kosovo se ven carteles advirtiendo contra esos varios miles de "asesinos" ocultos que siguen siendo una amenaza para la vida cotidiana y la reconstrucción de la provincia.

Para muchos, la advertencia ha llegado demasiado tarde, ya que en los 12 últimos meses, más de 400 personas han resultado muertas o heridas en accidentes causados por minas u otros artefactos que no habían explotado durante la guerra. Según funcionarios del CICR especializados en sensibilización sobre el problema de las minas, probablemente las bombas de fragmentación hayan causado la mitad de las víctimas. "En Kosovo, el problema creado por estas bombas es, sin duda alguna tan importante como el de las minas terrestres", dice Johan Sohlberg, coordinador del programa de sensibilización en cuanto al problema de las minas.

Demasiado tentador

Las bombas de fragmentación son más pequeñas que las minas, pero mucho más potentes y mortíferas. A diferencia de las minas, no es necesario tocarlas para que exploten. Ese es uno de los problemas principales de esta secuela de la guerra sumamente aleatoria, ya que hasta la fecha nadie sabe a ciencia cierta qué las hace estallar. Lo único que se puede afirmar es que son totalmente imprevisibles y sumamente sensibles.

"Aunque la mayoría de las bombas de fragmentación son visibles y, por lo tanto, deberían ser menos peligrosas que las minas enterradas, resultan demasiado atractivas y muchos niños sienten la tentación de tocarlas", dice Thomas Jarnehed, que dirige las operaciones de remoción de minas de Norwegian People's Aid en Kosovo.

Varios incidentes de explosiones de bombas de fragmentación obedecieron a que los niños creyeron que eran juguetes. Ahora bien, el menor contacto con la bomba y ésta cumplirá con su objetivo, es decir, matar. En una explosión se dispersan más de 2.000 fragmentos. Estas bombas son tan potentes que pueden atravesar tanques blindados. Sus consecuencias para la carne y los huesos son terribles.

Igual que con las minas

Ningún tratado internacional prohíbe las bombas de fragmentación, como en el caso de las minas antipersonal, porque se supone que estallan con el impacto en lugar de esperar silenciosamente a sus víctimas. Sin embargo, muchas personas afirman que si bien técnicamente no son minas "hacen lo mismo cuando están en el suelo", como dice un militar canadiense que se ocupa de remoción de minas. Según Human Rights Watch "estas submuniciones se transforman de hecho en minas antipersonal sumamente potentes que no distinguen entre combatientes y civiles inocentes."

Las organizaciones de desminado que operan en Kosovo informan que limpiar el terreno de bombas de fragmentación es una tarea sumamente difícil y peligrosa porque son artefactos imprevisibles. Según Halo Trust, que se ocupa de remoción de minas, "no hay nada más peligroso que una bomba de fragmentación".

Limpiar Kosovo de minas y otros artefactos es una labor de titanes, pero no imposible. Gracias a los múltiples organismos internacionales de desminado presentes allí y a una coordinación eficiente, hay muchas esperanzas de que la operación tenga éxito. "Si continuamos a este mismo ritmo, Kosovo quedará limpio de minas y de bombas de fragmentación dentro de tres o cuatro años", afirma Thomas Jarnehed. Aun así, para algunos niños de Kosovo tal vez sea demasiado tarde.

Ragnhild Imerslund
Asesor de la Unidad Minas-Armas del CICR, comisionado por la Cruz Roja Noruega.



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