Volver a la página principal de la revista


Estilo de vida en peligro
El futuro incierto de Mongolia
Caroline Nath 
y Ros Armitage

Sequía, ratas y un frío extremo han provocado la tragedia de millares de familias mongoles; miles de reses han muerto lo que pone en peligro un estilo de vida ancestral y expone a millones de personas al espectro de la hambruna.

Los pastores mongoles están física y mentalmente agotados después del invierno más riguroso de estos últimos 30 años. Están afectados unos 400.000 nómades de esta nación sin litoral de Asia Central, que cuenta con 2.700.000 de habitantes. Son necesarias soluciones a corto, mediano y largo plazo, si se quiere restablecer algo que se parezca a un estilo de vida duradero para las personas afectadas.

"Sin nuestros animales no podemos vivir", afirma Nergui Dorj, pastor mongol, mientras desuella a una de sus ovejas muertas. Su rebaño se está muriendo de hambre y frío en Dundgobi, una de las zonas más castigadas del país. "Si perdemos nuestros animales, no podemos imaginar el futuro, ni cómo viviremos", añade, mientras le rueda una lágrima por la mejilla.

Dzud, término que quiere decir desastre invernal, frío más que riguroso, tormenta de nieve y pérdida de ganado, no es nuevo por estos lares. Sin embargo, este año es particularmente duro. La peor sequía en 60 años y la destrucción de los pastos por las ratas de campo antes de que llegara el invierno, contribuyeron a que este año fuera un dzud múltiple: nevadas copiosas y duraderas, seguidas de temperaturas inferiores a 46 grados centígrados. El ganado, debilitado y hambriento, no pudo romper el hielo que se había formado sobre los pastos para nutrirse con la hierba que había por debajo.

Se calcula que los nómadas mongoles pastorean unos 33.5 millones de cabezas de ganado. Por el mes de marzo, habían muerto aproximadamente 1.700.000 reses. "Muchos pastores perdieron una alta proporción de sus rebaños y un número creciente de familias está perdiendo todos sus animales", dice el Sr. Rabadan Samdandobji, Secretario General de la Sociedad de la Cruz Roja de Mongolia.

Cuestión de supervivencia

Los animales son la principal fuente de alimentación de los pastores. En invierno comen carne seca y en verano se nutren con los tradicionales "alimentos blancos", es decir, productos lácteos. Debido a la escasez de vacas, ovejas y cabras, no habrá suficiente leche para los meses de verano y ni pensar en prepararse para el invierno siguiente.

La muerte de numerosos caballos en las zonas más afectadas dificulta enormemente el transporte y las comunicaciones, lo que significa que la gente no pueda llegar a los centros de salud, ni los niños ir a la escuela. Además, el transporte de bienes se ha paralizado y aumenta el aislamiento de las comunidades. A raíz de la pérdida de cabezas de ganado, también escasea el estiércol que sirve de combustible para cocinar y calentarse.

El poder adquisitivo de los pastores también se ha resentido. Habitualmente, marzo es el mejor mes para vender la lana de cachemira, pero este año, lo único que ha aumentado es el número de cabras muertas.

Se estima que 54% de las familias, que tienen menos de cien cabezas de ganado, son las más vulnerables porque la pérdida de reses incide gravemente en sus medios de vida.

"Antes teníamos 60 animales y ahora nos quedan 10 vivos", cuenta Bayartsengel, mientras tiene en sus brazos a sus dos hijas de cuatro y cinco años. Su familia, compuesta de cuatro miembros, viajó 60 kilómetros para encontrar mejores pastos para su rebaño, tratando de escapar al mal tiempo pero no lo lograron y perdieron 30 animales, incluyendo un caballo, único medio de transporte de la familia. Bayartsengel calcula que necesita más de 200 cabezas de ganado para mantener a su familia. Recibió 50 kilos de harina y 25 kilos de arroz de la Cruz Roja con los que piensa poder vivir dos meses pero está preocupado:"No tengo muchas esperanzas para el futuro, no sé cómo vamos a darles de comer a nuestras hijas ni lo que vamos a comer nosotros". Si se diera el caso de que todos sus animales murieran en primavera, la estación más difícil en Mongolia, supone que podría ir al centro del pueblo a fabricar botas pero sin dinero no puede comprar material.

La necesidad obliga a los pastores a viajar fuera de su territorio habitual en búsqueda de mejores pastos para el ganado que les queda. En total, 13.170 personas con 2.200.000 reses se trasladaron fuera de sus pastizales habituales, imponiendo también una carga suplementaria a las zonas vecinas y a las comunidades que les acogen. Algunas familias se han separado, los ancianos y los más débiles se quedan en la tienda redonda de fieltro que llaman ger, los niños en edad escolar, en residencias del condado y los más fuertes salen para otras provincias en una tentativa desesperada de salvar el ganado restante.

Ayudar a los más vulnerables

En febrero, la Federación lanzó un primer llamamiento para ayudar a la Cruz Roja de Mongolia a distribuir raciones de alimentos complementarias, harina de trigo y arroz, así como botas de invierno para los pastores. Cuando resultó evidente que el desastre tendría consecuencias atroces para la seguridad alimentaria por el resto del año, la Federación volvió a lanzar un llamamiento revisado para ampliar la ayuda a 35.000 pastores durante 12 meses y proporcionar un apoyo vital a la Cruz Roja de Mongolia.

La distribución de asistencia de emergencia en Mongolia es sumamente difícil porque se trata de un país vasto y abierto con malas carreteras y comunicaciones, a lo que se añaden las grandes distancias para llegar hasta las comarcas más golpeadas que están aisladas. Gracias a su amplia red de secciones y voluntarios en el ámbito de las comunidades, la Cruz Roja de Mongolia mantiene un contacto regular con los pastores y, por consiguiente, tiene una idea precisa de la situación provocada por el desastre.

Los voluntarios de la Cruz Roja han recorrido centenares de kilómetros para ir al encuentro de las familias. "Nuestros voluntarios, miembros y simpatizantes han tratado que todas las familias beneficiaran de la distribución, a pesar de que los pastores viven lejos unos de otros y resulta difícil. "Nuestros voluntarios son muy importantes tanto en las provincias (aimag) como en los distritos (soum)", afirma Urjin Sandag, Director de la Cruz Roja de Dundgobi Aimag, una de las zonas damnificadas. También comenta que, después de la primera distribución en marzo, la Cruz Roja de Mongolia recibió cartas y dibujos de familias de pastores y de sus hijos. "Los pastores que ya han recibido apoyo de la Cruz Roja quieren darme las gracias. Este apoyo moral y material tiene mucha importancia para ellos".

Estilo de vida en juego

La Cruz Roja de Mongolia conoce muy bien los efectos psicológicos devastadores que puede tener para los pastores un desastre como este. "Están perdiendo todos sus animales y el daño psicológico obedece en gran medida a eso. Se les ve en los ojos", comenta el Sr. Rabdan Samdandobji. Perder los animales significa mucho más que pasar hambre.

Por generaciones, el resultado final del trabajo duro de toda una vida ha sido criar los animales más productivos y pasar su linaje al siguiente. Este trabajo trazado por los ancestros corre ahora grave peligro y está en juego la supervivencia de un estilo de vida porque numerosos pastores consideran que no tienen nada que transmitir a sus hijos.

Ahora bien, ¿quién tiene la solución? O lo que es de igual importancia, ¿quién dispone de fondos para ayudar a los pastores mongoles? En marzo, el Gobernador de de Dundgobi, calculó que bastarían 17.000.000 de dólares para reemplazar las 480.000 cabezas de ganado perdidas en su provincia. Dado que se prevé que de aquí al verano las pérdidas sean aún mayores, la situación que atraviesa Mongolia es muy grave.

Caroline Nath y Ros Armitage
Carolina Nath, periodista independiente residente en Pekín; Ros Armitage, delegado de información de la delegación regional de la Federación en la misma ciudad.



Arriba | Contáctenos | Créditos | Revista actual | Webmaster



© 2000 | Copyright