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Después de las inundaciones
Reconstrucción de Mozambique
Jessica Barry

Ocho años después de que terminara una guerra civil atroz, Mozambique era uno de los capítulos triunfales de África pero las lluvias torrenciales y un ciclón arrasador destruyeron gran parte de cuanto se había logrado, obligando a millones de personas a reconstruir su vida una vez más.

"El agua llegó durante la noche. Cuando nos despertamos, vimos nuestros enseres flotando alrededor de nosotros" contaba una familia de Chokwe, provincia de Gaza, donde las aguas desbordadas del río Limpopo alcanzaron la altura de la cabeza. Se trata de una de las miles de familias de las provincias de Sofala, Gaza y Inhambane que perdieron todo tras las lluvias torrenciales y el ciclón de febrero.

Las inundaciones destrozaron casas, escuelas, cosechas y clínicas. Según estimaciones gubernamentales, 4.500.000 personas resultaron damnificadas, aproximadamente 27% de la población del país; unas 540.000 fueron desplazadas y, a principios de mayo, 800.000 seguían necesitando asistencia.

Al subir, las aguas arrancaron los carteles que indicaban los campos de minas y desenterraron las minas colocadas durante la guerra civil de Mozambique, que duró 16 años. Años de esfuerzos para proteger a las comunidades rurales de este peligro insidioso fueron destruidos, contribuyendo al horror y creando un nuevo peligro para el futuro.

A principios de febrero el gobierno de Mozambique declaró la situación de catástrofe nacional y comenzó una operación de salvamento en las zonas afectadas por las inundaciones en la provincia de Maputo. El Instituto Nacional de Gestión de Catástrofes (INGC) coordinó las operaciones de socorro con la Cruz Roja de Mozambique, que aportó asesoramiento.

Centenares de voluntarios de la Cruz Roja fueron a las zonas damnificadas para ayudar a rescatar a las personas varadas, organizar campañas públicas de educación para la salud, administrar primeros auxilios y distribuir material de emergencia y cloro para purificar el agua. "Desde luego los voluntarios son fantásticos. No hay nada que sea imposible para ellos. Hablan del poder de humanidad y aquí lo tenemos", dice con entusiasmo Don Atkinson, Delegado de la Cruz Roja Australiana, especializado en suministro de agua y saneamiento.

Ayuda de todas partes

La Sociedad Nacional organizó una campaña de solidaridad que recibió un apoyo extraordinario de la gente; hacia el 5 de marzo se habían recaudado 300.000 dólares.

Los alumnos de la escuela Força do Povo de Hulene, a las afueras de Maputo, distribuyeron ropa y alimentos a más de 240 familias desplazadas instaladas en el patio de recreo.

"Al principio creíamos que se quedarían sólo unos días, pero ya llevan semanas aquí. Por lo tanto, los niños decidieron ayudar dándoles lo que podían, a pesar de que ellos mismos no tienen gran cosa", cuenta un maestro.

En marzo, tras el llamamiento del Presidente Joaquim Chissano, solicitando ayuda internacional, y las imágenes dramáticas transmitidas por televisión en las que se veía a tripulantes de helicópteros sudafricanos exhaustos recogiendo a personas refugiadas en los árboles, los gobiernos y los donantes empezaron a reaccionar. Cuando por fin comenzó la operación de ayuda internacional cundió el caos. La mala coordinación, la falta de espacio en los locales de almacenamiento, las carreteras borradas y los puentes destruidos contribuyeron a que la distribución de la ayuda a las personas desplazadas fuera una pesadilla logística.

La Federación Internacional envió un grupo de trabajo a Maputo para ayudar a la Cruz Roja de Mozambique en las tareas de coordinación, logística, transporte, ayuda de emergencia y telecomunicaciones. En muy poco tiempo, 20 Sociedades Nacionales se sumaron a la operación de socorro con sus propios delegados y material.

Debido a la presencia de tantas ONG, tantas brigadas militares de búsqueda y rescate, y tantos socorristas, la confusión y la duplicación de actividades fueron prácticamente inevitables. El gobierno y la Cruz Roja de Mozambique tuvieron la impresión de que la situación les escapaba de las manos y que se les pasaba por alto.

No obstante, el INGC fue recuperando el control poco a poco, consolidando su función coordinadora, organizando sesiones de información diarias para la prensa y los representantes de organismos de asistencia humanitaria y estableciendo un sistema de acreditación para las ONG.

Rescatados de la calle

Davide de 12 años y su amigo Casimo fueron niños de la calle pero hoy viven en el Centro de Boa Esperança, administrado por la Sociedad Nacional de Mozambique. Forman parte de los 150 niños y niñas atendidos allí por cinco trabajadores sociales de la Cruz Roja.

Los niños pueden permanecer en el centro indefinidamente, pero se hacen esfuerzos para que aquellos que aún tienen a sus padres se reúnan con ellos. En caso contrario, se les puede encontrar una familia de sustitución. Aun así, para muchos de estos niños el Centro es su único hogar.

Los más chicos, algunos tienen apenas siete años, van a la escuela y también reciben formación profesional. A los niños se les enseña carpintería y otros oficios manuales, y las niñas aprenden a coser.

"Bien podríamos ver llegar más niños en el futuro ya que muchos de los que han perdido el hogar en las inundaciones terminarán en la calle, a no ser que los encon-tremos antes", concluye Jeremais Samule, encargado de formación profesional.

Límites de la preparación

Paradójicamente, en noviembre de 1999, el gobierno de Mozambique había establecido un plan nacional de preparación en previsión de desastres. En octubre, había organizado en las playas de Maputo un simulacro de situación de emergencia que duró dos semanas y congregó a autoridades locales y habitantes de regiones expuestas a alto riesgo. La Sociedad Nacional desempeñó un papel protagónico en esa ocasiòn.

Dicho simulacro fue supervisado por representantes del Programa Mundial de Alimentos, quienes opinaron que había ayudado a sensibilizar a las comunidades respecto a la necesidad de identificar zonas seguras antes de que arremetiera una crisis.

Ahora bien, llegado el momento, pasar de la teoría a la práctica fue más difícil. Al principio, muchas familias dudaban en abandonar su hogar y sus posesiones por temor al saqueo y recién decidieron marcharse cuando su vida corría peligro porque las aguas seguían creciendo.

Retorno a casa

"La Cruz Roja está aquí para ayudar a las personas a volver a su casa y darles el apoyo que necesitan", explica Don Atkinson. La Federación, junto con la Cruz Roja de Mozambique, prepara un programa global de reconstrucción en las provincias devastadas por la inundación que se llevará a cabo en los 15 distritos donde la Sociedad Nacional quiere consolidar su presencia. Al principio se brindará asistencia a dispensarios, utilizando colaboradores de la Cruz Roja en calidad de divulgadores. Luego se prestará ayuda para reconstruir y reparar casas dañadas, construir letrinas, y proporcionar semillas y herramientas a los campesinos.

La preparación en previsión de desastres formará parte de este nuevo plan que comprenderá la identificación de lugares precisos, donde las comunidades podrán acudir en caso de peligro y donde habrá reservas de emergencia y material de refugio. Ante todo, el plan se concentrará en reforzar la capacidad de las secciones locales de la Cruz Roja y secundar los esfuerzos de la propia gente por reconstruir su vida.

A mediados de marzo, haciendo caso omiso a las advertencias del gobierno para que no se volviera al hogar demasiado pronto, miles de personas comenzaron a retornar apenas se iban retirando las aguas. Con dignidad y determinación, familias de Chowke vadearon las calles con el barro hasta las rodillas y comenzaron a limpiar sus casas. Las mujeres arrastraban el mobiliario empapado para ponerlo al sol y tendían la ropa de sus hijos en los arbustos para que se secara. Los campesinos que posían terrenos en las colinas tuvieron bastante suerte porque se libraron de los peores daños provocados por las inundaciones, y pudieron cosechar tomates, papas y verduras para venderlos en el pequeño mercado al aire libre.

Mozambique está demostrando el mismo tezón que impidió que esta ex colonia portuguesa fuera uno de los países más pobres de África y se convirtiera en una experiencia exitosa en los ocho años subsiguientes a la encarnizada guerra civil. Algunos pagos de su deuda externa fueron cancelados o suspendidos, la infraestructura del país se va reconstruyendo y la población contará con asistencia hasta que pueda valerse por sí misma.

Jessica Barry
Funcionaria de información del Servicio de prensa de la Federación.



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