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Alternativa a la violencia
Prevención de conflictos en Nigeria
Iolanda Jaquemet

La violencia forma parte de la vida cotidiana en Nigeria. Estas fotos retratan víctimas de las enfretamientos entre musulmanes y cristianos

La pobreza y el hacinamiento en Lagos, la capital caótica y abarrotada de Nigeria, son terreno propicio para la violencia. Una chispa diminuta basta para encender el polvorín de la frustración. Aunque indudablemente no son suficientes, se hacen esfuerzos para encontrar una manera de resolver conflictos sin violencia. El futuro del país depende del éxito de estos esfuerzos.

"Nuestra sociedad es una de las más violentas del mundo. Disturbios en Lagos, saqueo de la universidad, conflictos étnicos en el Delta del Níger, enfrentamientos entre comunidades en Kaduna, la violencia no conoce límites aquí". Iyke Chiemeka habla rápidamente, como si estuviera eternamente con prisa. Surulere es un distrito como tantos otros de Lagos: los habitantes han perdido la cuenta de los apagones, las líneas telefónicas están averiadas, el desempleo aumenta y todo el mundo lucha por sobrevivir.

Una grande puerta de hierro, que todos los días se cierra a las seis de la tarde, bloquea la calle que lleva a la oficina de Iyke. Se trata de una medida de seguridad vital. A principios de abril, la prensa informó sobre una pelea por una fuente de agua en una región occidental de Nigeria, en plena sequía, que degeneró en batalla campal entre estudiantes y vecinos. Veinte personas resultaron heridas.

Otra forma de actuar

Convencido de que "hay que limitar la violencia por todos los medios posibles", Iyke Chiemeka opina que tiene la solución. Se trata de una técnica para resolver conflictos de manera pacífica, utilizada por primera vez en 1975 en una prisión de alta seguridad del Estado de Nueva York. Después de haber dado resultado allí, el Proyecto Alternativa a la Violencia (PAV) se ha importado en una docena de países de cuatro continentes. Uju Agomoh, el dinámico director de PRAWA, una ONG nigeriana que ayuda a los presos, supo del proyecto durante una conferencia en el Reino Unido.

En 1998, especialistas británicos del PAV llegaron a Nigeria para formar al primer puñado de pioneros. Había nacido la sección nigeriana del PAV. Desde entonces, y de la mano con la PRAWA, ha estado organizando un número creciente de cursillos de tres días para "permitir que los participantes se liberen de la carga de la violencia", que llevan dentro de sí. Esto no solamente se aplica a detenidos, sino también a personas que están libres, en particular a los "muchachos de la zona", como se les conoce en Nigeria: delincuentes y jefes de bandas de poca monta, jóvenes desempleados dispuestos a hacer cualquier cosa.

En 1999, se presentó la idea a Jean-Jacques Gacond, Jefe de la Delegación Zonal del CICR en Nigeria. "Inmediatamente me interesó", comenta. "Por una vez, en lugar de pedirnos que actuásemos de bomberos, nos pedían que buscáramos la raíz misma de la violencia. Pensé que era una oportunidad sin precedentes de que la Cruz Roja se pusiera en contacto con un medio del que suele estar excluida". Tras haber asistido a un cursillo en calidad de observador, decidió intentarlo, financiando siete sesiones de tres días entre enero y agosto del 2000. Para el CICR fue un verdadero "estreno".

Kaduna 

Una recién nacida estaba tranquilamente dormida apoyada en el hombro de una joven. Nació hace dos semanas en el campamento militar N°. 44 de Kaduna, donde su madre y dos hermanas se refugiaron el 21 de febrero. Fue el día en que comenzó el conflicto entre cristianos y musulmanes en esta ciudad del norte del país, tras la propuesta de aplicar el derecho chario en el Estado de Kaduna. La violencia cobró centenares de víctimas en Kaduna y, luego en el sudeste del país, dejando a este bebé sin padre. En Kaduna, distritos enteros han quedado reducidos a ruinas carbonizadas. La opinión pública piensa que la intervención de la Cruz Roja de Nigeria fue ejemplar. Con el apoyo del CICR y de la Federación, la Sociedad Nacional proporcionó alimentos y otro tipo de asistencia a unas 100.000 personas desplazadas, y sus voluntarios, cristianos y musulmanes, colaboraron durante el conflicto. A principios de abril, todavía quedaban unas 7.000 personas desplazadas en Kaduna. Los más pobres de los pobres no tienen siquiera medios para reparar los tejados de sus casuchas destruidas durante los disturbios.

Dinámica de grupo

Viernes por la mañana. Está a punto de comenzar un nuevo cursillo. Los participantes se apiñan en la pequeña sala de reunión de la planta baja del edificio donde están las oficinas de la PRAWA en Surulere. Están presentes 20 participantes, así como cinco voluntarios de la sección de Lagos, y otros tantos moderadores que han hecho cursos sobre el método PAV. Las mujeres están en franca minoría pues sólo son tres y los hombres 27.

La dinámica de grupo no flaquea en los días que siguen. Los moderadores son sumamente profesionales. Gracias a su orientación, se van organizando sin dificultad sesiones de grupo, discusiones en plenaria y escenificaciones.

Alhaji Kazeem Mammodou, un tierno gigante con un traje típico blanco bordado, cuenta su propia transformación: "Antes de ser moderador, era incapaz de pedir perdón a mi esposa, incluso cuando saltaba a los ojos que estaba equivocado". Los presentes cuentan cómo se vieron confrontados a situaciones de violencia y encontraron medios pacíficos de resolverlas: querellas familiares, conflictos por pro- piedades, mujeres víctimas de la violencia, enfrentamientos entre policías y bandas callejeras, un pequeño disturbio provocado por mujeres ante un dispensario donde se había agotado la vacuna contra la tuberculosis… Parecería que todo Nigeria, con su dolorosa realidad, se hubiera reunido en esta minúscula sala.

Peace, una mujer menudita que trabaja en la administración penitenciaria, sugiere un ejercicio: "Tienen tres minutos para decidir lo que harían si van paseando y se encuentran entre dos bandas de jóvenes que vienen a su encuentro, armados de navajas". "Me remangaría los pantalones y haría como si fuera uno de ellos para escapar a la primera oportunidad", dice un hombre de mediana edad. Los participantes estallan en una gran carcajada y aplauden. Ahora bien, el pacifismo tiene sus límites.

Otra de las situaciones hipotéticas aborda una cuestión más delicada: el robo. "Llega a su casa un día y se encuentra con un intruso que sale de su habitación con una barra de jabón en las manos. ¿Qué hace?" "Sé cómo andan las cosas pero eso no justifica todo. Agarraría al tipo y le preguntaría qué está haciendo en mi casa y si no quiere cooperar, llamaría a la policía", dice un joven de cara redonda. Aprobación general.

Las reglas del juego son propias de este tipo de cursillo, dar más confianza en sí mismo, aprender a escuchar sin interrumpir, respetar a los demás y comprender que cada persona, por humilde que sea, tiene su puesto en la sociedad. "Es un poco como Alcohólicos Anónimos, pero adaptado a la violencia", dice un sociólogo sonriendo. "¡Pero funciona! La meta no es enseñar a la gente lo que tiene que hacer sino sensibilizarla respecto al potencial que tenemos cada uno de nosotros, mostrarles que su energía, puede transformase en energía positiva", destaca Uju Agomoh.

La dinámica de grupo funciona tan bien y el "pensamiento positivo" está tan arraigado que es fácil olvidar que algunos de los participantes no son precisamente angelitos. Uno de ellos cumplió una sentencia de seis años por tráfico de heroina, otro es jefe de una banda que delinque en los autobuses. En una sesión anterior estaba presente un hombre que había matado a seis personas en el disturbio que estalló en 1998 tras la muerte de Moshood Abiola, líder de la oposición. Todos los participantes estaban totalmente de acuerdo en venir. Las compensaciones materiales son escasas: el PAV les paga el transporte, ofrece una comida y les regala una camiseta. Vienen más bien, como dice un ex presidiario que llaman "Felix el bienaventurado", porque "sé que puedo cambiar y que esto tal vez ayude a cambiar un poquito el mundo".

Iyke tiene la ilusión de que el PAV tenga un efecto de bola de nieve (aunque tal vez la imagen parezca algo extraña en un país de clima tan cálido). Tenemos que formar por lo menos 30 moderadores en cada uno de los 37 Estados nigerianos para lograr algo", dice.
Jean-Jacques, por su parte, reserva su opinión hasta el final del proyecto piloto. Sin embargo, admite que se conmovió cuando "un jefe de banda me dijo que le gustaría que fuéramos juntos al mercado para dar a conocer las ideas y la labor de la Cruz Roja entre sus jóvenes seguidores".

Iolanda Jaquemet 
Periodista independiente, residente en Ginebra



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