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Sabuesos a la caza de noticias
Amanda Williamson

Tratar con los medios de comunicación en tiempos de crisis humanitaria puede ser tarea agotadora e ingrata. Han de establecerse prioridades para garantizar que las actividades para ayudar a las víctimas no se reduzcan a las exigencias de esos medios. Al fin y al cabo, ¿es tan importante la visibilidad en la prensa mundial?
En el vestíbulo del hotel digno de un palacio de Addis Abeba, donde la música ambiental resonaba hasta en los árboles, la tragedia a unos kilómetros de distancia parecía pertenecer a otro mundo. Las melodías de Gershwin contrastaban con el ajetreo de los periodistas para preparar el boletín más actualizado sobre la sequía en Etiopía, de momento la noticia más importante del mundo.

Resultaba fácil identificar a los periodistas, tanto por los micrófonos como por sus chalecos safari cuajados de bolsillos, que se apiñaban tratando de subir al avión que partía para Gode, al sudeste del país, donde las primeras imágenes de la BCC habían provocado una impresionante reacción en cadena de los medios de comunicación.

Al mismo tiempo, había una larga cola de los que volvían de Gode agotados, angustiados y llenos de polvo. Aunque la profesión suele requerir un distanciamiento algo insensible, muchos se sintieron aliviados de poder compartir con sus colegas la aflicción por haber visto niños muriendo. Tampoco les complacía trabajar en un hotel de lujo pero la tecnología moderna depende de la electricidad y en Etiopía escasea. Para la mayor parte de la gente de la Cruz Roja, esta invasión repentina era incomprensible. ¿Por qué recién ahora? ¿Por qué reducir los hechos al mínimo denominador común en lugar de explorar la globalidad de la situación? ¿Por qué considerar que el esfuerzo de asistencia es el único medio de solucionar el problema, dejando de lado los elementos más importante de la preparación en previsión de desastres?

El valor de la pobreza

"A menudo me piden que compare esta crisis con la tragedia del decenio de 1980. Han cambiado tantas cosas que es difícil tender un puente sobre todo esto.

Entonces fue como una botella de aire comprimido que nos estalló en la cara: miles de personas consumidas y sin hogar. Dirigí un grupo gubernamental de expertos en crisis y el hecho de ver a personas muriendo y desposeídas de cuanto tenían fue la experiencia más chocante y deprimente de mi vida. Entonces, tomé conciencia de mi propia pobreza y de la de mi país: sencillamente no podíamos intervenir solos y no siempre es fácil reconocerlo.

Cuando el sufrimiento es causado por otros seres humanos, se puede culpar y cuestionar a alguien. Cuando la causa es el clima, existe el peligro de volverse demasiado fatalista. No se puede cambiar el tiempo, pero se pueden idear mecanismos que permitan a la gente mitigar los efectos de la naturaleza. Hay valor en la pobreza, y los seres humanos no pierden valor porque se encuentran en una situación difícil, pero necesitan medios para ayudarse a sí mismos.

En mi opinión, la Cruz Roja Etíope debería adoptar esta filosofía. Se nos considera una organización que sólo actúa en tiempos de crisis. En cambio, deberíamos compartir conocimientos y crear mecanismos en el país para no tener que estar siempre dando y dando.

En definitiva, nos corresponde a nosotros los etíopes, incluyendo la Sociedad Nacional, establecer nuestras propias prioridades y establecer un método adecuado a nuestra cultura y a nuestros medios. Tampoco podemos permitirnos minimizar el valor de los seres humanos. Ahora bien, puesto que pertenecemos a una familia mundial, que es nuestra fuerza, y podemos abrazar verdaderamente el ideal de que todos los habitantes del planeta tenemos el deber de aliviar el sufrimiento dondequiera que esté."

Mebrat Wolde Tensaie -- Secretario General de la Cruz Roja Etíope

 

El mensaje de las imágenes

No siempre es fácil convencer a los colegas de la potente influencia de los medios de comunicación; en particular, cuando uno se enfrenta a esa "jauría" de sabuesos en busca de noticias que a veces parecen querer cebarse en la desgracia ajena. No obstante, descubrimos rápidamente que había un número considerable de periodistas respetables y diligentes que querían ampliar el alcance y establecer la escala del problema, y ese fue el grupo al que nos dirigimos. El "contagio" suele caracterizar la respuesta a una exclusiva de la BBC, ya que el resto de la prensa internacional se siente obligada a abundar en el tema. Para los periodistas británicos, que eran mayoría, también se imponía la comparación con el síndrome Live Aid: arrolladora respuesta de la colectividad ante la hambruna catastrófica del decenio de 1980 que había dejado una huella indeleble de Etiopía en la psiquis británica. Esta simple comparación creó un dilema desagradable para la prensa y para nosotros en el Movimiento. Si bien era cierto que en algunas zonas del Estado Regional Nacional Somalí, la falta de lluvias durante cuatro temporadas había tenido consecuencias devastadoras para determinados sectores de la población, no había cobrado las proporciones del desastre de entonces, aunque existía verdaderamente la posibilidad de que fuera aún peor si no llovía y la intervención internacional tardaba.

El reto consistía en transmitir exactamente esta perspectiva, satisfaciendo al mismo tiempo la presión profesional de presentar imágenes fuertes. "¿Cómo captar un desastre latente solamente con fotos? Este hombre, que aparentemente goza de buena salud, ¿podría tener un aspecto mucho peor dentro de unas semanas si no llueve? Es imposible", explica un fotógrafo. También podíamos reconocer que la sensibilización era crucial para garantizar el apoyo internacional destinado a mitigar los efectos de la sequía. Explotar al máximo este potencial y al mismo tiempo ser objetivos y creíbles, evitando dar una imagen que hiciera de las víctimas personas desvalidas y, en cierto modo sin valor, supuso un importante reto para nosotros.

El conflicto entre Etiopía y Eritrea

La sequía que ha asolado el Cuerno de África y, en particular el sudeste etíope, en estos últimos meses, ha exacerbado aún más la situación ya desesperada, desde el punto de vista humanitario. Efectivamente, llegó en pleno conflicto territorial entre Etiopía y Eritrea. La encarnizada guerra fue desencadenada en mayo de 1998 por un conflicto fronterizo entre los dos países.

Según varios informes no confirmados, decenas de miles de soldados de ambos ejércitos han resultado muertos o heridos, o son prisioneros de guerra. Cuando estallaron las hostilidades, el CICR recordó a ambos gobiernos sus obligaciones de respetar las disposiciones del derecho internacional humanitario. Aunque Eritrea no ha accedido a los Convenios de Ginebra, ni a sus Protocolos Adicionales, tiene que atenerse a las disposiciones del derecho consuetudinario, aplicables en caso de conflicto armado internacional.

Finalmente, tras dos años de una de las guerras más cruentas del continente africano, el 18 de julio ambas partes en el conflicto firmaron en Argelia un acuerdo de cese de hostilidades, preparado por la Organización de Unidad Africana. Por el momento, se ha interrumpido un conflicto que ha obligado a más de medio millón de personas a huir de su hogar.

Mensaje subliminal

Tras numerosas reuniones con el CICR, la Federación Internacional y la Cruz Roja Etíope (CRE) nos convencimos de la importancia de proteger ante todo nuestra credibilidad a largo plazo, especialmente en el caso de la CRE, y resistir a la tentación de obtener un poco de fama en horas de máxima audiencia. Queríamos transmitir el mensaje subliminal de que conocíamos la situación a fondo y éramos eficientes y activos, lo que no siempre resultaba compatible con el ritmo implacable del mundo actual de la televisión por satélite, en el que el periodista tiene que dar diariamente noticias nuevas e interesantes sobre la sequía en el tiempo que se le ha asignado. A falta de imágenes "nuevas", se especulaba, se hacían retrospectivas y análisis y, en algunos casos, se daban pronósticos de que "la situación empeoraba" a sabiendas de que eran infundados pero resultaba muy difícil evaluarlos en la realidad.

Dado que no estábamos dispuestos a actuar de esa manera, probablemente hayamos perdido muchas oportunidades de "visibilidad". Pero el precio de perder credibilidad o incluso de comprometer nuestras actividades era demasiado grande. Para luchar contra ello, decidimos que las referencias e imágenes de la acción de la Cruz Roja por "cuenta gotas" en los medios de comunicación, proporcionado a los periodistas información y acceso constantes a nuestras actividades, iban a tener mucha más repercusión en la audiencia que el debate y la discusión de un tema en la azotea de un hotel. La mayoría de los periodistas, agradecidos por la información rápida y objetiva, en algunos casos fundamental para enfocar su relato desde la perspectiva adecuada, se sintieron más que felices de incluir a la Cruz Roja en su reportaje.

¿Alcanzamos nuestra meta? Bueno, ello depende de lo que se entiende por meta de las relaciones con los medios de comunicación en situaciones de crisis. Si el objetivo primordial es aparecer en las imágenes, entonces, fracasamos y siempre fracasaremos.

Amanda Williamson
Funcionaria de prensa del CICR



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