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El libro de los desaparecidos

Más de 3.360 personas en su mayoría de origen albanés, pero también de origen serbio, se dieron por desaparecidas en Kosovo. Esta cifra confirma que las cifras comunicadas durante la intervención de la OTAN en la ex República Federal de Yugoslavia eran exageradas pero, de todas formas, demuestra las pérdidas trágicas sufridas por miles de familias de esa provincia. Los nombres de todos los desaparecidos han sido publicados por el CICR en un libro de 200 páginas.

Según la Institución, el total de desaparecidos se desglosa como sigue: 2.700 personas de origen albanés, casi 400 de origen serbio y unas 200 personas de otras comunidades (gitanos, montenegrinos).

"Esta publicación representa mucho más que otra simple lista. Es un capítulo de la triste historia de Kosovo", comento Alain Kolly, jefe de la misión del CICR en Kosovo.

El CICR hizo un llamamiento a las autoridades de Belgrado y Pristina para que proporcionaran la mayor información posible respecto a estas personas desaparecidas. Las listas del libro también se pueden consultar en línea (http://www.familiylinks.icrc.org). El libro se remitió a las Sociedades Nacionales que tienen contacto con importantes comunidades kosovares, principalmente en Europa Occidental.

Primicia en Oriente Medio

El pasado mes de abril, oficiales de alto rango de Oriente Medio se reunieron para intercambiar experiencias sobre la difusión del derecho aplicable en los conflictos armados. La reunión tuvo lugar en Amman, capital de Jordania, y contó con la presencia de oficiales de Arabia Saudita, Argelia, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Iraq, Jordania, Kuwait, Líbano, Libia, Mauritania, Omán, Qatar,Sudán, Túnez y la Autoridad Nacional Palestina. Iniciadas por el CIRC y auspiciadas por las fuerzas armadas jordanas, estas dos jornadas de conversaciones tenían por objetivo avanzar en lo que respecta a la incorporación de disposiciones de DIH en las fuerzas armadas, tanto en el ámbito estratégico como en el táctico.

Certamen en Dakar

Ha estallado la guerra civil en Paraboulem, una pequeña república de Billitia Oriental. El país está cuajado de minas, se amenaza a los socorristas y los civiles son las principales víctimas de esta crisis humanitaria de envergadura. Si fuera delegado del CICR y tuviese que encontrarse con los rebeldes, ¿cómo procedería? Esta misión hipotética fue la base de una de las pruebas del primer certamen de derecho internacional humanitario (DIH) en África, organizado por la delegación zonal del CICR en Senegal, y tuvo lugar en Dakar del 25 al 28 de abril. Participaron el ACNUR, UNICEF y organizaciones locales de derechos humanos. Las pruebas permitieron a futuros diplomáticos, periodistas y militares aplicar sus conocimientos teóricos mediante una exposición directa a los dilemas que plantea la acción humanitaria. El jurado estuvo integrado por profesores de derecho y profesionales de DIH que representaron el papel de los distintos protagonistas. Ganó el equipo de la Facultad de Derecho de Dakar.

Intervención rápida

Cuando un terremoto de 7,9 puntos en la escala de Richter sacudió la costa occidental de Sumatra, el 4 de junio, 90% de las casas de la isla de Enggano quedaron destruidas. En unas horas, un equipo de evaluación de la Federación Internacional se desplazó de Ginebra a la zona damnificada. El Delegado Regional de Salud de la Federación y el funcionario de agua y saneamiento se unieron a los tres delegados en Yakarta, así como personal de la Sociedades de la Cruz Roja de Japón y Singapur. El equipo, que trabajó en estrecha colaboración con la Sociedad de la Cruz Roja Indonesia (Palan Merah Indonesia - PMI) llegó en 24 horas a la isla de Enggano, a sólo 15 kilómetros del epicentro del terremoto.

Una de las prioridades fue constatar si el agua había sido contaminada. Los pozos familiares, aunque resquebrajados, podían seguir utilizándose pero las familias habían perdido sus recipientes y sus cacerolas cuando se derrumbaron las casas, así que no podían almacenar ni hervir agua.

Las 400 familias damnificadas de Enggano recibieron inmediatamente cajas con enseres domésticos, incluyendo recipientes de agua, bidones y cacerolas, adquiridos en Yakarta por la PMI, que coordinó la intervención de socorro con la Federación.

De regreso al continente, se distribuyeron otros 15.000 cajas a personas indigentes que vivían en las calles de la devastada provincia de Bengkulu pues tenían miedo de volver a sus casas destruidas mientras la tierra no dejara de temblar.

 


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