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Cuentos de los jardines del diablo
Roland Huguenin-Benjamin

La historieta es una forma de arte compleja y, a la vez, un potente medio de comunicación cuyo alcance varía de una cultura a otra. En Oriente Medio un artista ha emprendido un proyecto original para sensibilizar a la juventud sobre cuestiones humanitarias.

Borji es dibujante de historietas y caricaturista. Comenzó en 1988 en Argelia donde con un grupo de amigos crearon una revista satírica que le ofreció la oportunidad de dar rienda suelta a su amor por el dibujo, tras haber seguido una carrera académica algo sinuosa por la medicina, la biología y la literatura francesa.

Su verdadero nombre es Jamal Si Larbi y nació hace 40 años en Argelia occidental. Ya de niño, se enfrascaba en libros e historietas. Descubrió África gracias a los dibujos de Hugo Pratt y con la lectura de la obra de Jack London satisfizo sus sueños de viajar por el mundo mientras escuchaba a Bob Marley. Hoy vive y trabaja en El Cairo. A su llegada a Egipto, Jamal estaba decidido a seguir la traza de los artistas y autores egipcios cuyos nombres ocupaban un lugar destacado en sus incursiones juveniles por la literatura árabe. No hay que preguntarle si cree en la función didáctica de la literatura, desde muy joven devoraba libros en francés y árabe en las bibliotecas.

Durante su estadía en Egipto, Jamal descubrió El Katkout, revista creada en los años 1930, y conoció a artistas como Higazi, Bahgat y Hussein Bikar, creador del famoso Sinbad que iluminó la vida de tantos niños en el decenio de 1930. Gracias a Muhy edDin el Labbad, verdadero innovador de las artes gráficas en Oriente Medio, Jamal llegó a conocer a los mejores artistas y autores de la región.

Apenas unos meses después, creó una historieta de tres o cuatro escenas que publicaba en un semanario egipcio de lengua francesa. Mediante el personaje satírico Biba, dio nueva vida a la historieta para adultos en Egipto, género que hasta entonces sólo había sobrevivido en Argelia. Aunque en el decenio de 1930, habían aparecido en Egipto contemporáneos de Tintin y Spirou, la tradición no se había arraigado y los pocos que trataron de practicarla en el decenio de 1960, y después, no pudieron garantizar una verdadera continuidad del "noveno arte" en ese país. Según Borji, indignado por la mediocridad de la oferta en esta esfera, ello obedece a la falta de rigor en la preparación de guiones y libros infantiles. Opina que no se toma en serio a los niños en calidad de lectores. Autores y guionistas simplifican demasiado los temas y no dedican tiempo suficiente a la investigación ni a la preparación del texto. Debe decirse en su favor, que tampoco se les alienta a hacerlo y que por lo general, este tipo de trabajo no cosecha las recompensas merecidas.

Un encuentro decisivo

Sin embargo, Borji no es el tipo de persona que se deja disuadir cuando se le ha metido algo en la cabeza. En 1995, comenzó a buscar autores y guionistas de talento y les convenció de escribir para sus historietas. Prácticamente en ese mismo momento, conoció a los representantes de la oficina regional de promoción del CICR en el Cairo, que habían previsto producir historietas para difundir conocimientos básicos sobre el derecho internacional humanitario entre los jóvenes. Ambas partes no tardaron en ponerse de acuerdo para producir historietas de alta calidad, basadas en exhaustivas investigaciones, ofreciendo una justa remuneración al dibujante y al guionista. Así nació la primera serie de historietas árabes del CICR sobre el tema de las minas antipersonal. No hacia falta ir muy lejos para encontrar el escenario ya que El Alamein, donde tuvo lugar la famosa batalla entre los aliados y tropas de Rommel durante la Segunda Guerra Mundial, se encuentra en la costa mediterránea de Egipto. Más de 50 años después de que terminara el conflicto, la zona sigue plagada de trampas mortales y los bedouinos que habitan allí la han bautizado "járdines del diablo". El dibujante y el guionista visitaron la zona, tomaron contacto con la gente del lugar y hablaron con los pastores que fueron víctimas de la explosión de minas terrestres. La narración se sitúa en este escenario y describe las aventuras de un grupo de niños en las arenas de El Alamein. Las fotografías y los relatos de testigos directos recogidos allí dan realismo al argumento. Huelga decir que el libro lleva por título "Los jardínes del diablo".


Para Borji, una imagen siepre vale más que 1.000 palabras.

 

Comprobar la repercusión

Ahora bien, ¿quién puede pronosticar que los niños serán receptivos a una historieta que, indirectamente, aspira a instruirlos sobre una causa por muy noble que sea? En esta era de dibujos animados de alta tecnología, películas con efectos especiales alucinantes, y juegos vídeo de combates y violencia, ¿tiene cabida una humilde historieta? Según Borji, "cualquier avance tecnológico nos da nuevas posibilidades en las esferas del arte y los medios de comunicación. La invención de la fotografía no desbancó a la pintura, más bien le ayudó a evolucionar. Pero nunca se puede estar seguro por adelantado del éxito de un libro, porque su creación siempre es una especie de juego de azar". En "Los jardines del diablo", los jóvenes protagonistas se ven enfrentados a la violencia latente de las minas antipersonal, son perseguidos por traficantes de armas, y el suspense aumenta porque tienen que pasar a la clandestinidad y organizarse para sobrevivir. La violencia es muy real, pero se recurre a ella con medida y cálculo según el efecto deseado. "Después de la publicación de los primeros episodios en una revista juvenil semanal, nos encontramos con una grupo de lectores y pudimos comprobar el interés que había despertado", recuerda Borji.

Ese éxito permitió prolongar el proyecto y se publicaron otras series de episodios en Alaa el Din, revista semanal para jóvenes. Se han probado varios géneros, del realismo a la ciencia ficción, que han permitido verificar la reacción de los lectores. Por ejemplo, la historieta Coucouyouter, basada en el concepto de la máquina del tiempo, había fascinado a los niños, aunque trataba de varios períodos de la historia en un contexto realista y transmitía una serie de mensajes educativos subliminales. A los niños les gusta que se les aborde de manera que no se insulte su inteligencia, que se les dé información y se les ayude a analizarla.

En fin de cuentas, ¿hay que ser un optimista patentado para creer en una nueva generación que respete los valores fundamentales de la dignidad humana, aunque los teledìarios nos inunden con imágenes de catástrofes?. Coherente consigo mismo, Jamal Si Larbi no se anda con rodeos: "Los acontecimientos mundiales son la prueba fehaciente del fracaso de la clase política. Los ciudadanos tienen que afirmar su papel y tomar el testigo".

Roland Huguenin-Benjamin
Jefe de la oficina de promoción del CICR en El Cairo.



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