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Christina Magnuson
Presidenta de Cruz Roja Sueca y miembro de la Comisión Permanente

 
La cuestión del emblema está una vez más en suspenso, justo cuando parecía que se disponía de todos los elementos para lograr la tan ansiada meta: una mejor protección para la labor humanitaria, las víctimas de los conflictos y de la violencia y para quienes acuden en su ayuda. Prácticamente desde su fundación, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha luchado con la noción de universalidad de manera que las Sociedades Nacionales y las instituciones de Ginebra pudieran trabajar juntas de conformidad con los mismos principios para alcanzar metas comunes. Aun así, toda esta gente de buena voluntad no ha conseguido servir bajo el mismo símbolo, o emblema, como se ha dado en llamar. El emblema es crucial pues ofrece una protección vital para la labor humanitaria. A lo largo de los años, y con mayor o menor intensidad, se han propuesto nuevos emblemas cuyos motivos e historia están bien documentados.

En 1996, cuando la Comisión Permanente me pidió que presidiera un grupo de trabajo para volver a examinar la cuestión del emblema con miras a salir del atolladero, nos embarcamos en nuestra labor con la cabal convicción de que no sólo debíamos abordar los problemas inmediatos sino también encontrar una solución a largo plazo. La idea consistía en crear otro emblema distintivo que sirviera a cualquier Estado o Sociedad Nacional que no pudiera utilizar los emblemas actuales porque debido a consideraciones locales, resultaban inaceptables en determinados contextos. Algunas Sociedades Nacionales querían ver un nuevo emblema que reemplazara la cruz, la media luna, el león y el sol, y que fuera adoptado y aceptado por todos. Sabíamos que era ilusorio pero estábamos convencidos de que otro emblema, con el diseño y los criterios de utilización propuestos, a largo plazo supondría un paso más a favor de la unidad y la universalidad.

Tras una labor muy cuidadosa, largas reuniones y exhaustivos debates, espero que la razón se imponga a la emoción y nos permita centrarnos en nuestro sincero objetivo de crear más y mejores posibilidades de proteger y ayudar a las víctimas de la guerra y de la violencia. Los recientes acontecimientos en Oriente Medio han tenido trágicas consecuencias: la muerte de un chófer de la Media Luna Roja Palestina, y la destrucción de ambulancias de esta última y de Magen David Adom cuyo personal también ha sufrido lesiones. Estos hechos destacan aún más la necesidad de que todos nosotros sigamos adelante con un espíritu humanitario común.

La Conferencia Diplomática que estaba prevista y que debería haber adoptado el Tercer protocolo adicional de los Convenios de Ginebra de 1949, por el que se hubiera conferido reconocimiento internacional al nuevo emblema y su condición junto con los tres emblemas existentes, se postergó debido a la última ronda de violencia en Oriente Medio. La Comisión Permanente manifestó su apoyo unánime a la labor llevada a cabo, incluyendo la redacción del anteproyecto del protocolo. Espero que los esfuerzos constantes del gobierno suizo, en calidad de depositario de los Convenios de Ginebra, permitan reanudar la labor y que en breve se obtenga ese resultado tan ansiado.

Christina Magnuson
Presidenta de Cruz Roja Sueca y miembro de la Comisión Permanente



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