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La cuestión del emblema está una vez más en suspenso, justo
cuando parecía que se disponía de todos los elementos para lograr
la tan ansiada meta: una mejor protección para la labor humanitaria,
las víctimas de los conflictos y de la violencia y para quienes
acuden en su ayuda. Prácticamente desde su fundación, el Movimiento
Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha luchado
con la noción de universalidad de manera que las Sociedades
Nacionales y las instituciones de Ginebra pudieran trabajar
juntas de conformidad con los mismos principios para alcanzar
metas comunes. Aun así, toda esta gente de buena voluntad no
ha conseguido servir bajo el mismo símbolo, o emblema, como
se ha dado en llamar. El emblema es crucial pues ofrece una
protección vital para la labor humanitaria. A lo largo de los
años, y con mayor o menor intensidad, se han propuesto nuevos
emblemas cuyos motivos e historia están bien documentados. |
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En 1996, cuando la Comisión Permanente me pidió que presidiera
un grupo de trabajo para volver a examinar la cuestión del
emblema con miras a salir del atolladero, nos embarcamos en
nuestra labor con la cabal convicción de que no sólo debíamos
abordar los problemas inmediatos sino también encontrar una
solución a largo plazo. La idea consistía en crear otro emblema
distintivo que sirviera a cualquier Estado o Sociedad Nacional
que no pudiera utilizar los emblemas actuales porque debido
a consideraciones locales, resultaban inaceptables en determinados
contextos. Algunas Sociedades Nacionales querían ver un nuevo
emblema que reemplazara la cruz, la media luna, el león y
el sol, y que fuera adoptado y aceptado por todos. Sabíamos
que era ilusorio pero estábamos convencidos de que otro emblema,
con el diseño y los criterios de utilización propuestos, a
largo plazo supondría un paso más a favor de la unidad y la
universalidad.
Tras una labor muy cuidadosa, largas reuniones y exhaustivos
debates, espero que la razón se imponga a la emoción y nos
permita centrarnos en nuestro sincero objetivo de crear más
y mejores posibilidades de proteger y ayudar a las víctimas
de la guerra y de la violencia. Los recientes acontecimientos
en Oriente Medio han tenido trágicas consecuencias: la muerte
de un chófer de la Media Luna Roja Palestina, y la destrucción
de ambulancias de esta última y de Magen David Adom
cuyo personal también ha sufrido lesiones. Estos hechos destacan
aún más la necesidad de que todos nosotros sigamos adelante
con un espíritu humanitario común.
La Conferencia Diplomática que estaba prevista y que debería
haber adoptado el Tercer protocolo adicional de los Convenios
de Ginebra de 1949, por el que se hubiera conferido reconocimiento
internacional al nuevo emblema y su condición junto con los
tres emblemas existentes, se postergó debido a la última ronda
de violencia en Oriente Medio. La Comisión Permanente manifestó
su apoyo unánime a la labor llevada a cabo, incluyendo la
redacción del anteproyecto del protocolo. Espero que los esfuerzos
constantes del gobierno suizo, en calidad de depositario de
los Convenios de Ginebra, permitan reanudar la labor y que
en breve se obtenga ese resultado tan ansiado.
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