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Fiji
Ejercicio en
la cuerda floja

Andrew Macalister

¡Al fin libres! Ratu Mosese Volavloa (de frente) y Ponipate Lesavua, ambos ex ministros del gobierno de Fiji, entran en el local de la Cruz Roja tras ser liberados, rodeados del personal y los voluntarios que les dan la bienvenida.

Cuando hombres armados irrumpieron en el Parlamento de Fiji el 19 de mayo de 2000 e hicieron rehenes al primer ministro y miembros de su gabinete, la Cruz Roja de Fiji se vio en medio de una larga pulseada entre líderes rebeldes y fuerzas armadas. La sensibilidad con que la manejó puso a la Cruz Roja en el centro de la escena nacional y le valió la confianza de ambas partes.

El drama de los rehenes en la región del Pacífico del Sur duró 56 días, y se atribuyó en gran medida a tensiones étnicas. La población del pequeño Estado del Pacífico está compuesta de 51% de indígenas de Fiji y 45% de indios de Fiji. Mahendra Chaudhry, entonces Primer Ministro, es indio y encabezaba el gobierno multirracial electo en virtud de la nueva Constitución sancionada tras una serie de golpes de Estado en 1987. Los hombres armados, liderados por George Speight, empresario, se proponían poner término al poder político indio y volver a afirmar los derechos de los indígenas. La toma del Parlamento desencadenó saqueos, la declaración del estado de sitio, protestas generalizadas y caos social. Estos acontecimientos pusieron de relieve un lado más oscuro de la imagen idílica de esas islas del Pacíficos expuestas a catástrofes naturales pero nunca a agitación política.

Presión de todos lados

A lo largo de la crisis, la Cruz Roja fue la organización autorizada a acceder constantemente a los rehenes. Aunque sin experiencia en situaciones de conflicto interno, desempeñó admirablemente su papel de Sociedad Nacional, distribuyendo medicamentos, ropa de cama, artículos de tocador, alimentos; dispensando consuelo y atención de salud y transmitiendo mensajes Cruz Roja entre los rehenes y sus familias. Cada día, John Scott, Director General de la Cruz Roja de Fiji, pasaba por la baqueta de los hombres armados que montaban guardia en el recinto parlamentario e iba a visitar a los rehenes. Estaba constantemente bajo los focos de los medios de comunicación e incluso fue amenazado de muerte. Otros miembros del personal y voluntarios organizaron el servicio de ambulancia las 24 horas del día e informaron al público sobre la función de la Cruz Roja, todo ello además de los programas habituales.

Lograr y conservar el acceso a los rehenes fue un ejercicio de equilibrio muy delicado, ya que la Cruz Roja necesitaba la autorización de los rebeldes y de los militares para visitarlos. Los militares, aunque reconocían el papel de intermediario neutral de la Cruz Roja, estaban preocupados por el hecho de que los suministros previstos para los rehenes fuesen desviados para alimentar y apoyar a los rebeldes que ocupaban el recinto parlamentario. Los rebeldes, por su parte, tenían que confiar en que la Cruz Roja no divulgara información a los militares que pudiera amenazar su propia seguridad. "Los rebeldes sabían que la Cruz Roja tenía que desempeñar algun papel pero no estaban muy seguros de cuál era ese papel. Al principio estaban muy contentos de que hiciéramos cosas que sabían que iban a tener que hacer ellos en algún momento, como proporcionar colchones y toallas", explica Scott.

Sin embargo, estima que recién se hicieron una idea cabal de la función de la Cruz Roja cuando algunos de ellos cayeron enfermos. "Les trajimos medicamentos y, repentinamente, se dieron cuenta que nuestra neutralidad no eran vanas palabras. Comprobaron que estamos dispuestos a ayudar a todo aquel que lo necesitase, sin juzgar." Otra prueba de ello se tuvo después del violento incidente que estalló la séptima semana, cuando la Cruz Roja evacuó a seis rebeldes heridos en un tiroteo con los militares.

¿Qué es la neutralidad?

Otro reto fue ganarse la confianza del pueblo de Fiji. En Suva, la pequeña capital, donde todo el mundo está al corriente de los asuntos de los demás, era difícil que no se pensara que se tomaba partido. En los primeros días de la crisis, los indígenas de la isla aseveraron que la Cruz Roja estaba del lado de los rehenes porque les estaba ayudando. Cuando la Sociedad Nacional se negó a informar sobre el estado de los rehenes a los medios de comunicación por temor de poner en peligro su acceso a ellos, los indios de Fiji la acusaron de ocultar que el primer ministro había sido golpeado. "Rápidamente nos dimos cuenta de que era una gran tarea hacer entender a la gente la neutralidad de la Cruz Roja," afirma Scott.

Fue entonces que el CICR, que había enviado un delegado de Ginebra para ayudar a la Cruz Roja de Fijo, inició y financió un anuncio de 60 segundos en la radio y la televisión. Este anuncio, interpretado por uno de los grupos de rock más famosos de la isla fue difundido por todo el país. Funcionarios del CICR también se entrevistaron con Speight y siguieron ayudando a la Cruz Roja a obtener acceso a todas las personas retenidas por los autores del golpe de Estado. "Al final, la Cruz Roja de Fiji demostró que era totalmente capaz de manejar la crisis", asevera Peter Lutolf, Jefe de Misión del CICR. De ahí que el CICR desempeñara solamente una función consultiva y de apoyo. "Realmente, es un buen ejemplo de Sociedad Nacional. La manera en que trabajan y están organizados es excelente. Lo han hecho todo muy bien," añade Lutolf.

La Federación, cuya Delegación Regional está en Suva, también ayudó de diversas maneras, facilitando colchones y mantas para aumentar las propias reservas de la Cruz Roja de Fiji y dando apoyo administrativo. Además, se vieron los frutos de algunos de sus programas de capacitación, como el taller de comunicaciones organizado para las Sociedades Nacionales del Pacífico gracias al cual, la Cruz Roja de Fiji pudo manejar el gran interés manifestado por los medios de comunicación, principalmente los primeros días de la crisis.

El gobierno de Australia donó 100.000 dólares australianos y el Nueva Zelandia 100.000 dólares neozelandeses para ayudar a la Sociedad Nacional durante la crisis. Las contribuciones fueron muy bien recibidas, ya que la Cruz Roja de Fiji tuvo que anular su llamamiento puerta a puerta del mes de junio y debía sufragar costos crecientes, como el servicio de ambulancias, proporcionar gran parte de la comida y suministros para los rehenes y organizar el asesoramiento en previsión de su liberación.

John Scott, Director General de la Cruz Roja de Fiji, habla de estrategia con Abbas Gullet de la Federación y Peter Lutolf del CICR.

La recompensa suprema

Una de las características más notables del drama de los rehenes fue la manera en que la Cruz Roja de Fiji pudo intervenir y desempeñar una función destacada durante toda la crisis. Con solamente 20 empleados permanentes, una red de secciones reducida al mínimo y una situación financiera tenue, la Cruz Roja de Fiji es uno de los miembros más pequeños del Movimiento. "Jamás pensé que me encontraría en esta situación. En la Cruz Roja de Fiji nos ocupamos de siete programas comunitarios y gozamos de consideración, pero no estaba nada preparado para una situación como esta", comenta Scott.

La verdadera recompensa, después de este período inesperado en primera plana, podría ser un aumento de los miembros y una base financiera más segura. El papel esencial desempeñado durante los acontecimiento mejoró la imagen de la Cruz Roja a un nivel sin precedente en toda la región del Pacífico. Después de su liberación, Marieta Rigamoto, ex Viceministra de Agricultura, Industria Pesquera y Silvicultura, comentó: "Esta ha sido la ocasión en que la imagen pública de la Cruz Roja realmente ha llegado al cielo. Siempre ha ayudado en situaciones de desastre y siempre está presente, pero a raíz de esta crisis, creo que ahora la Cruz Roja es conocida en todos los hogares. Para todos nosotros, cuando estábamos cautivos, era nuestra única esperanza y el único contacto entre nosotros y nuestros seres queridos. Este contacto nos permitía no flaquear y estamos muy agradecidos."

P.S.

Tras la detención de George Speight y de algunos de sus partidarios acusados de traición en agosto, se inició un nuevo capítulo de este drama. Fiel al principio de neutralidad, el CICR solicitó y obtuvo el acceso periódico a los detenidos para verificar su bienestar, prestarles asistencia y ofrecerles la oportunidad de comunicar con sus familias, al igual que se había hecho con los rehenes que estaban en manos de la misma gente pocas semanas antes.

 

Andrew Macalister
Delegado de información de la Cruz Roja de Nueva Zelandia



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