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La plenitud de la vida
Jeremy Seabrook
La plenitud de la vida Tanto en sus políticas como en sus programas, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja ha incluido a los ancianos en los grupos vulnerables. Ahora bien, el aumento sin precedentes del número de ancianos, crea un orden diferente de personas vulnerables. Los cambios demográficos a lo largo de la próxima generación podrían ser muy negativos, pero si se gestionan con imaginación, podrían valorizar y enriquecer a las sociedades. Las concepciones influyentes de nuestros mayores y su contribución al mundo ofrecen nuevas posibilidades al Movimiento.

Erase un vez, un anciano que vivía con su hijo, su nuera y su nieto. A la pareja le resultaba una carga pues no quería a un anciano físicamente discapacitado en su hogar. Entonces, decidieron acabar con el problema: El hijo puso al padre inválido en un cesto con la intención de llevarlo a la jungla y abandonarlo. El nieto, viendo lo que ocurría, dijo: "Papá, no te olvides del cesto." ¿Por qué?, preguntó el padre y el hijo respondió "porque me hará falta cuando usted sea viejo?". (Cuento bengalí).

En una ciudad industrial del norte de Inglaterra, un anciano era una carga para su familia. Al no poder sustentarlo, su hijo decidió llevarlo al asilo de pobres. El padre no podía caminar y el hijo lo cargó sobre sus espaldas. Cuando iban subiendo la colina, camino al asilo, el hijo se apoyó en un muro para recobrar fuerzas, y el padre dijo: "Caramba, este es el mismo lugar donde me reposé cuando hace 40 años llevé a mi propio padre al asilo." El hijo dio media vuelta y volvió a la casa. (Folclore laboral, Gran Bretaña, siglo XIX).

El dolor y los problemas de los ancianos muestran una congruencia sorprendente a través del tiempo y de las culturas.

En el mundo, cada mes, 1.000.000 de personas cumple 60 años. En 2010 una persona de cada diez de la población mundial tendrá más de 60 años; en 2025 será una de cada cinco, y en 2050 la proporción de mayores de 60 años será superior a la de menores de 15. Casi 60% de las personas mayores vive en el mundo en desarrollo, en 2020 serán 70%. Las mujeres representan 55% de las personas mayores y 65% de las personas de más de 80 años. Huelga decir que las cifras previstas pueden cuestionarse pero, de todos modos, la ten-dencia es clara. En la segunda mitad del siglo XX, la esperanza de vida a escala mundial aumentó de 20 años en término promedio.

Paralelamente, los índices de natalidad bajan lo que en muchos países obedece a esfuerzos anteriores para disminuir el crecimiento demográfico. En otros casos, se aplaza el momento de fundar familia, en parte porque en el mundo rico "los hijos cuestan caro", y en parte porque los jóvenes quieren hacer carrera y pasarlo bien antes de asumir responsabilidades familiares. El consumismo y el individualismo también contribuyen a ello.

La incidencia de las estadísticas recién está comenzando a captarse, lo que ha atizado el debate en gobiernos, organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales (ONG) sobre la manera de abordar este problema potencialmente explosivo. Alvaro Bermejo, Jefe del Departamento de Salud de la Federación Internacional, dice que el Movimiento y el mundo humanitario en general "no son muy buenos en planificar a largo plazo. Respondemos a la crisis, al conflicto y al desastre inmediatos pero anticipar desastres y posibilidades nos resulta más difícil."



El desarrollo económico, la mundialización y, en algunos casos, los conflictos armados, están socavando los lazos familiares tan preciados en la vejez.
Gran recurso

Hasta hace poco, la preocupación de los organismos internacionales giraba en torno de los niños pobres, traumatizados por guerras y conflictos armados, víctimas de la trata de niños, la esclavitud o el trabajo. Ahora, el centro de atención se está desplazando de los niños "en demasía" a los ancianos "en demasía". La única constante es que se considera a uno u otro grupo de gente como un problema, olvidando que jóvenes o viejos, todos somos un recurso potencial.

Los ancianos que gozan de salud y vigor representan una reserva de experiencia y de energía que puede utilizarse en beneficio de la sociedad. Se trata de una verdad que el mundo desarrollado vuelve a descubrir. La época en que los mayores de 60 años debían pasar a formar parte de la clases pasivas ha terminado. En cierta medida, el Movimiento ya ha utilizado esta reserva, confiando en los buenos servicios de un importante número de voluntarios jubilados.

Sin embargo, a medida que un número mayor de mujeres hace carrera, los jóvenes abuelos se dedican a cuidar a los nietos lo que tal vez suponga un peligro para la corriente futura de voluntarios. Álvaro Bermejo, dice que, a los donantes de sangre que son muy solidarios, que se preocupan mucho por los demás y que a los 65 años reciben una carta comunicándoles que ya no se requiere su sangre, se les podría confiar otra función de salud, como por ejemplo ocuparse de los ancianos vulnerables.

El reverso de la medalla

Ver el lado positivo de las capacidades de los ancianos no es negar los problemas que surgen cuando las personas muy mayores y dependientes representan una proporción creciente de la población de cualquier sociedad. Por ejemplo, los gobiernos de Asia Meridional consideran que el apoyo familiar supone un alivio en lo que respecta a la prestación de servicios de bienestar social.

Estos sistemas de seguridad tradicionales sufren las graves tensiones que conlleva el proceso de desarrollo y aunque los organismos internacionales no cesan de subrayar la necesidad de conservarlos y apoyarlos, los imperativos económicos tienden a socavarlos.

La emigración y los desplazamientos de población alteran el equilibrio demográfico de comunidades de todas partes del mundo: quienes pueden trabajar se van de los pueblos dejando solamente a los viejos y a los muy jóvenes, que dependen de las remesas. La mayoría de los ancianos del mundo vive en el campo, pero en América Latina muchos han envejecido en barrios y favelas de las ciudades. La mundialización genera mucha tensión en el tejido social. Cuando los gobiernos son incapaces de prestar seguridad social y las redes familiares se han estirado al máximo, ¿cómo colmar la brecha?

Las ONG intervienen de una manera u otra, y el aporte de las obras religiosas no es desdeñable. La Cruz Roja y la Media Luna Roja tienen un gran potencial para abordar los resultados de esta evolución. En los suburbios de Jartún, la Media Luna Roja Sudanesa, con HelpAge International, no sólo ofrece cuidado a los mayores, muchos de ellos desplazados por la edad, la hambruna y la pobreza, también tiene un programa de préstamos y de microcrédito para que los ancianos puedan crear negocios, ganar ingresos, y recobrar la confianza en sí mismos y su condición en la comunidad.

Numerosas Sociedades Nacionales de los países en desarrollo consideran que los mayores merecen que nos ocupemos de ellos. España fue pionera en el uso de sistemas de alarma que permiten que los ancianos permanezcan en su hogar y la Cruz Roja Estadounidense forma a 10.000 personas por año en el ámbito de su programa en atención de enfermería que tiene particularmente en cuenta las necesidades vitales de los ancianos.

No obstante, Álvaro Bermejo critica esa "prestación de servicios" a la que se han limitado muchas Sociedades Nacionales. "Los propios beneficiarios deben participar más y nosotros deberíamos apoyar una demanda basada en derechos. ¿Vamos en ese sentido? ¿O, sencillamente estamos compitiendo con otros proveedores de servicios como las ONG, los gobiernos o el sector privado? Los ancianos no deben ser solamente la meta de nuestras intervenciones; deben estar en el centro de lo que hacemos y cómo lo hacemos."



Porcentaje de la población mundial mayor de 60 años y menor de 15.

 

Número de mayores de 60 años.

El caso de las mujeres

Algo común a países ricos y pobres es la mayor longevidad de las mujeres. En los Estados, Unidos uno de cada tres hogares está compuesto de una persona sola, y en muchos casos se trata de ancianas.

En los países en desarrollo, cada vez más personas en edad de jubilarse cuidan de su cónyuge o de sus propios padres muy mayores. Una mujer de más de 70 años de una ciudad inglesa dice: "Cuidé a mi madre hasta que murió a los 93 años. Entonces tenía 70 años. Padecía del corazón y de incontinencia. A menudo, tenía el sueño agitado. Durante los 10 últimos años de su vida no pude dormir una noche entera. Siempre estaba pendiente de ella. Incluso ahora, que ya hace seis años que murió, me despierto temblando, creyendo oírla."

Es imposible exagerar el valor de quienes se ocupan de ancianos sin recibir ayuda alguna. Sin embargo, a menudo pasa desapercibido como también es el caso de quienes luchan con la demencia, la enfermedad de Alzheimer, la incontinencia y la necesidad de cuidados constantes. Es fácil no ver la contribución no retribuida de nuestros mayores, especialmente en el caso de las mujeres, o considerarla natural como una prolongación de los deberes "normales" de la mujer.

Tal como ha demostrado la Cruz Roja en muchos países europeos, en cierta medida el problema del aislamiento de los ancianos se remedia con programas de visitas a domicilio que comprenden las necesidades psicológicas y emocionales, al igual que los aspectos prácticos del cuidado físico. Ello es aún más urgente en lugares donde los conflictos, las catástrofes y la violencia social y étnica han dejado sin apoyo a algunos de los más vulnerables, y en aquellas sociedades que discriminan a las mujeres.

Tal vez porque no tiene más remedio, o tal vez porque no quiere escapar de la devastación del conflicto, esta anciana chechena rescata de las ruinas de Grozny los tesoros de su pasado.

 

Imperativos económicos

En Asia, África y América Latina la supervivencia de los ancianos depende del empleo. Actualmente, una mayoría de los 400 millones de mayores de Asia y África -campesinos, jornaleros, conductores de rickshaw- trabajan hasta que mueren. Han sido pobres toda su vida y su trabajo ha sido agotador y excesivo.

En los países ricos, los problemas ya han aparecido con claridad meridiana. Los sistemas de seguridad social no pueden sostener al número creciente de beneficiarios apoyados por una proporción cada vez menor de contribuyentes. Entre 2000 y 2050, la proporción de ancianos respecto a la población activa aumentará a más del doble.

En occidente, una manera de abordar la proporción de ancianos dependientes es la reinserción de los "más jóvenes" (grupo de 55 a 70 años) en la economía. Es un asunto delicado, ya que la experiencia reciente ha sido todo lo contrario: exclusión y jubilación anticipada de los mayores. La forma de invertir esta tendencia requiere más atención de la que se la ha prestado hasta ahora. En cualquier caso, a raíz de la rapidez del cambio tecnológico muchas competencias se han vuelto obsoletas y se han devaluado los conocimientos de la generación mayor.

Ali Taqi, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se ocupa del empleo de ancianos en los países desarrollados. "Los sistemas de seguridad social, en particular las pensiones, no pueden sostener a todos aquellos que los necesitan. Es vital prolongar la vida activa, sobre todo porque algunos sectores registran una escasez grave de mano de obra. Por otra parte, muchos consideran la jubilación la recompensa justa por el trabajo de toda una vida."

 

La experiencia finlandesa

Hace largo tiempo que la Cruz Roja Finlandesa lleva a cabo programas para ancianos. Después de la Segunda Guerra Mundial, la Sociedad Nacional no sólo se dedicó a la reconstrucción sino también a las personas mayores desplazadas de la zona anexada por la Unión Soviética. Durante el decenio de 1950, se creó un sistema de visitas a domicilio a los ancianos vulnerables, recurriendo a voluntarios que establecán lazos de amistad con ellos, les ayudaban a hacer las compras y la comida, y los acompañaban al hospital. Este programa se amplió y la Cruz Roja ofreció formación y salarios a los asistentes a domicilio. Este servicio cesó a finales del decenio de 1960, ya que a medida que Finlandia iba siendo más rica, el gobierno amplió su condición de Estado providencia, estimando que las ONG no debían encargarse de facilitar tales servicios. La intervención de la Cruz Roja se redujo a visitas a domicilio amistosas a los ancianos. La recesión de principios del decenio 1990 llevó a reducir el gasto público, y la Cruz Roja volvió a entrar en la brecha. La labor aumentó, completando imaginativamente el cuidado en la comunidad que el gobierno ya no podía ofrecer. El sistema se ha basado en una red de unos 10.000 voluntarios, la mayoría mujeres maduras, y en los últimos años ha sido subvencionado por fondos de la lotería nacional.

Sin embargo, como gran parte de la generación mayor de Finlandia ya no es pobre y puede permitirse pagar la atención, la empresa privada puede proporcionar estos servicios, cada vez más profesionalizados. Las autoridades locales seguirán siendo responsables del cuidado, pero se lo procurarán en otras fuentes: el sector privado y las ONG. La Cruz Roja Finlandesa ha respondido a la nueva situación creando un plan de prestación de servicios en el que los voluntarios estarán respaldados por profesionales. Dado que más de 15% de la población tiene más de 60 años, la demanda aumenta y el nivel de prestación sigue siendo inferior al de la época anterior a la recesión. Además, la Cruz Roja controlará cuidadosamente la calidad de los servicios.

Indudablemente, los voluntarios son un recurso que sirve de inspiración. En Esboo, cerca de Helsinki, hay un centro comunitario que dirige un bibliotecario jubilado; se trata de un centro de actividades para personas mayores y representa una base a partir de la cual los voluntarios visitan a los más necesitados; organizan visitas al hospital; prestan apoyo psicológico a quienes están de luto y aislados, y tratan de motivar a los desvalidos. La repercusión de los servicios profesionalizados en los voluntarios aún está por ver. Si representa un compromiso de principios básicos o una respuesta de la Cruz Roja frente a un entorno cambiante es un debate que se entablará en el Movimiento en los años venideros.

¿Nueva función para el Movimiento?

El cuadro de una esperanza de vida en aumento no es el mismo en todo el mundo. En las "economías de transición" de Europa Oriental, donde los sistemas de protección social se han venido abajo, muchos ancianos han sido víctima del cambio brusco a la economía del mercado. En la Federación de Rusia la esperanza de vida pasó de 65 a 58 años entre 1987 y 1994 a causa de la desaparición de los sistemas estatales, del abuso de alcohol y drogas, y de la creciente pauperización. Esta es tan solo una versión agravada de la erosión más lenta de los sistemas de protección social en las ricas economías de mercado pero en ambos casos, hay una brecha creciente que sólo las ONG y las organizaciones voluntarias y caritativas puede colmar parcialmente.

En Azerbaiyán, 30.000 ancianos que viven solos han recibido apoyo de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja; en la República Checa se han formado 7.000 enfermeras a domicilio; en Croacia, la Cruz Roja prestó socorros y apoyo médico y psicológico a 10.000 personas mayores, que quedaron aisladas, víctimas del conflicto. De hecho, en muchas otras partes de Europa Oriental y de la ex URSS, la Federación, el CICR y Sociedades Nacionales han llevado a cabo programas de asistencia para ayudar a ancianos y desvalidos a sobrevivir a inviernos crudos, proporcionándoles comida, ropa de abrigo, calzado, mantas, colchones, velas y medicamentos. Para muchos de los beneficiarios que no cuentan con ningún otro medio de sostén, estos productos básicos les salvaron la vida.

Esta situación plantea un grave dilema al Movimiento, ya que como los gobiernos privatizan y se retiran de los servicios de seguridad social de prestación universal, cabe preguntarse si corresponde que la Cruz Roja y la Media Luna Roja colmen la brecha creada por exponer a las poblaciones vulnerables a los rigores del mercado.

En zonas del Africa subsahariana, la esperanza de vida ha disminuido de casi 20 años a causa del sida. En 1999, 13.200.000 niños perdieron a sus padres debido a esta enfermedad y en 10 países la esperanza de vida de las mujeres ha bajado a 46,3 y la de los hombre a 44,8. En Côte d'Ivoire, Kenya, Malawi y Uganda, los abuelos se ocupan de los nietos huérfanos. Cuando esperaban que sus propios hijos se hiciesen cargo de ellos, tienen que seguir trabajando en el campo y criar a otra generación. Bekele Geleta, Jefe del Departamento de Africa de la Federación, opina que la capacidad de los mayores de hacer frente a la enormidad del sida no debe sobrevalorarse. "Hablar de sexualidad ha sido tabú en numerosas sociedades. La sabiduría de los mayores no tiene pertinencia alguna en esta situación. Esperar que una abuela sin trabajo se haga cargo de 12 nietos es demasiado para cualquiera."

Afirmación de que se sigue siendo útil o dura realidad, para muchos habitantes de los países en desarrollo seguir ejerciendo una actividad económica en la vejez avanzada es una necesidad.

 

Los ancianos en crisis

En emergencias, guerras o catástrofes naturales, el sufrimiento de los ancianos es mucho mayor. Aquellos con menos movilidad ni siquiera pueden trasladarse para ser refugiados. Abandonados en las zonas de conflicto, se exponen a bombardeos, como sucedió en Kosovo, y acoso vengativo. Las imágenes de ancianas chechenas que salían de los fríos sótanos para tratar de encontrar algunas provisiones básicas entre las ruinas, son un símbolo perdurable del sufrimiento de los mayores. Al igual que en los conflictos, en las catástrofes "naturales" como el huracán Mitch y el ciclón de Orissa en 1999, por citar dos ejemplos, a menudo la vida y la muerte de los inválidos depende de la suerte.

La Cruz Roja y la Media Luna Roja, una de las pocas organizaciones que se quedan en los lugares peligrosos cuando otros se han ido, siempre ha desempeñado una función excepcional. Jennifer Inger ha trabajado con la Federación en Bosnia y Herzegovina, donde el programa de visitas a domicilio ha salvado literalmente la vida a 15.000 ancianos de todo el país. "Aquí, la situación de los ancianos vulnerables es peor que durante el conflicto. No hay un apoyo comunitario normal, los familiares han muerto o han huido y el gobierno no puede prestar siquiera los servicios más elementales. La Cruz Roja es el proveedor no gubernamental más grande de servicios sociales del país", explica. Mediante actividades multiculturales, los ancianos se han convertido en verdaderos agentes de reconciliación entre las comunidades serbia, croata y musulmana.

Al parecer, toda la retórica de "confiar" una actividad a los ancianos y de integrarlos en la sociedad sigue siendo teoría hasta que circunstancias materiales brutales requieren sus facultades hasta entonces desechadas. De ser así, se trata de una perspectiva aleccionadora para los países industrializados que se preguntan qué hacer con sus mayores. ¿Se les podría asignar alguna función sin que hubiera una gran catástrofe?

Mayor y más sabio

Muchas sociedades donde los mayores conservan poder son pobres yconservadoras. En Somalia han sido uno de los pocos garantes de urbanidad en un país donde diversos clanes se disputaban a tiros la autoridad central. Recientemente, el restablecimiento de la asamblea tradicional que eligió al presidente fue iniciado por los mayores con el apoyo de la sociedad civil. Thomas Merjelbach, funcionario del CICR en el Cuerno de África, afirma que tienen un poder moral superior al de los dirigentes políticos y militares. "Este año, la ciudad de Belet Huen, donde la tensión había sido contenida por un anciano muy respetado, pasó a ser un lugar conflictivo porque murió y no había nadie para reemplazarlo. Ahora el municipio está dividido."

Josephine Shields, del Departamento de Preparación en Previsión de Desastres, de la Federación, declara que "en el Caribe, los ancianos gozan de gran estima, y en todos los programas de la Cruz Roja se les tiene muy en cuenta, siempre hay un componente para la protección de los ancianos." En las pequeñas sociedades del Caribe existe una convergencia cooperativa y gobiernos, ONG, iglesias, familias, vecinos y Cruz Roja desempeñan cada cual su función.

"También respetamos a los mayores porque cuando nos preparamos para catástrofes, recurrimos a su experiencia. Ellos se acuerdan de los niveles que pueden alcanzar los ríos, de los signos, de la extensión de los daños que puede preverse."

La experiencia de las sociedades ricas a menudo ha sido lo contrario. AGE CONCERN del Reino Unido llamó la atención acerca del número creciente de agresiones de jóvenes contra ancianos. Lejos de considerarlos depositarios de un valioso saber, se ve en los ancianos a competidores respecto a los escasos recursos disponibles. Ello también afecta a sectores de la clase media del Sur. El director de Age Care en Nueva Delhi explica: "A muchos jóvenes les molesta que los abuelos compartan el hogar familiar. Cuando hay una fiesta, los mayores no cenan, se les exige que se alejen de la fiesta. Ocupan habitaciones que los nietos quisieran para sus juegos de vídeo, televisores y juguetes.

" Por otra parte, en muchas sociedades el "desarrollo" y la "modernización" han socavado la autoridad de los mayores y los sistemas de conocimiento de larga data se han deteriorado o se han ido abandonando paulatinamente. Huelga decir que existen otros factores. La esperanza de vida más larga también ha perjudicado el respeto que se tenía antes a aquellos pocos que alcanzaban una edad venerable. La venerabilidad es consecuencia de la escasez, por lo que en un mundo que envejece declina a ojos vista.

Esta voluntaria de la Media Luna Roja Egipcia personifica la dedicación y la experiencia de los mayores que representan una valiosa fuente para el Movimiento.

La ventaja de la previsión

La creciente proporción de ancianos, por la escala y magnitud de la cuestión, ofrece a la Cruz Roja y la Media Luna Roja campo para nuevas intervenciones, pero también plantea nuevos interrogantes. ¿Cuál debería ser la respuesta del Movimiento a un sector privado en medida de responder a las necesidades de los ancianos acomodados de los países desarrollados sobre una base lucrativa? ¿Deberían las Sociedades Nacionales asumir la función abandonada por los gobiernos que no pueden o no quieren financiar una atención adecuada para los más vulnerables? ¿Qué tipo de actividades económicas pueden idearse para los ancianos de los países en desarrollo que les permitan aportar al ingreso familiar? ¿Debería el Movimiento ir más allá de la prestación de servicios y motivar a sus miembros en el interés de un método basado en los derechos de los ancianos? ¿Cómo renovar las fuentes de voluntarios, habida cuenta de la cantidad de tiempo que han dedicado esas mujeres maduras que siempre han tenido un papel protagónico en los programas sociales? ¿Cómo utilizar la reserva de talento y energía sin aprovechar de los mayores más jóvenes para la labor que hay que hacer?

Estas preguntas, en un mundo de movilidad creciente donde las redes familiares se deshilachan y las desigualdades entre ricos y pobres siguen aumentando, no son académicas. No cabe duda de que el Movimiento responderá a ellas según las prioridades del momento. El envejecimiento de la población no es un desastre, pero sin la visión y energía necesarias para transformar la sabiduría que otorga el paso del tiempo en una ventaja para la humanidad, bien podría llegar a ser un desastre por sigilo y omisión.

Jeremy Seabrook
Periodista independiente residente en Londres, Reino Unido.



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