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El largo camino
de regreso

Andrei Neacsu

Descifrar signos: Para Djordje, encontrar rastros de agua en el viejo aljibe es buen presagio de su retorno.

A medida que las azotadas repúblicas de ex Yugoslavia vuelven a la normalidad, algunas víctimasolvidadas luchan por reconstruir su vida.

"¡Tiene dos horas para dejar Croacia! La orden me la dieron dos de mis vecinos con flamantes uniformes militares", cuenta Djordje recordando el momento en que comenzó su exilio hace cinco años. El pasado mes de septiembre pudo volver unos días a Croacia. No está amargado ni siente rabia contra nadie. "Era la guerra. Ahora hay paz y sólo quiero comprobar si se puede volver sin peligro verdaderamente", añade.

Camina por las ruinas de su casa en medio de la hierba que le llega a la cintura, y como ajeno al peligro de las minas terrestres. Todo está desierto. Sin embargo hay indicios alentadores: al parecer, el manantial no se ha secado porque hay un poco de agua en el fondo del pozo, y los manzanos plantados por sus abuelos siguen dando frutos.

Al igual que muchas otras, la casa de Djordje, fue incendiada durante la "operación tormenta", ofensiva del ejército croata en la región de Gospic en 1995 y centenares de miles de residentes serbios tuvieron que exilarse, consigo las pertenencias personales que pudieron apilar en coches, tractores y carretas. Djordje, su esposa y sus dos hijitas formaban parte de ellos.

Asistencia para salvar vidas

En Serbia, donde se refugiaron, este maestro de 50 años y su familia sobrevivieron gracias a la asistencia humanitaria canalizada por la Cruz Roja Yugoslava. Del millón de beneficiarios de la Sociedad Nacional, 237.000 refugiados serbios de Croacia y Bosnia y Herzegovina recibieron raciones mensuales de alimentos, artículos de higiene y tocador, y medicamentos básicos. Aunque la asistencia era suficiente para el sustento, les resultó difícil integrarse o ser aceptados en la comunidad.

Esta dura experiencia no ha recibido demasiada atención de los medios de comunicación. Una encuesta independiente, comisionada por la Federación, el CICR y la Cruz Roja Yugoslava a principios de 2000 demostró que la mayoría de los 700.000 desplazados y refugiados en la República Federal de Yugoslavia -el mayor número de todo Europa- viven en condiciones infrahumanas, hacinados en alojamientos inadecuados, y víctimas del desempleo y una pobreza atroz. La finalidad de este estudio era permitir que las organizaciones humanitarias canalizaran y coordinaran mejor la asistencia para estas personas que forman parte de los grupos más vulnerables del mundo.

Entretanto, unos 10.000 serbios permanecían en lugares remotos de Croacia. Para prestarles ayuda el CICR inició la "operación salvar vidas", que luego fue confiada a la Cruz Roja Croata. Catorce brigadas móviles iban periódicamente a aldeas y pueblos del norte de Dalmacia, Lika, Banovina y Kordun para distribuir alimentos, ropa, leña, medicamentos y productos sanitarios a ancianos discapacitados y aislados. También ayudaban a quienes se habían quedado solos a conseguir los documentos legales necesarios y especialistas de la Cruz Roja les brindaban el apoyo psicosocial que tanto les hacía falta.

Voto de confianza

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), desde 1998 hasta ahora, unos 24.000 refugiados en Yugoslavia han vuelto a Croacia. Los suegros de Djordje fueron de los primeros, junto con otras 20 parejas de ancianos de Mogoric. Lo que cuenten de su experiencia determinará la decisión de Djordje respecto a su regreso. A pesar de que la linea diaria de autobuses a Gospic, ciudad a unos 30 kilómetros de distancia, aún no haya sido restablecida y que la escuela y muchas casas hayan quedado totalmente destruidas, la vida en este pequeño pueblo serbio sigue adelante casi como antes de la guerra: la gente trabaja en el campo, alimenta el ganado, ordeña las vacas.

Los habitantes de la región de Dvor también están volviendo. En el pueblo de Zakopek, Nenad, de 36 años,reconstruye su casa utilizando material proporcionado por una ONG internacional. Volvió con sus padres de la región de Banja Luka, donde llevaba cinco años viviendo en una casa abandonada. "Hace seis meses, una familia bosnia (musulmana) se puso en contacto con nosotros para decirnos que querían recuperar su casa. Para nosotros fue un momento decisivo. Pensamos que también había llegado la hora de volver a nuestra casa en Croacia", comenta Nenad.

El ACNUR organizó una visita "para ir a ver" y charlas con la gente de la comunidad, lo que ayudó a tranquilizar a estos y a otros 4.000 refugiados serbios en cuanto a que no había peligro en volver. Más de 300 de ellos son beneficiarios de la Cruz Roja Croata desde que llegaron y la Sociedad Nacional les proporcionó hornillos, camas y colchones. Después, las brigadas móviles de la Cruz Roja distribuyeron paquetes de alimentos a las familias que habían regresado, les ayudaron en las reparaciones elementales de las casas y les brindaron asesoramiento psicológico. Cuando es necesario, organizan un servicio de transporte para que quienes viven en zonas alejadas puedan ir a las ciudades a pasar exámenes médicos o a resolver asuntos administrativos.

Por ley, Nenad y sus padres tienen derecho a beneficiar de la condición de repatriado durante seis meses, período en el que reciben asistencia del Estado y ayuda para resolver su situación administrativa. Una vez terminado este período, se espera que se hayan reintegrado a la sociedad.

Tanto los refugiados serbios que partieron de Croacia como quienes se quedaron solos benefician de la asistencia periódica de la Cruz Roja.

 

Legado de un conflicto

La realidad ha sido más difícil. En Dvor, sólo 200 de los 8.000 habitantes tienen empleo. Más de la mitad trabaja para las autoridades locales y el resto en una pequeña carpintería o en una granja avícola. No se espera que haya muchas inversiones en esta región esencialmente agrícola, donde la amenaza de las minas terrestres es real.

"Unos 4,500 km2 están minados y en los seis primeros meses de este año, la remoción ha permitido limpiar tan solo 24 km2. A este ritmo, llevará 30 años limpiar toda la zona", dice Nela Sefic del CICR.

Las minas ya han dejado inválidas a 1.517 personas en Croacia y los adultos son quienes más peligro corren. Para prevenir más accidentes, el CICR y la Cruz Roja Croata han organizado un programa de sensibilización basado en la comunidad que se promueve a escala nacional contando con la participación de personas famosas en actos de la Cruz Roja. La televisión croata, por su parte, difunde gratuitamente los anuncios de este programa.

Las necesidades de la gente más vulnerable superan con mucho la capacidad de la Sociedad Nacional. "Sólo disponemos de alimentos para ayudar a 6.000 de las 67.000 personas que estimamos podrían necesitar ayuda", dice Vera Golubovic, encargada de asistencia humanitaria. "Un ratón podría morir de inanición en algunos de nuestros almacenes.

" La inquietud de Vera no se limita a eso: "Si queremos que la gente vuelva a tener confianza, también tenemos que dar asistencia a aquellos croatas que son tanto o más vulnerables."

La decisión definitiva

"El hecho de que la gente atraviese la frontera entre dos países otrora enemigos es signo de que se vuelve a la normalidad. Cuando mejore la situación económica general, decidirán si van a afincarse definitivamente de uno u otro lado", dice Bogdan Dumitru, Coordinador del Programa de la Federación en Yugoslavia. Esta última acaba de hacer un llamamiento para apoyar los programas de repatriación e integración de las Sociedades Nacionales de Bosnia y Herzegovina, Croacia y República Federal de Yugoslavia.

Tras pasar una semana en Croacia, Djordje volvió a Belgrado, al callejón sin salida del suburbio, a la choza de madera de 30 metros cuadrados con un corredor estrecho y oscuro, y húmedo piso de cemento que cubre una delgada alfombra. Volvió junto a su mujer y sus hijas. Puso la bolsa de manzanas de la casa de Croacia sobre la mesa y dijo: "Creo que también para nosotros ha llegado la hora de volver al casa."

Andrei Neacsu
Delegado de información de la Federación en Belgrado.



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