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Simientes de esperanza en Chiapas
Martin Bissig y Thierry Meyrat
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La buena nutrición es una de las
claves para mejorar la salud pública en Chiapas.
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Muchos dependen de la ayuda humanitaria en Chiapas, a raíz
de las tensiones políticas, el aislamiento geográfico
y el desplazamiento forzado que han afectado particularmente
los recursos agrarios. De ahí que en estos tres últimos
años, el CICR haya estado trabajando con comunidades
locales en programas destinados a lograr la autosuficiencia. |
| Una simiente
ha caído en terreno fértil en momentos en que
en el frente político tal vez se divise una solución
que permita el retorno de la paz ansiada en Chiapas.
La paz ha tardado mucho en llegar. Después del levantamiento
del Ejército Zapatista de Liberación Nacional
(EZLN), en enero de 1994, en el Estado de Chiapas (México)
y a pesar de decretarse el alto el fuego, en muchas regiones
la situación seguía siendo inestable. La división
de la sociedad en grupos antagonistas, la disponibilidad de
armas ligeras y el fracaso del diálogo entre el gobierno
y el EZLN sustentaron un clima de tensiones y violencia que
culminó el 22 de diciembre de 1997, con la masacre
de 45 civiles, en su mayoría mujeres y niños,
en el pueblo de Acteal (Municipio de Chenalhó).
En otras zonas de Chiapas, docenas de comunidades han quedado
aisladas por el conflicto y miles de personas no tienen acceso
a los servicios de salud y otros servicios vitales. Desde
1994 el CICR y la Cruz Roja Mexicana han mantenido dos dispensarios
en la zona para atender urgencias médicas y llevar
a cabo programas de atención primaria de salud como
por ejemplo la vacunación.
El desplazamiento de unas 6.000 personas entre fines de
1997 y principios de 1998, incitó al CICR a iniciar
un programa de distribución de alimentos en el Municipio
de Chenalhó, en cooperación con las Sociedades
Nacionales de México, España y Alemania. El
objetivo era subvenir a las necesidades de los desplazados
y de otras 4.000 personas que viven en condiciones peligrosas.
Este programa sigue siendo esencial dado que la situación
actual aún no les permite volver a su hogar y sus tierras.
Ahora bien, es indispensable que desplazados y damnificados
no dependan exclusivamente de la ayuda exterior para mantener
cierto grado de independencia económica o diversificar
su nutrición. En una región donde la mayoría
de los habitantes son agricultores, la agricultura es la mejor
respuesta y se han ideado programas de formación para
hacer frente a la nueva situación.
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Seguridad alimentaria
En el ámbito de los programas de formación
agrícola, las comunidades desplazadas eligen a representantes,
que llaman promotores, cuyo deber consiste en compartir con
sus comunidades la información recabada en el curso
de formación. En la región de Los Altos, donde
vive la mayoría de los desplazados, 29 grupos de agricultores
han nombrado cada uno un promotor que asiste al curso de formación.
El primer paso fue organizar huertos familiares basados
en la comunidad. Los promotores recibieron herramientas, simientes
y material para construir cercos. Hasta la fecha, unos 40
huertos de este tipo abastecen de hortalizas a los desplazados.
Junto con la distribución de semillas, se introdujeron
nuevos cultivos, tales como soja, papas y maníes.
Los cursos versan sobre el uso de abono verde; recuperación
de desechos naturales; lucha biológica contra parásitos
y recolección de simientes. Personal de la Cruz Roja
visita periódicamente a los grupos de campesinos para
darles asesoramiento técnico suplementario. Actualmente,
hay unas 30 hectáreas cultivadas sobre la base de métodos
ecológicos sanos, utilizando el sistema de terrazas
y abono verde.
Se organizaron parcelas experimentales en terrazas para
luchar contra la erosión creciente y alentar a los
campesinos a abandonar su sistema tradicional de tala y quema.
Alrededor de las terrazas se plantaron arbustos leguminosos
para estabilizar y fertilizar el terreno. Para facilitar este
proceso, se cultivó el Cajanus Cajan, planta de usos
múltiples y de crecimiento rápido. Esta planta
es comestible (guandules), pero también puede servir
de leña, lo que contribuye a satisfacer una necesidad
apremiante ya que bosques enteros han sido devastados durante
años por la tala generalizada para uso doméstico.
La mayor seguridad alimentaria no significa únicamente
que haya que mejorar la producción, también
conlleva la reducción de las pérdidas después
de las cosechas, causadas por roedores, insectos y hongos.
Encuestas llevadadas a cabo en Chiapas han mostrado que entre
15 y 25% de las cosechas de maíz y hasta 50% de las
de frijoles, se pierden durante el almacenamiento.
Se inició un programa de formación para mejorar
los métodos de almacenamiento que se ha centrado en
tres líneas de acción, a saber: protección
de los almacenes contra roedores e insectos utilizando plantas
locales y ceniza como repelentes; construcción de almacenes
perfeccionados para los cuales, los campesinos podían
poner la madera y el CICR el techo de zinc, e introducción
de silos metálicos.
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Los vehículos con suministros médicos
de socorro se abren camino a través de este puesto
de control, camino a San Miguel Chiapas.
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Hacia la atención primaria de salud
Los promotores que asisten a los cursos de atención
primaria de salud impartidos por el CICR en la región
de Las Cañadas -donde se tratan temas como la diarrea,
la nutrición, el embarazo y el parto, las vacunas y
los primeros auxilios- también reciben formación
en técnicas de saneamiento y agricultura, si la solicitan.
Se pide a los participantes que identifiquen los problemas
de salud que tienen que resolver y que imaginen soluciones.
Una vez preparado el plan y aceptado por la comunidad, el
CICR proporciona el material y los conocimientos necesarios.
Este método ha resultado ser muy eficaz, ya que los
problemas de la comunidad se abordan de manera inclusiva y
con la participación y el apoyo de todos los interesados.
Invitar a los beneficiarios a participar en la definición
y, siempre que sea posible, en la realización de un
proyecto humanitario es la mejor manera de garantizar que
dé resultado. La experiencia demuestra que combinar
formación y práctica, proporcionando seguimiento
y apoyo, y optar por tecnologías económicamente
accesibles contribuyen a garantizar que las comunidades acepten
el proyecto y lo hagan suyo.
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En México, el CICR se concentra en socorrer a residentes
y desplazados afectados por la situación en Chiapas.
También trabaja con personas privadas de libertad.
Lleva a cabo actividades de difusión para miembros
del cuerpo y las academias de policía.
La Cruz Roja Mexicana coopera en la distribución de
alimentos y en los programas de atención médica
y asistencia técnica.
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Martin Bissig y Thierry Meyrat
Martin Bissig es agrónomo del CICR en México
y Thierry Meyrat, Jefe de la Delegación del CICR en
México.
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