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En la segunda mitad del siglo XX, la
filosofía de los fotógrafos pioneros de ese
otro enfoque caló hondo en la nueva generación
de reporteros gráficos como James Nachtwey, Philip
Jones Griffiths, Marc Riboud, Don McCullin, Josef Kudelka,
Raymond Depardon y muchos más.
Todos ellos se dedicaron a recabar
pruebas de la falta de humanidad del ser humano con la esperanza
de que su testimonio contribuyera a sensibilizar al mundo
y ayudara a prevenir ulteriores desastres.
La verdad que inspira el quehacer
de estos fotógrafos reside en que el propio ser humano
es causa de la agonía y la desdicha que acosa a la
mayoría de los pueblos del mundo.
Estos profesionales utilizan su arte
como un medio poderoso que les acerca al núcleo de
la experiencia humana, de la verdadera realidad que luego
comparten, manteniendo intactas las fuentes de su propia imaginación
creativa a pesar del deterioro causado por la contienda constante
con una máquina de comunicación vasta e impersonal.
Si las imágenes, en su mejor
y apasionante verdad, por sí solas no pueden ser fermento
de cambio, al menos pueden ser espejo fiel de las acciones
de los seres humanos, afilando la sensibilidad humana y despertando
conciencia.
Don McCullin solía decir: "¿Quién
necesita grandes fotos cuando alguien agoniza? No las necesitamos
pero si necesitamos algo muy rápido para entender que
los seres humanos no podemos permitir que suceda."
Thomas Piezer
Diseñador de multimedios, trabaja en Flying Pixel de
Ginebra, Suiza
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