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Nuestro año de los voluntarios
Jean Milligan

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja tiene 97.000.000 de miembros y voluntarios.

En su 52.° período de sesiones, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó 2001 Año Internacional de los Voluntarios. Esta es una oportunidad ideal para que el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja celebre y reflexione sobre la situación de nuestros voluntarios, la manera de mejorarla y lo aprendido. De ahí que este sea el tema de uno de los capítulos del Informe Mundial sobre Desastres 2001, de la Federación Internacional, que se publicará en junio. A continuación citamos un fragmento de dicho capítulo.

La historia de la intervención de los voluntarios en desastres naturales nos dice mucho más que los esfuerzos de la gente que trata de reconstruir su ciudad o país. Frente a desastres naturales, la gente suele reaccionar espontánea y generosamente, tratando simplemente de ayudar a sus vecinos y su comunidad. Los voluntarios pueden ser del lugar o del extranjero. Pueden ser víctimas ellos mismos pero, a la vez, son determinantes en los esfuerzos nacionales e internacionales.

En Japón, gracias a lo aprendido desde el terremoto devastador de 1995, el gobierno decidió a interesarse y desempeñar un papel especial en este Año Internacional de los Voluntarios.

El Reto de los Voluntarios

La Dra. Astrid Heiberg, Presidenta de la Federación Internacional, y representantes de numerosas Sociedades Nacionales y del CICR participaron en la XVI Conferencia Mundial sobre Voluntarios, celebrada en Amsterdam a principios de este año. A continuación citamos un fragmento del discurso pronunciado en esa ocasión por la Dra. Heiberg.

La Cruz Roja y la Media Luna Roja es la organización de voluntarios más grande del mundo. Tenemos una larga y sólida tradición de voluntariado. Sin embargo, ¿por qué actualmente tenemos problemas en encontrar y conservar voluntarios? La respuesta no es simple pues los motivos varían de una a otra parte del mundo. Pero podemos destacar algunas tendencias claves.

 
 

En primer lugar, el concepto de voluntariado ha cambiado

Hay muchas más organizaciones en la esfera del voluntariado, muchas de las cuales son más pequeñas y más modernas que la nuestra, y que se centran más que nosotros en las necesidades locales concretas.

Los voluntarios tienen mayores exigencias en cuanto a las tareas, la dirección y el apoyo que reciben y son menos leales a la organización si no les apoyamos bien.

En muchos países hay menos gente joven y muchos más jubilados, y más gente que vive en ciudades. Para las organizaciones de voluntarios de larga trayectoria supone un desafío ajustarse a estos cambios.

Los conocimientos sobre la manera de captar, organizar, recompensar y conservar voluntarios ha evolucionado mucho, creando una disciplina nueva: la gestión de voluntarios, y una nueva categoría profesional: "director de voluntarios". Una vez más, para organizaciones de larga trayectoria y orgullosas como la nuestra, a menudo resulta mucho más difícil adaptarse que para organizaciones recientes.

Las necesidades y la vulnerabilidad han cambiado y tenemos que cambiar nuestras maneras de intervenir.

En segundo lugar, la Cruz Roja y la Media Luna Roja también cambian

En estos últimos decenios hemos dado un carácter profesional a nuestras organizaciones, aumentando el personal y adoptando métodos de gestión más sofisticados. Sin embargo, con demasiada frecuencia hemos tendido a "olvidar" que el personal está ahí para facilitar el voluntariado y no lo contrario.

Nos estamos orientando más a las misiones y nos concentramos más en la vulnerabilidad local. Ello nos ha hecho ver que, a veces, nuestras estructuras locales son demasiado frágiles.

En tercer lugar, tenemos algunas diferencia internas, estructurales y regionales

Tenemos que basarnos en la cultura y las tradiciones locales. En el pasado no prestamos suficiente atención al hecho de que el voluntariado es diferente en los distintos países. Incluso en la parte próspera del mundo hay dos corrientes principales de voluntariado. Tradicionalmente, en Europa Occidental el voluntariado se ha practicado en el contexto de organizaciones con miembros que se organizan en secciones locales con una estructura democrática y autónoma. Este es el métodos que ha influido en gran medida en la Cruz Roja y la Media Luna Roja. En América del Norte la tradición es totalmente distinta, es decir, "un modelo de prestación de servicios". Una organización existe para cumplir una labor e incorpora y organiza voluntarios para llevarla a cabo. Crean cargos atractivos para los voluntarios y reclutan voluntarios para ocuparlos. Dirigen a los voluntarios como personal no remunerado. La Cruz Roja Estadounidense y otras pocas Sociedades Nacionales aplican este modelo.

Sea cual sea, el modelo utilizado por una Sociedad Nacional debe basarse en las necesidades locales, en la vulnerabilidad local y en voluntarios locales que respondan a ellas. El cometido de nuestras estructuras organizativas y de nuestro personal consiste en permitir a quienes trabajan localmente y a título voluntario que lo hagan con la mayor eficiencia posible.

Las secuelas del terremoto de Kobe de 1995 convirtieron la ayuda espontánea en una cultura de voluntariado.


Las enseñanzas de Kobe

En 1995, un terremoto de 7,2 en la escala de Richter destruyó gran parte de la ciudad portuaria de Kobe en Japón. El saldo fue pavoroso: 6.400 muertos y daños por valor de unos 100.000 millones de dólares.

"Si queremos encontrar esperanzas incluso en uno de los desastres más graves, el terremoto provocó una oleada de voluntariado en todo el país, convirtiendo el año 1995 en 'el año de partida' del voluntariado en Japón", explica Aki Okabe, investigador de la Fundación Ohdake. Funcionarios gubernamentales calculan que en los dos primeros meses después del terremoto, más de 1.000.000 de japoneses se presentaron espontáneamente para colaborar en las operaciones.

Aunque el riesgo de terremotos era bien conocido en Japón, antes de este sismo tan devastador, se había invertido relativamente poco en actividades de preparación en previsión de desastres.

Cuando llegó el terremoto, edificios y carreteras cedieron y se derrumbaron. Los planes controlados por el Estado no pudieron hacer frente a la dimensión del desastre. Entonces, surgió un fuerte contingente de jóvenes voluntarios, muchos de ellos estudiantes universitarios que acudían por primera vez. Aunque no hubieran podido reemplazar la intervención del gobierno rápida y coordinada, demostraron ser muy útiles para salvar vidas, construir refugios y distribuir suministros médicos y alimentos de urgencia en las zonas afectadas.

Antes de 1995, el voluntariado no era un concepto familiar bien acogido en el contexto local. Los perros de las brigadas francesas de búsqueda y rescate fueron encerrados. Médicos voluntarios de EE.UU. no fueron aceptados porque su diploma no les permitía ejercer en Japón. En el informe de la ACJ de Kobe, se reseña la experiencia de dos mujeres del Hospital Central de Kobe que solicitaron a las autoridades locales 10 voluntarios para ayudar a acarrear agua al hospital. Esta tarea impedía a muchas enfermeras especializadas de cumplir otras tareas médicas más importantes y urgentes. Las autoridades no les hicieron caso. Cuando volvieron otra vez para pedir más ayuda, se les dijo que debían presentar una solicitud por escrito. Fontaneros y electricistas japoneses voluntarios también fueron rechazados porque no estaban habilitados para trabajar en la prefectura de Kobe. Sin embargo, un año después se les invitó a volver porque la reconstrucción de la infraestructura estaba llevando demasiado tiempo.

El comienzo de algo nuevo

El ejemplo de Kobe caló hondo en la sociedad japonesa. Las numerosas anécdotas sobre la torpeza de la burocracia y la confianza en la capacidad del gobierno de hacer frente a una crisis nacional hecha añicos, el éxito de la intervención de los voluntarios dio inicio a una era de actividad cívica sin precedente en Japón. Se aprobó rápidamente la legislación para facilitar el crecimiento de este nuevo sector y se crearon nuevos organismos de voluntarios que se ocupan de una serie de cuestiones sociales, políticas y económicas, incluyendo la preparación en previsión de desastres y la atenuación de las secuelas de los desastres.

La experiencia de Kobe fue un semillero de enseñanzas pero una de las importantes, es el valor de los voluntarios en una emergencia, que también se ha constatado en otros lugares. Después del huracán Mitch en Centroamérica, en 1998, el apoyo inestimable proporcionado por voluntarios espontáneos a las operaciones de emergencia, indudablemente evitó que se perdieran más vidas. Como dice Iain Logan de la Federación Internacional, los voluntarios espontáneos aportaron "una contribución notable a los esfuerzos de búsqueda y rescate sin lo cual, el desempeño de la Cruz Roja hubiera sido muy limitado."

Jean Milligan
Articulista independiente, residente en Ginebra.



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