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Ibrahim Camara, guineano desplazado
Juan Martinez

La Sociedad de la Cruz Roja de Guinea despliega esfuerzos considerables para prestar asistencia a los refugiados de Liberia y Sierra Leona.

Concession: Grupo de viviendas alrededor de un patio, donde viven muchas familias.

Desde el final del verano de 2000, Guinea ha sido teatro de enfrentamientos armados, principalmente en las regiones vecinas de Sierra Leona y Liberia. Los combates, que ya han cobrado muchas vidas, se han concentrado en Guéckédou, importante centro comercial de Guinea Forestière. Actualmente, la ciudad está parcialmente en ruinas y sus habitantes han huido buscando seguridad en cualquier otro lugar.

" Era alrededor de la una de la mañana del jueves 6 de diciembre. Al día siguiente había mercado y la ciudad estaba abarrotada de vehículos y mercancías. De repente, se oyeron disparos, cada vez más fuertes y cercanos ¡Los rebeldes! - dijo mi esposa. Los perros empezaron a ladrar, se oyó griterío por toda nuestra concession*. Enseguida apagamos las luces y despertamos a los niños, luego nos escondimos bajo las camas para evitar ser alcanzados por balas perdidas. Nuestra casa está en una colina desde la que se puede ver Liberia, apenas a unos tres o cuatro kilómetros está el río Makona, un meandro que marca la frontera natural entre ambos países. Al cabo de un rato, salí y llamé a la puerta de mi vecino y en poco tiempo tres familias se reunieron en su casa. Éramos 30 personas en total, hombres mujeres y niños, apiñados en el mismo cuarto. A veces, teníamos que taparle la boca a los chiquititos para impedirles gritar o llorar. No teníamos de comer, ni de beber. No nos atrevíamos ni a movernos. Permanecimos así hasta principios de la tarde. Hacia las dos, el ejército guineano, acompañado de refuerzos, había recuperado el control de la ciudad. Fue entonces cuando decidimos partir. Abandonamos la casa sin llevarnos nada y dejando la puerta trasera abierta."

Partida sin retorno

El hombre que nos habla de esas horas de angustia, con la mirada aún llena de temor, es Ibrahim Camara, campesino de Guéckédou, ciudad de 56.000 habitantes de Guinea Forestière. Hoy es uno de los miles de guineanos desplazados, que han huido de las zonas fronterizas con Sierra Leona y Liberia. Actualmente, vive con unos parientes a las afueras de Kissidougou, 82 kilómetros al norte de Guéckédou.

Ibrahim sigue contándonos su experiencia, interrumpiendo sus frases largas con breves silencios, antes de repetir sus últimas palabras como para recalcar la importancia de lo que está diciendo: "Cuando llegamos al puente que está en la entrada de la ciudad, vimos cuerpos sin vida, los cadáveres entremezclados de rebeldes y habitantes locales, guineanos y refugiados. Un poco más lejos, encontramos más cadáveres de rebeldes. La batalla de la mañana había cobrado muchas víctimas. Salimos de la ciudad lo más rápidamente posible y caminamos varios kilómetros antes de detenernos a descansar.

Miles de personas huían de la ciudad. Nos enteramos de que los rebeldes habían ocupado Yendé (ciudad entre Guéckédou y Kissidougou), entonces, decidimos ir a Kissidougou a pie, por senderos alejados de las carreteras principales. Cuando teníamos sed, bebíamos agua estancada y cuando teníamos hambre comíamos fruta. En las aldeas por donde pasábamos, donde dormimos, no había nada de comer. Tras cuatro días de caminata, llegamos a Kissidougou. El hermano de un joven con el que habíamos caminado nos hizo entrar para darnos tiempo de recuperar."

Sentado a la sombra generosa de un árbol que nos protegía del calor sofocante de finales de marzo, Ibrahim es consciente de que ha sido uno de los que ha tenido suerte, a pesar de haberlo perdido todo. Él, su esposa y sus cuatro hijos han sido inscritos por el CICR y reciben asistencia. Con una gran sonrisa Ibrahim enumera todo lo que han recibido: seis mantas, dos cubos, cuatro esteras, dos bidones de cuatro litros, dos sacos de bulghur (trigo triturado), un kilo de sal y 14 barras de jabón", y un poco apenado, añade que también les harían falta "algunas lámparas, cuencos de agua, cacerolas grandes, ropa…". Luego dice para sí: "los guineanos no comemos bulghur, comemos arroz …". Aun así, sabe que no le queda más remedio que aceptar esta nueva situación. Tiene que volver a empezar pero puede confiar en la proverbial solidaridad entre guineanos. También sabe que pasará mucho tiempo antes de que pueda volver a Guéckédou.

Mientras no haya seguridad a largo plazo, no retornará. Es la suerte de la gran mayoría de las personas desplazadas del mundo entero.

 

Actividades del CICR

El CICR llegó a la República de Guinea en 1991. Actualmente, tiene allí unos 20 colaboradores extranjeros y 100 locales. La delegación principal está en Conakry, la capital, y hay subdelegaciones en Kissidougou, Nzérékoré y Kankan. Sus actividades se concentran esencialmente en prestar asistencia a los desplazados y apoyo a los servicios médicos. Otras tareas incluyen visitas a personas privadas de libertad, restablecimiento de lazos familiares e intercambio de mensajes Cruz Roja, y difusión del derecho internacional humanitario. El CICR, es organismo líder del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en Guinea y coopera estrechamente con la Federación y la Sociedad de la Cruz Roja de Guinea.


Ibrahim Camara con su familia en Kissidougou donde pasaron una temporada.

 

Ciudad fantasma

Colaboradores del CICR van camino a Guéckédou, que habían visitado por última vez el 7 de febrero en una misión de reconocimiento. El objeto es evaluar las necesidades de agua y saneamiento, especialmente a lo largo del río, donde la población recogía el agua para uso doméstico. El 21 de marzo, habiendo recibido la autorización de los dos prefectos militares de la región, el equipo integrado por Jacqueline Gross, Jefa de la Subdelegación del CICR en Kissidougou, Ibrahim Koné, de la Cruz Roja Guineana, y quien escribe este artículo, llegó a Guéckédou. En las afueras de la ciudad hay mucha actividad porque es día de mercado y éste se ha instalado cerca del campamento militar, pero una vez cruzado el puente del Makona, el ambiente cambia bruscamente. Guéckédou, construida sobre tres colinas pequeñas entre las que fluye el río, despliega todas las horribles cicatrices de la guerra: edificios derrumbados, techos desmoronados, muros picados, coches quemados y escombros carbonizados. El hospital regional, que antes presumía de contar con varios servicios (obstetricia, cirugía, etc.) está parcialmente destruido. Varios edificios tienen las puertas arrancadas y las ventanas rotas, hay oficinas abandonadas. En otros lugares, las casas privadas han corrido la misma suerte. Los patios de las concessions están llenos de basura y objetos diversos como pertenencias personales, papeles, juguetes rotos... Por todas partes, hay señales de desbandada y saqueo desenfrenados.

En un distrito de la periferia, en los altos del oculto río Makona, se erigen casas elegantes, rodeadas de vivas buganvillas. Liberia está a un paso. El silencio es inquietante. No hay señales de vida. De repente, la atmósfera se vuelve sofocante, tensa. El equipo vuelve a bajar hacia el río, dejando atrás una ciudad que en otros tiempos fue próspera y estuvo llena de vida. Hoy está muerta, una verdadera ciudad fantasma.

Una vida nueva

Instalado en otra ciudad y en otra vida, Ibrahim no se ha cruzado de brazos. Ya ha construido un ranchito de barro, porque pronto tendrá que dejar a otros el lugar que le habían prestado. También ha cavado un pozo, y ha hecho trabajo voluntario para la Cruz Roja Guineana. Espera que alguna de las numerosas ONG internacionales que trabajan en la región, algún día necesite sus servicios. De momento, sigue la incer- tidumbre, y los rumores cotidianos de ataques inminentes contra la región complican las actividades humanitarias. "La situación se ha deteriorado con mucha rapidez y está fuera del control de muchos funcionarios de la región. Las consecuencias han sido perjudiciales para la labor humanitaria", deplora Marc Bouvier, Jefe de Misión del CICR en Guinea, que deja el país después de dos años. Sally Miller, su colega de la Federación, comparte esta inquietud, al ver en la inseguridad actual un importante obstáculo para la labor de los organismos humanitarios. Como siempre.

Juan Martinez
Funcionario de prensa del CICR para África.


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