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Atención de salud en medio del desierto
Sean Deely
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Más de 1.600 mujeres mueren cada
día de complicaciones relacionadas con el embarazo
y el parto.
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En Somalia las probabilidades de morir en el parto son más
altas que en cualquier otra parte del mundo. La Media Luna Roja
Somalí ha decidido intervenir para acabar con esta situación. |
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Fátima, una joven somalí de 17 años,
llevaba más de 48 horas con dolores de parto cuando
se llamó a Rugiyo Ahmed Musa para que la atendiera.
Rugiyo es partera en la clínica de salud maternoinfantil
(CSMI) que tiene la Sociedad de la Media Luna Roja Somalí
(SMLRS) en Qarhis, al nordeste del país. Fátima
se había desmayado cerca del pueblo, tras una caminata
de tres horas; su esposo la había dejado en una casa
para ir corriendo a alertar al personal de dicha clínica.
Fátima era primeriza y, como a casi todas las mujeres
somalíes se le había practicado la circuncisión
o mutilación genital durante la infancia. En este caso
se trataba de una circuncisión de tercer grado o faraónica,
en la que se amputan el clítoris y los labios y se
sutura la vagina para cerrarla. Se estima que en el mundo
hay entre 100 y 132 millones de mujeres a quienes se sometió
a esta práctica.
Normalmente esta operación la hace una partera o curandera
tradicional utilizando una hoja de afeitar o un instrumento
rudimentario en lugar de un escalpelo. De ahí que para
que el parto sea sin riesgos, haya que practicar una episiotomía
para que el niño pueda salir. Por lo general, hacen
falta dos incisiones, una lateral y otra vertical.
Rugiyo examinó a Fátima y comprobó que
tenía una dilatación de ocho centímetros,
pero que la episiotomía que le había hecho la
partera del pueblo unos días antes era insuficiente
pues se había limitado a la incisión vertical
y el niño no podía pasar. Rugiyo hizo una incisión
lateral y ayudó en el parto.
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Morir por deficiencia de atención
Serad Aden Mohamed, partera y encargada de salud, en la sección
de Garowe de la Media Luna Roja, supervisa siete CSMI de la
Sociedad Nacional.
"Tenemos muchos casos como éste, porque hay pocas
clínicas y las mujeres confían en las parteras
tradicionales, sobre todo las nómades. La mayoría
de esas parteras no tiene formación profesional y algunas
ni siquiera tienen nociones básicas sobre la manera
de cortar el cordón umbilical, liberar las vías
respiratorias del bebé o hacerle un masaje en el torso.
Cuando surgen complicaciones no saben qué hacer."
Muchas mujeres mueren en el parto debido a estas circunstancias.
Con una proporción de 1.600 por 10.000 nacidos vivos,
el nivel de mortalidad materna en Somalia es el más
alto del mundo. UNICEF calcula que la mortalidad es de 132
por 1.000 nacidos vivos y la mortalidad infantil asciende
a 224 por 1.000. En pocas palabras, un niño de cada
tres muere antes de los cinco años.
Aquejada de graves problemas de salud, tales como infecciones
agudas de las vías respiratorias, diarrea, sarampión
y tuberculosis, la población de Puntland supera el
millón y vive en un territorio que abarca las regiones
del nordeste de Mudug, Nugal, Bari, Sool y la parte oriental
de Sanaag. Aunque en la región reina una calma relativa,
hay pocas carreteras y aún menos instalaciones de atención
médica. Se calcula que 60% de la población es
nómada, lo que aún complica más el acceso
al escaso número de servicios de salud. Según
el Director General de Salud, en la Administración
Regional de Garowe, hay 63 médicos registrados en Puntland,
cinco hospitales en funcionamiento, tres centros de salud,
25 CSMI y 62 dispensarios (de los cuales muchos no funcionan).
En Qarhis, la variedad de proveedores de atención
médica es característica de la mayor parte de
Puntland: hay cinco curanderos y varias parteras tradicionales.
Munina Osman de 63 años es una de ellas. Su abuelo
fue un curandero famoso en la zona de Qarhis y su abuela también
lo había sido. Aplica tres técnicas de tratamiento:
quemar, cortar y hacer beber pociones. Recalca que cortes
y quemaduras son superficiales y que pone sumo cuidado en
no dañar las venas. Sus pociones son una mezcla de
hierbas y grasa de cordero que utiliza para diferentes males.
El pueblo también cuenta con dos "farmacias"
en la calle mayor donde se venden diversos productos (prendas
de vestir, cosméticos y medicamentos). El surtido de
medicamentos es muy limitado y los propietarios no tienen
formación médica.
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La clínica de Qarhis es una de las 34 clínicas
y los 12 puestos de salud que administra la Media Luna Roja
Somalí con apoyo de la Federación y el Banco
Mundial.
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Contraste entre norte y sur
Desde el colapso del gobierno central en 1991, la sociedad
somalí se ha visto sumida en una espiral de violencia.
El conflicto armado de baja intensidad que persiste en el
centro meridional de Somalia compromete los esfuerzos de desarrollo
y recuperación, dejando a la población en condiciones
precarias. En cambio, el Estado de Puntland, al nordeste del
país, goza de relativa estabilidad. La intervención
de emergencia del Movimiento incluye asistencia alimentaria,
no alimentaria y distribución de semillas. Única
estructura somalí que aún puede reivindicar
algún grado de representación nacional, la Sociedad
de la Media Luna Roja Somalí administra cuatro hospitales
y 45 centros de atención primaria de salud en todo
el país, contando con el apoyo del CICR, la Federación
y varias Sociedades Nacionales.
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Sostener el servicio
En 1993, la SMLRS, apoyada por la Federación, estableció
un programa de atención médica que integra CSMI
y puestos de salud. Dado que no existe un servicio de salud
centralizado, la Sociedad Nacional, con apoyo del CICR y la
Federación, administra dos hospitales y 45 clínicas
de atención primaria de salud en todo el país
que prestan servicios a 840.000 personas. Doce de estas clínicas
se encuentran en Puntland y desde hace ocho años, son
sinónimo de vida para miles de madres y niños
vulnerables de comunidades como Qarhis, ya que para llegar
a las instalaciones sanitarias más cercanas hacen falta
tres horas en coche.
Todos los meses, la Sociedad Nacional proporciona a las clínicas
medicamentos básicos y un surtido de vacunas esenciales
para reducir la mortalidad infantil. Ahora bien, muchas clínicas
carecen de instalaciones de refrigeración y el costo
se cuenta en pérdidas de oportunidades de inmunizar
a niños nómades que tal vez pasan una sola visita
médica antes de que la familia siga su camino.
Además, cada año, la SMLRS imparte formación
y entrega botiquines especiales a tres parteras nacionales
que luego trabajan en estrecha colaboración con la
clínica. El año pasado, le tocó a las
de Qarhis.
La Sociedad Nacional depende de la ayuda exterior de la Federación,
el CICR y el Banco Mundial para administrar estas clínicas;
UNICEF suministra algunos medicamentos y presta apoyo en la
formación para el personal de clínica. Hoy en
día, el reto reside en convertir un proyecto de salud
impulsado por la emergencia en un servicio duradero que responda
a las necesidades de las comunidades que se recuperan de conflictos,
ayudándoles a reconstruir su vida.
En el ámbito de una iniciativa común de la Federación,
la SMLRS y el Banco Mundial, en abril del 2000, se llevó
a cabo un estudio sobre rehabilitación del sector de
salud con miras a establecer un sistema para compartir el
costo de mantenimiento de las clínicas entre aquellos
integrantes de la comunidad que pueden darse el lujo de pagar,
la incipiente Dirección de Salud del Ministerio de
Asuntos Sociales del Estado de Puntland, y los donantes internacionales
que vienen costeando el programa desde 1993.
La primera fase del estudio concluyó en marzo de 2001
con la creación de un proyecto piloto de un año
para sostener la provisión del servicio de atención
primaria de salud en la clínica de Qarhis. En este
proyecto se establece una asociación entre los ancianos
de la comunidad de Qarhis, la Dirección de Salud de
Puntland y la SMLRS; los tres asociados compartirán
el costo de administración de la clínica como
sigue: la SMLRS y sus donantes, 80%; la comunidad, 15% y la
Dirección de Salud 5%.
Para suerte de Fátima, la clínica, por ahora,
sigue funcionando. Las contracciones prolongadas le causaron
una hemorragia puerperal. Rugiyo, la partera, tenía
ergometrina a mano para contraer el útero y detener
la hemorragia. Una partera tradicional no hubiera podido dar
un diagnóstico ni administrar tratamiento. "No
sabemos lo que hubiera pasado si la partera no hubiera estado
aquí, pero tal vez, Fátima y su niño
habrían muerto", afirma Serad Aden Mohamed.
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Sean Deely
Funcionario Principal de Recuperación Posdesastre,
del Departamento de Preparación para Desastres e Intervención
en Casos de Desastre, de la Federación.
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