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Sube la temperatura
Fred Pearce

Las emanaciones de la combustión de combustibles fósiles constituyen el factor principal del cambio climático.

 

Se estima que las regiones polares serán las que más sufrirán del cambio climático. El derretimiento de capas de hielo tendrá un impacto irreversible en el nivel de mares y océanos.

En un informe reciente de las Naciones Unidas, los expertos advierten que el calentamiento de la Tierra podría tener consecuencias catastróficas e irreversibles para el medio ambiente. Organizaciones como la Cruz Roja y la Media Luna Roja se han propuesto enseñar a la gente a adaptarse a los cambios venideros.

Lidia Rosa Paz está desorientada. Señala con desesperación las aguas incontenibles del río Choluteca. Señala el lugar donde, pocos días antes, vivía en la colonia Pedro Dias. La colonia, a las afueras de la ciudad de Choluteca, Honduras, fue borrada del mapa la noche del 28 de octubre de 1998, y murieron más de 100 personas. Aquella noche, más de 10.000 hondureños perdieron la vida y más de 2.000.000 pasaron a depender de la ayuda de la Cruz Roja, de la Media Luna Roja y de otros.

La radio había emitido varias alertas de huracán la noche en que el huracán Mitch devastó el país. Sin embargo, nadie en la colonia tomó en serio las alertas de inundaciones. "Los huracanes nunca llegan aquí", me dice Lidia.

Para decenas de millones de personas del mundo entero, la experiencia de Lidia debería ser profética. Nadie en Honduras, nadie en el Caribe, había visto algo parecido al huracán Mitch; no tanto por la violencia de sus vientos como por la cantidad de agua que vertió sobre ese país centroamericano, provocando inundaciones impresionantes y desencadenando mortales deslizamientos de tierra. Muchos meteorólogos consideran que el huracán atlántico más mortífero desde hace dos siglos fue consecuencia del calentamiento de la Tierra: una confluencia mortal de actividad de huracanes sin precedentes y mares más cálidos, lo que aumenta la evaporación de agua.
Muchos más están convencidos de que independientemente de su causa específica, el huracán Mitch fue un signo de lo que le espera a los habitantes vulnerables de las cuencas fluviales y zonas costeras propensas a inundaciones. A quienes viven en colinas donde los deslizamientos son frecuentes, a millones más que todavía no saben que son vulnerables, en una nueva era de trastornos climáticos y, por supuesto, a los organismos que volarán en su ayuda después de cada desastre.

Estos temores en cierto modo se confirmaron cuando, unos años después, nuevas lluvias sin precedentes causaron deslizamientos de tierra en la costa septentrional de Venezuela. Otro desastre, otros 30.000 muertos, según las estimaciones. "Nadie podía haber previsto lo que sucedió aquí", diría más tarde José Radael Gómez Pinto de la Cruz Roja Venezolana. "Era una zona de vacaciones donde la gente venía a pasar el fin de semana. Incluso millonarios tenían casas aquí."

La impresión de que las rarezas del clima hoy son norma, se volvió a confirmar unos meses después, cuando en febrero de 2000, se desencadenaron tormentas en el Océano Índico, causando inundaciones en Mozambique. Mark Jury, climatólogo sudafricano, llevó a cabo investigaciones y descubrió que en la década de 1990 las precipitaciones diarias máximas en toda la región habían sido 50 por ciento superiores a las registradas a principios del siglo XX.


Temperaturas superiores o inferiores a la media desde 1850 a nuestros días.
Desforestación
  Aumento del nivel del mar
  Menor rendimiento de las cosechas
  Conflictos por agua
  Mayor riesgo de enfermedad
  Principales pesquerías afectadas
  Tormentas tropicales cada vez más devastadoras y frecuentes

Acuerdo Internacional

En un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos (conocido por la sigla en inglés IPCC), de las Naciones Unidas, aprobado en enero pasado, se dice que estos últimos años ha habido un aumento de las precipitaciones torrenciales. También se advierte que habrá más, a medida que el calentamiento del planeta siga su curso.

Además, no se limitará a tormentas e inundaciones. En noviembre pasado, Martin Parry de la Universidad de East Anglia, Inglaterra, eminente climatólogo del IPCC, pronosticó que las zonas de secano se volverán más secas y las húmedas más húmedas. En un nuevo estudio de su colega Mike Hulme, se prevé que en los próximos decenios habrá menos precipitaciones y un aumento medio mucho más brusco de las temperaturas en países ya áridos de Asia central y occidental, de Arabia Saudita a Kazajstán.

Poco después de que Hulme publicara sus conclusiones en otoño pasado, la sequía invadió Asia central, donde una combinación letal de falta de lluvia y guerra civil intermitente provocó ingentes sufrimientos en Afganistán.
Según el análisis de Hulme, lo trágico es que los países pobres son los más vulnerables a los cambios climáticos.

Concluye que cotejando la riqueza nacional con los aumentos de temperatura previstos, en el siglo XXI, los tres países más vulnerables al cambio climático serán Afganistán, Etiopía y Sierra Leona. Todos ellos conocieron bien el desastre en los últimos decenios del siglo pasado y, sabido es, que desastre atrae desastres.

La ONU prevé que los efectos del cambio climático serán mucho más graves para los pobres con menos capacidad de hacer frente a cataclismos cada vez más frecuentes y devastadores.

La erosión fluvial, la pérdida de terrenos y propiedades, y la dislocación de las comunidades son sólo algunos de los efectos que tendrá el cambio climático en los pequeños Estados insulares.

La mano del hombre

Científicos del mundo entero admiten que nuestro planeta se está calentando y que el rigor del clima es cada vez mayor. También se acepta el hecho de que se puede ver la mano del hombre en parte de los cambios climáticos. La acumulación de gases contaminantes en la atmósfera, en particular anhídrido
carbónico, por la combustión de combustibles fósiles, retiene la energía solar a longitudes de onda específicas cerca de la superficie terráquea. Los físicos conocen este "efecto invernadero" desde hace más de un siglo. El año pasado, por primera vez, se midió directamente en el espectro cambiante de la radiación que emana de la atmósfera al espacio.

Huelga decir que el ser humano no es el único responsable. La mayoría de los científicos aceptan ahora que parte del calentamiento desde el final de una ola de frío a mediados del siglo XIX puede atribuirse a ciclos solares. Sin embargo, también están de acuerdo en que el ritmo más rápido de ese calentamiento desde el decenio de 1970, más o menos, no tiene explicación "extraterrestre". Al contrario, los ciclos solares debían haber refrescado el planeta durante esos años. En la evaluación más reciente del IPCC, presidido por Sir John Houghton, ex Jefe del Dpto. Meteorológico de Gran Bretaña , se llegaba a la conclusión de que la mayor parte del calentamiento observado en los últimos 50 años, probablemente obedezca a la concentración de gases de efecto invernadero.

La rapidez con que siga el calentamiento dependerá de la celeridad con que se controlen las emisiones de gases de efecto invernadero. Puesto que el anhídrido carbónico, en particular, permanece en el aire durante un siglo como mínimo, tendremos que reducir las emisiones de gas de más de la mitad, tan solo para estabilizar las temperaturas a los niveles existentes, comenta el IPCC. Si no actuamos rápida y drásticamente, el IPCC pronostica un calentamiento de hasta 6 grados Celsius en el siglo venidero, 10 veces más que en los últimos 100 años, y advierte que por influencia de este tipo de recalentamiento, los sistemas meteorológicos que en gran parte se rigen por el calor de la atmósfera, podrían cambiar de muchas maneras imprevisibles.

El ciclo hidrológico será más intenso y aumentarán los niveles de evaporación. Esto tendrá dos efectos. En primer lugar, aumentarán las lluvias y la intensidad de las tormentas en las regiones costeras. En segundo lugar, secará el interior de los continentes a medida que se vaya secando la humedad del suelo, causando sequía y desertización.

Efectos en la vida y los medios de sustento
En un segundo informe sobre la incidencia probable del cambio climático, aprobado en febrero, el IPCC concluía que era de prever una reducción general del rendimiento de las cosechas en la mayoría de las regiones tropicales y subtropicales… menos disponibilidad de agua en muchas regiones donde ya escasea, en particular el subtrópico... aumento del número de personas expuestas a enfermedades transmitidas por vectores como el paludismo y enfermedades cuyo vector es el agua, como el cólera… aumento generalizado del riesgo de inundaciones causadas a la vez por el aumento de las precipitaciones y el aumento del nivel de mares y océanos.

Los pronósticos más concretos comprenden: más inundaciones en el sudeste asiático, provocadas por el monzón, y más sequía en Asia central, en torno al mar Mediterráneo, en África austral y en Australia. Partes de África y Asia tienen ante sí más años de sequía y más años de inundaciones a medida que se intensifique la variabilidad del tiempo de un año a otro, causada por fenómenos como El Niño. La malaria y el dengue se propagarán desde las planicies tropicales, amenazando el altiplano y las regiones subtropicales.

En Europa, el riesgo de inundaciones aumentará considerablemente y tendrá graves repercusiones en las zonas urbanas, la industria, el turismo, la agricultura y diversos hábitats.

 

¡Con ustedes el CO2!

En 1990, más del 80 por ciento de la contaminación que provoca el calentamiento del planeta fue causada por el anhídrido carbónico (CO2); 97 por ciento del CO2 emitido por los países industrializados occidentales procede de la combustión de carbón, petróleo y gas para la producción de energía. Aproximadamente 25 por ciento de la población mundial vive en los países industrializados y consume casi 80 de la energía mundial. Motivo de peso que explica por qué los países en desarrollo cuentan con que esos países tomen medidas decisivas para reducir el CO2. Actualmente, hay más de 30 por ciento más de CO2 en la atmósfera que antes de la Revolución Industrial. (Un aumento de 280 a unas 370 partes por millón por volumen hoy en día).

Muchos prevén que los cambios hidrológicos serán el efecto dominante del cambio climático, mucho más importante para la mayoría de la gente que el propio calentamiento. Dado que el agua ya escasea en muchos países, la vulnerabilidad a la sequía está aumentando en gran parte del mundo. El IPCC calcula que en 2025, el número de personas que viven en países que responden a su definición de países con problemas de agua triplicará, cifrándose en 5.000 millones.

Ahora bien, el informe concluye que los riesgos directos para los asentamientos humanos debido al cambio climático son las inundaciones y los deslizamientos de tierra, provocados por la mayor intensidad de las precipitaciones, y en las zonas costeras, el aumento del nivel de mares y océanos. Mucha gente sabe que la probabilidad de que el nivel de los océanos aumente medio metro en el siglo venidero, depara un futuro sombrío para zonas de gran densidad demográfica de las planicies bajas, como Bangladesh meridional, el delta del Nilo, partes de China oriental y muchos atolones de los océanos Índico y Pacífico.

Tal es también el caso de las costas bajeras de África occidental, de Senegal a Angola; en América del Sur, de Venezuela a Recife en Brasil; casi toda la costa oriental de EE.UU. y gran parte de la costa de Indonesia y Pakistán.

La mitad de la población del mundo vive en zonas costeras donde el crecimiento demográfico es el doble del promedio mundial. Puede decirse que casi de hora en hora el mundo corre mayor peligro debido a las mareas crecientes.
El IPCC prevé que el promedio anual de personas cuyo hogar quede inundado por tormentas en las regiones costeras dejará de ser de unos pocos millones por año y oscilará entre 75 y 200 millones en 2080.

El estudio del IPCC indica que los daños probables de la infraestructura de las zonas costeras debido al aumento del nivel de los océanos se cifrarán en billones de dólares en países como Egipto, Polonia y Vietnam.

En el informe se advierte que las zonas interiores también podrían sufrir; por ejemplo, valles fluviales sometidos a lluvias más intensas o al deshielo y muchas zonas urbanas bajas, en particular los edificios ocupados por intrusos y los barrios marginales con desagües deficientes.

 

 

Adaptación

El mensaje de los últimos informes del IPCC es claro, dice Madeleen Helmer, Consultora de Cambio Climático de la Cruz Roja Holandesa. "El cambio climático ya es una realidad y empeorará, por mucho que se haga a escala internacional para tratar de frenarlo.

"Hasta ahora, el término adaptación sonaba como una mala palabra a investigadores y negociadores. Aceptar la necesidad de adaptación se consideraba aceptar el cambio climático", dice la Sra. Helmer. A su juicio, ello obedeció en parte a que el programa relativo al cambio climático: "a menudo ha estado impulsado por grupos ecologistas, cuyo principal objetivo es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero."

Las ONG especializadas en cuestiones de desarrollo hasta ahora "no se han involucrado" por tener programas más pragmáticos y a pesar de que países en desarrollo como Bangladesh y los Estados insulares del Pacífico y el Caribe hayan estado pidiendo que se prestase mayor atención a la cuestión.

Se vio un signo de cambio en las negociaciones de La Haya en noviembre pasado. Aunque se las recuerda más bien por no haber logrado un acuerdo respecto al Protocolo de Kyoto para limitar la emisión de gases de efecto invernadero, las conversaciones tuvieron un lado positivo, estima la Sra. Helmer, ya que por primera vez hubo un debate concreto sobre la creación de un fondo de adaptación para ayudar a los países a hacer frente a los impactos del cambio climático. Una sugerencia fue que el fondo necesitaría 1.000 millones de dólares por año para comenzar su labor.

La Sra. Helmer estudia los planes para crear un centro, en el ámbito del Movimiento, que se ocupe de analizar el impacto de los cambios climáticos en verdaderas comunidades, sobre todo porque se prevé que los desastres naturales aumentarán. También examinará cómo tendrán que adaptarse las Sociedades Nacionales para hacer frente a la situación. Si todo va bien, el centro podría empezar a funcionar en La Haya, a principios de 2002.

"Queremos que el centro sea un lazo entre la climatología y nuestras propias investigaciones sobre la vulnerabilidad a los desastres climáticos y la adaptación", dice. Los científicos del IPCC saben bien cómo responderá el mundo natural a los cambios climáticos, pero mucho menos sobre la manera en que éste se traducirá en las experiencias de la gente. La Cruz Roja tiene experiencia en el terreno y en preparar estrategias para mitigar desastres, que pueden contribuir a colmar esta brecha. "Podemos ofrecer el factor humano", afirma la Sra. Helmer.

En la familia de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja muchos siguen preguntándose si el mundo, algunas veces abstruso, del cambio climático tiene verdadera importancia para su labor. Al fin de cuentas ya se ocupan de las tragedias humanas causadas por los desastres climáticos. En 1999, casi tres cuartos de las pérdidas atribuidas a desastres naturales fueron provocadas por sequías, temporales e inundaciones.

Algunos temen que cambiar prioridades para ocuparse de desastres climáticos teóricos del futuro podría impedirles concentrarse en los desastres reales de ahora. ¿Por qué planificar pensando en los futuros cambios climáticos en el África subsahariana, cuando crisis como la del sida cobran tantas vidas ahora?
La Sra. Helmer opina que aunque el cambio climático del planeta pueda parecer gradual, cuando los climatólogos hablan de aumento de las temperaturas medias a lo largo de muchos decenios, en muchos casos, el cambio se manifestará con bruscos saltos climáticos y cataclismos que provocarán verdaderos desastres cotidianos. No sabremos a ciencia cierta qué desastres climáticos deberán atribuirse al calentamiento de la Tierra pero lo cierto es que de no haber sido por él, muchos no hubieran sucedido.
Riccardo Conti, especialista en emergencias complejas y colaborador del CICR, ha trabajado mucho en Iraq el decenio pasado instalando y arreglando equipos de abastecimiento de agua para contener la incidencia de la hambruna y de las enfermedades cuyo vector es el agua. Muchos de estos equipos se deterioraron poco después de la Guerra del Golfo por falta de repuestos. Pero eso no es todo ya que, por lo general, los equipos de toma de agua tienen que modificarse porque los niveles de los ríos están bajos. Las estaciones de tratamiento de aguas en el Tigres han aspirado barro porque los niveles de agua bajaron debido a la sequía", y según él, ése podría ser un resultado del cambio climático.

 

Reseña de los hechos

En el último siglo, la temperatura del planeta ha aumentado 0,5°C y se prevé un recalentamiento promedio de 2°C hacia 2010.

En los 20 últimos años, han aparecido 30 enfermedades infecciosas nuevas.

Los científicos concuerdan en que el calentamiento de la atmósfera obedece en parte a la contaminación del aire por actividades humanas.

Este calentamiento expondrá a millones de personas a nuevos peligros para la salud.

El nivel del mar ha aumentado entre 10 y 25 centímetros en los 100 últimos años y aumentará con mayor rapidez aún en las décadas venideras.

Hacia 2050, a raíz del cambio climático, podrían morir de paludismo hasta 1.000.000 de personas más por año.

Fuente: Fondo Mundial para la Naturaleza

"Cuando se analiza la evolución de estos tres últimos años, uno se da cuenta de que algo sucede. En el terreno la gente ve el cambio del clima a diario en la disponibilidad del agua potable y de riego. Para nosotros, en el sector del agua, el cambio climático es importante. Si no empezamos a pensar en ello ahora ¿Quién lo hará?", concluye el Sr. Conti.
Muchos gobiernos, incluyendo los de países en desarrollo, proceden a establecer estrategias para hacer frente al cambio climático, ya sea preparando planes de evacuación de las islas bajas o haciendo planes en previsión del próximo huracán Mitch. "La Cruz Roja y la Media Luna Roja hasta la fecha no han participado en esta evolución política de los gobiernos. Pero deberíamos tratar de conectarnos", opina la Sra. Helmer que también espera que ayudar a las Sociedades Nacionales a hacerlo sea un cometido importante del nuevo centro.


En la mayoría de los casos, los cambios climáticos no modificarán radicalmente el tipo de desastres climáticos a los cuales deben hacer frente las comunidades vulnerables, pero sí la frecuencia e intensidad de los mismos. Por ejemplo, los huracanes no son novedad en el Caribe pero el volumen de las lluvias torrenciales que vertió el Mitch en Honduras sí lo fue. Si Lidia Rosa Paz y sus vecinos de Choluteca hubieran sido más conscientes de que el cambio climático implicaba que su ciudad ya no estaba protegida de huracanes, hubieran prestado atención a la alerta dada por radio y muchos de ellos hubieran sobrevivido.
A medida que los cambios climáticos vayan agravando el rigor del clima, más gente estará expuesta a un desastre importante a lo largo de su vida, cuando no a desastres recurrentes.

 

 

"Existe el riesgo de que cada vez más gente quede marginada por desastres persistentes", opina Eva von Oelreich del Departamento de Preparación para Desastres e Intervención en Casos de Desastre, de la Federación. Tal vez la tarea vital del Movimiento, dice, consista en controlar la cantidad de previsiones científicas que vayan surgiendo, a menudo con pronósticos muy detallado sobre la manera en que cambiará el clima local,y encontrar lo que pueden implicar en el ámbito local para comunidades verdaderas. "Podemos analizar los riesgos y ayudarles a gestionarlos. El conocimiento es el seguro
del pobre."

Fred Pearce
Consultor de Medio Ambiente de la revista New Scientist.

 


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