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A principios del decenio de 1990, el
Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja cobró cabal conciencia del sufrimiento psicológico
que causan los desastres. A raíz de varios accidentes
y desastres de transporte, las Sociedades Nacionales tuvieron
que atender a las necesidades de apoyo psicológico
de las víctimas y sus familias. Entonces, en 1991,
la Cruz Roja Danesa tomó la iniciativa de organizar
la primera consulta de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
sobre la manera de subvenir a las necesidades psicológicas
provocadas por tragedias y desastres. De esta consulta nacieron
el Programa de apoyo psicológico y el Centro de Remisión
de Apoyo Psicológico, de la Federación.
Paralelamente, se registraba un aumento
de conflictos armados de gran intensidad, sobre todo en Somalia
y ex Yugoslavia; ante tanta presión, el CICR decidió
ocuparse de las necesidades psicológicas de su propio
personal y, poco a poco, de las necesidades psicológicas
de las víctimas de la guerra.
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En aquel momento, se trataba de una medida verdaderamente
innovadora para el Movimiento pero dado que su mandato consiste
en subvenir a las necesidades humanitarias de cualquier orden,
era evidente que también debía ocuparse de las
necesidades psicológicas. Prestar apoyo psicológico
debe considerarse del mismo modo que las necesidades básicas
de agua, saneamiento, alimentos y refugio.
A tales efectos, es preciso que las Sociedades Nacionales
se capaciten en la materia e impartan cursos de formación
a los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
En 1991, sólo seis Sociedades Nacionales atendían
a las necesidades psicológicas de los damnificados
por desastres pero desde entonces se ha avanzado mucho y hoy
en día, 65 Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y
de la Media Luna Roja participan en el Programa de apoyo psicológico;
algunas prestan múltiples servicios de socorro psicológico
y otras proceden diligentemente a ampliar sus servicios para
incorporar dicho programa.
A largo plazo, tendremos que levantar varios retos de talla
en este campo. A pesar de lo que se ha avanzado en los 10
últimos años, no hay que olvidar que el contexto
donde operamos cambia constantemente. Además, el número
de víctimas está en aumento pero los recursos
no. La clase y la dimensión de las necesidades se han
vuelto más complejas y las víctimas tienen grandes
expectativas como lo demostrara la campaña "Testimonios
sobre la guerra".
En lo que nos incumbe, podemos concretar nuestras propias
expectativas adaptándonos a una nueva concepción
de asistencia de socorro que incorpore la salud mental en
todas las facetas de los servicios de socorro y los servicios
sociales que prestan las Sociedades Nacionales.
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