Volver a la página
principal de la revista

Apoyo psicológico,
¿lujo o necesidad?

Iolanda Jaquemet

Saber escuchar y afirmar las sensaciones de estrés es importante cuando se presta apoyo psicológico.

El apoyo psicológico ayuda a convertir a víctimas pasivas en supervivientes activos.

A lo largo del siglo pasado, los organismos que se ocupan de socorro de emergencia ofrecieron a los damnificados cuatro elementos de las necesidades básicas del ser humano: agua, comida, refugio y atención de salud física. Recién en los dos últimos decenios se pensó en el bienestar emocional, que algunos consideran el quinto elemento de esas necesidades. En 2001, se ha comenzado a pasar de la teoría a la práctica y los servicios de socorro humanitario van incorporando el apoyo psicológico. Actualmente, políticos y donantes deben tener en cuenta que el trauma causado por conflictos armados y desastres naturales supone un obstáculo considerable para la viabilidad de cualquier inversión en recuperación. Cuanto más rápida sea la intervención psicológica, más rápido la comunidad damnificada recobrará su autosuficiencia y participará activamente en su propia evolución. Cruz Roja, Media Luna Roja pidió a la periodista Iolanda Jaquemet que analizara este tema.

¡Catalino! ¡Catalino!". Cuando los niños divisan al voluntario de la Cruz Roja Salvadoreña, se precipitan descalzos entre los bananeros. Ha llegado el momento de jugar, de borrar los recuerdos de los terremotos y olvidar, por una hora, los refugios con techos de aluminio que ahora son su hogar. Los más pequeños hacen una rueda y participan risueños en los juegos organizados por los voluntarios. Después llega el momento culminante del día: la piñata, un enorme muñeco de cartón y papel crepé multicolor, que los niños golpean con palos hasta que su enorme panza estalla y deja caer un montón de dulces en medio de una gran algarabía. En pleno alboroto por el botín empiezan a caer las primeras gotas de lluvia. En enero y febrero de 2001, dos sismos violentos cobraron casi 9.000 víctimas, entre muertos y heridos, y dejaron a más de 1.000.000 de personas desplazadas o sin hogar. Fue una catástrofe imponente para este país pequeño y pobre de 6.200.000 habitantes.

El Movimiento intervino inmediatamente. Tras el huracán Mitch en 1998, la Federación había instalado una oficina local. "En 24 horas también habíamos identificado la necesidad urgente de apoyo psicológico," dice Iain Logan, ex Jefe de Operaciones de la Federación en Centroamérica. Veterano del quehacer humanitario, sabe que la población acaba de sufrir un gran trauma, tan grave como cualquier conflicto armado. Situación que parece interminable, si se tiene en cuenta que durante dos meses hubo miles de réplicas.

"Tengo tan solo 31 años y ya he vivido una larga guerra civil, el huracán Fifi, otros dos terremotos fuertes, el huracán Mitch y ahora esto, por no mencionar la violencia cotidiana y la delincuencia social", se lamenta un trabajador de la Sociedad Nacional.

Primeros auxilios psicológicos

La Cruz Roja Estadounidense envió un experto en apoyo psicológico. Apenas dos semanas después del primer terremoto, el Dr. Joseph Prewitt había formado a 120 voluntarios de la Cruz Roja Salvadoreña que se dividieron en "brigadas de salud mental" y trabajaron junto con colegas de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Estados Unidos, Francia e Italia.

Acompañados de psicólogos y psiquiatras del Ministerio de la Salud, los voluntarios hicieron visitas a domicilio junto con las brigadas médicas.

"No mencionamos la enfermedad mental porque sería un obstáculo", dice Patty Herrera, una de las voluntarias. "Les preguntamos si han perdido algún ser querido, si les duele el estómago o la cabeza …" Y entonces se desata el reguero de problemas: niños que se orinan en la cama; pesadillas; palpitaciones; depresión; temor de que se repitan los hechos. "Al principio, la gente quería asistencia material, pero en fin de cuentas, el simple hecho de poder hablar les alegraba y nos pedían que volviéramos", concluye Patty.

Participar en la violencia o ser testigo de ella deja secuelas psicológicas incluso en los más fuertes.

La risa es un remedio natural contra el estrés.

¿Qué es el estrés?

"Estrés" es el término técnico que describe la reacción natural del cuerpo ante una agresión. Al igual que el metal bajo presión, el cuerpo humano puede permanecer elástico, combarse o romperse. Hay diferentes tipos de estrés. El primero es el estrés básico, bastante común en trabajadores humanitarios al principio de una misión. La acumulación de agresiones diarias, incluso de poca importancia, puede llevar a una acumulación de estrés, tanto más peligroso porque es insidioso. Los síntomas más corrientes son inofensivos e imprecisos, es decir, cansancio, sueño perturbado, dolores y molestias, trastornos de la digestión o dolores de cabeza. Ahora bien, un incidente grave, como un ataque, una toma de rehenes o un desastre pueden desencadenar el estrés postraumático.

Las brigadas de asistencia psicosocial permiten que la gente se desahogue y hable de su sufrimiento y de sus penas. Los voluntarios escuchan compasivos y confirman sus sentimientos. También dan información clara y precisa porque los rumores aumentan el estrés. Durante la primera serie de visitas, los casos más serios se remiten a especialistas para que propongan el tratamiento. En cuanto al resto, continúan las visitas y las sesiones de grupo para que los participantes puedan compartir experiencias. Se trata más bien de prevención postraumática que de tratamiento; en muchos casos, el hecho de poder hablar, evita o mitiga complicaciones ulteriores. "La gente necesita esta ayuda en un plazo de 30 días", dice Óscar Morales, Secretario General de la Cruz Roja Salvadoreña. "Pasado ese plazo, interiorizan su dolor, lo que a veces tiene consecuencias fatales."

Desde el principio de este desastre, la Cruz Roja Salvadoreña, sus asociados y la Federación ampliaron el concepto convencional de asistencia de socorro, incluyendo el denominado "apoyo psicosocial". Se organizaron sesiones de grupo con maestros (600 de ellos recibieron formación de primeros auxilios psicológicos) y dirigentes comunitarios. Se combinan debates y ejercicios de relajación con primeros auxilios, consultas médicas y cursos sobre dieta equilibrada para los niños que, de hecho, requieren atención especial. La Cruz Roja Estadounidense combinó juegos, libros para colorear y espectáculos de payasos y marionetas para que después del terremoto, los niños se concentraran en la vida.

Kosovo: Los colaboradores de la Cruz Roja que se ocupan de salud mental van al encuentro de la gente para identificar a quienes necesitan servicios de apoyo psicológico.

En cuanto a la atención de la necesidades psicológicas de los damnificados adultos, las sesiones de grupo permiten que afloren temores y otras emociones relacionadas con el estrés. "He visto a hombres llorar en público durante la terapia de grupo", dice Fátima Palacios, Psicóloga de la Cruz Roja Italiana. "Realmente se trata de una revolución cultural en un país donde se exalta la imagen machista del hombre invulnerable." Sucedió lo mismo en las sesiones de información que congregaron a 1.200 voluntarios y miembros del personal. "Todos los participantes nos dijeron que era la primera vez que alguien les escuchaba", comenta el organizador de estas sesiones. "No querían hablar de ello en su casa. En el trabajo temían que sus jefes pensaran que eran débiles, si confesaban sus problemas emocionales y, entonces, los despedirían de la Cruz Roja." Por vez primera, estos hombres y mujeres pudieron reconocer abiertamente que, desde el punto de vista emocional, impregnarse del sufrimiento del prójimo durante todo el día resulta agotador.

Un avance lento

Hace dos años, durante el huracán Mitch, las Sociedades Nacionales organizaron una operación clásica que combinaba asistencia de socorro y asistencia médica. Ahora en 2001, la Cruz Roja Salvadoreña lleva a cabo el primer programa de apoyo psicológico de América Central; se trata de uno de los primeros programas del mundo en el que se tienen en cuenta las necesidades emocionales de los damnificados en una intervención de emergencia. Hoy en día, se reconoce que la víctima no es solamente un cuerpo que debe ser curado, alimentado y protegido sino también un ser con emociones, cuyo equilibrio mental puede ser alterado por un trauma. Desastres como terremotos, accidentes nucleares y conflictos armados causan heridas psicológicas que no por ser invisibles dejan de ser reales y pueden tardar mucho en curarse. "Un apoyo adecuado y oportuno ayuda a la gente a sobrellevar mejor las cosas y, por lo tanto, a tomar decisiones acertadas. La finalidad del apoyo psicológico es ayudar a la gente a ayudarse a sí
mismas, ¡una sociedad necesita supervivientes activos, no víctimas pasivas", afirma Lise Simonsen, funcionaria de apoyo psicológico en la secretaría de la Federación.

A lo largo de esta ruta, ha habido varios hitos. En 1917, la labor del Dr. Salmon puso de manifiesto el trauma sufrido por los soldados de la Primera Guerra Mundial, documentando con pruebas que cuanto más rápido y más cerca del frente de batalla, un soldado recibía asistencia psicológica, mayores eran sus posibilidades de recuperación. Decenios después, la guerra de Vietnam popularizó el concepto de "estrés postraumático" trastorno por ansiedad que aqueja por largo tiempo a quien ha vivido un trauma severo.

 

 

A medida que iba evolucionando la intervención en favor de las personas directamente afectadas por un trauma o por desastres, también se iban admitiendo las necesidades psicosociales de las "víctimas indirectas". En el decenio de 1980, en el norte de Europa hubo una serie de desastres de transbordadores. Las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja no sólo tuvieron que hacer frente a la aflicción de deudos y supervivientes sino también a la de socorristas, personal de ambulancia y bomberos. Las víctimas indirectas padecen altos niveles de estrés durante los incidentes que causan muchas víctimas, cuando se trata de niños o cuando los cuerpos se encuentran en un estado pavoroso.

Estas experiencias incitaron a la Cruz Roja y a la Media Luna Roja a organizar una conferencia sobre apoyo psicológico, que tuvo lugar en Copenhague en 1991. Dos años después, la Federación y la Cruz Roja Danesa crearon el Centro de Remisión de Apoyo Psicológico en dicha ciudad; allí se orienta a las Sociedades Nacionales que quieren establecer programas propios. El Dr. Jean-Pierre Revel, pionero del Movimiento en materia de apoyo psicológico, que representó a la Federación en dicha conferencia, recuerda que la propuesta de crear programas en esta esfera suscitó "una mezcla de entusiasmo y escepticismo".

Ondas de choque

El 26 de abril de 2001, seis miembros del personal del CICR fueron asesinados en la República Democrática del Congo. Lamentablemente, no se trata de la primera tragedia de esta índole para la Cruz Roja y la Media Luna Roja pero los colaboradores del Movimiento han simbolizado por mucho tiempo a ese trabajador humanitario flemático, que tiene que "salvar las apariencias a toda costa", incluso en las peores circunstancias, porque manifestar emociones ante el sufrimiento de las víctimas sería indecente. Ahora bien, en mayo de 1992, la muerte de un jefe de delegación, víctima de un asalto contra un convoy que se dirigía a Sarajevo, trastornó estas certidumbres. El Dr. Barthold Bierens de Haan, del CICR, recuerda una "melancolía general en la sede" y una reacción bastante brusca: "Se puso la bandera a media asta, se guardó un minuto de silencio, y se volvió al trabajo." Este psiquiatra, con una larga experiencia de trabajo con pacientes traumatizados en hospitales, se dijo a sí mismo que había que hacer algo, y su propuesta fue aceptada en la sede y en el terreno.

El cambio de método coincidió con la llegada de una nueva generación de delegados, dispuestos a manifestar sus emociones y más exigentes, que querían conocer los riesgos que corrían en el lugar de su destino. A la vez, el importante movimiento de personal y el aumento de enfermedades y adicciones, especialmente al alcohol, preocupaba al CICR. También se examinó la vida de la delegación: demasiado trabajo, condiciones difíciles, sentimiento de impotencia respecto a las víctimas y tensiones entre el personal. Se comprobó que el estrés podía provocar incidentes de seguridad porque trastorna la capacidad de análisis. Actualmente, la Unidad de Estrés del CICR colabora estrechamente con la persona encargada de la seguridad. Un mayor entendimiento del rol del estrés ha llevado a incluir un "parte emocional" en el informe general sobre la operación. Las estadísticas son coherentes: uno de cada cuatro delegados padece de problemas de salud relacionados con el estrés durante su misión y cinco por ciento de estrés postraumático.

Prevenir es lo primero. Durante la formación, los delegados aprenden a conocer lo que les espera en el terreno y se les alienta a reconocer sus propios límites. Desde al año pasado, un programa piloto les ha permitido reflexionar de manera más profunda sobre la relación con las víctimas. También se hacen misiones de evaluación en el terreno. "A nuestro retorno, hacemos sugerencias a los funcionarios, al departamento de recursos humanos y a la unidad de seguridad, y se nos escucha cada vez más", comenta el Dr. Bierens de Haan. Huelga decir, que también se interviene en casos de crisis, como los asesinatos de abril, cuando se envió inmediatamente un médico junto con el Director de las Operaciones y el Delegado General de África. A juicio del psiquiatra, "lo más importante es que el empleador reconozca y comprenda el sufrimiento de uno, lo que debería llegar a ser práctica institucional."

El sufrimiento no es una enfermedad y tratar a víctimas de estrés como casos psiquiátricos es contraproducente.

 

Otro momento crucial fue la aparición de nuevos tipos de conflictos armados y una mayor exposición de los trabajadores humanitarios a atrocidades en gran escala, es decir, los conflictos de Bosnia y Herzegovina, Croacia, Liberia, Somalia y, en 1994, el genocidio de Ruanda. Varias organizaciones se vieron obligadas a tomar en cuenta no sólo los traumas de las víctimas sino también del personal y a una escala sin precedente. La enfermera Sinead O'Donovan y el Dr. Michel Baduraux, ambos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), recuerdan que en 1989 se organizaron las primeras sesiones de rendición de informes de los delegados testigos de masacres, pero por ese entonces no había ninguna política institucional al respecto. Luego, se constató que cada vez más colegas volvían de situaciones de guerra y rompían a llorar sin razón aparente por lo que se decidió actuar de forma más estructurada.

El último hito fue el éxodo en masa de Kosovo en la primavera septentrional de 1999. La cantidad ingente de personas que buscaban refugio en Albania y Macedonia recibió rápidamente asistencia material. Pero persistía un problema: se trataba de víctimas del terror. "Antes la ayuda psicológica se consideraba complementaria, una vez satisfechas las necesidades de supervivencia. En el caso de Kosovo, la ausencia de crisis epidémica o de alimentación nos ayudó a comprender que era preciso abordar el aspecto del apoyo psicológico durante la fase de emergencia", comenta Jean-Pierre Revel. Ello permite constatar cuanto se ha avanzado, cuando se piensa que pasaron 10 años hasta que se decidiera crear un programa de apoyo psicológico para las víctimas del desastre nuclear de Chernobil.

A principios del decenio de 1990, la Federación contrató a una psicoterapeuta para sus delegados y para las intervención después de crisis humanitarias de gran envergadura, como la de Kosovo y los terremotos de Turquía. En 1999, el CICR creó una "unidad de estrés" para atender a sus delegados y últimamente, añadió un componente psicológico a sus actividades tradicionales. Citemos el ejemplo de Argelia, donde la institución apoya un programa de la Media Luna Roja para víctimas de violaciones y niños víctimas de la violencia.

Simultáneamente, las Sociedades Nacionales iniciaron varios programas que dieron resultado y sobre los cuales se informa en la reciente e interesante publicación de la Federación: Psychological support: best practices from Red Cross and Red Crescent programmes (2001). La Organización Mundial de la Salud (OMS) multiplicó las consultas y declaró la salud mental, tema de 2001. El ACNUR, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y varias organizaciones no gubernamentales, entre ellas Care y Médecins sans Frontières, establecieron programas para las víctimas y adoptaron un método sistemático para prestar apoyo a su propio personal.

 

 

Más vale prevenir que curar

Mette Sonniks, Directora del Centro de Copenhague, colabora estrechamente con un número creciente de Sociedades Nacionales. Aunque hoy en día, el Centro y sus objetivos gozan del reconocimiento general, suele recibir invitaciones del personal y no de la dirección. Esto permite que el Centro aplique un enfoque de abajo hacia arriba pero el inconveniente está en que si la dirección no lo considera prioritario tampoco asigna recursos.

Los recursos son un verdadero problema, especialmente en los desastres de talla. En El Salvador sólo dos por ciento de la población directamente afectada por los terremotos recibió ayuda psicológica (21.000 personas de un total de 1.000.000). Mary Petevi, experta de la OMS, presenta algunas cifras escalofriantes: "Actualmente, 1.800 millones de personas vive en zonas de conflicto armado, zonas en transición o zonas de inestabilidad permanente; 10 por ciento sufre traumas y otro 10 por ciento desarrollará un comportamiento disfuncional, lo que significa que 360 millones de seres humanos tienen una necesidad acuciante de apoyo pero con los recursos disponibles nos resulta imposible subvenir a sus necesidades."

La magnitud del problema justifica aún más que se adopte un enfoque que no sea médico y se base en la comunidad. El sufrimiento no es una enfermedad y tratar a víctimas de estrés como casos psiquiátricos es contraproducente. Habida cuenta de que el tratamiento individual suele ser demasiado caro y ajeno a muchas culturas, la solución reside en "la formación por relevos", que consiste simplemente en sensibilizar a voluntarios, socorristas, trabajadores sociales y docentes respecto a la dimensión psicológica para que la comunidad se valga por sí misma. Al respecto, El Salvador nos ofrece un ejemplo interesante. La Sociedad Nacional quiere institucionalizar su programa de apoyo psicosocial y, con ayuda financiera de la Federación, ha contratado a un psicólogo. La idea es que esta disciplina deje de estar compartimentada y pase a formar parte de la preparación en previsión de desastres y de la intervención en casos de desastre.

Huelga decir que en cualquier caso, es imprescindible tener en cuenta la cultura, ya que si bien las heridas psicológicas son las mismas, la manera en que se manifiestan o se tratan varía de una cultura a otra. En muchas sociedades, las redes de apoyo experimentan un debilitamiento de los mecanismos tradicionales para superar adversidades, inculcados por la religión, la familia y la comunidad. Hoy, numerosos expertos preconizan que en el momento de abordar crisis graves deben integrarse métodos modernos y tradicionales para brindar una asistencia de emergencia que sea global.

De ahí que los colaboradores de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se encuentren en situación ideal para practicar la asistencia humanitaria junto con conceptos holísticos de asistencia, ya que cada Sociedad Nacional forma parte de su propia sociedad y su propia cultura. En El Salvador, los voluntarios utilizan referencias religiosas en sus intervenciones; en Kosovo, el método no se basa en el individuo sino en la familia. También en los Balcanes, el programa de la Cruz Roja Danesa para niños afectados por conflictos armados recurre a respetadas personalidades locales, como los maestros, para ayudar a los niños.

Los desastres también revelan problemas. En El Salvador, los medios de comunicación nunca habían hablado tanto de violencia doméstica como lo vienen haciendo después del terremoto. Esto plantea una cuestión ética grave: ¿Podemos contentarnos de brindar apoyo psicológico después de un desastre, allí donde la propia vida es un desastre? "¿Qué puede aportar la psicoterapia a una madre que no tiene nada que darle de comer a sus hijos?"

pregunta Mary Petevi, que preconiza y fomenta un nuevo enfoque que englobe asistencia psicológica, social y material.

Tal vez haya llegado la hora de que el mundo humanitario vuelva a plantearse su modus operandi y considere sistemáticamente la integridad del ser humano, teniendo en cuenta sus dimensiones física, psicológica y emocional.

Iolanda Jaquemet
Periodista independiente residente en Ginebra.


Arriba | Contáctenos | Créditos | Revista actual | Webmaster


© 2001 | Copyright