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Respeto de la diversidad cultural
Fernand Azonnanon
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¿Cómo lograr que los principios
fundamentales y lo esencial del derecho internacional humanitario
sean asequibles y comprensibles para las comunidades culturales
más dispares? Un proceso de reflexión llevado
a cabo en Benin, basado en la experiencia en un contexto rural,
muestra hasta que punto las peculiaridades lingüísticas
y las tradiciones locales merecen un enfoque variado y exento
de dogmatismo.
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Sábado, 19 de mayo de 2001. El lugar, Madjatome, en
la frontera noroeste de Benín con Togo. En la sala
de actos del pueblo está a punto de comenzar una sesión
de información sobre la promoción de los valores
humanitarios. El material didáctico y la logística
necesaria llegaron la víspera de Porto-Novo, la capital,
que queda a diez horas en automóvil.
Esa mañana, el Secretario General de la sección
local de la Cruz Roja derrocha optimismo. Sus esfuerzos personales
de sensibilización y los anuncios repetidos una y otra
vez durante la noche por el pregonero deben haber llegado
hasta las cabañas más remotas de esta aldea
perdida de Benin. La confianza del Secretario General se justifica
más que nunca porque, en esta ocasión, las autoridades
nacionales y regionales de la Cruz Roja de Benin participaron
personalmente en los preparativos y la organización
de esta sesión de formación.
"Por fin vamos a poder poner término a todas
las infracciones de los principios fundamentales de nuestro
Movimiento", refunfuña el Secretario General,
que cuando habla de principios fundamentales, en realidad,
se refiere al deterioro de los valores humanitarios. Tiempo
atrás se veneraba la vida humana, cuando ese principio
sacrosanto servía para estimular el diálogo,
fomentar la educación y tender puentes entre las poblaciones,
nativas o inmigrantes.
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Historia y prejuicios
La apertura de la carretera de Timbuctu a El Cairo en la
época del Emperador Kankan Moussa fomentó el
intercambio de eruditos del Magreb árabe y el África
subsahariana, con el consiguiente aporte de una gran dosis
de humanismo. El reino Danhomè también tenía
vínculos estrechos con su homologo Oyo en Nigeria.
De modo que los pueblos compartían los mismos valores
humanos, lo que contribuía en gran medida a eliminar
las simientes de la tensión.
La labor de sensibilización de la sección local
de Madjatome exige tacto y perseverancia. Por desgracia, quienes
vulneran los valores humanitarios cometiendo y asesinatos
brutales; sacrificando a niños presuntamente brujos;
violando mujeres o maltratándolas, consideran que "lavan
su honor" y que vengan alguna afrenta que ha mancillado
la reputación de una familia.
Por ejemplo, en la región de Baatum, quienes pertenecen
a determinados grupos étnicos son considerados infrahumanos
desde tiempos inmemoriales e incluso hoy en día en
algunos lugares. De ahí que el reino Abomey sometiera
a la esclavitud a otras comunidades de Benin, ex Dahomey.
Discriminaciones de este tipo nos remiten al principio de
imparcialidad de la Cruz Roja cuyo objetivo es impedir la
segregación. Ahora bien, ¿hemos logrado aprovechar
la sensibilidad cultural de quienes tienen estas creencias
para lograr que entierren el hacha de guerra en favor de la
no discriminación? Proponerse algo así, pasando
por alto el apego que tienen estas comunidades conservadoras
a las tradiciones culturales con las que nacieron y se criaron,
sería un error.
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Las peculiaridades locales desempeñan un papel fundamental
para transmitir conocimientos. En el Valle Ouémé
de Benin, el espíritu Langbéto, guardían
de la noche, encarnó el principio de humanidad en los
festejos del 8 de mayo.
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Los archivos oficiales atestan que en Madjatome más
de 50 personas fueron víctimas de este tipo de violencia
entre 1990 y 2000; esto llevó a la Cruz Roja de Benin
a establecer esta sección local que hoy organiza su
primera sesión de información para dirigentes
de la aldea.
Dentro, los participantes, perplejos con la decoración,
miran detenidamente y con curiosidad las paredes de la sala;
sala que conocen bien pues allí tienen lugar sus reuniones
y actos culturales. Hoy, todo es distinto, las paredes resquebrajadas
están cubiertas de carteles de la Cruz Roja en francés,
que solamente el Secretario General y otras pocas personas
apenas pueden descifrar.
Observando más detenidamente, se tiene la impresión
de que la idea de seguir una formación en francés
con material didáctico que no comprenden, crea tensiones
entre los asistentes. Tensiones que se reflejan en la expresión
de sus rostros, una especie de sublevación pasiva ante
este "secuestro cultural e intelectual". De hecho,
organizar sesiones de difusión para analfabetos en
el idioma oficial puede comprometer seriamente nuestra imagen
en zonas rurales.
Las raíces de esta distorsión de los métodos
de comunicación y de enseñanza remontan a tiempos
lejanos de la historia política del Movimiento respecto
a la promoción de los valores humanitarios. El Movimiento
no ha dado demasiada importancia a lo que significa adaptarse
a las necesidades de comunidades conservadoras como las del
continente africano, donde una sólida tradición
oral ha permitido conservar una multitud de idiomas.
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¿Qué hacer?
El problema salta a la vista cuando constatamos los pocos
documentos del Movimiento que se han publicado en idiomas
locales. De ahí que haya que recurrir a intérpretes
de dudosa competencia. En una ciudad cosmopolita como Parakou,
Benin septentrional, donde casi 80% de la población
es analfabeta y donde conviven más de diez dialectos
nacionales, ¿cómo puede tener éxito un
programa de difusión únicamente en francés?
Ha llegado la hora de reflexionar detenidamente sobre las
posibles maneras de abandonar las relaciones que tenemos con
las comunidades locales y que están basadas en la inercia
y en esa hipocresía sonriente que a veces nos muestran
para garantizar su "derecho a la asistencia humanitaria".
La Asociación de Sociedades de la Cruz Roja y de la
Media Luna francófonas de África haría
muy bien en aprovechar el documento político y el plan
de acción sobre la diversidad cultural adoptado por
los Estados francófonos en Porto-Novo, en junio de
2001, y que marca el comienzo de la realización de
este ideal. Seguramente, podremos idear una estrategia común
que dé cabida a una representación equitativa
de culturas y lenguas locales en los programas de difusión
de las Sociedades Nacionales. Si llegamos a establecer una
noción como ésta: "cada comunidad tiene
derecho a su idioma, a su propio material didáctico
y a ocupar su lugar en los organismos decisorios del Movimiento",
ya habremos avanzado un poco. Al respecto, debería
perfeccionarse la aplicación de la Estrategia 2010
de la Federación para contribuir a promover la diversidad
cultural y fomentar el respeto por la diferencia y la apertura
para con los demás. Simultáneamente, debemos
reconocer el estrecho vínculo que existe entre la diversidad
cultural, las libertades fundamentales y la noción
de dignidad humana.
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La misión del Movimiento consiste en prevenir y aliviar
el sufrimiento de las personas vulnerables sin discriminación
alguna y dondequiera que estén. Por consiguiente, debería
promover la diversidad de las prácticas culturales
que no provocan daños y garantizar en particular:
- que se formulen políticas lingüísticas
y se establezcan estructuras apropiadas que estimulen la
creación de programas de difusión sobre los
principios fundamentales y el derecho internacional humanitario:
- que se tenga en cuenta la diversidad cultural en las herramientas
de enseñanza destinadas a los distintos componentes
del Movimiento;
- que se inicien diversos programas de difusión sobre
valores humanitarios para los medios de comunicación
en idiomas nacionales;
- que en los organismos de coordinación de las Sociedades
Nacionales, se preparen programas de promoción de
valores humanitarios en los idiomas nacionales de cada país.
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| De este modo, podremos avanzar hacia
un nuevo método de promoción de los valores humanitarios,
que será la esencia misma del proceso inexorable cuyo
objetivo primordial es la paz duradera y para el cual la tolerancia
es el indicador que se puede verificar con total objetividad. |
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Fernand Azonnanon
Jefe de Comunicación para la Cruz Roja de Benin
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