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Pueblo fragmentado y dispersado por unos 20 países,
en su mayoría europeos, los romà siguen sobreviviendo
en condiciones que se han venido deteriorando constantemente
desde el final de la guerra fría. En esta época
de transición política y económica en
Europa oriental, hemos querido saber más sobre estas
comunidades vulnerables que, en muchos casos, viven a horcajadas
entre el mundo arraigado en ritos y tradiciones ancestrales
y el mundo moderno de la aldea global y la economía
de mercado.
Para el Movimiento, la cuestión de los romà,
agravada por la intolerancia y la exclusión crecientes,
es una cuestión sensible y, en cierta medida, un arma
de doble filo, porque exige sopesar, por un lado, la necesidad
de actuar con humanidad a favor de los más vulnerables
sin privilegiar a ninguna comunidad y, por el otro, el riesgo
de comprometer la imparcialidad.
En Canadá, los pueblos indígenas se exponen
a un aumento alarmante de la violencia, en particular las
comunidades inuitas del norte, donde la tasa de suicidio es
una de las más altas del mundo. La experiencia de la
Cruz Roja Canadiense da un soplo de esperanza que debe mucho
al compromiso de los voluntarios de esta Sociedad Nacional.
Por último, juzgamos oportuno examinar el papel de
las grandes empresas en el quehacer humanitario, ya que vienen
desempeñando una función cada vez más
incisiva en determinadas crisis. Tras haber reconocido la
influencia creciente de los actores económicos en algunas
esferas de su labor, el Movimiento estableció un enfoque
más coherente con respecto al sector empresarial, dando
cabal prioridad a los intereses e inquietudes de orden humanitario.
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