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El acerdo de cese el fuego
firmado en abril de 2002 puso fin a 27 años de una
guerra civil que cobró medio millón de vidas
y provocó el desplazamiento de 4.000.000 de angoleños.
Hoy en día, cientos de personas salen de la selva donde
se habían refugiado para escapar al conflicto y donde
sobrevivieron con casi nada. Ahora bien, por cada sobrevivente
de la guerra más larga librada en la selva africana,
se estima que perecieron millares.
La paz es frágil y el país
sigue sufriendo porque, en mayor o menor grado, medio millón
de angoleños sufren de desnutrición y, según
datos de las Naciones Unidas, más de 1.000.000 dependen
totalmente de la ayuda alimentaria para sobrevivir. Además,
casi un tercio de los habitantes del país tuvo que
desplazarse y perdió el contacto con sus seres queridos.
Las necesidades son enormes y han movilizado
una asistencia humanitaria a gran escala que resulta aún
más urgente porque el gobierno no proporciona ayuda
alimentaria. Afortunadamente, la situación ha mejorado
mucho en términos de seguridad y las organizaciones
humanitarias pueden llegar a zonas que antes estaban fuera
de su alcance.
Esta situación supone un reto
de talla para el Movimiento que, actualmente, centra sus esfuerzos
en apoyar a la Cruz Roja Angoleña, suministrando asistencia
médica y restableciendo lazos familiares. El CICR,
organismo director, la Federación, la Cruz Roja Angoleña
y varias Sociedades Nacionales coordinan su labor para prestar
ayuda a los grupos más vulnerables de la población.
Jean-François Berger y Jean Milligan
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