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Una mirada a los principios
Yves Sandoz
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Yves Sandoz, miembro del Comité
del CICR, analiza el papel de la Cruz Roja y de la Media Luna
Roja en la crisis mundial actual para combatir el terrorismo.
Al abordar las causas profundas de este fenómeno, promueve
los Principios fundamentales del Movimiento para fomentar
la solidaridad en un mundo cada vez más polarizado.
¿Quién mejor que el Movimiento, abierto a todas
las razas y todas las religiones, para combatir el prejuicio
racial y religioso, y la demonización de los otros,
mediante el diálogo entre los miembros de las Sociedades
Nacionales del mundo entero?
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Descarga de alimentos para quienes se encuentran
atrapados entre las trincheras del conflicto colombiano.
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Hoy en día no se puede hablar de terrorismo sin pensar
en los atentados contra los Estados Unidos. La fecha, el 11
de septiembre de 2001, entrará en la historia como
uno de los días más negros. La respuesta fue
incisiva: guerra contra Afganistán. El gobierno afgano
involucrado en los atentados fue derrocado tras una acción
militar rápida que movilizó ingentes recursos
y cobró muchas vidas.
El terrorismo no es un fenómeno nuevo y los puntos
de vista divergen en cuanto a lo qué es realmente.
Algunos afirman que debe ponerse el énfasis en el propósito
de algunos grupos de desestabilizar las instituciones mediante
una violencia arbitraria. Otros opinan que no se puede condenar
sin reserva una violencia a la que muchas veces se recurre
para oponerse a regímenes totalitarios. La divergencia
de puntos de vista sobre el "terrorismo de Estado"
complica aún más las cosas y es uno de los principales
obstáculos para adoptar una definición aceptable
para todos.
Ahora bien, las discrepancias semánticas no deberían
impedir la lucha contra esos actos que, a todas luces, son
de carácter terrorista, entrañan una violencia
indiscriminada contra civiles y están prohibidos por
el derecho internacional humanitario incluso en tiempo de
guerra, cualquiera que sea la causa que se defienda.
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La lucha contra el terrorismo
El terrorismo es una amenaza insidiosa, contra la cual no
hay refugio seguro. ¿Cómo proteger a toda una
población contra quienes están dispuestos a
atacar en cualquier momento, en cualquier lugar y con cualquier
medio? Aunque el objetivo de desmantelar las redes terroristas
sea legítimo, no basta para erradicar el terrorismo.
Equivaldría a atacar la punta del iceberg en una tentativa
de destruirlo entero.
De hecho, si esta lucha se limitara a destruir la "punta"
visible del terrorismo, bien podría favorecer el crecimiento
de la parte sumergida. Esto podría suceder por cuatro
motivos. En primer lugar, se reforzaría el prejuicio
y la desconfianza entre distintos grupos, culturas o países.
El prejuicio y la desconfianza generan odio y el odio genera
violencia. En segundo lugar, es probable que buena parte de
los inmensos costos de las medidas de defensa vayan en detrimento
de los presupuestos de ayuda y desarrollo, aumentando la pobreza
y la reserva de terroristas potenciales. En tercer lugar,
favorecer la cooperación con gobiernos injustos, corruptos
y antidemocráticos, con el fin de obtener su asistencia
para perseguir a terroristas en todas partes del mundo, destruirá
aún más la confianza de miles de jóvenes,
no sólo en sus propias autoridades sino también
en las instituciones internacionales y en la justicia. Por
último, se corre el riesgo de socavar los valores fundamentales
del derecho humanitario so pretexto de combatir el terrorismo
con mayor eficacia.
Es imposible derrotar al terrorismo sin abordar sus raíces.
Habida cuenta de la diversidad de situaciones en las que se
manifiesta, un análisis preciso de los males que conducen
al terrorismo es empresa de larga duración. Sin embargo,
es obvio que los millones de jóvenes que viven en la
pobreza sin verdaderas perspectivas de que su suerte mejore
y sin confianza algunas en las autoridades, son terreno fértil
para doctrinas fanáticas de carácter ideológico,
religioso o político.
Si se pretende que la lucha contra el terrorismo tenga una
incidencia duradera, deberá organizarse tomando en
cuenta todos los problemas del mundo. La solidaridad no va
en una sola dirección. Muchos países ricos están
dando prioridad absoluta a esta guerra y a su propia seguridad.
Pero esta lucha no contará con un apoyo universal si
no se abordan también los graves problemas que ponen
en peligro a la humanidad, a saber: el hambre, la pobreza,
el sida, los conflictos armados, el deterioro del medio ambiente,
los desastres naturales, los refugiados, el desmoronamiento
de los servicios públicos, la corrupción y la
propagación de la delincuencia.
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Brcko, Bosnia y Herzgovina, agosto de 1999.
Promoción del Derecho Internacional Humanitario a integrantes
de ls fuerzas estadounidenses de mantenimiento de la pas.
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A
propósito del derecho
Kenneth Roth, Director Ejecutivo del Observatorio de Derechos
Humanos, organización no gubernamental dedicada a proteger
los derechos humanos en el mundo entero, opina sobre la guerra
contra el terror, la función y el significado del derecho
internacional humanitario en este conflicto.
Es difícil dar una definición del terrorismo.
¿Tiene usted una?
El terrorismo es el triunfo de la lógica según
la cual, el fin justifica los medios. El terrorismo es una
ofensa para los derechos humanos y para el derecho internacional
humanitario. No hay peor infracción que tratar deliberadamente
de matar a civiles. Es importante destacar que el terrorismo
puede ser perpetrado por grupos armados y también por
gobiernos. Asimismo, es esencial recordar a los gobiernos
que cuando tratan de combatir el terrorismo, deben hacerlo
respetando los derechos humanos y reafirmando los valores
de los derechos humanos porque a largo plazo es el mejor antídoto
contra el terrorismo.
¿Cómo y en qué contexto debe aplicarse
lo que acaba de decir?
Respetando el derecho internacional humanitario, cuando se
libra la guerra en países como Afganistán, respetando
los Convenios de Ginebra en el caso de los prisioneros de
Guantánamo, o no uniendo sus fuerzas con gobiernos
que recurren a la tortura o a la detención arbitraria
cuando se cuestiona su autoridad.
¿Dónde trabaja el Observatorio de los Derechos
Humanos?
Contamos con 185 personas que trabajan en 70 países
donde la represión es muy grave o hay guerras abusivas.
También somos muy activos en el mundo desarrollado
porque pensamos que, por una cuestión de principios,
es importante que todos los gobiernos se atengan a las normas
de los derechos humanos.
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El terrorismo y el Movimiento
El Movimiento se ve directamente afectado por el terrorismo.
Deliberadamente se ha asesinado, herido, amenazado o tomado
de rehenes a delegados y otros miembros del personal. Estos
actos han paralizado programas de protección y de asistencia,
a pesar de que son vitales para los beneficiarios. Considerando
que su propia acción depende de la confianza, el Movimiento
rechaza el terrorismo que hace de él un blanco. Ahora
bien, el papel del Movimiento en la lucha contra el terrorismo
aún no se ha definido. ¿Qué debe decir
y hacer? ¿En qué debe centrar su reflexión?
¿Qué ejemplo debe dar?
Nacido de la guerra, el Movimiento es pionero en la esfera
del derecho internacional humanitario, de cuyos instrumentos
es "guardián" el CICR. En 1999, Michael Ignatief,
periodista, escribía en esta revista que la historia
de los Convenios de Ginebra en el siglo XX es la historia
de la lucha entre la determinación de los colaboradores
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y el ingenio de los
bárbaros. Ignatieff señalaba que la barbarie
es inventiva y que el derecho humanitario tiene que interpretarse
y aclararse constantemente. Esto se aplica sobre todo a cuestiones
fundamentales como la definición de los objetivos militares
o el uso de armas nucleares. En situaciones reales, incertidumbres
como éstas pueden aterrorizar literalmente a una población.
No debemos olvidar que el uso de armas nucleares fue debatido
en el conflicto sobre Cachemira.
Hoy en día, algunos piensan que hay que actualizar
los Convenios de Ginebra para que incluyan la guerra contra
el terrorismo, pero hay que actuar con prudencia hasta que
los Estados se pongan de acuerdo sobre la definición
de terrorismo. Avanzar con demasiada rapidez significaría
poner en tela de juicio el principio de la igualdad de los
combatientes en virtud del derecho humanitario y volver a
la vieja teoría de la "guerra justa". Luchar
por la libertad, los derechos o la democracia no justifica
matar civiles, violar y saquear. Los defensores del orden
internacional y, especialmente, las fuerzas de las Naciones
Unidas, deben dar el ejemplo. En cuanto a los autores de actos
de terrorismo cometidos en conflictos armados, no cabe duda
de que son culpables de crímenes de guerra y deben
ser sancionados en conformidad con la ley vigente. La Corte
Penal Internacional es un ejemplo de la voluntad de la comunidad
internacional de procesar a estos criminales y, cabe esperar,
que ya no puedan sustraerse a la justicia con tanta facilidad.
Además, el concepto de una guerra contra el terrorismo,
que en definitiva no es más que otra faceta de la "guerra
justa", favorecería a los terroristas que, a su
vez, encontrarían argumentos para justificar sus actos
violentos en nombre de una "guerra santa".
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Los principios bajo el fuego
En febrero, lejos de la guerra contra el terrorismo, Emmanuel
Ijewere, Presidente de la Cruz Roja Nigeriana, salió
a las calles de Lagos junto con 50 voluntarios durante los
enfrentamientos entre las comunidades hausa y yorubá.
Aplicando los principios y valiéndose de su protección,
ayudaron a acabar con la violencia y pusieron a la Cruz Roja
Nigeriana a la vanguardia de la solución del conflicto.
Además, entraron en los anales del Movimiento como
otro ejemplo del potencial de los principios para reconciliar
comunidades, Estados o culturas.
Vestido con el uniforme de la Cruz Roja y munido de un megáfono,
Emmanuel Ijewere se acercó a la muchedumbre amotinada,
instando a que cesaran los asesinatos. Cuando le preguntaron
por qué había corrido tal riesgo, respondió:
"Aunque no sabía con lo que me iba a encontrar,
tenía la impresión de que debíamos intervenir
rápidamente porque las muertes habían comenzado
a extenderse a otras zonas. La situación se hubiera
agravado y toda Lagos hubiera ardido".
Además, sintió que contaba con un factor de
protección. "Lo que me dio valor para interponerme
entre los grupos étnicos enfrentados fue el uniforme
de la Cruz Roja que llevaba puesto. Sabía que por lo
menos me escucharían antes de seguir adelante".
Los grupos étnicos rivales no solamente escucharon
a Emmanuel Ijewere, también permitieron que voluntarios
de la Cruz Roja de diferentes orígenes étnicos
prestaran primeros auxilios y evacuaran a los heridos. El
mensaje de aquella tarde dio resultado. Terminada la violencia,
la gente sigue conviviendo.
Si no fuera por los edificios dañados, triste recuerdo
de la tragedia, nadie sabría que algo tan horrible
había sucedido en Lagos", dice Abiodun Orebiyi,
Secretario General de la Cruz Roja Nigeriana. "Hemos
logrado hacer entender a la gente que tiene que aprender a
convivir. Quedaron sorprendidos al ver que nuestros voluntarios
de diferentes grupos étnicos, incluidos los implicados
en los disturbios, prestaban primeros auxilios a los heridos
sin discriminación alguna. Fue una gran lección",
añade.
El reconocimiento por los esfuerzos de esa tarde de febrero
también llegó de otras instancias ya que en
un programa de televisión, el Gobernador del Estado
de Lagos elogió los esfuerzos de paz de la Cruz Roja
Nigeriana.
"Los nigerianos ya no ven en la Cruz Roja una organización
que se limita a prestar primeros auxilios a las víctimas
de desastres. Ahora saben que participa en varios programas
y, por nuestra neutralidad, muchas comunidades nos solicitan
para mediar en todo tipo de malentendidos y conflictos",
concluye Emmanuel Ijewere
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El derecho internacional es la mejor arma
Hoy en día, un organismo de derecho internacional
claro, inequívoco y respetado es, en todo sentido,
un arma esencial para luchar contra el sentimiento de injusticia
que albergan aquellos a quienes se ha privado de lo más
elemental y que ya no confían en las instituciones.
Una de las funciones principales del derecho es proteger
a los débiles. A este respecto, los esfuerzos del Movimiento
para aclarar y asegurar el respeto del derecho internacional
humanitario contribuyen a cimentar una comunidad internacional
más justa y, por ende, menos proclive al terrorismo.
Las actividades del Movimiento dan todo su peso a sus palabras.
Al hablar de terrorismo, pensamos en primer lugar en las víctimas,
a favor de las cuales el Movimiento ha intervenido en innumerables
ocasiones, como lo hizo recientemente después de los
atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos y en el conflicto
entre Israel y Palestina. Dicho esto, el terrorismo sólo
afecta directamente a un número reducido de personas
por lo que las actividades destinadas a ellas, por muy necesarias
y justificadas que sean, siguen siendo periféricas.
No hace falta ser víctima de la guerra contra el terror
para estar aterrorizado como pueden atestiguar millones de
personas de muchas regiones que se mueren de hambre y son
víctimas de hostigamiento o explotación sexual.
El Movimiento tiene el deber de hablar en nombre de estos
grupos vulnerables y principalmente de los niños que
se las ingenian para sobrevivir en la calle o en barrios marginales;
de los niños a quienes se obliga a trabajar; de los
niños víctima de explotación sexual y
de los niños reclutados para servir de soldados dóciles
pero temerarios. Nuestra misión es ante todo un deber
para con estas personas, pero ello no quita que tenga vínculos
con la lucha contra el terrorismo, porque las víctimas
de hoy en día serán más receptivas con
aquellos que las engañarán para sumirlas en
la delincuencia o el fanatismo, es decir, algo que les permita
escapar a su suerte.
Bajo la égida de la Federación, el Movimiento
también debe reflexionar para encontrar nuevos medios
de ampliar sus programas de solidaridad interna con las Sociedades
Nacionales de países pobres a fin de consolidar sus
operaciones y alentar a los Estados a seguir sus pasos.
Uno de los aspectos de la labor del Movimiento que podría
parecer paradójico en la lucha contra el terrorismo
son las visitas a presuntos terroristas detenidos. La atención
que se presta a sospechosos de haber cometido el más
atroz de los crímenes, en muchos casos se malinterpreta
y, por lo tanto, hay que explicarla. En primer lugar, emana
de la preocupación del CICR de evitar que se hagan
diferencias entre las categorías de detenidos que visita.
Cada vez que los gobiernos se ven confrontados a situaciones
de conflicto armado o de disturbios internos, tienen tendencia
a "tachar de terrorista" a toda la oposición.
La labor del CICR en las cárceles no tendría
mucho valor si la organización se limitara a visitar
a aquellos detenidos que los carceleros consideran "dignos
de ser visitados".
El terrorismo no respeta los valores fundamentales universalmente
reconocidos de los que forman parte el trato humano y las
garantías judiciales. Las visitas del CICR son garantía
del respeto de estos valores por parte de quienes servirían
los propósitos de los terroristas, si optaron por prescindir
de ellos. Por último, estas visitas tienen una influencia
moderadora de la escalada de odio y violencia; la tortura,
supuesta o verdadera, de presuntos terroristas siempre han
agrandado el foso que separa a los adversarios.
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| DIH y protección |
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Hoy en día, 189 Estados son parte de los cuatro
Convenios de Ginebra de 1949 que en tiempo de conflicto
armado protegen a los enfermos, los heridos y los náufragos
de las Fuerzas Armadas, los prisioneros de guerra y
los civiles.
En 1977 se adoptaron dos Protocolos adicionales de
los Convenios de Ginebra. El Protocolo I protege a las
víctimas de conflictos armados internacionales,
mientras que el Protocolo II protege a las víctimas
de conflictos armados sin carácter internacional.
Actualmente, 159 Estados son parte en el Protocolo Adicional
I y 152 en el Protocolo Adicional II.
Resumen de los esfuerzos de protección del CICR
en 2001
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Detenidos visitados en el mundo entero
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346,807
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Prisioneros de guerra visitados
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4,517
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Mensajes de la Cruz Roja recolectado
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447,004
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Mensajes de la Cruz Roja distribuidos
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418,461
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Personas reunidas con su familia
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1,662
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Solicitudes de búsqueda que se seguían
tramitando al 31 de diciembre
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3,282
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Casos de niños no acompañados que se
gestionaban al 31 de diciembrer
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4,826
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Casos de personas desaparecidas que se
gestionaban al 31 de diciembre
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35,981
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Los principios fundamentales
El Movimiento puede inspirar a la comunidad internacional
para forjar un mundo mejor. El derecho internacional se basa
en el "principio de indiferencia" de los Estados
con respecto a sus vecinos. Ahora, los Estados se están
percatando de que su interdependencia es cada vez mayor. La
lucha contra el terrorismo ha puesto la cuestión en
el tapete, pero la interdependencia engloba temas tales como
los refugiados que huyen de la pobreza o de la guerra y desestabilizan
a países vecinos, y el hecho de que no haya fronteras
para la contaminación del agua o de la atmósfera.
Por consiguiente la indiferencia debe ceder el paso a la solidaridad,
concepto arraigado en el Movimiento desde su creación,
y plasmado en los principios fundamentales de humanidad e
imparcialidad.
El requisito de que una acción sea totalmente desinteresada,
contenido en el principio de voluntariado, entraña
integridad y también en este caso, el Movimiento puede
mostrar el camino. La corrupción, que prolifera en
el mundo entero, socava la confianza de gran parte de la población
en los dirigentes y el sistema judicial nutriendo frustraciones
que, a su vez, alimentan el terrorismo.
La solidaridad, el sentido de pertenecer a una comunidad
mundial y la integridad en toda circunstancia son el núcleo
del mensaje que el Movimiento transmite a la comunidad internacional
a través de sus Principios fundamentales. Estos principios
y valores son esenciales para reforzar la cohesión
de la comunidad internacional, componente vital que va más
allá de la lucha contra el terrorismo. Este mensaje
tendrá mayor repercusión si el propio Movimiento
se acerca más al ideal contenido en sus principios,
porque el mensaje será más convincente si va
acompañado de la acción y el ejemplo. Hoy más
que nunca, el Movimiento tiene el deber de hacer todo lo posible
por superarse, al tiempo que permanece fiel a sí mismo,
porque gracias a la clarividencia de sus fundadores, su estructura
y sus principios son muy adecuados para satisfacer las exigencias
del mundo en los albores del siglo XXI. El Movimiento tiene
que aprovechar la oportunidad que le ofrece la Conferencia
Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de 2003
para entablar el diálogo con los Estados sobre estas
cuestiones candentes.
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Yves Sandoz
Miembro del
Comité del CICR
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