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Evaluación del Acuerdo de Sevilla
Ian Piper
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acuerdo, que entrañaba la promesa de transformar la manera
en que los componentes del Movimiento trabajan juntos, ¿cómo
ha repercutido en las actividades de la Cruz Roja y de la Media
Luna Roja para ayudar a los seres humanos más vulnerables? |
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El Acuerdo de Sevilla, aprobado por el Consejo de Delegados
en 1997, fue anunciado en ese entonces como una revolución
de la manera en que la Cruz Roja y la Media Luna Roja colaborarían
en operaciones internacionales de emergencia. En el preámbulo
se habla de un "cambio profundo en la actitud" y
de la "adopción de un espíritu de colaboración",
reconociendo que el acuerdo de 1989 entre la Federación
y el CICR no había funcionado.
Han transcurrido cinco años y el acuerdo de Sevilla
se ha puesto a prueba en una serie de operaciones de gran
envergadura, diversas y complejas; citemos como ejemplo Afganistán,
Africa occidental, los Balcanes, Centroamérica, la
India, Oriente Medio, la Federación de Rusia y Turquía.
El acuerdo de Sevilla es un acuerdo del Movimiento en su
conjunto, no sólo de las instituciones de Ginebra.
La inclusión de las Sociedades Nacionales, como partes
de pleno derecho, implica reconocer el interés cada
vez mayor de éstas en las operaciones internacionales,
así como sus crecientes capacidades.
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Un cambio radical
Entre las precisiones más importantes de este acuerdo
figuran conceptos como el de "organismo director"
y el de "función directiva". En toda operación
internacional, un componente del Movimiento es el organismo
director y coordina las actividades de los demás. Pero
también se reconoce una "función directiva".
Por ejemplo, el CICR se ocupa del restablecimiento de lazos
familiares en la operación dirigida por la Federación
en India, y ésta, a su vez, contribuye al desarrollo
institucional de la Media Luna Roja Palestina en una operación
dirigida por el CICR. Este enfoque privilegia el interés
de los beneficiarios, reconociendo su derecho de esperar que
haya una intervención rápida y eficaz para subvenir
a sus necesidades, y también traduce la creciente exigencia
de los donantes en cuanto a la rendición de cuentas.
Este acuerdo no debe considerarse una simple división
de tareas, ya que fue un paso importante hacia una colaboración
más integrada y estructurada, que exigió un
cambio radical de actitudes y prácticas.
El Acuerdo de Sevilla también es mérito de
los dirigentes del Movimiento que, aunque no hubo grandes
presiones en favor del cambio, se percataron de que la fragmentación
de las operaciones hacía que la Cruz Roja y la Media
Luna Roja fueran vulnerables a las críticas y, por
lo tanto, había que modificar métodos.
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Los cambios llevan tiempo
El Acuerdo de Sevilla establece un marco para una mejor
cooperación, pero no puede garantizarla. Las experiencias
de su aplicación han sido dispares. En Sierra Leona,
por ejemplo, hubo dificultades recurrentes para encontrar
una solución aceptable respecto a la organización
de la labor internacional del Movimiento.
Las relaciones entre las diversas partes eran tan malas,
sobre todo a la hora de organizar las actividades de socorro
y rehabilitación, que las instituciones de Ginebra
tuvieron que crear un grupo de trabajo para resolver pro-blemas.
A fines de 2001, en el informe presentado al Consejo de Delegados
se confirmaba que se había establecido una clara división
de tareas y que la cooperación y la coordinación
habían mejorado notablemente.
La crisis en Sierra Leona puso a prueba el Acuerdo de Sevilla
y el compromiso de los componentes de la Cruz Roja y de la
Media Luna Roja que participaban en la operación; fue
una experiencia espinosa que comprometió la credibilidad.
Los perdedores hubieran sido las víctimas del conflicto
armado en ese país, pero se encontraron soluciones
y el acuerdo superó su primer gran escollo.
En la Federación de Rusia, el reto fue diferente.
En el informe de 2001 se dice que, por su enorme territorio
y la diversidad de las necesidades humanitarias, era preciso
encontrar un enfoque a medida que exigía apartarse
de la aplicación estricta del acuerdo, pero respetando
sus principales conceptos y objetivos. El resultado fue una
Carta de Acuerdo entre la Cruz Roja Rusa, el CICR y la Federación.
Esto demostró que el Acuerdo de Sevilla era flexible.
Al colaborar estrechamente con la Cruz Roja Rusa, tanto la
Federación como el CICR siguen operando en el país.
Además, la Sociedad Nacional operó con apoyo
de la Federación, que asumió la función
directiva en cuanto a los desplazamientos de población
y la coordinación del apoyo para el programa de desarrollo
de la Sociedad Nacional.
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Enseñanzas de los Balcanes
La prueba de fuego del Acuerdo de Sevilla fueron los Balcanes,
la operación integrada más importante de toda
la historia del Movimiento. En una minuciosa evaluación
externa, se reconoció que la decisión de establecer
una estructura de gestión común para abordar
la dimensión regional de la crisis había mejorado
las intervenciones humanitarias.
Durante esta operación, los problemas principales
emanaron de las diferencias de interpretación en cuanto
a las responsabilidades, así como de sistemas incompatibles
de logística, contabilidad y comunicaciones.
Las enseñanzas reforzaron la opinión de que
el Acuerdo de Sevilla ofrecía un buen marco para resolver
este tipo de problemas. El el terreno de la logística
se había avanzado mucho en la armonización,
pero respecto a las tecnologías de la información,
se pensaba que el cambio sería lento a raíz
de costos y complejidades
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Nuevo énfasis en la función de las Sociedades Nacionales
El CICR y la Federación siempre han colaborado con la respectiva
Sociedad Nacional en toda emergencia. Pero el Acuerdo de Sevilla
es el primer acuerdo operativo que incluye a las Sociedades
Nacionales, cuestión muy importante desde el punto de vista
psicológico, ya que equilibra mejor las distintas funciones
y alienta a cada parte a reconocer las capacidades de las
otras. A juicio de algunos dirigentes de Sociedades Nacionales
y del presidente de la Federación debe ponerse mayor énfasis
en la inclusión concreta de dichas Sociedades en operaciones
llevadas a cabo en el marco del Acuerdo de Sevilla.
No todas las Sociedades Nacionales han estado satisfechas
con la aplicación de este acuerdo, pero incluso cuando surgieron
problemas, se estimó que era un marco idóneo para resolverlos.
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¿Cinco años de avance?
La respuesta es un sí rotundo. Ha habido un cambio
notable de actitudes, que traduce el resultado de la formación
y la información ofrecidas al personal y a los delegados
sobre las disposiciones del nuevo acuerdo.
Las Sociedades Nacionales participantes todavía tienen
que ver cómo integrar mejor sus actividades en la estructura
de este acuerdo.
Aún se necesitan más aclaraciones sobre cuándo,
por qué y cómo un componente pasa el relevo
a otro ya que en algunos casos, como los de Colombia y Sierra
Leona, las Sociedades Nacionales consideraron que tenían
un papel más importante que desempeñar. En aras
de la credibilidad global, debe abordarse la cuestión
de la competencia para darse visibilidad y conseguir fondos.
El Acuerdo de Sevilla también tuvo repercusiones muy
positivas en otros campos de cooperación, siendo los
ejemplos más claros, la comunicación, y la coordinación
de las posiciones del Movimiento ante las Naciones Unidas
y otros foros.
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¿Qué pasará en el futuro?
Actualmente, no hay mucha presión por actualizar el
Acuerdo de Sevilla porque hasta ahora se ha venido aplicando
con suficiente flexibilidad como para salir adelante en casi
todas las situaciones. Además, en 2001, el Movimiento
adoptó una estrategia global que refuerza el espíritu
de este acuerdo.
La nueva cultura de cooperación, reconocimiento y
respeto mutuos ha permitido resolver casi todas las cuestiones
operativas y organizativas que han perseguido al Movimiento
por más de 25 años, desde que se trató
de abordarlas en el informe Tansley. La finalidad del Acuerdo
de Sevilla era más modesta y no se han resuelto todos
los problemas que se plantean al Movimiento, aun así,
prácticamente, todo el mundo reconoce que da la orientación
necesaria para el futuro. El nuevo espíritu de cooperación,
que se ha ampliado a esferas no previstas en este acuerdo,
se describe con elocuencia en el preámbulo que vale
la pena leer una y otra vez porque es fuente de inspiración
para un Movimiento proclive a utilizar un lenguaje con ribetes
mundanos. Sin duda, Tansley hubiera estado satisfecho con
él y, para mucha gente del Movimiento con una larga
memoria institucional, ese es todo un triunfo.
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Ian Piper
Funcionario del Departamento de Comunicaciones del CICR y
ex director de comunicaciones de la Federación.
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