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Nepal: las heridas de la guerra

por Roland Sidler

Siete años de conflicto armado han convulsionado a Nepal, uno de los países más pobres del planeta. Las fuerzas gubernamentales han afrontado a los rebeldes maoístas y, como ocurre las más de las veces, los civiles han pagado el precio más caro.

BIHM Bahadur Bishwokarma, campesino montañés de 38 años, lo único que anhela es volver lo antes posible a su pueblo, Khara. Pero tendrá que ser paciente porque los médicos le han dicho que sólo podrá valerse por sí mismo nuevamente dentro de tres a cuatro meses. Con su mujer y su hijo de 15 meses, Bihm ocupa una pequeña habitación del centro de leprosos Shantu Sewa Griha, situado en las inmediaciones de Katmandú. A pesar de que él no padece de lepra, en este refugio, de alegres colores, creado por la alemana Marianne Grosspietsch, se le acogió y se le brindó asistencia médica gratuitamente.

Bihm viene del campo; es un pequeño campesino que vive de la tierra y de lo que producen sus animales domésticos.

Hace cuatro meses, Bihm partió al campo para terminar de arar un pedazo de tierra situado en una soleada ladera antes de sembrar el maíz y plantar el arroz que constituyen la dieta básica de la familia. “Éramos una docena de lugareños que estábamos trabajando en la misma zona cuando escuchamos los disparos. Algunos corrieron a sus casas, otros se echaron al suelo. No me recuerdo bien cómo fue, pero la bala me atravesó la rodilla, todavía me duele...”, relata Bihm, y añadió, “me quedé donde estaba, paralizado por el miedo, hasta que alguien vino a socorrerme”.

ROLAND SIDLER / ICRC

Bihm Bahadur con un delegado del CICR en el hospital de leprosos Shanti Shewa Griha, Katmandú, mayo de 2003.

La confrontación entre los insurgentes maoístas y las fuerzas gubernamentales se ha cobrado más víctimas entre la población civil que entre los combatientes, y Bihm se da cuenta de la suerte que tiene de estar vivo. Varios hombres lo transportaron al dispensario más cercano, a varias horas a pie del pueblo, donde recibió los primeros auxilios. “La herida dejó de sangrar, pero apenas llegó a casa se le produjo una grave infección”, señala su mujer.

Bihm estuvo varias semanas postrado en la cama la mayor parte del día. Pasó a ser una carga para su mujer y el resto de sus parientes, él que siempre había mantenido a su familia. Este montañés de carácter duro se vio profundamente herido en su orgullo y poco a poco la esperanza de alguna mejoría fue dando paso al desaliento.

Respuesta del Movimiento

El conflicto entre las fuerzas nepalesas y la oposición maoísta estalló en 1996 y se extendió rápidamente desde el oeste del país a casi todo el territorio. Después de haber llevado a cabo actividades puntuales en Nepal desde 1998, el CICR abrió una delegación en Katmandú en 2001. Además de visitar a más de 2.900 personas detenidas por las autoridades gubernamentales por motivos relacionados con la insurrección, la Institución se esfuerza por proteger y asistir a los civiles afectados por el conflicto, promover el respeto del derecho internacional humanitario entre los portadores de armas y la sociedad civil y potenciar la capacidad de la Cruz Roja Nepalesa. En los últimos meses, el CICR ha contribuido a desarrollar las actividades de formación para el personal de la Cruz Roja Nepalesa y realizar programas de primeros auxilios en los distritos afectados por la insurrección. Conjuntamente con la Sociedad Nacional, ha puesto en marcha una red de distribución de mensajes para las familias dispersas a causa del conflicto, que abarca a los detenidos y las personas desplazadas.

Tras el alto el fuego declarado en enero de 2003 y las primeras conversaciones de paz entabladas a fines de abril entre los representantes del movimiento maoísta y el Gobierno, el CICR volvió a evaluar sus objetivos teniendo en cuenta estos acontecimientos. Como organismo director, el CICR coordina las actividades del Movimiento en Nepal.

La Federación Internacional y varias Sociedades Nacionales (Bélgica, Dinamarca, Japón, Noruega, Suecia y Suiza) colaboran con la Cruz Roja Nepalesa en diferentes ámbitos, tales como la prevención de infecciones oculares, el mejoramiento del acceso al agua potable, la depuración del agua y la formación en materia de preparación para casos de emergencia destinada a los voluntarios.

Con el apoyo del CICR y de la Federación Internacional, así como de los medios de comunicación, la Cruz Roja Nepalesa ha lanzado una campaña en su país para combatir el uso indebido del emblema. Se ha comenzado a elaborar un proyecto de ley para proteger mejor el emblema.

Por una de esas cosas de la vida

Fue entonces cuando el azar entró en juego. Un día dos delegados del CICR, Christine Luethi y Christophe Abbou, se encontraban en ese lejano rincón del mundo para distribuir mensajes a las familias de los detenidos visitados en las prisiones del Gobierno.

Al caer el día, cansados de caminar por las estribaciones de unas de las cimas más altas del mundo, Christine y Christophe se detuvieron en Khara, el pueblo de Bihm, en busca de un lugar para hospedarse. Allí se enteraron de la situación de Bihm. Al verlo, se dieron cuenta de inmediato de la gravedad de su estado y sin demora se encargaron de que el herido fuera trasladado hasta el valle. Gracias al teléfono satelital que llevaban, ambos delegados pudieron avisar a los servicios de urgencia de la Cruz Roja Nepalesa; poco después llegaron voluntarios y una ambulancia. Bihm fue llevado en avión a Katmandú. En el aeropuerto de la capital, otra ambulancia de la Cruz Roja Nepalesa lo estaba esperando para trasladarlo al hospital donde se le hizo una intervención quirúrgica de urgencia.

La operación salió bien pese a las complicaciones propias de una herida dejada demasiado tiempo sin tratar. Pero para recuperar parcialmente la movilidad en la coyuntura de la rodilla izquierda, Bihm tendrá que llevar una órtesis. Sólo con la ayuda de este aparato podrá conseguir la independencia suficiente para reanudar su vida de campesino. Bihm precisará todavía varias semanas más de rehabilitación y fisioterapia antes de dar la espalda al ruido de la capital y redescubrir la serenidad de su lugar de origen.

ROLAND SIDLER / ICRC

Voluntarios de la Cruz Roja Nepalesa durante un curso de primeros auxilios en Pokhara.


Roland Sidler
Encargado de prensa audiovisual del CICR en Ginebra.



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